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RECOMENDACIONES Y COLUMNAS DE OPINIÓN
sábado, 12 de mayo de 2012
Riva Palacio - El dilema del prisionero
PRIMER TIEMPO: Alianzas tácticas, no pactos de sangre. A su ex jefe y promotor político le dijo ilegítimo y usurpador cuando le ganó la Presidencia en 2006, y le envió comandos desestabilizadores para que lo enloquecieran. Él partió para el monte con su viejo discurso, sistemático empero, de que el poder se lo había quitado la mafia del poder. Hoy, Andrés Manuel López Obrador es uno de los principales defensores de Josefina Vázquez Mota, la hija política de Felipe Calderón. López Obrador no está en una rectificación histórica de lo que es, sino en la aplicación del principio del Dilema del Prisionero, el ejercicio en Teoría de Juegos que habla de la colaboración colectiva para que al ceder se gane. Como se vio en el debate presidencial donde no atacó a Vázquez Mota y se concentró en Enrique Peña Nieto, sabía que si no cooperaba con su adversaria panista, el candidato del PRI los aplastaría. No es una estrategia de claudicación, como en la prensa le han insistido al inquirir sobre la posibilidad de que pudiera declinar a favor de ella al finalizar la campaña, sino de identificar el enemigo común para evitar que los deje muy atrás en la carrera presidencial. López Obrador juega sus cartas. La izquierda social, de la cual es el jefe nato, le hace la vida imposible a Peña Nieto, como sucedió en la Universidad Iberoamericana el viernes, y se incrementará en tanto acto público se exponga el candidato priista. A esa izquierda es a la que le habló durante el debate presidencial para animarla, excitarla, motivarla a la beligerancia y que haga el trabajo que el diputado Gerardo Fernández Noroña cumplió contra Calderón al arrancar el sexenio. López Obrador va por otro segmento, el de jóvenes, votantes vírgenes y clasemedieros, a los que llama en su último spot y les ofrece paz y cambio. Es una dualidad estratégica necesaria, sobre todo, si como afirmó al arrancar el fin de semana, la elección será entre tres, no un proceso de trámite tricolor.
Leído en http://www.razon.com.mx/spip.php?page=columnista&id_article=121842
Viernes musical (en Sábado)
Del blog de Antonio Moreno, Democracia en México...Ya! compartimos el viernes musical que propuso el día 5 de mayo de 2012 en su espacio.
Nació en Guadalajara, Jalisco el 3 de marzo de 1933 apodado "El embajador del romanticismo" y "El lujo de México".
Leído en http://democraciaenmxicoya.blogspot.com.es/2012/05/marco-antonio-muniz.html
Su voz es de una tesitura de barítono la cual llega a unas notas graves poderosas. El registro de barítono va desde un sol (siendo un do el do central del piano) a un mi (el mi de la primera línea del pentagrama en clave de sol).
Origen
Desde que su hermano José Muñiz le hizo el favor de presentarlo a gente relacionada con el ambiente artístico desarrollo su talento musical. Luego de formar parte del coro en una iglesia de Guadalajara y de varias agrupaciones musicales, principalmente de carácter improvisado se traslada a Ciudad Juárez en 1946, lugar en donde no tuvo mucha suerte y decide regresar a su natal Guadalajara.
Como cantante, no lograba reunir suficiente dinero para subsistir, por lo que durante sus años iniciales tuvo que mezclar su carrera artística con otros oficios tales como los de panadero y joyero. Como recuerdo de este oficio aún conserva un diamante en la muñeca izquierda. Su inquietud por la farándula lo hace marcharse a la Ciudad de México y acepta trabajar como portero en la emisora radial XEW y posteriormente como asistente parcial de cantantes como Libertad Lamarque y Benny Moré.
Inicios
En sus comienzos se presentaba en uno de los cabarets más conocidos de la capital mexicana conocido como La Bandida. Es ahí donde conoce a Juan Neri y Héctor González quienes tocaban en el Trío Culiacán. Un día el tercer integrante del trío no llegó por lo que Muñiz se ofreció a suplirlo por ese día alegando saber tocar guitarra, lo cual era falso. Al llegar a la serenata, Muñiz confiesa y sus compañeros lo reprenden pero ya no había nada que hacer y no quedaba otra alternativa que darle un par de maracas para que acompañara mientras hacía la tercera voz. El atrevimiento valió la pena pues Neri y González quedaron sorprendidos con el estilo, originalidad y dulzura en la voz de Muñiz.
Eventualmente Juan Neri, primera voz, requinto y director del trío, le pidió quedarse a tiempo completo, en el cual tomó el papel de tercera voz en conjunto y las partes de solista. Luego de varias vicisitudes -principalmente rechazos-, fueron descubiertos por el empresario de una casa disquera quien los firma inmediatamente. Comenzaba a surgir uno de los tríos de mayor fama en la historia musical de Latinoamérica: Los Tres Ases, nombre que adoptaron por sugerencia de su nuevo manejador y escogido al azar entre varias opciones. Junto con Los Tres Ases consiguió grabar ocho discos de larga duración, de entre los cuales destacan grandes éxitos como: Contigo en la distancia, La enramada y Regálame esta noche, por mencionar algunas.
A finales de 1959 y principios de 1960 dos motivos provocan la salida de Muñiz del trío: las diferencias cada vez más frecuentes con Neri cuyo alcoholismo comenzaba a afectar al trío por su informalismo e inconstancia, y porque ya desde una gira que hicieron a Puerto Rico y otros países, varias personas allegadas a Muñiz le habían sembrado la inquietud de algún día probar como solista.
Fuente: Wikipedia
Leído en http://democraciaenmxicoya.blogspot.com.es/2012/05/marco-antonio-muniz.html
Garfias - La noche de un día difícil
Mi jornada empezó ayer con la entrevista que Carmen Aristegui le hizo a Enrique Peña Nieto en MVS. Tenía curiosidad de saber la reacción del candidato del PRI-PVEM a la oferta de AMLO de renunciar a su candidatura si el mexiquense prueba que se gastó mil millones de pesos en la televisión cuando fue jefe de Gobierno del DF.
La periodista no tardó mucho en abordar el tema. Le puso a Peña una grabación donde El Peje asegura que en los cinco años que gobernó la Ciudad de México, “sólo” se gastó 557 millones de pesos.
Peña sostiene que es falso. Dice que fueron mil 85 millones de pesos.
Para apoyar sus dichos, entregó a Aristegui copia de las diversas cuentas públicas que el Gobierno del DF envió a la Asamblea Legislativa. Incluyen los gastos en comunicación social.
“Lo que viene reportado del 2001 al 2006, son mil 209 millones de pesos. Si eliminas parte del último año, él ya no fungió como jefe de Gobierno, quedan mil 85 millones de pesos. Mil millones de pesos en cifras redondas”, explicó el priísta.
