Es menester considerar que desde 1997 el país vive en un gobierno de coalición virtual o real, por la simple razón de que ningún partido tiene mayoría en el Congreso. Por ello, las decisiones generadas desde entonces han sido fruto de la convergencia de distintas fuerzas. Las reformas exitosas no resultan de la debilidad del partido gobernante, sino justamente de lo contrario.
El pronunciamiento a favor de un gobierno de coalición no puede ser tomado a la ligera. Destacados mexicanos se han adherido públicamente a esta propuesta, al igual que varios aspirantes a la candidatura presidencial. El hecho de que ninguno de ellos tenga la primera preferencia al interior de sus respectivos partidos es un dato importante para entender, al menos, las principales motivaciones de la iniciativa.
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RECOMENDACIONES Y COLUMNAS DE OPINIÓN
sábado, 15 de octubre de 2011
Ayer, hoy, quizá mañana José Woldenberg
| El polítologo y ex consejero del ife también nos habla sobre las coaliciones, en lo que no leíste en la semana |
| Ayer, hoy, quizá mañana |
13 Oct. 11
1.¿A alguien se le hubiera ocurrido plantear un gobierno de coalición en los años sesenta del siglo pasado? ¿Para qué? Resultaba innecesario. Eran los tiempos del "partido casi único", de las elecciones sin competencia (es más, el momento estelar de los procesos electorales era el del "destape", luego del cual seguía un ritual insípido y carente de tensión porque ganadores y perdedores estaban predeterminados), de un mundo de la representación política habitado (casi) por una sola fuerza. El Presidente y su partido tenían mayorías calificadas en el Congreso (más de dos terceras partes de los diputados y senadores), lo que les permitía ordenar lo que pasaba en el Legislativo. Un solo partido podía gobernar en solitario. Había pues mucha gobernabilidad en el sentido estrecho del término (la capacidad que un gobierno tiene de hacer prosperar sus propuestas en el Legislativo), pero escasa -muy escasa- pluralidad.
2. Pero no hay mal que dure 100 años. Un país diverso, masivo, desigual, modernizado, generó sensibilidades, visiones, intereses, distintos. Y ese "nuevo" México no cabía ni quería hacerlo bajo un solo ideario, una sola organización, un solo partido. La pluralidad política del país forjó distintos referentes partidistas, y éstos a través de su competencia modificaron de manera radical el mundo de la representación. En 1988, el PRI perdió la capacidad de cambiar por sí mismo la Constitución; en 1997, ningún partido fue capaz de obtener la mayoría absoluta de los asientos de la Cámara de Diputados; y en el año 2000 lo mismo sucedió en el Senado. Total, que a partir de 1997 fueron necesarios los acuerdos entre dos o más bancadas para que pudiera aprobarse "algo" en el Congreso. Un pluralismo equilibrado se instaló y a partir de entonces una sola voz, un solo interés, una sola visión, no puede hacer su voluntad. Aprendimos que el diálogo, la negociación, el acuerdo, resultaban necesarios para hacer prosperar cualquier iniciativa. Cada vez que fue aprobada una ley, que se votó el presupuesto o que se acordó una comisión, tras ello existió una coalición. Solamente que esas coaliciones fueron puntuales, volátiles.
3. Las coaliciones se han armado por necesidad. Porque si no suceden nada se puede aprobar. No han sido un capricho sino una imposición de la elemental aritmética democrática; no son opcionales, sino obligatorias, si se quiere que una propuesta determinada avance. (Una fuerza política puede optar por ser testimonial, pero eso es harina de otro costal). La virtud -creo- del comunicado que firmamos 46 personas reside precisamente en el reconocimiento de que el pluralismo equilibrado que hoy habita el Congreso es en primerísimo lugar un bien que debe ser preservado, y que dado que la República no demanda exorcistas sino políticos capaces de leer los signos de los nuevos tiempos, hay que transformar la necesidad (que un gobierno cuente con apoyo mayoritario en el Congreso) en virtud. Ello solamente es posible y deseable a través de la construcción de acuerdos. Y por ello es útil pensar en el tránsito de coaliciones efímeras en el Legislativo a coaliciones de gobierno y legislativas estables y permanentes.
4. Hay, sin embargo, que evitar una confusión. Coaliciones electorales se han dado ya; las han explorado y explotado todos los partidos. La ley las permite y qué bueno que así sea. Hubo un periodo en el que resultaban casi imposibles porque la norma establecía que si dos o más partidos se coaligaban los votos serían solamente para uno de ellos. Porque si dos o más fuerzas quieren ir unificadas a una elección deben tener todas las facilidades para hacerlo. Pero lo que jamás hemos tenido en México son coaliciones de gobierno, acuerdos entre dos o más partidos que pactan un programa de gobierno, otro legislativo y la integración de un gabinete. Y eso se hace -perdón por la insistencia- por necesidad, es decir, cuando quien ocupa la titularidad del Poder Ejecutivo no tiene el suficiente respaldo en el Legislativo.
5. Por supuesto cualquiera puede aspirar a ganar en singular la mayoría absoluta en el Congreso y entonces no requerirá del expediente de la coalición. Pero incluso en ese caso, nunca está de más tenerlo a la mano... por si las moscas. Otra cosa muy distinta es tratar de modificar la ley para decretar una mayoría absoluta de escaños sin haber obtenido los votos suficientes para ello; es decir, la pretensión de que un partido con el 35 por ciento de los votos, por la magia de la ley, se convierta en un partido con más del 50 por ciento más uno de los legisladores.
