jueves, 14 de junio de 2012

Arnoldo Cuellar - Peña Nieto: presagios ominiosos

Arnoldo Cuellar
La gran construcción de mercadotecnia que significó la colocación del entonces gobernador del Estado de México como el puntero de la carrera presidencial aún antes de comenzarla, no ha hecho sino perder aire a lo largo de toda la campaña electoral del 2012.

Enrique Peña Nieto ha mostrado que representa básicamente dos proyectos que al final se funden en uno solo: en primer lugar, una apuesta de gobierno de la élite empresarial del país encabezada por los monopolios de las telecomunicaciones; en segundo, el regreso del exilio de la misma clase política priísta que abandonó el poder en el 2000.

Al final del día se trata, más que de un proyecto político, de una complicidad.

La construcción previa de una imagen trabajada con grandes cantidades de dinero, y una planeación minuciosa se convirtió en un éxito en el terreno de la mercadotecnia política, logrando sobreponerse a la falta de virtudes del personaje y a la realización de un gobierno que en el mejor de los casos fue mediocre.

Sin embargo, lo que no se ha logrado superar, como lo muestra de forma cada vez más evidente la dinámica de la campaña electoral, es la falta de reflejos políticos y la carencia de discurso más allá de la retórica tradicional, que además suena aprendida.

Los estrategas y publicistas de Peña Nieto y la nomenclatura priísta ven con alivio como se llega la última parte de la campaña, empujando para aguantar la amenaza de desfonde de su candidato.

Les ayuda, desde luego, la pasividad de la mayor parte del electorado; la gran cobertura de medios en torno a Peña Nieto, apenas agujereada aquí y allá por las críticas de los movimientos emergentes juveniles; y, por encima de toda las cosas, la tremenda ineficacia de los candidatos opositores.

Una Josefina Vázquez Mota abandonada por su partido, lastrada por el gobierno de Felipe Calderón, dubitativa y temerosa en los dos primeros tercios de la campaña y carente de equipo propio, fue incapaz de subirse a la contienda y ahora sólo le queda rescatar los votos para una bancada decorosa en las próximas Cámaras.

Un Andrés Manuel López Obrador cansado, lento de respuestas, sin la chispa del 2006 y, además, pagando los pecados de sus equivocaciones de entonces, no ha logrado capitalizar el descontento con la manipulación priísta y se ha convertido prácticamente en el gran cancelador de la esperanza para continuar la accidentada transición mexicana, amenazada por la sombra de la restauración priísta.

Si, como todo indica, el PRI y sus socios en los medios de comunicación logran llevar a la recta final al exhausto Peña Nieto y hacerlo cruzar la meta en el primer lugar, lo que tendremos a partir del dos de julio será la sombra de un gobierno en reversa de la historia.

El primer conflicto sobrevendrá con la vieja clase política priísta donde, junto con la adoración al poder, quedan algunos notables resabios de nacionalismo y profesionalismo en el ejercicio del servicio público. Enrique Peña Nieto y su círculo cercano tendrán la tentación de centrar sus intentos de legitimación en los viejos políticos, con lo que se perderá, mal que bien, una reserva de experiencia.

La forma en la que el candidato priísta ha enfrentado el nada complicado escollo de la insurgencia juvenil y sus manifestaciones de incomodidad, con actitudes que oscilan de la huída a la confrontación sin echar mano nunca del diálogo, nos adelanta que su posible gobierno no tendrá entre sus prioridades la profundización de las reformas democráticas y sí, en cambio, que se intentará la cooptación y la mediatización de las visiones críticas.

La ausencia de un bagaje político propio, la inexistencia de un discurso personal y la carencia de una actitud de moderación y autocontención frente al poder, no nos permiten esperar una política de inclusión y de negociación para enfrentar las reformas que el país tiene pendientes.

La exasperación frente a las dificultades en la que a menudo se le ha visto caer al candidato tricolor, revelan nítidamente que nos encontramos frente a un hombre que ejerce el poder con tintes autoritarios, incluso ante sus cercanos, como en los peores momentos del pasado priísta.

La dinámica del cierre de las campañas permite suponer que México volverá a tener un gobierno dividido entre el Ejecutivo y el Congreso; como, además, los escenarios futuros hacen esperar complicaciones y turbulencias en temas como la seguridad y la economía, el escenario para que el regreso del PRI se parezca más al agobiado sexenio de Ernesto Zedillo que al fulgurante arranque de Carlos Salinas, se encuentra servido.

La diferencia será que Ernesto Zedillo, pese a todo, es un economista altamente calificado; en tanto que Carlos Salinas es un político rebuscado y brillante, además de un competente tecnócrata.

Ni lo uno ni lo otro se encuentran en el empaque glamoroso, aunque un tanto abollado a estas alturas, que nos ha entregado la conspiración mediático-política que construyó a Enrique Peña Nieto.

Así que, abrochémonos los cinturones.

arnoldocuellar@zonafranca.mx
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Salvador García Soto - AMLO, la duda.

Andrés Manuel López Obrador no sólo se convirtió en la revelación de la actual contienda electoral porque, contra todos los pronósticos y las actas de defunción anticipada que muchos le extendieron, hoy está no sólo vivo en la competencia por la Presidencia, sino que representa la principal amenaza para el largamente anunciado regreso del PRI a Los Pinos.

A la idea muy esparcida y avalada por numerosas encuestas de una ventaja aún amplia de Enrique Peña Nieto, que anticipa un triunfo casi holgado del priista -de entre seis y ocho puntos porcentuales, algo así como tres millones de votos- se le oponen otras encuestas que insisten, con la misma terquedad, en que esta elección se va a cerrar y que, en ese cierre que ya comenzó y que ubica a López Obrador desde a ocho puntos de distancia hasta un virtual empate técnico con Peña, todo puede ocurrir y no hay un ganador seguro.

En las valoraciones internas del equipo de López Obrador, la tendencia de cierre -que basan entre otros sondeos en el más reciente de Berumen y Asociados- están previendo que en la recta final, junto con la caída de Peña, el crecimiento de López Obrador y el repunte de Josefina Vázquez Mota después del debate, el escenario el 1 de julio sea de una votación dividida a tres tercios en donde cualquiera de los tres candidatos, incluida la panista, puede ganar.

Ese fue el sentido de las palabras del presidente Felipe Calderón en su conferencia de prensa del martes en Los Pinos, donde el mandatario afirma que la elección “aún no está decidida” y que todavía “cualquiera de los candidatos puede ganar”. Con ese diagnóstico coinciden plenamente en el cuartel lopezobradorista y por eso el mismo Andrés Manuel avaló las palabras del Presidente y hasta defendió “su derecho a la libre expresión”.

Por primera vez en seis años, de manera casi milagrosa, López Obrador y Felipe Calderón tienen una coincidencia y un propósito común: si el Presidente salió a darle respiración de boca a boca a Josefina y la metió de nuevo a la pelea, el mismo objetivo buscan ahora los estrategas lopezobradoristas, que no quieren que se desinfle Vázquez Mota porque en las actuales circunstancias les conviene que crezca la candidata del PAN y que la elección final se defina a tres tercios, y no por una pelea cerrada entre López Obrador y Peña.

Y ahí viene una segunda y sorprendente coincidencia entre Calderón y AMLO: el papel que jugarán en esta elección los jóvenes. El Presidente pidió no subestimar el voto de la población, especialmente de los jóvenes, como un factor que puede cambiar las intenciones de voto que registran las encuestas; y es precisamente en ese sector, el de los jóvenes, donde se concentrará la estrategia lopezobradorista en los 15 días que le restan a la elección.