Pero ya no quiso ahondar en lo de la renuncia de Andrés Manuel. El que anda entre las ramas, puede salir espinado.
“Él (Andrés) fue el que puso esta condición. Nadie le está pidiendo que renuncie a su candidatura, simplemente que se reconozcan las cuentas públicas de lo que fue su gestión de gobierno. No estoy inventando nada”, aseguró.
Carmen no quitó el dedo del renglón. Le sacó las cifras de AMLO en el debate: en un sólo año, el mexiquense le “dio” 691 millones de pesos a Televisa. Peña Nieto evadió el tema. Negó haber repartido chayotes a comentaristas de radio a cambio de menciones favorables.
Pero sí reconoció que durante su gestión como gobernador del Estado de México se contrataron espacios de difusión en algunos noticieros. Hizo mención de “Tequila Don Ramón” patrocinador de espacios de opinión.
* * *
Seguimos con Peña Nieto. Ayer estuvo en la Ibero. Su primer encuentro con universitarios. Acogida hostil. Ya sabía lo que le esperaba.
“Estamos en campaña. Los adversarios, dada la condición de ventaja que tenemos, van a aprovechar todo, montar show para descalificar a tu servidor”, dijo el mexiquense.
Efectivamente. Lo recibieron con gritos de ¡fuera! ¡fuera! Pancartas y consignas de rechazo. Se oía y se leía: “Se ve, se siente, Enrique delincuente”, “a este asesino no le aplaudo”, “La Ibero no te quiere…”
“Son infiltrados, operadores de AMLO y de Josefina”, aseguraban priístas presentes en el acto.
Le preguntamos a Miguel Osorio Chong, uno de los lugartenientes de Peña, si aquello era inducido. “Totalmente. Los alumnos lo pueden validar. Muchos no son ni de allí”, nos dijo.
Arturo Escobar, del PVEM, de plano culpó al PRD de estos “actos de provocación”. ¿Los pseudo alumnos mayores? ¿De dónde salieron? Preguntó el relevo del Niño Verde.
El acto, paradójicamente, se llama “Buen Ciudadano de la Ibero.” AMLO ya pasó por allí. Le aplaudieron. Josefina va el próximo 4 de junio.
A Peña, por cierto, lo persigue la figura de Carlos Salinas de Gortari. Ayer se le apareció en los dos actos. En la entrevista con Carmen y en máscaras que los jóvenes se pusieron en la Ibero.
EL candidato de desmarcó del controvertido ex presidente. “No está, ni estuvo, ni estará nunca en mi campaña electoral”, aseguró.
Más tarde, cuando Paul McCartney cantaba en el Zócalo, nos acordamos de una de nuestras canciones favoritas de los Beatles: La noche de un día difícil.
* * *
La Junta Local del IFE en el Estado de México llamó la atención sobre el hecho de que la cobertura en los medios electrónicos con cobertura en territorio de la entidad favorece ampliamente las actividades de los candidatos del tricolor. Pide más equilibrio.
Un ejemplo: Ana Lilia Herrera, candidata al Senado por la Coalición Compromiso por México, duplica, en número de notas difundidas en los medios con cobertura local, a Alejandro Encinas, abanderado de las izquierdas, y Óscar Sánchez, del PAN.
En el equipo de Ana Lilia Herrera no niegan el desequilibrio en la información, pero tienen una coloquial explicación: Encinas y Sánchez “están tirados en la hamaca.”
Al perredista lo acusan de estar más preocupado por la suerte de López Obrador que de la propia. “Se le ve más en actos que candidato presidencial que en los suyos”.
Según el monitoreo de medios realizado por la coalición PRI-Verde. Encinas sólo ha estado en cinco de los 125 municipios mexiquenses, mientras que Sánchez ha tenido ocho actos en la entidad.
* * *
Moraleja de la semana (cortesía de Arnold Toynbee, historiador inglés): El mayor castigo para quienes no se interesan por la política es que serán gobernados por personas que sí se interesan
SE COMO UN MUERTO.
Era un venerable maestro. En sus ojos había un reconfortante destello de paz permanente. Sólo tenía un discípulo, al que paulatinamente iba impartiendo la enseñanza mística. El cielo se había teñido de una hermosa tonalidad de naranja-oro, cuando el maestro se dirigió al discípulo y le ordenó:
–Querido mío, mi muy querido, acércate al cementerio y, una vez allí, con toda la fuerza de tus pulmones, comienza a gritar toda clase de halagos a los muertos.
El discípulo caminó hasta un cementerio cercano. El silencio era sobrecogedor. Quebró la apacible atmósfera del lugar gritando toda clase de elogios a los muertos. Después regresó junto a su maestro.
–¿Qué te respondieron los muertos? -preguntó el maestro.
–Nada dijeron.
–En ese caso, mi muy querido amigo, vuelve al cementerio y lanza toda suerte de insultos a los muertos.
El discípulo regresó hasta el silente cementerio. A pleno pulmón, comenzó a soltar toda clase de improperios contra los muertos. Después de unos minutos, volvió junto al maestro, que le preguntó al instante:
–¿Qué te han respondido los muertos?
–De nuevo nada dijeron -repuso el discípulo.
Y el maestro concluyó:
–Así debes ser tú: indiferente, como un muerto, a los halagos y a los insultos de los otros.
*El Maestro dice: Quien hoy te halaga, mañana te puede insultar y quien hoy te insulta, mañana te puede halagar. No seas como una hoja a merced del viento de los halagos e insultos. Permanece en ti mismo más allá de unos y de otros.
Tomado de “Cuentos Clásicos de la India” recopilados por Ramiro Calle.
Leído en: http://es.scribd.com/doc/64467643/101-cuentos-clasicos-de-la-India
Juan José Arreola . Pueblerina.
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| Juan José Arreola (1918-2001) |
Pueblerina.
Al volver la cabeza sobre el lado derecho para dormir el último, breve y delgado sueño de la mañana, don Fulgencio tuvo que hacer un gran esfuerzo y empitonó la almohada. Abrió los ojos. Lo que hasta entonces fue una blanda sospecha, se volvió certeza puntiaguda.
Con un poderoso movimiento del cuello don Fulgencio levantó la cabeza, y la almohada voló por los aires. Frente al espejo, no pudo ocultarse su admiración, convertido en un soberbio ejemplar de rizado testuz y espléndidas agujas. Profundamente insertados en la frente, los cuernos eran blanquecinos en su base, jaspeados a la mitad, y de un negro aguzado en los extremos.
Lo primero que se le ocurrió a don Fulgencio fue ensayarse el sombrero. Contrariado, tuvo que echarlo hacia atrás: eso le daba un aire de cierta fanfarronería.
Como tener cuernos no es una razón suficiente para que un hombre metódico interrumpa el curso de sus acciones, don Fulgencio emprendió la tarea de su ornato personal, con minucioso esmero, de pies a cabeza. Después de lustrarse los zapatos, don Fulgencio cepilló ligeramente sus cuernos, ya de por sí resplandecientes.