6. El desplegado de los 46 hace un planteamiento de carácter general. No presupone una traducción específica en términos de la forma de gobierno adecuada. Bajo ese "manto" caben diversas opciones: el gobierno de gabinete, modalidades de semipresidencialismo, la disposición constitucional de hacer opcional los gobiernos de coalición o el tránsito a un régimen parlamentario. Sigo pensando que esto último sería lo más adecuado, pero...
El poder no se comparte Jorge Fernández Menéndez
En lo que no leíste en la semana el periodista Fernández comenta sobre las coaliciones
¿Están dispuestas las principales fuerzas políticas a avanzar en un eventual gobierno de coalición? Si nos atenemos a los firmantes del desplegado del lunes habría que concluir que muy probablemente sí, pero en realidad lo que se sigue imponiendo es la máxima de que el poder no se comparte.
No nos engañemos, no se requiere ni ley ni reforma alguna para establecer un gobierno de coalición en México. Se podría haber hecho perfectamente en el pasado y ningún instrumento legal lo impide: se trata sólo de contar con la voluntad política para hacerlo. Pero esa voluntad no existe o es escasa. Como hemos dicho, en los hechos, se logró una importante coalición legislativa entre 1991 y 1993 en la segunda mitad del gobierno de Carlos Salinas, cuando se dio la última gran etapa de reformas estructurales en el país. En el sexenio siguiente, Ernesto Zedillo intentó ir más allá, negociando con el PAN la Procuraduría General de la República, que iba a ser para Fernando Gómez Mont, pero unos días antes de la toma de posesión descubrieron que Fernando, entonces mano derecha de Diego Fernández de Cevallos, no tenía la edad mínima (35 años) para ser procurador, y quedó en su lugar, por acuerdo con el PAN, Antonio Lozano Gracia. Pero vino la crisis y el PAN (dirigido por un Carlos Castillo Peraza que no quería acuerdos con el PRI) no quiso asumir costos y abandonó todos los acuerdos legislativos con el gobierno: rechazó, entre otras, las reforma de pensiones, la energética y la fiscal (que, como debe ser, ahora propone el PAN desde el gobierno mientras el PRI no las acepta). Vicente Fox ganó con una coalición electoral mucho más amplia que la que aparecía en el papel, pero la misma no tuvo trascendencia alguna en el ámbito legislativo.
Felipe Calderón quería un gobierno de coalición, lo dijo abiertamente apenas pasadas las elecciones de 2006. Lo entrevisté el 12 de julio de aquel año: le pregunté cómo esperaba gobernar. Me dijo que “se puede construir una alianza legislativa en la estructura de un gobierno de coalición que permita tener mayoría en torno a un programa de gobierno consensuado, un programa que quiero negociar con la oposición incluso antes de tomar posesión. Eso no lo intentamos con el presidente Fox y yo lo quiero hacer, quiero construir un gobierno de coalición a partir de negociar sobre la mesa programas de gobierno e incluso estoy dispuesto a negociar la integración del gabinete, siempre y cuando esto implique un apoyo legislativo estable y permanente”. Seguimos platicando sobre lo que vendría y acerca del gobierno de coalición que proponía construir con los otros partidos, incluido el PRD de López Obrador. Dijo que el programa de gobierno se tendría que articular en torno a esa coalición amplia y que “la esencia de la transición debía ser un programa de gobierno compartido, el cual voy a negociar de aquí al primero de diciembre”. Le pregunté cuáles serían sus objetivos en los primeros cien días de gobierno y la respuesta no pudo ser más clara: primero “el propio gabinete, el gobierno de coalición. Este debe ser un logro claro” (ver el libro Calderón Presidente, editorial Grijalvo, 2007, páginas 125 y subsecuentes).
No pasó nada. La respuesta del PRD fue el plantón de Reforma y el Centro Histórico y el gobierno legítimo de López Obrador. El PRI desechó públicamente eso. Nunca hubo gobierno de coalición y nunca antes había habido una propuesta tan explícita para construirlo.
No veo que las cosas sean ahora diferentes. El diagnóstico que estamos haciendo sobre el tema es exactamente el mismo que se ha hecho desde que no existen mayorías legislativas, o sea, desde 1997, hace ya catorce años. Y las coaliciones se construyen desde el poder. Y salvo la intención de Calderón en 2006, no hay voluntad política de avanzar en ese camino. Se podrá argumentar que muchos de los principales dirigentes del PRI, del PAN y del PRD apoyan la propuesta de la reforma de los gobiernos de coalición (aplaudible en muchos sentidos, pero innecesaria en términos legales para realmente construir un gobierno de coalición).
Pero es una verdad a medias, desde el momento en que la dirigencia nacional del PRI y sobre todo Enrique Peña Nieto no la apoya. Tampoco López Obrador. Y no lo hacen porque para hacer operativa esa reforma se impulsa la creación de un primer ministro que surgiría de esa coalición. Y nadie con posibilidades reales de ganar querrá negociar antes de la elección una ración muy considerable de un poder que aún no está en sus manos. Y no la apoyan porque tanto Peña como López Obrador (y si lo analizamos, a partir por ejemplo de la propuesta de la segunda vuelta, también el presidente Calderón) prefieren el sistema presidencialista al parlamentario. ¿Pueden pensar en coaliciones? Sí, responderán, después de ganar las elecciones. El poder, dicen los viejos políticos, no se comparte. Y no se puede compartir lo que no se tiene.
¿Están dispuestas las principales fuerzas políticas a avanzar en un eventual gobierno de coalición? Si nos atenemos a los firmantes del desplegado del lunes habría que concluir que muy probablemente sí, pero en realidad lo que se sigue imponiendo es la máxima de que el poder no se comparte.
