sábado, 12 de abril de 2014

Beatriz Pagés - Peña Nieto les descompuso el cilindro

La defenestración de dos priistas —Jesús Reyna y Cuauhtémoc Gutiérrez— es un hecho inédito que marca un antes y un después en la vida política del país y en la moral pública nacional.

Carlos Salinas, Ernesto Zedillo, Vicente Fox y Felipe Calderón, por mencionar a los cuatro últimos mandatarios, encarcelaron a sus enemigos políticos, utilizaron la Procuraduría General de la República como arma para deshacerse de sus adversarios, pero ninguno de ellos se atrevió a desenmascarar las actividades ilícitas en las que incurrían sus correligionarios. Por el contrario, hacían lo necesario para encubrirlos con el argumento de que un escándalo podía hacer daño a su partido o a su gobierno.
 
La orden de arraigo contra el exsecretario general de Gobierno y exmandatario interino de Michoacán, Jesús Reyna, señalado por la PGR de tener vínculos con el crimen organizado, y la separación de Cuauhtémoc Gutiérrez de la dirigencia del PRI del Distrito Federal, dejó sorprendidos a todos; especialmente al PRD y al PAN, quienes intentan a toda costa contrarrestar el efecto positivo de una decisión que, necesariamente, fue presidencial.
 
 
 
 
 
 

 
Los excandidatos al gobierno de Michoacán, Silvano Aureoles, del PRD, y Luisa María Calderón, del PAN —quienes pretenden contender por segunda vez—, utilizaron la noticia para decir: “¡Se lo dijimos, teníamos la razón!”
 
Sí, tal vez tenían razón, pero lo que no dicen es que el mismo Aureoles era señalado por la vox populi por tener los mismos pecados de Reyna, y la Cocoa por combatir a unos y seducir a otros grupos criminales, como lo hacía su hermano, entonces presidente de la república.
 
Quienes hoy utilizan la filiación priista de Reyna para sacar beneficios político electorales se olvidan de algo importante: que Calderón protegió a los funcionarios panistas involucrados en la industria ilegal de casinos, que nunca exhibió ni llevó a juicio a los alcaldes panistas vinculados con los cárteles y que, cuando ocurrió el incendio de la guardería ABC, desvergonzadamente premió, en lugar de separar del cargo, al titular del Seguro Social.
 
¿Y el PRD? ¿Alguna vez hemos visto a Jesús Zambrano salir a la calle para denunciar la red de corrupción que tiene René Bejarano en la ciudad de México? ¿Se ha atrevido a quitarle el traje de Dulcinea que siempre trae puesto Andrés Manuel López Obrador? ¿O ha exhibido la escandalosa corrupción que hay en las delegaciones perredistas, casi todas, del Distrito Federal?
 
El discurso de que el PRI es el partido que monopoliza la corrupción y el autoritarismo está agotado. Si así fuera, bastaría —como lo teatralizó tantas veces la izquierda— con brincar de un partido a otro para falsamente purificarse.
 
No. La decisión de ir contra los corruptos, estén donde estén y sean quienes sean, está marcando un parteaguas en el sistema cultural y político mexicano.
 
La mayor y más grande de las reformas nacionales que podría encabezar el presidente de la república es ésa precisamente: atacar la alianza que existe entre el funcionario público y el crimen organizado. Reyna y Gutiérrez representan lo que impide el progreso de México.
 
Naturalmente, la noticia de arraigar a Reyna e investigar a Gutiérrez le descompuso el cilindro a la oposición. ¿Y ahora, qué decimos? Jamás imaginó que la guerra contra el statu quo iba a comenzar por casa.


Leído en http://www.siempre.com.mx/2014/04/pena-nieto-les-descompuso-el-cilindro/


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