Su mujer le sirvió el desayuno con tacto exquisito. Ni un solo gesto de sorpresa, ni la más mínima alusión que pudiera herir al marido noble y pastueño. Apenas si una suave y temerosa mirada revoloteó un instante, como sin atreverse a posar en las afiladas puntas.
El beso en la puerta fue como el dardo de la divisa. Y don Fulgencio salió a la calle respingando, dispuesto a arremeter contra su nueva vida. Las gentes lo saludaban como de costumbre, pero al cederle la acera un jovenzuelo, don Fulgencio adivinó un esguince lleno de torería. Y una vieja que volvía de misa le echó una de esas miradas estupendas, insidiosa y desplegada como una larga serpentina. Cuando quiso ir contra ella el ofendido, la lechuza entró en su casa como el diestro detrás de un burladero. Don Fulgencio se dio un golpe contra la puerta, cerrada inmediatamente, que le hizo ver estrellas. Lejos de ser una apariencia, los cuernos tenían que ver con la última derivación de su esqueleto. Sintió el choque y la humillación hasta la punta de los pies.
Afortunadamente, la profesión de don Fulgencio no sufrió ningún desdoro ni decadencia. Los clientes acudían a él entusiasmados, porque su agresividad se hacía cada vez más patente en el ataque y la defensa. De lejanas tierras venían los litigantes a buscar el patrocinio de un abogado con cuernos.
Pero la vida tranquila del pueblo tomó a su alrededor un ritmo agobiante de fiesta brava, llena de broncas y herraderos. Y don Fulgencio embestía a diestro y siniestro, contra todos, por quítame allá esas pajas. A decir verdad, nadie le echaba sus cuernos en cara, nadie se los veía siquiera. Pero todos aprovechaban la menor distracción para ponerle un buen par de banderillas; cuando menos, los más tímidos se conformaban con hacerle unos burlescos y floridos galleos. Algunos caballeros de estirpe medieval no desdeñaban la ocasión de colocar a don Fulgencio un buen puyazo, desde sus engreídas y honorables alturas. Las serenatas del domingo y las fiestas nacionales daban motivo para improvisar ruidosas capeas populares a base de don Fulgencio, que achuchaba, ciego de ira, a los más atrevidos lidiadores.
Mareado de verónicas, faroles y revoleras, abrumado con desplantes, muletazos y pases de castigo, don Fulgencio llegó a la hora de la verdad lleno de resabios y peligrosos derrotes, convertido en una bestia feroz. Ya no lo invitaban a ninguna fiesta ni ceremonia pública, y su mujer se quejaba amargamente del aislamiento en que la hacía vivir el mal carácter de su marido.
A fuerza de pinchazos, varas y garapullos, don Fulgencio disfrutaba sangrías cotidianas y pomposas hemorragias dominicales. Pero todos los derrames se le iban hacia dentro, hasta el corazón hinchado de rencor.
Su grueso cuello de Miura hacía presentir el instantáneo fin de los pletóricos. Rechoncho y sanguíneo, seguía embistiendo en todas direcciones, incapaz de reposo y de dieta. Y un día que cruzaba la plaza de armas, trotando a la querencia, don Fulgencio se detuvo y levantó la cabeza azorado, al toque de un lejano clarín. El sonido se acercaba, entrando en sus orejas como una tromba ensordecedora. Con los ojos nublados, vio abrirse a su alrededor un coso gigantesco; algo así como un Valle de Josafat lleno de prójimos con trajes de luces. La congestión se hundió luego en su espina dorsal, como una estocada hasta la cruz. Y don Fulgencio rodó patas arriba sin puntilla.
A pesar de su profesión, el notorio abogado dejó su testamento en borrador. Allí expresaba, en un sorprendente tono de súplica, la voluntad postrera de que al morir le quitaran los cuernos, ya fuera a serrucho, ya a cincel y martillo. Pero su conmovedora petición se vio traicionada por la diligencia de un carpintero oficioso, que le hizo el regalo de un ataúd especial, provisto de dos vistosos añadidos laterales.
Todo el pueblo acompañó a don Fulgencio en el arrastre, conmovido por el recuerdo de su bravura. Y a pesar del apogeo luctuoso de las ofrendas, las exequias y las tocas de la viuda, el entierro tuvo un no sé qué de jocunda y risueña mascarada.
Leído en:http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/arreola/jja.htm
viernes, 11 de mayo de 2012
Viernes Musical, Rock Clásico con cover de legendaria banda Boston.
Cover por Arpegio.
Esta es otra de las rolas que me causan una mezcla de nostalgia y alegría. Rola representativa del mal llamado "Rock Clasico". Con un sonido bastante peculiar en sus guitarras y la voz de Brad Delp. Solo puedo decir Rolonononononnnn !!!!!!!!!!!
El grupo Boston se crea a mediados de 1969 por el ingeniero del MIT Tom Scholz como guitarrista y principal compositor, además del vocalista Brad Delp, el guitarrista Barry Goudreau y el batería Jim Masdea. Tras unos inicios algo inciertos, en el cual grabaron varias demos, realizadas en el estudio de Tom Scolz ubicado en el sótano doméstico de éste; luego el batería Jim Masdea deja el grupo y es reemplazado por Sib Hashian, mientras que el bajista Fran Sheehan se incorpora a las filas del grupo, que hasta el momento funcionaba como una banda a medio camino entre el circuito de aficionados y el profesionalismo de tiempo completo en los bares y pubs del circuito costero de bandas de rock de la ciudad de Boston. De hecho tanto Bradley Delp como Tom Scholz, tenían trabajos estables de tiempo completo fuera de la escena musical, durante esta primera etapa de la banda los miembros de la primera formación del grupo se habían conocido indistintamente interactuando y compartiendo papeles musicales en otras bandas locales. En los años previos a la edición de su primer LP, las demos realizadas fueron enviadas a varias compañías discográficas, como muestra para una eventual grabación y edición, y frecuentemente se recibía la respuesta (a confesión del propio Tom Scholz) "...esta banda no tiene nada que ofrecer...". Fue así como, en 1976, y gracias a las composiciones ingeniosas de Scholz, el grupo publica ese mismo año su primer álbum titulado simplemente "Boston", en base a las demos realizadas en el estudio particular de Tom Scholz, que fueron remasterizadas y remezcladas en los afamados estudios "The Record Plant" en California, saltando de inmediato a los primeros puestos de las listas de éxitos con el clásico "More Than a Feeling" y con "Peace Of Mind". El trabajo de Scholz se puede ver, asimismo, en la enigmática "Hitch a Ride", una de las piezas más completas del disco. La voz de Delp es, además, un total acierto y se nota cierta innovación en el sonido del grupo en comparación de otras bandas de la época.