La presencia de López Obrador en el debate de la #132, el 19 de junio, será una de las acciones con las que el candidato de las izquierdas busca “amarrar” el apoyo y el voto de ese sector que, si realmente sale a votar el 1 de julio, puede alterar cualquier tendencia. Y es que la clave de esta elección puede estar en el voto de los jóvenes; nunca más en la historia del país volverá a haber tantos jóvenes inscritos en el padrón y habilitados para votar con en los comicios del 1 de julio; esa cifra, de casi ocho millones de votantes jóvenes, tres millones que votan por primera vez, no se repetirá jamás.

Así llega Andrés Manuel López Obrador a la parte final de esta contienda, con una certeza y una gran duda para todos los mexicanos; la certeza es que no estaba muerto y que peleará hasta el final la Presidencia y la duda, la gran incógnita que hoy empieza a preocupar a muchos mexicanos es ¿qué va a hacer si, con todo y una elección cerrada no gana la votación y la diferencia final para el ganador -que sus estrategas estiman entre tres y cinco puntos- no le favorece, aceptará una apretada derrota o desatará un conflicto poselectoral?

sgarciasoto@hotmail.com | @sgarciasoto

Leído en: http://www.24-horas.mx/amlo-la-duda/

Raymundo Riva Palacios - 2012: modelos excluyentes.

Raymundo Riva Palacios
Enfilados en el último tramo de la campaña presidencial, el tema económico es mucho más profundo de lo que la mayoría puede imaginarse. El electorado, distraído en la retórica y los clichés, no ha reparado que lo que está en juego en las urnas es un proyecto de nación antagónico y excluyente entre los candidatos del PAN y el PRI, y el de la coalición de izquierda que encabeza el PRD, en la cara de un modelo económico que redefinirá el rumbo del país durante los próximos años.

Josefina Vázquez Mota y Enrique Peña Nieto tienen plataformas claramente distintas, pero en materia económica comparten el modelo que se implantó en México durante el gobierno de Miguel de la Madrid, y se consolidó en el de Carlos Salinas con el apoyo del PAN. Llamado en los 90 como el Consenso de Washington, impulsado por Washington y el FMI, exigía de América Latina disciplina presupuestaria y control del gasto público, liberalización financiera, privatizaciones y desregulación, con el fin de crecer.

El Consenso de Washington propició el crecimiento económico, pero ensanchó la desigualdad y provocó que cada vez un menor número de personas controlara la mayor parte de la riqueza. El modelo hizo crisis en la última década y hubo rebelión en la región. No fue el caso de México donde el modelo entró en contradicción, y fortaleció los monopolios en un clima de crecimiento mediocre en relación con otras naciones del área. Andrés Manuel López Obrador se encuentra en las antípodas de este modelo, y su propuesta económica responde más al viejo modelo centralista y keynsiano, que aunque terminó su ciclo de vida hace ya casi medio siglo, varios de sus componentes fueron recuperados en el mundo durante los últimos años.

Durante el último debate presidencial, todos los candidatos plantearon sus visiones económicas, aunque en forma muy general –por el formato de la discusión– y sin poder argumentar con claridad y profundidad cómo piensan hacerlo –por el poco tiempo disponible–. Vázquez Mota y Peña Nieto esbozaron las ideas generales planteadas desde hace tiempo por gobiernos panistas y priístas, que tienen que ver con las reformas laboral, fiscal y energética que apuesta por más estímulos al sector privado. 

López Obrador tiene una visión estatista, inspirado en Franklin D. Roosevelt, considerado uno de los mejores presidentes de Estados Unidos, quien para sacar a su país de la Gran Depresión, propuso su New Deal (Nuevo Pacto), un conjunto de reformas instrumentadas desde 1933, que incluía alivios para los pobres, recuperación de los niveles económicos y una reforma al sistema financiero para evitar otra recesión como la que vivían. López Obrador toma sus propuestas sociales de Roosevelt y del propio John Maynard Keynes, de quien adoptó la idea de crear, con rango constitucional, un Estado de Bienestar (Welfare State).

Los modelos no se hablan, y al no plantear los candidatos con claridad cómo harían lo que proponen, el mensaje sigue siendo de incertidumbre para algunos –por ejemplo los inversionistas extranjeros en el caso de López Obrador–, y de desesperanza para otros –como los grupos marginados a quienes no han tocado las palabras de Peña Nieto y Vázquez Mota–. La apuesta de López Obrador ha sido buscar legitimidad a partir de quienes instrumentarían el modelo, Rogelio Ramírez de la O en Hacienda, y Adolfo Hellmund en Energía. Sus adversarios no han hablado de gabinetes, pero si Vázquez Mota ganara la elección, probablemente mantendría al equipo actual. Si fuera Peña Nieto, en Hacienda se apuntan José Ángel Gurría, jefe de la OECD y ex secretario de Hacienda, y Santiago Levy, vicepresidente del BID, mientras que ubican a Pedro Aspe, ex secretario de Hacienda, en Pemex.

Los nombres pesan y tienen que ser analizados en sus méritos y capacidades. Pero antes está el modelo. A tres domingos de la elección, los electores deben exigir información más detallada y explicación de lo que tienen en la mente. Es vital saber exactamente qué piensan los candidatos sobre su bolsillo, su familia y el entorno, y qué es lo que quieren para el país durante el próximo sexenio, en el entendido de que al final de cuentas, en la urna juegan la economía familiar con el parapeto de políticas macroeconómicas.

Leído en: http://www.zocalo.com.mx/seccion/opinion-articulo/2012-modelos-excluyentes

Lydia Cacho - Entre mujeristas te veas.

Lydia Cacho
No es lo mismo ser feminista que ser mujerista. Mientras las feministas entienden la diversidad como la base de la igualdad, las mujeristas intentan homogeneizar a todas las mujeres para exigir solidaridad. Ser feminista declarada (o de clóset como lo son millones), implica haber pasado por un proceso personal que la doctora Jean Shinoda explica como el “definirse a si mismas por las decisiones informadas y libres que toman cada día”. Y saben que tomar decisiones libres depende de herramientas a las que no todas las mujeres tienen acceso, aunque deberían de tenerlo.

Las feministas saben que la maternidad debe ser una elección, y que una mujer no puede definirse a sí misma por el mero hecho de tener un útero y ser capaz de reproducirse, por eso la maternidad elegida se convierte en un gozo y en una tarea de gran importancia, porque de ella depende criar seres humanos, hombres y mujeres, que reproduzcan los valores de la igualdad y paz, personas que sean capaces de negociar conflictos y de conocer y respetar las diferencias, de saber cuando es indispensable rebelarse ante personas y grupos que arrebatan libertades civiles e individuales, o contra aquellos que defienden la violencia como un instrumento de control social y personal. Las mujeristas en cambio, exigen la maternidad y el matrimonio como carta de presentación para validar a las otras, y sospechan de aquellas que no sigan los patrones de comportamiento tradicionalmente impuestos por la Iglesia y el patriarcado. A la vez excluyen a los hombres del proceso de crianza por considerarlos naturalmente inútiles.

Las mujeristas son esas empresarias o políticas que incursionan en el ejercicio del poder desde la exclusión de las otras, son en realidad sexistas y generalmente racistas y clasistas (y las hay en todas las clases sociales); hay lesbianas mujeristas que son profundamente homofóbicas, particularmente las que desde la política o el poder esconden su lesbianismo no por elección, sino por esa conveniencia manipuladora, típica del patriarcado. En cambio, las lesbianas feministas se auto-validan y son respetuosas, porque saben que su ejemplo ayuda a las más jóvenes a salir de la exclusión y el miedo, a saberse valiosas como individuas y a no dejarse violentar por un sistema machista que teme a la diversidad porque se nutre de la homogeneidad para mantener el estatus quo.