No nos engañemos, no se requiere ni ley ni reforma alguna para establecer un gobierno de coalición en México. Se podría haber hecho perfectamente en el pasado y ningún instrumento legal lo impide: se trata sólo de contar con la voluntad política para hacerlo. Pero esa voluntad no existe o es escasa. Como hemos dicho, en los hechos, se logró una importante coalición legislativa entre 1991 y 1993 en la segunda mitad del gobierno de Carlos Salinas, cuando se dio la última gran etapa de reformas estructurales en el país. En el sexenio siguiente, Ernesto Zedillo intentó ir más allá, negociando con el PAN la Procuraduría General de la República, que iba a ser para Fernando Gómez Mont, pero unos días antes de la toma de posesión descubrieron que Fernando, entonces mano derecha de Diego Fernández de Cevallos, no tenía la edad mínima (35 años) para ser procurador, y quedó en su lugar, por acuerdo con el PAN, Antonio Lozano Gracia. Pero vino la crisis y el PAN (dirigido por un Carlos Castillo Peraza que no quería acuerdos con el PRI) no quiso asumir costos y abandonó todos los acuerdos legislativos con el gobierno: rechazó, entre otras, las reforma de pensiones, la energética y la fiscal (que, como debe ser, ahora propone el PAN desde el gobierno mientras el PRI no las acepta). Vicente Fox ganó con una coalición electoral mucho más amplia que la que aparecía en el papel, pero la misma no tuvo trascendencia alguna en el ámbito legislativo.
Felipe Calderón quería un gobierno de coalición, lo dijo abiertamente apenas pasadas las elecciones de 2006. Lo entrevisté el 12 de julio de aquel año: le pregunté cómo esperaba gobernar. Me dijo que “se puede construir una alianza legislativa en la estructura de un gobierno de coalición que permita tener mayoría en torno a un programa de gobierno consensuado, un programa que quiero negociar con la oposición incluso antes de tomar posesión. Eso no lo intentamos con el presidente Fox y yo lo quiero hacer, quiero construir un gobierno de coalición a partir de negociar sobre la mesa programas de gobierno e incluso estoy dispuesto a negociar la integración del gabinete, siempre y cuando esto implique un apoyo legislativo estable y permanente”. Seguimos platicando sobre lo que vendría y acerca del gobierno de coalición que proponía construir con los otros partidos, incluido el PRD de López Obrador. Dijo que el programa de gobierno se tendría que articular en torno a esa coalición amplia y que “la esencia de la transición debía ser un programa de gobierno compartido, el cual voy a negociar de aquí al primero de diciembre”. Le pregunté cuáles serían sus objetivos en los primeros cien días de gobierno y la respuesta no pudo ser más clara: primero “el propio gabinete, el gobierno de coalición. Este debe ser un logro claro” (ver el libro Calderón Presidente, editorial Grijalvo, 2007, páginas 125 y subsecuentes).
No pasó nada. La respuesta del PRD fue el plantón de Reforma y el Centro Histórico y el gobierno legítimo de López Obrador. El PRI desechó públicamente eso. Nunca hubo gobierno de coalición y nunca antes había habido una propuesta tan explícita para construirlo.
No veo que las cosas sean ahora diferentes. El diagnóstico que estamos haciendo sobre el tema es exactamente el mismo que se ha hecho desde que no existen mayorías legislativas, o sea, desde 1997, hace ya catorce años. Y las coaliciones se construyen desde el poder. Y salvo la intención de Calderón en 2006, no hay voluntad política de avanzar en ese camino. Se podrá argumentar que muchos de los principales dirigentes del PRI, del PAN y del PRD apoyan la propuesta de la reforma de los gobiernos de coalición (aplaudible en muchos sentidos, pero innecesaria en términos legales para realmente construir un gobierno de coalición).
Pero es una verdad a medias, desde el momento en que la dirigencia nacional del PRI y sobre todo Enrique Peña Nieto no la apoya. Tampoco López Obrador. Y no lo hacen porque para hacer operativa esa reforma se impulsa la creación de un primer ministro que surgiría de esa coalición. Y nadie con posibilidades reales de ganar querrá negociar antes de la elección una ración muy considerable de un poder que aún no está en sus manos. Y no la apoyan porque tanto Peña como López Obrador (y si lo analizamos, a partir por ejemplo de la propuesta de la segunda vuelta, también el presidente Calderón) prefieren el sistema presidencialista al parlamentario. ¿Pueden pensar en coaliciones? Sí, responderán, después de ganar las elecciones. El poder, dicen los viejos políticos, no se comparte. Y no se puede compartir lo que no se tiene.
Aguilar Camín Mayorías y Mayoría
Lo que no leíste en la semana. Aguilar Camín nos habla sobre la propuesta de los intelectuales y políticos y las mayorías
Se suele decir que la democracia mexicana “no genera mayorías”. Pero eso es falso. Lo que la democracia mexicana no genera, porque así se diseñó en la reforma de 1996, son mayorías absolutas, es decir que un partido tenga la mitad más uno de los escaños legislativos tanto en el Senado como en la Cámara de Diputados.
La expresión “mayoría absoluta” suena absolutista, pero es de eso de lo que estamos hablando cuando decimos que la democracia mexicana no es funcional, o no es productiva, o no es eficaz, porque no “genera mayorías”.
Mayorías en el Congreso hay, pero desde el 96 son sólo mayorías relativas, lo cual hace que el partido en el gobierno sea siempre, desde entonces, en el nivel federal, minoría en el Congreso, pues sus fuerzas opositoras sumadas tienen más legisladores que la mayoría relativa del gobierno.