Aqui el cover, todas las guitarras por su servilleta.
Para 1978, el grupo lanza su segundo álbum titulado "Don't Look Back. En 1986 se lanza, por fin, "Third Stage" y la canción "Amanda" llega inmediatamente a las listas de popularidad; esta canción es de un sonido muy distinto a las anteriores, una balada muy de los años ochenta, acertada por Scholz y la gran voz de Delp. El álbum alcanza disco de platino. Delp deja Boston en 1990 y es sustituido por Fran Cosmo.
El siguiente álbum de Boston no aparece hasta 1994; titulado "Walk On", retoma ciertos sonidos de Hard rock de los inicios del grupo. Los arreglos de la canción que titula al disco (dividida en tres segmentos) son considerados excesivos por algunos, pero la canción es una de las mejores piezas compuestas y arregladas por el ingenioso Scholz. Delp regresa al grupo ese mismo año.
Puedes encontrar mas info sobre esta legendaria banda en :http://es.wikipedia.org/wiki/Boston_(grupo_de_rock) o en Internet.
Larga vida al Rock !!!
Esta es otra de las rolas que me causan una mezcla de nostalgia y alegría. Rola representativa del mal llamado "Rock Clasico". Con un sonido bastante peculiar en sus guitarras y la voz de Brad Delp. Solo puedo decir Rolonononononnnn !!!!!!!!!!!
El grupo Boston se crea a mediados de 1969 por el ingeniero del MIT Tom Scholz como guitarrista y principal compositor, además del vocalista Brad Delp, el guitarrista Barry Goudreau y el batería Jim Masdea. Tras unos inicios algo inciertos, en el cual grabaron varias demos, realizadas en el estudio de Tom Scolz ubicado en el sótano doméstico de éste; luego el batería Jim Masdea deja el grupo y es reemplazado por Sib Hashian, mientras que el bajista Fran Sheehan se incorpora a las filas del grupo, que hasta el momento funcionaba como una banda a medio camino entre el circuito de aficionados y el profesionalismo de tiempo completo en los bares y pubs del circuito costero de bandas de rock de la ciudad de Boston. De hecho tanto Bradley Delp como Tom Scholz, tenían trabajos estables de tiempo completo fuera de la escena musical, durante esta primera etapa de la banda los miembros de la primera formación del grupo se habían conocido indistintamente interactuando y compartiendo papeles musicales en otras bandas locales. En los años previos a la edición de su primer LP, las demos realizadas fueron enviadas a varias compañías discográficas, como muestra para una eventual grabación y edición, y frecuentemente se recibía la respuesta (a confesión del propio Tom Scholz) "...esta banda no tiene nada que ofrecer...". Fue así como, en 1976, y gracias a las composiciones ingeniosas de Scholz, el grupo publica ese mismo año su primer álbum titulado simplemente "Boston", en base a las demos realizadas en el estudio particular de Tom Scholz, que fueron remasterizadas y remezcladas en los afamados estudios "The Record Plant" en California, saltando de inmediato a los primeros puestos de las listas de éxitos con el clásico "More Than a Feeling" y con "Peace Of Mind". El trabajo de Scholz se puede ver, asimismo, en la enigmática "Hitch a Ride", una de las piezas más completas del disco. La voz de Delp es, además, un total acierto y se nota cierta innovación en el sonido del grupo en comparación de otras bandas de la época.
Aqui el cover, todas las guitarras por su servilleta.
Para 1978, el grupo lanza su segundo álbum titulado "Don't Look Back. En 1986 se lanza, por fin, "Third Stage" y la canción "Amanda" llega inmediatamente a las listas de popularidad; esta canción es de un sonido muy distinto a las anteriores, una balada muy de los años ochenta, acertada por Scholz y la gran voz de Delp. El álbum alcanza disco de platino. Delp deja Boston en 1990 y es sustituido por Fran Cosmo.
El siguiente álbum de Boston no aparece hasta 1994; titulado "Walk On", retoma ciertos sonidos de Hard rock de los inicios del grupo. Los arreglos de la canción que titula al disco (dividida en tres segmentos) son considerados excesivos por algunos, pero la canción es una de las mejores piezas compuestas y arregladas por el ingenioso Scholz. Delp regresa al grupo ese mismo año.
Puedes encontrar mas info sobre esta legendaria banda en :http://es.wikipedia.org/wiki/Boston_(grupo_de_rock) o en Internet.
Larga vida al Rock !!!
Verdaderos resultados de las encuestas. Por Andrés González.
Sin temor a equivocarme los
principales contendientes son Josefina Vázquez Mota y AMLO, yo ya no le veo posibilidades
a peña Nieto es más, creo que Quadri puede ponerse cerca del candidato
tricolor.
En las próximas semanas veremos
como JVM y AMLO pelearan por el primer lugar, creo que las posiciones pueden
irse turnando, pero solo serán el primer y segundo lugar, el tercero y cuarto
creo quedaran sin movimiento, EPN en tercero y en cuarto el candidato Quadri.
Podremos ver encuestas en periódicos,
revistas, TV e internet donde se muestre a Peña como favorito, pero seguro
estoy que es pura mercadotecnia y un excesivo gasto publicitarios amen de las
mordidas para mostrar esas encuestas.
No nos dejemos engañar.
Hay memoria, candidato. Por Pablo Hiriart Le Bert. Recomendado por Andrés González.
Acusa de corrupto a quien se le ponga enfrente. Tal vez López Obrador piensa que no hay memoria. O que no existen las hemerotecas.
El funcionario que López Obrador puso al frente de la secretaría de Finanzas de la ciudad, Gustavo Ponce, no está preso por jugar en Las Vegas, sino por haber realizado traspasos millonarios, en dólares, hacia cuentas en Estados Unidos.
Si Ponce fue a la cárcel no es por acción del gobierno de AMLO. Todo lo contrario, López Obrador le brindó cobertura para escapar y quien lo detuvo fue la PGR.
La noche en que el secretario de Finanzas apareció en TV jugando millonadas en un salón VIP del hotel Bellagio en Las Vegas, López Obrador dijo a López Dóriga que, en su “derecho de réplica”, Ponce daría una explicación al día siguiente.
En esas horas valiosas el secretario de Finanzas de AMLO pudo ir a su oficina a sacar papeles comprometedores, dejar en blanco el disco duro de su computadora y darse a la fuga.
La Contraloría de López Obrador tomó los casos de Ponce y Bejarano y resolvió no aplicar sanción alguna.
¿Ese es el que dice que va a combatir a fondo la corrupción cuando sea Presidente? ¿Es el que dice que con los ahorros en corrupción va a financiar la expansión de Pemex?
Sí, es el mismo.
El mismo que tenía como secretario de Finanzas a alguien que tres veces al mes se iba a jugar dinero a Las Vegas.
El mismo que cuando entraba al estacionamiento del GDF podía ver el Porsche de su secretario de Finanzas.