Una feminista nunca llamaría al electorado a votar por ella por ser mujer. Y no lo haría justamente porque se enfocaría en sus habilidades, conocimientos, preparación y convicciones para ganar por razones mucho más trascendentales y válidas que el haber nacido mujer. Las mujeristas aluden al género para resolver o enfrentar el sexismo que no saben confrontar, justo porque ellas también practican esa forma de discriminación hacia otras y no tienen argumentos sólidos para responder desde la congruencia. Las feministas saben que hay una gran diversidad de mujeres y buscan unirse a otras diferentes e iguales para ayudarse, crecer y fomentar la paz; defienden el derecho de las otras a ser libres pero no aceptan ni la sumisión ni el control sobre las vidas y sobre los cuerpos de las mujeres.

Las mujeristas que incursionan en la política utilizan un discurso pseudo feminista en el que aseguran que respetarán los derechos de las mujeres y acto seguido consultan con los patriarcas eclesiásticos cuáles son esos derechos y dónde deben ser acotados. Ellas aseguran que son buenas administradoras porque administran su hogar, afirman que todas las mujeres son buenas madres y amas de casa, aunque en el fondo saben que mienten, pero ese discurso las acerca al voto femenino de masas. Van contra la violencia hacia las mujeres pero no reivindican los derechos y libertades plenas que ayudarán a las que son víctimas a salir de esa condición y aprender a ejercer sus libertades. Los hombres mujeristas siempre comienzan sus frases con un “yo crecí rodeado de hermanas” como si la simple cercanía con el sexo opuesto los hiciera más igualitarios o menos machistas. Ellos se levantan de la mesa y acercan la silla a una mujer con una mano y con la otra firman por arrebatarle sus derechos sexuales y reproductivos.

Los hombres feministas en cambio, saben que hay otras formas de ser hombre; no replican el sexismo y la desigualdad, no pobretean a las mujeres por serlo, ni consideran que todas son iguales entre ellas, no las tratan como objetos sexuales, flores o pétalos sino como humanas fuertes y ciudadanas libres; tienen la clara convicción de que mujeres y hombres merecen los mismos derechos. Ellos, los hombres verdaderamente progresistas, son naturalmente feministas, por eso de manera habitual mencionan a las mujeres en su discurso cotidiano y cuando están en el poder promueven políticas públicas igualitarias. Ellos no tratan a las mujeres como “grupos vulnerables” porque son más de la mitad de la población. Y lo hacen porque sus convicciones están en la inclusión y no en la exclusión o la androcracia.

Ande, haga la prueba, escuche por veinte minutos a una candidata y a un candidato y sabrá si es mujerista y simplemente usa a las mujeres, o si en realidad hará lo mejor por ellas, que es lo mismo que promover la igualdad y la democracia.

@lydiacachosi

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Ricardo Rocha - En la recta final

Ricardo Rocha
Yo no sé ustedes, pero hasta antes de iniciar el segundo debate era lógico suponer que éste representaba, para los cuatro candidatos a la Presidencia, la última gran oportunidad de cada uno para exhibir y golpear a sus adversarios en un foro inédito para la democracia mexicana: los canales 2 y 13, los de mayor audiencia en todo el país. Por supuesto que a algunos les convenía afirmar y hasta procurar que el debate no modificaría preferencias y tendencias. Pero, para otros, era la dorada y tal vez última oportunidad de alcanzar y hasta rebasar a sus rivales en esta recta final hacia el 1 de julio. Suponíamos que ahora sí, sin eufemismos como el de la guerra sucia, sería una lucha despiadada por el inmenso poder que significa, en un país como éste, la Presidencia.

Pero hete aquí que terminado el debate, creo que para una buena parte de los mexicanos el sentimiento de los televidentes se sintetizó en una sola palabra: desilusión. Y es que, o se prepararon muy mal o los asesoraron peor o no entendieron que se trataba de una oportunidad única. El caso es que ni Josefina Vázquez Mota, ni Enrique Peña Nieto, ni Andrés Manuel López Obrador, ni Gabriel Quadri lograron generar un solo momento de emotividad que estremeciera a la mayor audiencia de la historia que se haya concitado jamás para un debate: ni una sola frase recordable, ni un solo mensaje conmovedor, ninguna propuesta audaz o imaginativa, ni una discusión apasionada sobre los grandes desafíos del país. En cambio, tuvimos a una Josefina golpeadora pero endeble y sobreactuada, un Gabriel provocador pero chiflado, un Andrés Manuel predecible y repetitivo y un Enrique que fue a lo suyo: administrar su ventaja.

Por ello, y más siento que luego del domingo, nos quedó a muchos una sensación de vacío en la carrera por la Presidencia. Pareciera que los discursos de los partidos están agotados y se advierte en los candidatos una especie de fastidio, una suerte de cansancio prematuro.

Tal vez por eso valga la pena voltear hacia el invitado inesperado en este proceso: #YoSoy132 que, por el contrario, aumenta su dinámica y su fortaleza pese a todos los intentos por desacreditarlo a partir del prejuicio de que los jóvenes son incapaces de organizarse, pero, eso sí, fácilmente manipulables. De ahí que ya corran las más disparatadas versiones sobre quién está detrás de este movimiento juvenil. Que por cierto se ha redefinido como apartidista pero antipeñista y no lopezobradorista. Las preguntas ahora son: hacia dónde va exactamente, cuáles serán sus alcances, seguirá creciendo a pesar de sus detractores, si continuará convocando a cada vez más miles en las calles, si se desinflará con las vacaciones escolares, si promoverá eficazmente el voto, si despertará a los indecisos y, finalmente, si será un factor que influya en algún sentido el 1 de julio.

Mientras tanto, navegamos en un mar de contradicciones: el “The New York Times” anticipa a Enrique Peña Nieto como “favorito invencible”, pero el mismo día de ayer, una encuesta auspiciada por académicos universitarios lo ubica –por primera vez en todo este largo proceso– por debajo de Andrés Manuel López Obrador; la diferencia es de apenas un pelo, 31.8 contra 30.9, pero establece ya un empate técnico a menos de 20 días de la elección. Lo malo es que el encuestador Berumen aclara que él no hizo las sumas y restas.

Por supuesto que lo más probable es que este sondeo de opinión pública sea rápidamente desacreditado por los priístas dado su origen en instituciones como la UNAM, la UAM y El Colegio de México, generalmente etiquetadas como de izquierda. También es seguro que aparecerán otras encuestas que insistan en darle a Peña Nieto una ventaja de 15 o más puntos sobre López Obrador y Vázquez Mota. En la recta final.

Leído en: http://www.zocalo.com.mx/seccion/opinion-articulo/en-la-recta-final

Jorge Volpi - Lo impensable.

Jorge Volpi
Las negociaciones se han celebrado con el mayor sigilo: cualquier filtración podría quebrarlas por completo. A la casona en el sur de la ciudad han acudido sólo los más leales consejeros de los candidatos -ninguno de los cuales, por cierto, pertenece a la alta jerarquía de sus partidos. Los contactos informales se iniciaron poco después de la desastrosa presentación de Peña Nieto en la Universidad Iberoamericana y la consolidación del movimiento estudiantil. Tal vez si los jóvenes no se hubiesen atrevido a salir las calles y a unirse en un frente común contra el candidato del PRI la mera posibilidad de estas conversaciones hubiese sido imposible.