El resultado ha sido hasta ahora un gobierno bloqueado en las reformas fundamentales por el Congreso y un Congreso donde nadie es responsable del bloqueo, pues nadie tiene la mayoría absoluta necesaria para cargar con la responsabilidad cabal de lo que se legisla y lo que no.
Es a esto a lo que debemos poner fin si queremos tener una democracia funcional, o eficaz o productiva, y, sobre todo, responsable de sus actos.
Necesitamos mayorías absolutas que lleven la iniciativa y asuman la responsabilidad en el Congreso, mayorías a las cuales podamos premiar o castigar con nuestro voto por sus resultados, atribuibles claramente a unos y a otros no.
Pensar que las mayorías absolutas darán paso al autoritarismo de viejo cuño es desestimar profundamente los cambios que ha traído la democracia al país y exagerar el poder de las mayorías absolutas en los Congresos.
Para empezar, la mayoría absoluta no permite cambiar la Constitución. Esto requiere no la mitad más uno, sino dos terceras partes de los votos.
El proceso político real es mucho más complejo y plural de lo que indica la palabra “absoluta”. Es simplemente imposible que en un entorno democrático una mayoría efectiva en el Congreso se vuelva una imparable máquina de legislar a su capricho, aplastando y saltándose a las demás fuerzas.
La mayoría absoluta es la regla de gobernar de las democracias, no de las dictaduras, aunque a nosotros nos suene a viejo PRI.
Lo cierto es que el viejo PRI no tuvo nunca una mayoría absoluta democrática, pues sus mayorías no venían realmente de las urnas, como ahora.
acamin@milenio.com
Se suele decir que la democracia mexicana “no genera mayorías”. Pero eso es falso. Lo que la democracia mexicana no genera, porque así se diseñó en la reforma de 1996, son mayorías absolutas, es decir que un partido tenga la mitad más uno de los escaños legislativos tanto en el Senado como en la Cámara de Diputados.
La expresión “mayoría absoluta” suena absolutista, pero es de eso de lo que estamos hablando cuando decimos que la democracia mexicana no es funcional, o no es productiva, o no es eficaz, porque no “genera mayorías”.
Mayorías en el Congreso hay, pero desde el 96 son sólo mayorías relativas, lo cual hace que el partido en el gobierno sea siempre, desde entonces, en el nivel federal, minoría en el Congreso, pues sus fuerzas opositoras sumadas tienen más legisladores que la mayoría relativa del gobierno.
El resultado ha sido hasta ahora un gobierno bloqueado en las reformas fundamentales por el Congreso y un Congreso donde nadie es responsable del bloqueo, pues nadie tiene la mayoría absoluta necesaria para cargar con la responsabilidad cabal de lo que se legisla y lo que no.
Es a esto a lo que debemos poner fin si queremos tener una democracia funcional, o eficaz o productiva, y, sobre todo, responsable de sus actos.
Necesitamos mayorías absolutas que lleven la iniciativa y asuman la responsabilidad en el Congreso, mayorías a las cuales podamos premiar o castigar con nuestro voto por sus resultados, atribuibles claramente a unos y a otros no.
Pensar que las mayorías absolutas darán paso al autoritarismo de viejo cuño es desestimar profundamente los cambios que ha traído la democracia al país y exagerar el poder de las mayorías absolutas en los Congresos.
Para empezar, la mayoría absoluta no permite cambiar la Constitución. Esto requiere no la mitad más uno, sino dos terceras partes de los votos.
El proceso político real es mucho más complejo y plural de lo que indica la palabra “absoluta”. Es simplemente imposible que en un entorno democrático una mayoría efectiva en el Congreso se vuelva una imparable máquina de legislar a su capricho, aplastando y saltándose a las demás fuerzas.
La mayoría absoluta es la regla de gobernar de las democracias, no de las dictaduras, aunque a nosotros nos suene a viejo PRI.
Lo cierto es que el viejo PRI no tuvo nunca una mayoría absoluta democrática, pues sus mayorías no venían realmente de las urnas, como ahora.
viernes, 14 de octubre de 2011
Forista invitado: gerrymartínez y la música mexicana
En el viernes musical Gerry, nos habla sobre la música y lo mexicano.
Teniendo que seguir las disposiciones oficiales de la SEP en cuanto a la educación que forme valores como la identidad nacional, siempre hago esta reflexión con mis alumnos:
¿Cuál es la música “mexicana”?
¿La que escribe un compositor nacido en nuestro país pero que vive en el extranjero?
¿La que escribe un compositor extranjero que vive en nuestro país?
¿La música regional aunque sus orígenes se remonten a la Colonia cuando no éramos México?
¿A cualquier música que se encuentre dentro de nuestro territorio actual?
¿Y la que se compuso por ejemplo en California antes de que nos la arrebataran?
¿Si hoy se “independizara” Oaxaca por ejemplo, la Guelaguetza ya no sería mexicana?
¿Es música mexicana la de Manuel de Sumaya (nacido en la “ciudad de México” en la Colonia) que compuso sus obras al más puro estilo del barroco español?
¿Y la de Moncayo, Ponce o Revueltas que bajo nombres y ritmos “nacionalistas” utilizan la orquesta sinfónica europea?
¿Es música mexicana la banda sinaloense o el pasito duranguense aunque nada más se oiga y represente a sus regiones?
¿Existe realmente el Rock o Rap mexicano o solamente es un ritmo importado tocado por mexicanos y cantado en español?