El mismo que tenía, en la oficina de junto, a un secretario particular que recibía bolsas con miles de dólares y millones de pesos para fines que aún hoy se desconocen.
Fue López Obrador el que entregó a dos constructoras privadas 38 hectáreas de Santa Fe a cambio de la obra de los puentes de Los Poetas.
La obra costó a esas empresas 850 millones de pesos. Las 38 hectáreas que les dio AMLO las dividieron en 600 lotes de a dos millones de pesos cada uno, con lo que obtuvieron un ingreso mínimo de mil 200 millones de pesos. Después vendrían desarrollos urbanos y esos negociazos que dice que si llega a Presidente va a combatir.
Olvida (olvidamos) las cuotas de los 13 mil taxis pirata del grupo Panteras que pagaban al Frente Popular Francisco Villa, organización que es parte del “movimiento” de AMLO.
Más las cuotas que organizaciones lideradas por el grupo de René Bejarano cobraban a 100 mil ambulantes en nueve delegaciones controladas por ellas.
Tres mil pesos a la semana debía pagar cada narcomenudista de la Zona Rosa a la policía para operar, como lo probó el periodista Carlos Jiménez en uno de sus espléndidos reportajes.
¿Adónde iba a ese dinero? ¿Nada de eso sabía el Jefe de Gobierno? ¿Nunca se enteró de ello el que como Presidente va a “barrer la corrupción”? Y en gastos de promoción de su imagen personal… mañana lo veremos.
phl@razon.com.mx
Twitter: @phiriart
El funcionario que López Obrador puso al frente de la secretaría de Finanzas de la ciudad, Gustavo Ponce, no está preso por jugar en Las Vegas, sino por haber realizado traspasos millonarios, en dólares, hacia cuentas en Estados Unidos.
Si Ponce fue a la cárcel no es por acción del gobierno de AMLO. Todo lo contrario, López Obrador le brindó cobertura para escapar y quien lo detuvo fue la PGR.
La noche en que el secretario de Finanzas apareció en TV jugando millonadas en un salón VIP del hotel Bellagio en Las Vegas, López Obrador dijo a López Dóriga que, en su “derecho de réplica”, Ponce daría una explicación al día siguiente.
En esas horas valiosas el secretario de Finanzas de AMLO pudo ir a su oficina a sacar papeles comprometedores, dejar en blanco el disco duro de su computadora y darse a la fuga.
La Contraloría de López Obrador tomó los casos de Ponce y Bejarano y resolvió no aplicar sanción alguna.
¿Ese es el que dice que va a combatir a fondo la corrupción cuando sea Presidente? ¿Es el que dice que con los ahorros en corrupción va a financiar la expansión de Pemex?
Sí, es el mismo.
El mismo que tenía como secretario de Finanzas a alguien que tres veces al mes se iba a jugar dinero a Las Vegas.
El mismo que cuando entraba al estacionamiento del GDF podía ver el Porsche de su secretario de Finanzas.
El mismo que tenía, en la oficina de junto, a un secretario particular que recibía bolsas con miles de dólares y millones de pesos para fines que aún hoy se desconocen.
Fue López Obrador el que entregó a dos constructoras privadas 38 hectáreas de Santa Fe a cambio de la obra de los puentes de Los Poetas.
La obra costó a esas empresas 850 millones de pesos. Las 38 hectáreas que les dio AMLO las dividieron en 600 lotes de a dos millones de pesos cada uno, con lo que obtuvieron un ingreso mínimo de mil 200 millones de pesos. Después vendrían desarrollos urbanos y esos negociazos que dice que si llega a Presidente va a combatir.
Olvida (olvidamos) las cuotas de los 13 mil taxis pirata del grupo Panteras que pagaban al Frente Popular Francisco Villa, organización que es parte del “movimiento” de AMLO.
Más las cuotas que organizaciones lideradas por el grupo de René Bejarano cobraban a 100 mil ambulantes en nueve delegaciones controladas por ellas.
Tres mil pesos a la semana debía pagar cada narcomenudista de la Zona Rosa a la policía para operar, como lo probó el periodista Carlos Jiménez en uno de sus espléndidos reportajes.
¿Adónde iba a ese dinero? ¿Nada de eso sabía el Jefe de Gobierno? ¿Nunca se enteró de ello el que como Presidente va a “barrer la corrupción”? Y en gastos de promoción de su imagen personal… mañana lo veremos.
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Twitter: @phiriart
Leído en:
Aguilar Camín - La fuenteovejuna de López Obrador
Está muy bien instalada la red de insultantes que sirve a Andrés Manuel López Obrador. Apenas les molesta algo, empiezan a aparecer tuiteros anónimos, inventados, camuflados, repetidos y vueltos a inventar, para crear la impresión de que hay una oleada de opinión en contra del sacrilegio en turno.
Hay espontáneos genuinos, pero son parte de la misma marea, creada por otros. Rápidamente, la oleada se vuelve nota en medios periodísticos afines a la causa de esta extraña república lopezobradorista que dice amar, pero está llena de odiadores.
Una vez publicados los insultos, la cargada adquiere objetividad para los espontáneos. Y se vuelve pura utilidad para los maliciosos, quienes repiten lo publicado como un registro independiente, como si no fueran ellos sus fuentes.
Muchos habitantes de este submundo de la opinión pública radical son incondicionales de López Obrador, tuiteros de consigna que no pueden decir su nombre, a los que todo se les va en seudónimos idiotas y autorretratos cursis. Fuenteovejunos anónimos.
No me dirijo a ellos en este texto, sino a su referencia y guía, López Obrador, candidato absoluto de la república del odio tuitero, donde tantos están dispuestos a insultar y calumniar en su nombre.
Razones personales de antiguo cariño y amistades recíprocas me han hecho mantener hacia López Obrador una actitud especialmente cuidadosa, precisamente para no cruzar los límites del respeto personal y la contención civilizada que sus seguidores cruzan cada día, atacando, infamando, calumniando, derogando a todos a los que se imaginan, con un ojo estrábico y el otro ciego, enemigos de su causa.
He aprendido de los abogados que cuando un perro muerde a alguien, no hay que demandar al perro, sino al dueño del perro. Y como creo que López Obrador es el mayoral político de esta jauría, me dirijo a él en este texto, evitando rodeos y hablando de lo que pienso sin tapujos, como él diría.
Le digo, con todo respeto, como él diría también:
Diga usted, ciudadano López Obrador, a sus enjundiosos partidarios que dejen de ladrar, porque acaban logrando solo que otros ladren como ellos, y terminen ladrándole a usted. Añado lo que sabemos usted y yo del mismo sitio: no solo no hay enemigo pequeño, ciudadano, tampoco hay amigo pequeño, por distante o adversario que parezca.
