martes, 2 de septiembre de 2014

Sergio Sarmiento - ¿No era ignorante?

La política es el arte de conciliar asimetrías”.

Carlos Salinas de Gortari

Una manera de descalificar fácilmente a Enrique Peña Nieto en la campaña de 2012 era tildarlo de ignorante. Se trataba, después de todo, del político que no había podido identificar los tres libros que más lo habían influido. Algunos lo consideraban un simple títere de Televisa, un candidato sólo de copete. Todavía este 25 de agosto Andrés Manuel López Obrador pidió su renuncia ya que, “por su ignorancia o mala fe”, “está dañando gravemente al país”.

Yo no sé cuántos libros ha leído Peña Nieto o de cuántos se acuerde, pero ha mostrado una gran habilidad política en sus primeros 21 meses de gobierno. Uno podrá estar de acuerdo o no con sus reformas, y yo pienso que la fiscal ha sido muy negativa, pero no tengo duda de que ha mostrado una gran habilidad para sacar adelante su agenda.









La clave del éxito de Peña Nieto fue su Pacto por México. Éste ya se ha agotado, pero cumplió con su función al permitirle realizar las 11 reformas que buscaba. El Presidente se benefició de la decisión del PRD de los Chuchos, libre ya de la influencia de López Obrador, de incorporarse al Pacto y dejar atrás la tradición de ser el partido del No. El PAN estuvo dispuesto también a apoyar a Peña Nieto en aquellas reformas que el PRI le negó al PAN cuando éste tuvo el poder. Fue paradójico ver a los líderes priistas defender una reforma energética que habían rechazado cuando el PAN gobernaba.


Peña Nieto supo construir alianzas. Para la reforma fiscal, por ejemplo, llegó a un acuerdo con el PRD ante la oposición del PAN. Para la energética recibió el respaldo del PAN frente al PRD. Estas reformas se inclinaron más hacia la izquierda y la derecha de lo que él seguramente hubiera querido, pero todo buen negociador sabe ceder y conceder posiciones a sus contrapartes.

El tiempo de las reformas ha quedado atrás. Los objetivos del Presidente cambian. Lo que busca ahora Peña Nieto es aterrizar las reformas para generar un mayor crecimiento económico y para ganar las elecciones del 2015. Las reformas están hechas para eso. La fiscal le ha dado más recursos al gobierno federal, que éste en buena medida está utilizando para aumentar los subsidios, transferencias y aportaciones corrientes, que crecieron 22.7 por ciento en términos reales de enero a julio de este 2014. Los subsidios no generan crecimiento ni prosperidad, pero sí compran votos. Peña Nieto está buscando hacerlo con un subsidio al desempleo y otro para adultos mayores, como el que López Obrador usó para consolidar su control sobre la Ciudad de México.

La economía nacional, después de casi dos años de estancamiento, está empezando a repuntar. En el segundo trimestre del 2014 el crecimiento trimestral anualizado fue de 4.16 por ciento. La apuesta del Presidente es que la recuperación se sienta ya en los bolsillos de los mexicanos para las elecciones del próximo junio. Ayudarán las inversiones que puedan generarse en este poco tiempo en telecomunicaciones y energía por las reformas. El gobierno está aumentando el gasto público, que creció 10.7 por ciento en los siete primeros meses de 2014, e incrementando también el déficit de presupuesto, lo cual está generando una inyección de dinero artificial en la economía. Incluso las remesas están subiendo: a un ritmo anual de 8.4 por ciento en julio.

Mi preocupación no es la supuesta ignorancia del Presidente. Por el contrario, creo que ha mostrado una gran inteligencia política al conciliar las diferencias de los grupos políticos para lograr sus reformas. Me inquieta el largo plazo. Pienso que las reformas no han sido suficientes. La hacendaria, en particular, todavía hay que hacerla.

Consultas populares
De las tres consultas que los partidos han propuesto para el 2015, la del PRI es la más popular. Según Consulta Mitofsky, 62 por ciento de los encuestados considera que lo más importante es eliminar a los legisladores plurinominales, 23 por ciento deshacer la reforma energética y 15 por ciento aumentar el sueldo mínimo.




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