Podríamos concluir que bajo diferentes criterios TODAS estas manifestaciones las podemos adoptar como “nuestras” o caer en un puritanismo (o criterio limitado) y solamente pensar que es mexicana la música compuesta por un mexicano en nuestro territorio mexicano con ritmos mexicanos e instrumentos mexicanos. Y dentro de todo este espectro hay un sinnúmero de posibilidades.
Lo mismo debería pasar en la política: entender que nuestra diversidad es muy amplia, que cada región tiene sus propias necesidades, su propia geografía, su propia historia, su propia identidad y si tomamos el criterio limitado de que “solo uno es el iluminado y el que puede salvar al país”, ya sea verde, rojo, naranja, azul, amarillo o del color que sea, seguramente estaremos cometiendo un grave error.
Finalmente una reflexión futbolera:
¿Si juega tu equipo favorito contra “otro”? ¿A quién apoyas en la tribuna? (obvio, a tu equipo)
Si ese “otro” equipo juega en la Copa Libertadores contra un “brasileño”… ¿normalmente a quién apoyamos los mexicanos desde nuestro televisor? (a ese “otro” porque es mexicano)
Si ese “brasileño” juega contra un equipo “canadiense”… ¿a cuál estaríamos echando porras? (normalmente al “brasileño” por ser latino)
Si ese “canadiense” jugara contra un “asiático”… ¿cuál quisiéramos que ganara? (muy probablemente el “canadiense” por ser americano)
… y si ese equipo “asiático” jugara contra uno de Marte o Saturno… seguramente le iríamos a los asiáticos por ser terrícolas.
Así como podemos ser solidarios e identificarnos con “otros” en el fut… ¿no podríamos serlo en nuestro país con nuestros propios compatriotas?
NO OLVIDES VISITAR el blog Democracia en México Ya!
Más en Hoy es viernes
María Grever fue una compositora mexicana de música de concierto, de música para películas y de más de 800 canciones populares (boleros en su mayoría).
María Joaquina de la Portilla Torres, su nombre de soltera, nació el 14 de septiembre de 1884 en Hacienda Los Horcones, municipio de Lagos de Moreno Jalisco, y murió en 1951. Algunos historiadores dicen que nació en León, Guanajuato, México; otros afirman que nació en un barco (durante un viaje de su madre a España), otra fuente menciona que es nativa de Unión de San Antonio, Jalisco.
Leo Zuckermann AMLO quiere partido y lo necesita
López Obrador quiere su propio partido político, y lo necesita. Un partido que él controle directamente, no a través de intermediarios. Uno que sea de su propiedad, no una franquicia prestada. Hacia eso está encaminado el Movimiento Regeneración Nacional, conocido como Morena, que comenzó a formar a partir del conflicto poselectoral de 2006. El pasado 2 de octubre, Morena ya se constituyó como asociación civil. En enero de 2013, cuando se abra el registro de nuevos partidos, seguramente será el primero en la fila.
Más en http://www.excelsior.com.mx/index.php?m=nota&id_nota=774782
Astillero de Julio Hérnádez: Abren puerta a reelección presidencial
La miscelánea de modificaciones en materia política que está por aprobarse en la cámara de diputados abre la puerta a una forma de relección presidencial, pues un secretario de gobernación podría ser nombrado presidente provisional de la república, ejercer el cargo durante un tiempo susceptible de alargamiento por confusas interpretaciones y contender más delante para regresar al cargo por seis años más.
El dictamen aprobado la madrugada de ayer por dos comisiones unidas de la cámara de diputados, sobre el cual habrá de votar el pleno tal vez la semana venidera, propone excluir del articulado constitucional la inhabilitación explícita para que un presidente sustituto pudiera aspirar a volver a ejercer el máximo cargo del país.
Se buscan tres
¿Cómo que unos son los buenos y
otros los malos, si son iguales? Florestán
otros los malos, si son iguales? Florestán
En septiembre del año pasado la Cámara de Diputados convocó a los mexicanos de buena fe para convertirse en consejeros ciudadanos del IFE.
Los aspirantes buscaron las reglas, las revisaron a detalle, se revisaron a sí mismos y al final se registraron 136.
Luego de pasar una serie de filtros, responder cuestionarios y comparecer ante comisiones, quedaron 17 de los que, a más tardar en octubre, la Cámara de Diputados habría de elegir por mayoría calificada a tres de ellos, para ocupar las vacantes de los consejeros que habían cumplido su término legal.
Pero pasó septiembre, octubre, y nada. Corrió noviembre, y tampoco. Decían que no había que precipitarse. La alineación del IFE se redujo de los nueve constitucionales a seis, mientras los diputados violaban la Constitución.
Más en http://impreso.milenio.com/node/9043751
Más en http://impreso.milenio.com/node/9043751
¿Imperialismo guadalupano?
Sabedor de que las advocaciones de la Virgen María son diversas en el mundo; de que los creyentes no pueden considerar a una mejor que otra y de que las supuestas apariciones de la madre de Jesucristo no son dogma de fe (se puede ser católico inclusive negándolas todas), Pedro Ramírez Vázquez, constructor de la moderna Basílica de Guadalupe, a sus 92 años, juzga una especie de “imperialismo” el que sea de la morenitala única imagen que se honra en la Plaza Mariana inaugurada el miércoles por el cardenal Norberto Rivera, el jefe de Gobierno del DF, Marcelo Ebrard, y el mecenas de la obra, Carlos Slim.
Más en http://impreso.milenio.com/node/9043735
Peña Nieto-Martí, matar al Rey para ganar la partida.
Es una mala noticia para quienes pelearon por una reforma política con reelección de legisladores que no será. Entre ellos, Alejandro Martí.
—Debes sentirte muy frustrado, Alejandro.