Marín - La vulnerable "prueba del papelito"
Con acerado temple y argumentos incontrastables, Héctor Aguilar Camín desmanteló ayer, en el noticiario de MVS que conduce Carmen Aristegui, un supuesto “reportaje”, ilustrativo del periodismo carroñero, tramposamente cacareado como periodismo de investigación pero basado en lo que el escritor (periodista, novelista, historiador) demostró que es un simple “papelito” anónimo y sin elemento alguno de confiabilidad.
El asunto pudo haber quedado en los anaqueles de la insidia (atestados de vulnerables “expedientes periodísticos”), pero el domingo, en el debate de los presidenciables, Andrés Manuel López Obrador cometió el error de esgrimirlo como “prueba” de supuestas compras de espacios en televisión.
Tomó en serio un texto en que se implicó al programa Zona Abierta, que condujo Héctor Aguilar Camín en Televisa, en una operación de negocios dizque sucios.
Vale la pena leer en estas páginas la cátedra de periodismo que el ofensor, por cierto, tuvo que agradecerle al doctor.
Ciro - Tercer Grado, hora y media con Josefina.
El protagonista de “El Embaucador”, novela de Peter Carey, clasifica a los seres humanos en dos grupos: los que saben mentir y los que no. Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador son dos grandes embaucadores electorales. Josefina Vázquez Mota, no. Y eso en una campaña en México es funesto.
Con esa impresión me marché en la madrugada al concluir la entrevista colectiva con la candidata del PAN en Tercer Grado, preguntándome también hasta qué punto el azar, las circunstancias de marzo a la fecha, han sido endiabladas con esta mujer.
Creo que se preparó para el programa y que en la hora y media no patinó ni dijo insensateces. Su discurso es más lógico que hace unas semanas y, a pesar de la medianoche y el cansancio que se le notaba desde el saludo, manejó bien las emociones y los cambios de temas, tonos, ritmos.
Sin embargo, parece que la elección ya está fatalmente determinada para ella. Un candidato del PAN me habló para hacer su síntesis de Tercer Grado: hay algo muy frustrante, no asume su papel ni se convence a sí misma que puede y debe ser; no trae carácter, discurso ni conexión.
No lo sé, pero pocas veces he sufrido tanto una entrevista como esta con Josefina. Me recordó una con Cuauhtémoc Cárdenas , candidato presidencial en mayo del 2000, donde le subrayé su paupérrimo 17 por ciento en las encuestas de entonces. Y para colmo, el miércoles me tocó abrir la ronda con una pregunta sobre…
encuestas.
Quería abrazarla al acabar. Decirle que la admiro y la aprecio, que su triunfo en la interna del PAN fue titánico, que la vida no termina el 1 de julio.
Que al final de cada historia comienza otra que puede ser mucho mejor.
Leído en http://www.vanguardia.com.mx/tercergradohoraymediaconjosefina-1284605-columna.html
Con esa impresión me marché en la madrugada al concluir la entrevista colectiva con la candidata del PAN en Tercer Grado, preguntándome también hasta qué punto el azar, las circunstancias de marzo a la fecha, han sido endiabladas con esta mujer.
Creo que se preparó para el programa y que en la hora y media no patinó ni dijo insensateces. Su discurso es más lógico que hace unas semanas y, a pesar de la medianoche y el cansancio que se le notaba desde el saludo, manejó bien las emociones y los cambios de temas, tonos, ritmos.
Sin embargo, parece que la elección ya está fatalmente determinada para ella. Un candidato del PAN me habló para hacer su síntesis de Tercer Grado: hay algo muy frustrante, no asume su papel ni se convence a sí misma que puede y debe ser; no trae carácter, discurso ni conexión.
No lo sé, pero pocas veces he sufrido tanto una entrevista como esta con Josefina. Me recordó una con Cuauhtémoc Cárdenas , candidato presidencial en mayo del 2000, donde le subrayé su paupérrimo 17 por ciento en las encuestas de entonces. Y para colmo, el miércoles me tocó abrir la ronda con una pregunta sobre…
encuestas.
Quería abrazarla al acabar. Decirle que la admiro y la aprecio, que su triunfo en la interna del PAN fue titánico, que la vida no termina el 1 de julio.
Que al final de cada historia comienza otra que puede ser mucho mejor.
Leído en http://www.vanguardia.com.mx/tercergradohoraymediaconjosefina-1284605-columna.html
José Luis González - Una caja de plomo que no se podía abrir.
| José Luis González (1926-1997) |
Una caja de plomo que no se podía abrir.
A Emilio Díaz Valcárcel
Seis meses después que se llevaron a Moncho Ramírez a Corea, doña Milla recibió una carta del gobierno que decía que Moncho estaba en la lista de los desaparecidos en combate. La carta se la dio doña Milla a un vecino para que se la leyera porque venía de los Estados Unidos y estaba en inglés. Cuando doña Milla se enteró de lo que decía la carta, se encerró en sus dos piezas y se pasó tres días llorando. No les abrió la puerta ni a las vecinas que fueron a llevarle guarapillos. En el ranchón se habló muchísimo de la desaparición de Moncho Ramírez. Al principio algunos opinamos que Moncho seguramente se había perdido en algún monte y ya aparecería el día menos pensado. Otros dijeron que a lo mejor los coreanos o los chinos lo habían hecho prisionero y después de la guerra lo devolverían. Por las noches, después de comer, los hombres no reuníamos en el patio del ranchón y nos poníamos a discutir esas dos posibilidades, y así vinimos a llamarnos “los perdidos” y “los prisioneros”, según lo que pensábamos que le había suceido a Moncho Ramírez. Ahora que ya todo eso es un recuerdo, yo me pregunto cuántos de nosotros pensábamos, sin decirlo, que Moncho no estaba perdido en ningún monto ni era prisionero de los coreanos o los chinos, sino que estaba muerto.
Yo pensaba eso muchas veces, pero nunca lo decía, y ahora me parece que todos les pasaba igual, porque no está bien eso de ponerse a dar por muerto a nadie —y menos a un buen amigo como era Moncho Ramírez, que había nacido en el ranchón— antes de saberlo uno con seguridad. Y además, ¿cómo íbamos a discutir por las noches en el patio del ranchón si no había dos opiniones diferentes? Dos meses después de la primera carta, llegó otra. Esta segunda carta, que le leyó a doña Milla el mismo vecino porque estaba en ingés igual que la primera, decía que Moncho Ramírez había aparecido. O, mejor dicho, lo que quedaba de Moncho Ramírez. Nosotros nos enteramos de eso por los gritos que empezó a dar doña Milla tan pronto supo lo que decía la carta. Aquella tarde todo el ranchón se vació en las dos piezas de doña Milla. Yo no sé cómo cabíamos allí, pero allí estábamos toditos, y éramos unos cuantos como quien dice. A doña Milla tuvieron que acostarla las mujeres cuando todavía no era de noche porque de tanto gritar, mirando el retrato de Moncho en uniforme militar, entre una bandera americana y un águila con un mazo de flechas entre las garras, se había puesto como tonta. Los hombres nos fuimos saliendo al patio poco a poco, pero aquella noche no hubo discusión porque ya todos sabíamos que Monhco estaba muerto y era imposible ponerse a imaginar.