El riesgo, para los involucrados, ha sido muy alto. Los propios candidatos reconocen que sus partidos -y buena parte de sus seguidores- se sentirían traicionados pero, aun así, se han arriesgado a negociar. Aunque López Obrador fue quien al principio puso más obstáculos, al final, contradiciendo la tozudez que tantos le atribuyen, acabó por dar el sí. Vázquez Mota también albergaba resquemores, pero también acabó por dar luz verde a sus representantes. Los dos saben que, más allá de sus desavenencias, el resultado de estas pláticas podría darle un vuelco no sólo a la elección, sino a la historia reciente del país.

Tras dos semanas de frenéticos dimes y diretes, insultos y manotazos sobre la mesa, amenazas de ruptura y reconciliaciones in extremis, los negociadores redactan un borrador final. Nadie alberga demasiadas esperanzas: ¿quién podría imaginar que dos figuras tan distintas, tan opuestas, puedan llegar a ponerse de acuerdo sobre el futuro de la nación? Frente al borrador aprobado, López Obrador y Vázquez Mota expresan sus dudas. Resulta tan difícil imaginar políticos dispuestos a sacrificarse -a sacrificarse en verdad- por el bien común... Y sin embargo, en un abrumador golpe de timón, ambos estampan sus firmas en el documento.

El Pacto de la UNAM, como se le conoce por la vecindad de la casona con nuestra "máxima casa de estudios", no sólo implica un acuerdo electoral, sino un vasto programa de gobierno. Una arquitectura que, pese a los conflictos que de seguro acarreará en el futuro, los dos candidatos consideran equivalentes a los pactos de la Moncloa españoles: la reinvención democrática de México doce años después de haber expulsado al PRI de Los Pinos.

En el curso de una improvisada conferencia de prensa conjunta, previa al segundo debate, que toma por sorpresa al PRI, al Gobierno y a la sociedad en su conjunto, López Obrador y Vázquez Mota comparecen lado a lado ante las cámaras. La solemnidad y relevancia de la cita no se le escapan a nadie, y pronto la prensa internacional celebra el acuerdo como el día en que México cambió. Frente al pasmo y el estupor generalizados, los dos anuncian la alianza que habrá de unirlos y detallan el mecanismo empleado para llegar al acuerdo.

Conforme a los datos de cuatro casas encuestadoras propuestas por ambos candidatos -anuncian-, López Obrador se halla en un claro segundo lugar en las encuestas, por lo que se convertirá en candidato único de esta especie de auténtica concertación mexicana, tan distinta de la farsa propuesta por Peña Nieto. Vázquez Mota, por su parte, ocupará el cargo de secretaria de Gobernación y Jefa de Gabinete en caso de ganar las elecciones. El gobierno pactado entre ambos contará con los mejores hombres y mujeres de cada partido, y ya anuncian los nombres de Juan Ramón de la Fuente, Alonso Lujambio, Marcelo Ebrard, Santiago Creel y buen número de independientes. El objetivo principal del acuerdo, aclaran, no es impedir que el PRI regrese al poder, sino articular una refundación integral del Estado mexicano, establecida en los 50 puntos que dan a conocer a continuación.

Las reacciones no se hacen de esperar: el PRI y sus aliados mediáticos, tan expuestos en estas semanas, no tardan en denunciar el matrimonio contra natura de los antiguos rivales, el propio Gobierno federal muestra su rechazo, prominentes panistas e izquierdistas abandonan la alianza y anuncian su apoyo a Peña Nieto, pero el resto del país recibe la noticia con entusiasmo. La mayoría piensa que este Gobierno de Unidad Nacional es lo único que en verdad podría salvar a México. La seriedad y eficacia de Vázquez Mota constituirán un freno a las tendencias radicales y mesiánicas de López Obrador, mientras que la fuerza social de éste limará las aristas más conservadores de su nueva compañera.

El 1 de julio, a la medianoche, los resultados son contundentes: PRI-PVEM, 38.2% de los votos; la nueva Alianza por la Unidad Nacional, 56.3 %. Rodeados por sus colaboradores y miles de ciudadanos entusiastas, Vázquez Mota levanta la mano de López Obrador. Éste, a su vez, le agradece su apoyo y alaba su valentía. Ambos se comprometen a cumplir con los principios de su acuerdo y a trabajar mano a mano por el bien del país. ¿Un relato impensable? Tal vez. Pero, en este mundo imaginario, nadie duda de que es lo mejor que podría ocurrirle a México.

twitter: @jvolpi

Leído en: http://www.elboomeran.com/blog/12/blog-de-jorge-volpi/

Rafael Loret de Mola - ¿Por qué hay impunidad?

Rafael Loret de Mola
Existe un puñado de políticos a quienes nadie se atreve siquiera a tocar y se protege incluso desde distintas instancias partidistas. En Yucatán se recuerda que el extinto cacique, Víctor Cervera, comenzó su asunción al convertirse en el único “priísta” que ganó en la jurisdicción de Mérida, en 1967, cuando todos los demás fueron arrollados por el PAN. Desde entonces, hubo una extraña conexión entre el PAN y el cerverismo, poco investigada pero excepcionalmente rendidora... hasta la fecha cuando gobierna la sobrina de Víctor sin otro mérito que el árbol genealógico. Y, sin embargo, el personaje, lejos de ser un ejemplo, fue señalado como el gran “padrino” del sureste y quien dio cobijo, durante dos años, al ex gobernador de Quintaba Roo, Mario Villanueva Madrid, en uno de sus ranchos en el territorio del Mayab. Pese a tal evidencia, irrefutable, no se levantó un solo dedo de la justicia para el debido seguimiento jurídico, no político... y así hasta su muerte en 2005.

Otro caso relevante fue el de Carlos Hank González, a quien se consideró el mayor de los empresarios-políticos de su generación, capaz de asimilar una fortuna desde sus inicios como profesor rural y no sólo eso: pudo beneficiarse tanto dentro que a la sombra del poder sin que nadie indagara sus posibles conexiones non santas, incluyendo la posibilidad de que tuviera contactos con alguna de las mafias del narcotráfico. Lo cierto es que fortuna, inmensa, era inocultable y con ella sirvió de mecenas incluso al ex presidente José López Portillo quien, acaso, le permitió actuar con manos libres cuando comenzaban a consolidarse las interrelaciones de ciertos políticos y los “capos” que iban fortaleciéndose hasta alcanzas su primer “boom” –ahora vivimos el segundo- en el sexenio de Miguel de la Madrid, otro célebre fallecido a quien jamás se tocó en vida pese a las múltiples vertientes de sus negocios sucios y de sus inversiones en el exterior, sobre todo en los paraísos fiscales, que él negó hasta el último día de su vida lo mismo que debió rectificar sus sonoras declaraciones acerca de su sucesor, Carlos Salinas y la legitimidad del mandato de éste. No pasó del escándalo porque el hijo de Don Miguel negoció, a muy altas cumbres, el silencio de su padre alegando lagunas mentales. Tal, al parecer, era preferible a poner en riesgo a la familia entera. Peor que en las sicilianas dedicadas al crimen organizado.

Quedan vivos varios elementos a quienes se protege con desmesura, incluso más después de la primera alternancia, en 2000, cuando torpemente creímos que, al fin, la basura histórica sería removida de los falsos nichos. Era lo menos que podía esperarse cuando Vicente Fox ganó la Presidencia con un discurso a favor del cambio y en contra de la corrupción institucionalizada; pero, insisto, ni siquiera molestó a los grandes privilegiados del establishment. ¿Por qué?