—Es lamentable. Se ha dejado prácticamente a la ciudadanía sin una verdadera democracia representativa. Los diputados de PRI, Verde y Panal demostraron que su lealtad es con sus partidos y no con los ciudadanos. No aceptan la reelección porque tienen miedo a ser juzgados con base en su trabajo. Así de sencillo.
—¿Qué te dijeron?
—Una verdadera falacia. Dicen que no la aprueban ahora, porque hay que hacer una consulta popular.
—Como si las leyes fueran materia de consulta.
—Es una falacia. Entonces que hagan una consulta por cada tema del Congreso. Es un pretexto. Lo que quieren es que sus partidos, a su antojo, los coloquen en el Congreso como piezas de ajedrez, porque para ellos el chiste es matar al Rey.
—¿Matar al Rey?
Epigmenio Ibarra comenta sobre Los mitos de la guerra de Calderón (Primera parte)
Como todas las cruzadas, la de Felipe Calderón Hinojosa también descansa en una serie de mitos. A la credulidad, al fanatismo, a la ignorancia apuestan quienes dirigen la guerra santa; la verdad y la razón son las primeras bajas en este tipo de confrontación.
El formidable aparato propagandístico gubernamental; la complicidad de los medios electrónicos, han convertido, luego de un bombardeo inclemente, estos mitos, en dogmas de fe para muchos millones de mexicanos.
El miedo y la zozobra generalizados, resultado de la violencia y la inseguridad, que las acciones emprendidas por Calderón y su gobierno desde hace más de cuatro años, en lugar de aminorar han acrecentado, terminan de hacer el trabajo de los propagandistas.
Muchos ciudadanos, sin creerse los dogmas que la propaganda establece, se pronuncian, atenazados por la angustia, por soluciones radicales e inmediatas y se suman a los crédulos apoyando, incondicionalmente, al que promete “mano dura”, al que mas sangre —de otros; de los malos— ofrece.
El primer mito que hay que desmontar es que es esta, realmente, una guerra contra el crimen organizado y contra el narcotráfico. La evidencia demuestra que esta cruzada sólo ha fortalecido a los cárteles, al tiempo que ha vulnerado, casi irremediablemente, nuestra soberanía.
jueves, 13 de octubre de 2011
Puig también comenta sobre Noroña y García L. en ¿Quién se coaliciona con Fernández Noroña?
Acusó a García Luna y/o al presidente Felipe Calderón de ser socios de Joaquín El Chapo Guzmán. Dijo que lo querría ver en la cárcel… y así.
Fernández Noroña se peleó con un par de diputados panistas, armó un lío y cumplió su objetivo: el petista salió en las fotos de los portales.
Era un momento ideal: la glosa del informe en el tema de mayor importancia en el país, con uno de los tres funcionarios más importantes del asunto.
Los representantes del pueblo, frente al representante del Ejecutivo en materia de seguridad. El hombre responsable de la ejecución de la estrategia civil. El jefe de la mayor Policía Federal que ha tenido el país hoy. El más cuestionado. En fin.
El sainete de Fernández Noroña sirvió para que García Luna se escapara sin que nadie lo cuestionara en verdad. Nadie pudo con datos, números, casos documentados preguntarle, cuestionarlo, criticarlo; hacer una disección de la estrategia del gobierno y contraponerla con otras propuestas.
Lopez Dóriga: El cogobierno de los narcos
En febrero de 2009, de visita oficial a París como secretario de Economía, Gerardo Ruiz Mateos, hoy jefe de la Oficina de la Presidencia, habló del combate de este gobierno al crimen organizado y declaró: de no haber dado Felipe Calderón esta lucha y dejar el estatus en el que estaba, puedo asegurar que el siguiente presidente de México sería un narcotraficante.
El punto es el matiz. Cuando se habla de narcogobiernos, se refieren a que un político se haga cómplice del crimen organizado o que éste coloque a un narcotraficante en el gobierno.
Pero nunca se previó que esa delincuencia organizada gobernara desde afuera del gobierno, como está sucediendo hoy en ciertos niveles y en algunos estados y municipios.
Y no es que despachen en las oficinas de gobierno, sino que con su acción criminal influyen en decisiones de autoridad o, peor aún, sean la medida que califique a gobernadores, como hemos visto con el casino Royale y Rodrigo Medina, en Nuevo León; con Los Zetas en Veracruz, Javier Duarte y su antecesor Fidel Herrera; con la violencia en Acapulco y Ángel Aguirre, y antes con Zeferino Torreblanca; en Coahuila con Jorge López Torres y Humberto Moreira; con el de Durango, Jorge Herrera Caldera, y quien le precedió, Ismael Hernández; con Leonel Godoy y La Familia en Michoacán. Lo vimos antes en Tamaulipas, Eugenio Hernández; en Chihuahua con José Reyes Baeza; en Nayarit con Ney González, y en Sinaloa, Sonora, Colima y muchos más.
Marín: en La noroñada de ayer habla sobre García Luna vs Noroña
Con más verborrea que nunca, pero tan ruin como siempre, Gerardo Fernández Noroña volvió ayer a agredir al ingeniero Genaro García Luna.
El diputado petista no pierde oportunidad para exhibir el fuero de que goza y lo inmuniza contra una denuncia penal, ignorando, al parecer, que como cualquier pelado es cuando menos sujeto de una demanda civil.
Fernández Noroña se apoya en supercherías para proferir insultos y, en su incontinencia, asoma una supina ignorancia respecto de asuntos de los que debiera tener siquiera una idea general.
Por bochornoso que sea, es evidente que desconoce el trabajo de su tolerante ofendido, el secretario federal de Seguridad Pública.