Tres meses después llegó la caja de plomo que no se podía abrir. La trajeron una tarde, sin avisar, en un camión del Ejército con rifles y guantes blancos. A los cuatros soldados los mandaba un teniente, que no traía rifle, pero sí una cuarenta y cinco en la cintura. Ese fue el primero en bajar del camión. Se plantó en medio de la calle, con los puños en las caderas y las piernas abiertas, y miró la fachada del ranchón como mira un hombre a otro cuando va a pedirle cuentas por alguna ofensa. Después volteó la cabeza y les dijo a los que estaban en el camión:
—Sí, aquí es. Bájense.
Los cuatro soldados se apearon, dos de ellos cargando la caja, que no era del tamaño de un ataúd, sino más pequeña y estaba cubierta con una bandera americana. El teniente tuvo que preguntar a un grupo de vecinos en la acera cuál era la pieza de la viuda de Ramírez (ustedes sabén cómo son estos ranchones de Puerta de Tierra: quince o veinte puertas, cada una de las cuales da a una vivienda, y la mayoría de las puertas sin número ni nada que indique quién vive allí). Los vecinos no sólo le informaron al teniente que la puerta de doña Milla era la cuarta a mano izquierda, entrando, sino que siguieron a los cinco militares dentro del ranchón sin despegar los ojos de la caja cubierta con la bandera americana. El teniente, sin disimular, la molestia que le causaba el acompañamiento, tocó a la puerta con la mano enguantada de blanco. Abrió doña Milla y el oficial le preguntó:
—¿La señora Emílía viuda de Ramírez?
Doña Milla no contestó en seguida. Miró sucesivamente al teniente, a los cuatro soldados, a los vecinos, a la caja.
—¿Ah? dijo como si no hubiera oído la pregunta del oficial.
—Señora, ¿usted es doña Emilia viuda de Ramírez? Doña Milla volvió a mirar la caja cubierta con la bandera. Levantó una mano, señaló, preguntó a su vez con la voz delgadita:
—¿Qué es eso?
El teniente repitió, con un dejo de impaciencia: —Señora, ¿usted es...
—¿Qué es eso, ah? —volvió a preguntar doña Milla, en ese trémulo tono de voz con que una mujer se anticipa siempre a la confirmación de una desgracia—. Dígame, ¿qué es eso?
El teniente volteó la cabeza, miró a los vecinos. Leí en los ojos de todos la misma interrogación. Se volvió nuevamente hacia la mujer; carraspeó; dijo al fin:
—Señora... el Ejército de los Estados Unidos... Se interrumpió como quien olvida de repente algo que está acostumbrado a decir de memoria. —Señora... -recomenzó—. Su hijo, el cabo Ramírez... Después de esas palabras dijo otras que nadie llegó a escuchar porque ya doña Milla se había puesto a dar gritos, unos gritos tremendos que parecían desgarrarle la garganta. Lo que sucedió inmediatamente después resultó demasiado confuso para que yo, que estaba en el grupo de vecinos detrás de los militares, pueda recordarlo bien. Alguien empujó con fuerza y en unos instantes todos nos encontramos dentro de la pieza de doña Milla. Una mujer pidió agua de azahar a voces, mientras trataba de impedir que Doña Milla se clavara las uñas en el rostro.
El teniente empezó a decir: “¡Calma! ¡Calma!”, pero nadie le hizo caso. Más y más vecinos fueron llegando, como llamados por el tumulto, hasta que resultó imposible dar un paso dentro de la pieza. Al fin varias mujeres lograron llevarse a doña Milla a la otra habitación. La hicieron tomar agua de azahar y la acostaron en la cama. En la primera pieza quedamos sólo los hombres. El teniente se dirigió entonces a nosotros con una sonrisa forzada:
—Bueno, muchachos... Ustedes eran amigos del cabo Ramírez, ¿verdad? Nadie contestó. El teniente añadió: —Bueno, muchachos... En lo que las mujeres se claman, ustedes pueden ayudarme, ¿no? Pónganme aquella mesita en el medio de la pieza. Vamos a colocar ahí la caja para hacerle la guardia. Uno de nosotros habló entonces por primera vez. Fue el viejo Sotero Valle, que había sido compañero de trabajo en los muelles del difunto Artemio Ramírez, esposo de doña Milla y papá de Moncho. Señaló la caja cubierta con la bandera americana y empezó a interrogar al teniente:
—Ahí... ahí...?
—Sí, señor —dijo el teniente—. Esa caja contiene los restos del cabo Ramírez. ¿Usted conocía al cabo Ramírez?
—Era mí ahijado —contestó Sotero Valle, muy quedo, como si temiera no llegar a concluir la frase.
—El cabo Ramírez murió en el cumplimiento de su deber —dijo el teniente, y ya nadie volvió a hablar.
Eso fue como a las cinco de la tarde. Por la noche no cabía la gente en la pieza: habían llegado vecinos de todo el barrio, que llenaban el patio y llegaban hasta la acera. Adentro tomábamos el café que colaba de hora en hora una vecina. De otras piezas se habían traído varias sillas, pero los más de los presentes estábamos de pie: así ocupábamos menos espacio. Las mujeres seguían encerradas con doña Milla en la otra habitación. Una de ellas salía de vez en cuando a buscar cualquier cosa —agua, alcoholado, café y aprovechaba para informarnos:
—Ya está más calmada. Yo creo que de aquí a un rato podrá salir.
Los cuatro soldados montaban guardia, el rifle prensado contra la pierna derecha, dos a cada lado de la mesita sobre la que descansaba la caja cubierta con la bandera. El teniente se había. apostado al pie de la mesita, de espaldas a ésta y a sus cuatro hombres, las piernas sevaradas y las manos a la espalda. Al principio, cuando se coló el primer café, alguien le ofreció una taza, pero él no la aceptó. Dijo que no se podía interrumpir la guardia. El viejo Sotero Valle tampoco quiso tomar café. Se había sentado desde el principio frente a la mesita y no le había dirigido la palabra a nadie durante todo ese tiempo. Y durante todo ese tiempo no había apartado la mirada de la caja. Era una mirada rara la del viejo Sotero: parecía que miraba sin ver. De repente (en los momentos en que servían café por cuarta vez) se levantó de la silla y se acercó al teniente.
—Oiga —le dijo, sin mirarlo, los ojos siempre fijos en la caja—. ¿Usted dice que mi ahijado Ramón Ramírez está ahí dentro?
—Sí, señor —contestó el oficial.
—Pero... ¿en esa caja tan chiquita?