Dos casos son especialmente notables como hemos anotado en estas líneas. Veamos:

1.- Emilio Gamboa Patrón, en ruta hacia una senaduría como parte de las compensaciones al grupo de Manlio Fabio Beltrones -¿qué hubiéramos esperado de ser él quien hubiese ganado la candidatura presidencial del PRI?-, ha sido acusado de las mayores aberraciones políticas y morales, incluyendo su contacto con la red de pederastas de Cancún y con el “ejemplar” Kamel Nacif Borge, el conocido “rey de la mezclilla” y quien, además, destruyó la imagen del ex gobernador poblano Mario Marín Torres, “el precioso”, quien cometió un atropello incalificable contra la periodista Lydia Cacho, mi admirada amiga a quien tuve la fortuna de conocer hace dos décadas o un poco más en Cancún, con tal de blindar a la ignominiosa red de abusadores de niños y niñas. Gamboa fue nombrado once veces en el expediente sobre cuanto pasó a la sombra del pederasta Jean Succar Kuri, con testimonios irrefutables de las víctimas; pese a ello y las dimensiones del escándalo, Gamboa ni siquiera debió dar alguna explicación al respecto como jamás ha explicado cuál era el fondo de su relación personal con Miguel de la Madrid en el auge de la conocida “cofradía de la mano caída”.

2.- El otro es Manuel Bartlett Díaz, cuya carrera y actuaciones en el poder federal y al frente del gobierno poblano son más que conocidas... negativamente. Fue él, por ejemplo, el protagonista siniestro, ubicado en el gobierno mexicano, de la seria “La Guerra de las Drogas” en la cadena estadounidense ABC con un raiting millonario de espectadores. No dijo una sola palabra. Por cierto, cuando otra colega a la que quiero mucho, Flor Berenguer, le preguntó si era cierto que, por las acusaciones de la DEA no podía entrar a los Estados Unidos, ufano declaró:

 --Mentira. Por supuesto que puedo; en todo caso lo difícil sería salir de allí.

El sarcasmo, a menara de confesión de parte, ni siquiera conmovió a los órganos encargados de hacer justicia en una nación en donde a los políticos de alto nivel sólo se les persigue por decisión presidencial Y no sólo hablamos del PRI: allí está también Juan Molinar Horcasitas, ex director del IMSS y consejero actual del panismo –cuya única posibilidad de ganar los comicios de julio próximo es la aplicación de la vieja alquimia, pero más elaborada-, cuya responsabilidad en el caso de los niños quemados en la guardería ABC de Hermosillo es indiscutible, lo mismo que la del ex gobernador Eduardo Mours, el poderoso empresario que quiso comprarse un gobierno y lo logró con absoluta desfachatez.

Por todo eso, además por los rastros de la amnesia tan frecuente, Manuel Bartlett puede autodenominarse izquierdista luego de haber reprimido a los líderes del Frente Democrático Nacional, antes y después de los sucios comicios de 1988. Así pretendió vender, al usurpador Salinas, la Presidencia misma a cambio de la Secretaría de Educación -¡qué terrible ignominia!- y del gobierno de Puebla, pese a su origen tabasqueño –su padre, Manuel Bartlett Bautista debió huir de Villahermosa, siendo gobernador, vestido de mujer para no ser linchado-, y la deformación terrible en su formación política. Cualquiera, al borde del Grijalva, se acuerda de aquellos turbios antecedentes que seguramente marcaron, mental y moralmente, al engendro.

¿Puede discutirse su intervención en los asesinatos de periodistas célebres durante el régimen delamadridiano? No fue uno ni dos sino setenta y cuatro víctimas a las que se difamó, para colmo, presentándolos como borrachos, homosexuales o infieles en cacería de hembras casadas, para darle giros pasionales a los crímenes referidos. Y pare eso, no hubo quien pudiera ni pueda con Bartlett, campeón del cinismo político. Y podría extenderme mucho, muchísimo más.

El colmo está a la vista ahora: es candidato a senador por la izquierda, con el apoyo de Andrés Manuel López Obrador –quien sólo finge amnesia cuando lo requiere-, ¡sin haber renunciado al PRI y sin que la dirigencia de este partido, como debiera hacerlo por evidentes razones, lo haya expulsado! No podría imaginar traición mayor que competir por otros partidos ajenos al suyo y ser tolerado por ello por cuantos tienen la obligación de preservar la moral política de su instituto.

¿Acaso la invulnerabilidad de estos personajes es la primera gran conexión que explica el por qué de la violencia y sus vaivenes... en ausencia de gobierno?

Debate

La familia Mouriño vuelve a sonreír. Sin merma de su patrimonio, tras el extraño “accidente” a aéreo en el que perdió la vida Juan Camilo, a quien Calderón veía como su gran “delfín” pese a las dificultades legales generadas por su origen gallego-madrileño, cuando defendía con vehemencia los intereses hispanos en México y estaba a punto de cerrar trato para el ingreso de la petrolera Repsol al mercado mexicano; curiosamente, tras la desaparición del personaje, las acciones de Repsol cayeron en treinta por cierto, mientras Calderón se reunía con empresarios estadounidense del ramo, fuera de México por supuesto. ¿Somos mal pensados? La experiencia nos ha convertido en escépticos.

Pero el patriarca, Carlos Mouriño Atanes, padre de Juan Camilo a quien veló y lloró en la intimidad adoctrinando a los suyos para evitar que dijeran el menor reproche y aceptaran la versión oficial tan cuesta arriba, está de plácemes: su equipo de fútbol “Celta” de Vigo, casi en los límites entre Galicia y Portugal, luego de cinco años, volvió a la primera división española y podrá competir con el Real Madrid y el Barsa, con las consiguientes derramas económicas. Buenos dividendos acarrea el silencio y la lealtad con el sistema, en México y España.

No se olvide que Mouriño Atanes, nacido en 1943, albergó la esperanza d “hacer presidente” de México a su hijo... aunque fuera sin cumplir los requisitos legales sobre la nacionalidad. Con ello se hubiera consumado, sin duda, la reconquista ibérica con cuanto ello significa para las actuales generaciones de mexicanos a quienes se paga en peso lo que en España se paga en euros por los mismos trabajos; de allí el ahorro de los consorcios hispanos en nuestro país que amplían ganancias y cubren agujeros... con el dinero de los mexicanos. ¡Enhorabuena, señor Calderón!¡Enhorabuena señor Mouriño!

La Anécdota

A los periodistas que tuvieron a sus cargos los reportajes sobre la caída del Jeat Lear en donde viajaba Juan Camilo, no les queda la menor duda de una cosa:

--Esto no fue accidente... de haberlo sido, por las turbulencias provocadas por un avión que precedía al del funcionario, ya se habría enjuiciado a los técnicos y operadores de tal avión y del aeropuerto. 

--Entonces, ¿de qué estamos hablando? –he preguntado cien veces-.

--Lo que pasa es que no hay ninguna pista, ningún rastro, como ara presumir la posibilidad de un atentado...

Y de allí no hemos pasado en más de tres años.

Leído en: http://www.zocalo.com.mx/seccion/opinion-articulo/por-que-hay-impunidad

Marcos Denevi - El Dios de las moscas.