Ni la escatología desaprovechó el “representante popular” para lucir su pedigrí: alcanzó en el excusado a García Luna y, al salir, se ufanó de tener con él una única coincidencia.
Ciro: Cordero se estaciona y Josefina se va, se va, se…
Nos habíamos quedado en el 28 de septiembre, fecha de la última encuesta telefónica nacional del Gabinete de Comunicación Estratégica (GCE) entre simpatizantes del PAN. Josefina Vázquez Mota consolidaba una ventaja de 17 puntos sobre Creel y mantenía 30 puntos atrás a Cordero.
Enrique Ebrard, Marcelo Peña según Granados Chapa
Antes de que caiga el telón no quiero dejar de presentar a ustedes a dos protagonistas de la escena pública que, por primera vez en su vida, tienen que pugnar, aunque con ventaja sobre sus contendientes, por una posición que les permita gobernar. Ambos se han sentado en sillas de gobierno, pero no llegaron a ellas merced a un esfuerzo propio, sino impulsados por mecenas políticos y financieros que en todo tiempo aseguraron su porvenir. Ahora no están en ese caso. Tienen que ganarlo.
Abundan las coincidencias en su personalidad y su conducta. Tanto que una y otra son confundibles y pueden, por lo tanto, ser intercambiables. Se trata de Enrique Ebrard y Marcelo Peña. A pesar de que sus estrategias buscaban conducirlos sin obstáculo ni adversario a la candidatura en sus partidos, en este momento tienen que bregar por ella. Enrique Ebrard iba a construirse, por la ley natural de las cosas, por la movilización que inició a partir de su gubernatura, en el aspirante presidencial del PRI. Iba a lograrse ese objetivo mediante el impulso inducido que en la cultura autoritaria priista, de la que acaso nunca podamos escapar, se llama "la cargada".
La mafia de San Lázaro
Ya es un clásico hablar de las mafias criminales, de los cárteles del narcotráfico y la depredación que han generado en regiones enteras del país. Es lugar común que los estudiosos de la cosa criminal concluyen que, entre los motores del crimen y la violencia, están la impunidad y las anchas avenidas de corrupción que se dan en los tres órdenes de gobierno.
Pero lo curioso es que pocos se atreven a señalar las criminales acciones políticas de partidos y dirigentes; de gobernantes y legisladores. Pareciera que la corrupción política, la impunidad de que gozan los partidos, sus líderes, gobernantes y legisladores, no le importan a nadie; pareciera que a nadie le preocupa la violencia política y la depredación electoral que produce la grosera partidocracia contra el interés y los derechos ciudadanos.
Más en http://www.excelsior.com.mx/index.php?m=nota&id_nota=774525
La Jornada: Saludo en la Plaza Mariana
En la apertura de la Plaza Mariana, contigua a la Basílica de Guadalupe, el presidente Felipe Calderón afirmó que los mexicanos somos guadalupanos sin importar fe o creencias y celebró que la libertad religiosa absoluta en el país no tiene vuelta atrás.
Anfitrión de la ceremonia, el cardenal Norberto Rivera, arzobispo primado de México, reunió a Calderón con el jefe de Gobierno del Distrito Federal, el perredista Marcelo Ebrard, por primera vez más allá de las sesiones del Consejo de Seguridad Nacional.Más en http://www.jornada.unam.mx/2011/10/13/politica/005n1pol
miércoles, 12 de octubre de 2011
Miércoles de cine 2 x1 Promesas de los presidentes
El cineasta Carlos Cuarón, autor de la película "Rudo y Cursi", ha hecho un corto donde las voces de todos los presidentes mexicanos prometen lo mismo. El corto incluye al Presidente Calderón. Vale la pena verlo.
Frentes Políticos del Excélsior
.Para quienes hicieron un entripado por el saludo de Marcelo Ebrard a Felipe Calderón en el V Informe de Gobierno de éste, la recomendación es que hoy no coman aguacate, porque habrá un tercer encuentro, esta vez por la inauguración de la Plaza Mariana, que se concretó con recursos del empresario Carlos Slim. Quien hará posible el milagro de juntarlos de nueva cuenta es el cardenal Norberto Rivera Carrera, el anfitrión en la Basílica de Guadalupe. No faltará el mal pensado que imagine que el acto refleje la intención de caminar juntos en el proceso electoral de 2012 y en impulsar la propuesta de gobiernos de coalición. Pero no, sólo es civilidad política.
Más en: http://www.excelsior.com.mx/index.php?m=nota&id_nota=774266
Más en: http://www.excelsior.com.mx/index.php?m=nota&id_nota=774266
Francisco Rodríguez: Con permiso saquean el herario
Habla el presidente de Transparencia Nacional, el ex procurador fiscal de la Federación Gabriel Reyes Orona, en entrevista televisada con este escribidor y denuncia prácticas de la fallida Administración de Felipe Calderón que, “bendecidas” por la Cámara de Diputados, remontan al país a la época medieval.
Y es que, ¿sabía usted que a estas alturas de la bancarización universal, de las comunicaciones instantáneas y luego de que –como se nos ha recordado hasta la saciedad– Steve Jobs transformara radicalmente el mundo de las comunicaciones, en México aún existen “comisionistas habilitados” por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público para manejar los presupuestos públicos ¡en sus cuentas personales!?
¿Comisionistas habilitados? ¿Qué es eso?
Denise Maerker: El gobierno compra productos milagro
¿Alguna vez ha caído en la trampa y ha comprado alguno de esos productos que prometen la figura más esbelta, un estómago plano, la piel más tersa o los músculos mas visibles y potentes? Si le ha pasado, tranquilícese, porque no es el único, y además ya está acompañado por unos ingenuos de peso: Pemex, el Ejército Mexicano y varias policías estatales.