—Bueno, mire... es que ahí sólo están los restos del Cabo Ramírez.
—¿Quiere decir que... lo único que encontaron...
—Solamente los restos, sí, señor. Seguramente ya había muerto hacía bastante tiempo. Así sucede en la guerra, ¿ve? El viejo no dijo nada más. Todavía de pie, siguió mirando la caja durante un rato; después volvió a su silla. Unos minutos más tarde se abrió la puerta de la otra habitación y doña Milla salió apoyada en los brazos de dos vecinas. Estaba pálida y despeinada, pero su semblante reflejaba una gran serenidad. Caminó lentamente, siempre apoyada en las otras dos mujeres, hasta llegar frente al teniente. Le dijo:
—Señor... tenga la bondad... diganos cómo se abre la caja.
El teniente la miró sorprendido.
—Señora, la caja no se puede abrir. Está sellada.
Doña Milla pareció no comprender. Agrandó los ojos y los fijó largamente en los del oficial, hasta que éste se sintió obligado a repetir:
—La caja está sellada, señora. No se puede abrir.
La mujer movió de un lado a otro, lentamente, la cabeza.
—Pero yo quiero ver a mi hijo. Yo quiero ver a mi hijo, ¿usted me entiende? Yo no puedo dejar que lo entierren sin verlo por última vez.
El teniente nos miró entonces a nosotros; era evidente que su mirada solicitaba comprensión, pero nadie dijo una palabra.
Doña Milla dio un paso hacia la caja, retiró con delicadeza una punta de la bandera, tocó levemente. —Señor —le dijo al oficial, sin mirarlo—, esta caja no es de madera. ¿De qué es esta caja, señor?
—Es de plomo, señora. Las hacen así para que resistan mejor el viaje por mar desde Corea.
—¿De plomo? —murmuró doña Milla sin apartar la mirada de la caja—. ¿Y no se puede abrir?
El teniente, mirándonos nuevamente a nosotros, repitió: —Las hacen así para que resistan mejor el vía... Pero no pudo terminar; no lo dejaron terminar los gritos de doña Milla, unos gritos terribles que a mí me hicieron sentir como si repentinamente me hubiese golpeado en la boca del estómago:
—¡Moncho! ¡Moncho, hijo mío, nadie va a enterrarte sin que yo te vea! ¡Nadie, mi hijito, nadie...!
Otra vez se me hace difícil contar con exactitud: los gritos de doña Milla produjeron una gran confusión. Las dos mujeres que la sostenían por los brazos trataron de alejarla de la caja, pero ella frustró el intento aflojando el cuerpo y dejándose ir hacia el suelo. Entonces intervinieron varios hombres. Yo no: yo todavía no me libraba de aquella sensación en la boca del estómago. El viejo Sotero Valle fue uno de los que acudieron junto a doña Emilia, y yo me senté en su silla. No me da vergüenza decirlo: o me sentaba o tenía que salir de la pieza. Yo no sé si a alguno de ustedes le ha pasado eso alguna vez. No no era miedo, porque ningún peligro me amenazaba en aquel momento. Pero yo sentía el estómago duro y apretado como un puño, y las piernas como si súbitamente se me hubiesen vuelto de trapo. Si a alguno de ustedes le ha pasado eso alguna vez, sabrá lo que quiero decir. Y si no... bueno, si no, ojalá que no le pase nunca. O por lo menos que le pase donde la gente no se dé cuenta. Yo me senté. Me senté, y, en medio de la tremenda confusión que me rodeaba, me puse a pensar en Moncho como nunca en mi vida había pensado en él. Doña Milla gritaba hasta enronquecer mientras la, iban arrastrando hacia la otra habitación, y yo pensaba en Moncho, en Moncho que nació en aquel mismo ranchón donde también nací yo, en Moncho que fue el único que no lloró cuando nos llevaron a la escuela por primera vez, en Moncho que nadaba más lejos que nadie cuando íbamos a la playa detrás dei Capitolio, en Moncho que había sido siempre cuarto bate cuando jubábamos pelota en la Isla Grande, antes de que hicieran allí la base aérea... Doña Milla seguía gritando que a su hijo no iba a enterrarlo nadie sin que ella lo viera por úlíma vez. Pero la caja era de plomo y no se podía abrir.
Al otro día enterramos a Moncho Ramírez Un destacamento de soldados hizo una descarga cuando los restos de Moncho —o lo que hubiera dentro de aquelia caja— descendieron al húmedo y hondo agujero de su tumba. Doña Milla asistió a toda la ceremonia de rodillas sobre la tierra. De todo eso hace dos años. A mí no se me había ocurrido contarlo hasta ahora. Es posible que alguien se pregunte por qué lo cuento al fin. Yo diré que esta mañana vino el cartero al ranchón. No tuve que pedirle ayuda a nadie para leer lo que me trajo, porque yo sé mi poco de inglés. Era el aviso de reclutamiento militar.
Leído en: http://www.literatura.us/joseluis/plomo.html
EL BARQUERO INCULTO.
Se trataba de un joven erudito, arrogante y engreído. Para cruzar un caudaloso río de una a otra orilla tomó una barca. Silente y sumiso, el barquero comenzó a remar con diligencia. De repente, una bandada de aves surcó el cielo y el joven preguntó al barquero:
–Buen hombre, ¿has estudiado la vida de las aves?
–No, señor -repuso el barquero.
–Entonces, amigo, has perdido la cuarta parte de tu vida.
Pasados unos minutos, la barca se deslizó junto a unas exóticas plantas que flotaban en las aguas del río. El joven preguntó al barquero:
–Dime, barquero, ¿has estudiado botánica?
–No, señor, no sé nada de plantas.
–Pues debo decirte que has perdido la mitad de tu vida -comentó el petulante joven.
El barquero seguía remando pacientemente. El sol del mediodía se reflejaba luminosamente sobre las aguas del río. Entonces el joven preguntó:
–Sin duda, barquero, llevas muchos años deslizándote por las aguas. ?Sabes, por cierto, algo de la naturaleza del agua?
–No, señor, nada sé al respecto. No sé nada de estas aguas ni de otras.
–¡Oh, amigo! -exclamó el joven-. De verdad que has perdido las tres cuartas partes de tu vida.
Súbitamente, la barca comenzó a hacer agua. No había forma de achicar tanta agua y la barca comenzó a hundirse.
El barquero preguntó al joven:
–Señor, ¿sabes nadar? –No -repuso el joven.
–Pues me temo, señor, que has perdido toda tu vida.
*El Maestro dice: No es a través del intelecto como se alcanza el Ser: el pensamiento no puede comprender al pensador y el conocimiento erudito no tiene nada que ver con la Sabiduría.
Tomado de “Cuentos Clásicos de la India” recopilados por Ramiro Calle.
Leído en: http://es.scribd.com/doc/64467643/101-cuentos-clasicos-de-la-India
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