Marcos Denevi
(1922-1998)

El Dios de las moscas

Las moscas imaginaron a su dios. Era otra mosca. El dios de las moscas era una mosca, ya verde, ya negra y dorada, ya rosa, ya blanca, ya purpúrea, una mosca inverosímil, una mosca bellísima, una mosca monstruosa, una mosca terrible, una mosca benévola, una mosca vengativa, una mosca justiciera, una mosca joven, una mosca vieja, pero siempre una mosca.

Algunos aumentaban su tamaño hasta volverla enorme como un buey, otros la ideaban tan microscópica que no se la veía. En algunas religiones carecía de alas (), en otras tenía infinitas alas. Aquí disponía de antenas como cuernos, allá los ojos le comían toda la cabeza. Para unos zumbaba constantemente, para otros era muda pero se hacía entender lo mismo.

Y para todos, cuando las moscas morían, los conducía en vuelo arrebatado hasta el paraíso. Y el paraíso era un trozo de carroña, hediondo y putrefacto, que las almas de las moscas muertas devoraban por toda la eternidad y que no se consumía nunca, pues aquella celestial bazofia continuamente renacía y se renovaba bajo el enjambre de las moscas. De las buenas. Porque también había moscas malas y para éstas había un infierno. El infierno de las moscas condenadas era un sitio sin excrementos, sin desperdicios, sin basura, sin hedor, sin nada de nada, un sitio limpio y reluciente y para colmo iluminado por una luz deslumbradora, es decir, un lugar abominable.

Leído en: http://www4.loscuentos.net/cuentos/link/299/29964/

Recordar para decidir.


Primer debate presidencial  06/05/2012



 


Segundo debate presidencial 10/06/2012



 

miércoles, 13 de junio de 2012

Ciro Murayama - El fraude del fraude

2 de julio: Del aval a la exigencia al IFE

La mañana del domingo 2 de julio en el sur de la ciudad de México hacía un día despejado y caluroso, húmedo por la lluvia de la víspera. En la sede del Instituto Federal Electoral los representantes de los distintos partidos cumplían con su papel tradicional en la instalación del Consejo General: establecer su posición política de cara a la jornada electoral. 

En la dilatada campaña, de seis meses de duración, Andrés Manuel López Obrador se mantuvo casi siempre al frente en las encuestas de intención de voto y, en la recta final, si bien se anticipaba una votación cerrada con el candidato de Acción Nacional, Felipe Calderón, en las filas del perredismo existía el convencimiento de que la noche de 2 de julio habría que festejar un triunfo histórico. “Sonríe, vamos a ganar” era la frase socorrida, optimista.

El representante de la Coalición Por el Bien de Todos ante el Consejo General del IFE, el diputado federal Horacio Duarte, transmitía esa convicción ganadora en su intervención de aquella mañana: “Nosotros, en la Coalición Por el Bien de Todos, sabemos que es la hora de la izquierda, es la hora de llegar a un punto importante de nuestra vida política. 

La izquierda en México ha pasado casi 30 años desde su legalización, de su inserción en lo procesos democráticos. A partir del 1º de diciembre habremos de transformar nuestro discurso, nuestra combatividad en acciones y en políticas públicas para beneficio de la gente. Estamos convencidos que en este proceso democrático lo más importante es que los ciudadanos podrán definir con libertad su voto”. En su discurso, el diputado Duarte ya veía en qué condiciones habrían de recibir el poder ejecutivo: “llamamos al gobierno federal en turno para que entre el 3 de julio y el 30 de noviembre vivamos una transición de gobierno tersa; una transición de gobierno que le permita a nuestro país mantener en calma, mantener las variables macroeconómicas en los rangos que hoy los tenemos. Pero que permita, a partir del 1º de diciembre, imprimir un rumbo distinto a la política económica con responsabilidad y sobre todo con certeza para los millones y millones de mexicanos”.1

La confianza del PRD en la inminencia de su victoria también implicó, ese día, el aval a la autoridad electoral: “Estamos convencidos -añadió Duarte- que los diversos instrumentos electorales que se han dotado por parte del Instituto Federal Electoral tienen un rango de aceptabilidad que nos permite concluir el día de hoy la jornada electoral con buenos resultados”. Las ofensas previas, las descalificaciones y ataques mutuos entre partidos y candidatos, podrían quedar atrás: “Finalmente, queremos reconocer en todos nuestros contendientes un ánimo que si bien estuvo a veces marcado por la rispidez, por el debate, por la dureza, siempre ha sido en el mejor ánimo de la lucha democrática que nos ha distinguido a todas las fuerzas políticas en los últimos años. (...) Es la hora de México, es la hora de los ciudadanos y a eso nos atenemos en la Coalición Por el Bien de Todos”. Así cerraba Horacio Duarte su primera intervención de esa larga jornada. 

Más cauto se mostró el representante del PAN, el también diputado federal Germán Martínez, en su discurso de apertura el 2 de julio: “No hay votos buenos ni votos malos, el pueblo no elige mal, lo que el pueblo diga el día de hoy está bien dicho y será aceptado por Acción Nacional”.

Corrían las horas iniciales de la votación y las distintas casas demoscópicas aplicaban encuestas de salida. Hacia el mediodía, una tendencia se había consolidado: las exit-poll no estaban dando ganador; “Too close to call”.

La crónica de Jorge Ramos y Lilia Saúl en El Universal (03/07/06), daba cuenta de esas horas en el cónclave del PRD: “Desde las tres de la tarde, dirigentes de los partidos integrantes de la Coalición, así como simpatizantes, llegaron al hotel [Marquís]. Con algunos sondeos a la mano, varios de los dirigentes perredistas mostraban caras rígidas y se negaron a dar cualquier información. Los supuestos 10 puntos de diferencia entre su candidato y Felipe Calderón habían desaparecido”.

Por ley, los días de votación se pueden dar a conocer los resultados de sondeos y encuestas electorales sólo a partir de las ocho de la noche en la hora del centro, cuando han cerrado las casillas en el último huso horario del país. Este 2 de julio ninguna de las grandes empresas encuestadoras contratadas para tal fin por los medios de comunicación pudo establecer un ganador. Habría que esperar a los conteos rápidos del IFE, a las 11 de la noche.

La nota de Jorge Octavio Ochoa, también de El Universal (3/07/06), refleja cómo se fue asimilando la información de la cerrada votación: “Pasadas las 20:00, del PRD surgen las primeras instrucciones: acudir a todas las plazas públicas del país y festejar el triunfo. 

En el ínter, López Obrador sale finalmente para el hotel Marquís -20:30 horas- para reunirse con el primer círculo de colaboradores y dirigentes de la Coalición Por el Bien de Todos. Hay rostros tensos, miradas duras, aunque Claudia Sheinbaum repite a quien la quiera oír: ¡Ya ganamos, ya ganamos!”.

Para las 11 de la noche, cuando una fuerte tormenta caía sobre el sur del DF, los conteos del IFE confirmaron el difícil escenario: la votación era tan reñida que tampoco a través de ese instrumento estadístico se podría conocer al ganador. “Con base en 95.12 por ciento de resultados de las casillas de la muestra del conteo rápido elaborado por el Instituto Federal Electoral (IFE), el consejero presidente de este órgano, Luis Carlos Ugalde, anunció (...) a las 23 horas que ‘no es posible determinar, dentro de los márgenes científicos establecidos para el conteo rápido, al partido o coalición que haya obtenido el mayor porcentaje de la votación emitida'”(La Jornada, 3/07/06, nota de Alonso Urrutia, Fabiola Martínez y Jesús Aranda).