En tiempos de tanta violencia qué mejor forma de proteger a quienes se la juegan por el país que dándoles un aparatito, que cuesta unos 280 mil pesos, para que detecten a una buena y segura distancia armas, pólvora y
todo tipo de drogas. La tentación, como en todos estos casos, es grande; ya no se requiere de mayor investigación ni arduos trabajos de inteligencia, un aparato basta para indicar dónde hay armas, droga y
quién trae pegadas partículas invisibles de cualquier sustancia prohibida. El problema es que, al igual que las lociones mágicas no hacen que le salga pelo a los que llevan años calvos, este aparato no sirve de nada. Y no crea que es tan difícil de descubrir, la información abunda en la red y no sólo en artículos de periódico, también los trabajos serios como el del Entry Control and Contraband Detection Department del Sandia National Laboratories en Albuquerque, que desde el 2002 ya había hecho experimentos para probar la capacidad de detección de explosivos de un aparato similar y había concluido que los mismos
resultados se obtenían con el aparato que si alguien estuviera tratando de adivinar.
Más en http://www.eluniversal.com.mx/columnas/92133.html
En tiempos de tanta violencia qué mejor forma de proteger a quienes se la juegan por el país que dándoles un aparatito, que cuesta unos 280 mil pesos, para que detecten a una buena y segura distancia armas, pólvora y
todo tipo de drogas. La tentación, como en todos estos casos, es grande; ya no se requiere de mayor investigación ni arduos trabajos de inteligencia, un aparato basta para indicar dónde hay armas, droga y
quién trae pegadas partículas invisibles de cualquier sustancia prohibida. El problema es que, al igual que las lociones mágicas no hacen que le salga pelo a los que llevan años calvos, este aparato no sirve de nada. Y no crea que es tan difícil de descubrir, la información abunda en la red y no sólo en artículos de periódico, también los trabajos serios como el del Entry Control and Contraband Detection Department del Sandia National Laboratories en Albuquerque, que desde el 2002 ya había hecho experimentos para probar la capacidad de detección de explosivos de un aparato similar y había concluido que los mismos
resultados se obtenían con el aparato que si alguien estuviera tratando de adivinar.
Más en http://www.eluniversal.com.mx/columnas/92133.html
Leo Zuckermann: ¿Desplegado de los candidatos perdedores?
Supongamos que las encuestas se hacen realidad y los candidatos que aparecen en la boleta presidencial son Peña Nieto, de la alianza PRI-Verde, López Obrador, de los partidos de la izquierda, y Vázquez Mota del PAN. ¿Qué futuro les queda a los aspirantes perdedores? ¿Qué van a hacer Beltrones, Ebrard, Creel y Cordero el sexenio que viene? Llama la atención que los tres primeros hayan firmado un desplegado a favor de los gobiernos de coalición. ¿En qué están pensando? ¿Por qué lo hicieron?
Más en http://www.excelsior.com.mx/index.php?m=nota&id_nota=774248
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AMLO rechaza un gobierno de coalición
Andrés Manuel López Obrador se declaró contra los gobiernos de coalición y señaló que lo que México requiere es un cambio de régimen, porque el que hay, ya no sirve.
Al ofrecer una conferencia en el contexto del programa Diálogos por México, que dirige Lázaro Cárdenas Batel,el precandidato presidencial afirmó: “No debemos permitir ni dejarnos engañar con coaliciones o disfraces que representen en el fondo lo mismo; creo que si no hay un cambio de régimen no vamos a encontrar la salida. Este régimen ya se pudrió, ya dio de sí, no se puede esperar nada bueno”.
Puig: ¿Bancos mexicanos o bancos priistas?
Empujado por Manlio Fabio Beltrones, hace un par de años el Senado acudió a la Suprema Corte de Justicia de la Nación a exigir que se obligara a Citigroup a vender sus acciones de Banamex a algún grupo de accionistas mexicanos. El argumento legal tenía que ver con que la inversión temporal del gobierno estadunidense en el Citi podría haber violado la ley mexicana. El asunto se diluyó y al final el Senado se desistió de su alegato.
El argumento político era otro y sigue vivo: el sistema de pagos está en manos de instituciones extranjeras y esto nos hace daño, dicen, no sin cierta razón, algunos.
Ciro:¿Eso es el exterminio de los “hijos de puta”?
Los alumnos de tercero de secundaria de la escuela donde estudia mi hijo estaban listos para el campamento de otoño. Sería en Jalcomulco, Veracruz, en la zona de Xalapa y Coatepec, del 24 al 27 de octubre. Pero el viaje comenzó a tambalearse cuando los padres de una tercera parte de los sesenta y tantos alumnos informaron que sus hijos no irían porque “Veracruz estaba muy peligroso”.
De poco sirvieron los argumentos de quienes pensábamos que Jalcomulco era un lugar seguro y que, por varias razones, había que mandar a esos jóvenes de 14 y 15 años. El campamento se canceló el lunes.
Más en http://impreso.milenio.com/node/9042505
Marín: En riesgo, el Sistema de Protección Civil
Cuando sucedió la tragedia en la guardería ABC, el coordinador de Protección Civil estatal era Willebaldo Alatriste, otro de los presuntos culpables fabricados por la subdelegación de la PGR y un juez federal en Hermosillo.
Ninguna normatividad lo obligaba a participar en el proceso de arrendamiento ni de seguridad de la bodega en que comenzó el incendio, pero enfrenta diferentes procesos legales.
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