Tras el informe del IFE, López Obrador se trasladó al Zócalo, donde ya se encontraban reunidos miles de seguidores ante la convocatoria de sus dirigentes. Ahí, López Obrador todavía ofreció su respaldo al Instituto: “Escuché el mensaje de presidente del IFE y del presidente de la República; soy muy respetuoso de las instituciones y de manera particular de lo que resuelva el instituto electoral”. Pero de inmediato, ante la muchedumbre, hizo un particular llamado: “Tenemos informaciones, con base en los conteos rápidos, de que estamos cuando menos 500 mil votos arriba (...) Exijo, pido a las instituciones electorales que respeten estos resultados” (La Jornada, 3/07/06). 

Así, el aval que por la mañana dio al IFE el representante del PRD, hacia la noche se había vuelto, por parte del candidato, una exigencia de reconocimiento de su triunfo a la autoridad electoral. Al otro día se daría un nuevo vuelco a la tuerca: las acusaciones.

Los votos extraviados

“López Obrador: ‘perdidos' tres millones de votos”, rezaban las ocho columnas del periódico La Jornada el martes 4 de julio, y a continuación se leía en esa primera plana: “El candidato perredista no reconoce los resultados del PREP. El programa manipulado, y con infinidad de anomalías, acusa”. El lunes 3 de julio, López Obrador había ofrecido una rueda de prensa donde cuestionó los datos del Programa de Resultados Electorales Preliminares, que recoge de manera preliminar -como indica su nombre- y sin efectos sobre el cómputo oficial, los datos de la votación casilla por casilla: “Se tiene un padrón electoral de alrededor de 71 millones de ciudadanos -dijo López Obrador-, se habla de que en el PREP participó el 59 por ciento, pensando en una votación del orden de 42 millones de participantes y la proyección con lo que va a ser del PREP es de 39 millones, es decir, hay tres millones menos. Entonces ¿qué está pasando? Esa es la pregunta que queremos hacer” (Reforma, 4/07/06, nota de Claudia Guerrero). 

La denuncia contra el IFE por manipulación de datos había comenzado.

El día que apareció la noticia, el 4 de julio, el IFE aclaraba que tales votos no estuvieron ni estaban perdidos. En su comunicado de prensa 138, la autoridad electoral señaló que durante la construcción y desarrollo del PREP “se discutieron con partidos políticos y miembros del Comité Técnico Asesor, los criterios para procesar las inconsistencias en el llenado de las actas de escrutinio y cómputo. En particular, se discutieron los criterios para clasificar actas con inconsistencias en su llenado. Los criterios fueron discutidos y acordados con los partidos y coaliciones el día 10 de febrero del presente año (...) En dicha sesión de trabajo se determinó que aquellas actas de escrutinio y cómputo que contuvieran alguna de las características enlistadas (...) fueran reportadas como ‘Actas procesadas'. Se acordó también que su contenido se integrara a un archivo denominado: Base de datos de inconsistencias, pero que su contenido no se sumara a la base principal de datos difundida en internet, para evitar posibles distorsiones”. 

El IFE, además, dio a conocer que, como constaba en sus bitácoras, durante el 2 y 3 de julio la Coalición Por el Bien de Todos había ingresado en múltiples ocasiones a consultar el archivo de inconsistencias, donde estaban los votos que denunció como “perdidos”. 

Maniobras en la oscuridad

Las denuncias de alteración del PREP, que luego serían desmentidas, se multiplicaron. 

Significativo resultó el caso de un trabajador eventual del IFE que dijo haber recibido instrucciones para alterar datos. “Acompañado por integrantes de la Coalición Por el Bien de Todos, Luar Divad Tejeida Sánchez, capturista del Instituto Federal Electoral (IFE) en el distrito 2 de Coahuila, denunció que el vocal de la junta ejecutiva, José Luis Fernández, maniobró para anular la ventaja del candidato presidencial de la alianza integrada por los partidos de la Revolución Democrática (PRD), del Trabajo (PT) y Convergencia, calculada en por lo menos tres mil sufragios. ‘Pude ver varias irregularidades, como la orden de capturar casillas en blanco, aun cuando éstas tenían cifras. La orden directa del vocal de la junta fue: ‘se van en blanco'. Como a las nueve de la noche se fue la luz varias veces en el área de captura y en ese momento empieza a subir el Partido Acción Nacional (PAN) en la elección de presidente', afirmó. Integrado a la conferencia de prensa que ofrecieron los integrantes de la comisión política en defensa del voto de la Coalición Por el Bien de Todos, el joven coahuilense señaló que encontró actas originales de secciones guardadas en una bodega, ‘que yo no capturé'; sin embargo, el vocal de la junta minimizó el problema. Después me mandaron a comer, agregó Tejeida Sánchez, y de regreso encuentro que ‘ya no está ninguna acta original, sólo copias'. Entonces me envían a Múzquiz, faltando unos minutos para las seis -del pasado domingo-, supuestamente para recoger material electoral” (nota de Fabiola Martínez, Alfonso Urrutia y Jesús Aranda, en La Jornada, 6/07/06).

En su comunicado de prensa 142 del 2006, el 5 de julio de 2006, retomado por diversos medios de comunicación, el IFE aclaró que: “El señor Tejeida Sánchez es un trabajador eventual que fue contratado por un mes y medio, a partir del 1 de junio pasado, para desempeñar labores de almacenista. En la madrugada del lunes 3 de julio, al Sr. Tejeida Sánchez se le solicitó realizar labores de apoyo al personal encargado de la captura de datos de las actas de las casillas del Distrito 02 de Coahuila, para el Sistema de Cómputo Distrital de Resultados Preliminares, el cual no es el PREP, sino un sistema secundario que registra los resultados que el Consejero Presidente Distrital vocea al recibir los paquetes electorales. (...) El Sr. Tejeida Sánchez nunca tuvo en su poder ni a la vista ninguna acta de casilla; (...) al contrario de lo afirmado por el Sr. Tejeida, nunca hubo interrupciones en el suministro de energía eléctrica en las instalaciones del Distrito 02 de Coahuila, en la madrugada del lunes. (...) las actas originales sobrantes nunca se colocaron en recipientes de basura, sino al interior de bolsas de plástico para protegerlas, junto con otros materiales electorales sobrantes. 

Cabe agregar que las autoridades electorales del Distrito 02 de Coahuila no han reportado ninguna destrucción o pérdida de actas originales de casilla”. Las afirmaciones del IFE tuvieron el respaldo del conjunto de los consejeros electorales del distrito 02 de Coahuila, así como por los representantes de todos los partidos, a excepción de la Coalición Por el Bien de Todos. Tras el desmentido, dicha coalición no volvió a tocar el tema y tampoco se excusó por las imputaciones falsas.

El algoritmo

En los días que siguieron a la elección, también circuló la especie de un “fraude cibernético” a través de un “algoritmo” para trucar la votación. Por ejemplo, dos académicos de la UNAM, Bolívar Huerta y Francisco Portillo, señalaron: ““A López Obrador un algoritmo dentro del PREP le quitó cientos de miles de votos, y ahora otro algoritmo le trasladó a Calderón los votos que recibió en los conteos distritales. Esto indudablemente es un fraude' (...) Lo más grave, advirtieron, es que si López Obrador consigue que se vuelvan a contar los votos boleta por boleta ‘le van a aplicar el mismo algoritmo. Debe exigir que el nuevo recuento se haga con sumadoras comunes y corrientes, no con las computadoras del IFE, o lograr que éstas sean revisadas para que les quiten los algoritmos y estén vigiladas por una comisión especial de científicos y ciudadanos con el fin de que nadie les vuelva a meter mano cuando se haga el nuevo recuento' ” (nota de Jaime Avilés en La Jornada, 07/07/06).

Quien señaló supuestas manipulaciones al PREP no tuvo en cuenta que nada más inútil que alterar los resultados de ese programa, pues no tiene validez alguna para el cómputo oficial. Pero además, los resultados del PREP aparecen expuestos casilla por casilla y no solamente de forma agregada, por lo que si se diera alguna alteración sería muy sencillo detectarla al confrontarla con las actas que tienen los propios partidos. Por otra parte, el cómputo en los distritos, a pesar de su nombre, no se hace en computadoras. El procedimiento consiste en contar cada casilla a partir del acta que se tiene, físicamente, en papel, llenada a puño y letra por los funcionarios de casilla y ante los representantes de los partidos. Los resultados de cada acta se van agregando, no en computadora sino en otras actas, las del cómputo distrital, y una vez contado el total de casillas se obtiene la suma final por distrito.

Sería el propio López Obrador quien 10 días después desestimaría la idea del fraude cibernético: “Nosotros estábamos pensando que era un fraude moderno, cibernético, pero no. La información que tenemos es que se tomaron las casillas el estilo antiguo y se dieron estas falsificaciones” declaró en el programa radiofónico de Miguel Ángel Granados Chapa (Reforma, 18/07/06).

Fraude y traición a la democracia 

El cómputo distrital de los 300 distritos, que se efectuó a partir del 5 de julio, arrojó resultados coincidentes con el PREP, en el sentido de dar una estrecha ventaja a Felipe Calderón. A partir de entonces, López Obrador endureció su discurso. El sábado 8 de julio, “en el corazón de la ciudad, colmado por más de medio millón de ciudadanos, Andrés Manuel López Obrador convocó a una marcha nacional por la democracia para el próximo miércoles y a otras movilizaciones pacíficas, y anunció que hoy presentará la impugnación de los comicios del 2 de julio y que luchará hasta el final porque se limpie un ‘proceso fraudulento de origen'. Una elección -dijo- en la que el presidente Fox, ‘sin recato alguno y sin cuidar su investidura', utilizó las instituciones y los recursos públicos para favorecer ‘al candidato de la derecha', a Felipe Calderón. En dos ocasiones se refirió al ejecutivo federal como un ‘traidor a la democracia'” (nota de Andrea Becerril y Roberto Garduño en La Jornada, 9/06/07). Esa encendida proclama significó un cambio: ya no era un problema en el cómputo de los votos, sino un “fraude de origen”.

La acusación de fraude en las elecciones ya no desaparecería en el discurso del candidato del PRD. 

Urnas embarazadas

“Presenta AMLO video ‘de fraude'; IFE lo refuta” fueron las ocho columnas de El Universal el 11 de julio. “El perredista Andrés Manuel López Obrador presentó ayer dos videos sobre anomalías en el proceso electoral. En uno de ellos se observa a un hombre que introduce varias boletas en una urna de una casilla en Salamanca, Guanajuato, y otro sobre la alteración del acta de cómputo en el distrito electoral 03 de Querétaro. En ambos resultó favorecido el panista Felipe Calderón” se leía en la primera plana de La Jornada (11/07/06). 

Esta nueva denuncia de López Obrador, delante de una pantalla de plasma con un video respaldando su dicho, también sería aclarada. “Las imágenes difundidas esta mañana en el citado video -aclararía el IFE, en su comunicado de prensa 154, fechado el 10 de julio-, relacionadas con supuestas anomalías, han sido malinterpretadas, pues todos los representantes de los partidos políticos y coaliciones firmaron de conformidad el acta de escrutinio y cómputo, avalando con ello la limpieza de la jornada, por lo cual no hubo ninguna irregularidad detectada. Como en todos los casos, una vez concluida la votación se procedió al proceso de escrutinio y cómputo. En esta casilla, su presidente, Juan Gilberto Castro Razo, encontró entre 8 y 10 boletas correspondientes a la elección para diputados federales dentro de la urna utilizada para la elección de presidente de la República. De acuerdo al artículo 231 del Código Electoral y en presencia del resto de los funcionarios de casilla y de representantes de los partidos políticos y coaliciones, el presidente de la casilla tomó las boletas ubicadas incorrectamente por algunos electores y las depositó en la urna de votos para diputados federales para ser contadas en su oportunidad. Una vez concluido el cómputo de los votos, el acta de escrutinio correspondiente a esa casilla fue firmada de conformidad por los representantes de la Coalición Por el Bien de Todos, Juliana Barrón Vallejo; del Partido Acción Nacional, J. Guadalupe Castro Rangel; de la Alianza por México, María Gabriela García B. y del Partido Nueva Alianza, María Alma Lilia Almonaci”. 

No obstante, “interrogado en torno a las anomalías en la casilla 2227 de Salamanca, avaladas al parecer por la representante de la Coalición Por el Bien de Todos, [López Obrador] dijo que ello significa que ‘no todos nuestros representantes actuaron con rectitud'” (nota de Roberto Garduño y Andrea Becerril en La Jornada, 12/07/06). De esa forma la sombra de la duda alcanzaría no sólo a los ciudadanos que actuaron como funcionarios de casilla sino, también, a los representantes de la Coalición que habían visto y participado en una elección normal.

Paquetes manipulados

“De manera ilegal se han comenzado a abrir los paquetes electorales, denunció ayer Andrés Manuel López Obrador. Presentó pruebas documentales de un distrito de Tabasco en el que, a petición del Instituto Federal Electoral (IFE) y con el pretexto de información solicitada por el Partido Acción Nacional (PAN) y la Coalición Por el Bien de Todos, se quitaron los sellos y se abrió la bodega en que se almacenan todas las actas de votación del 2 de julio en esa localidad. Ello es preocupante, dijo, porque podrían darse mayores alteraciones, y pidió de nueva cuenta al Ejército Mexicano que no permita ninguna apertura más de paquetes, aunque el IFE lo solicite, ya que sólo el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) tiene facultades para ello” (nota de Roberto Garduño y Andrea Becerril, en La Jornada, 12/07/06).

Una vez más, la autoridad electoral daría a conocer, a través del comunicado de prensa 156, que “como ha ocurrido en todos los procesos electorales anteriores, los consejos distritales obtuvieron de los paquetes electorales los documentos necesarios para integrar los expedientes que, por ley, se debían presentar ante el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), dejando intactos los sobres sellados con los votos. Entre esos documentos están las hojas de incidentes, los escritos de protesta y las actas de casilla”. Es decir, el IFE cumplía con la exigencia de entregar la información necesaria para que el Tribunal pudiera atender las denuncias jurídicas de la propia Coalición y del resto de los partidos.

A modo de colofón

De acuerdo con la Constitución, corresponde al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación atender las impugnaciones -la Coalición Por el Bien de Todos presentó 231 juicios de inconformidad a los cómputos distritales- y calificar la elección presidencial a más tardar el 6 de septiembre.

López Obrador no aguardaría a la resolución de la máxima autoridad en materia electoral para emitir su veredicto sobre los comicios. El domingo 30 de julio, ante un Zócalo abarrotado, el candidato de la Coalición Por el Bien de Todos afirmó (La Jornada y El Universal, 01/08/06): “Desde el principio, hemos tenido indicios de nuestro triunfo, y ahora, a 28 días de la elección, tenemos la certeza absoluta, todos los elementos y pruebas para sostener, sin titubeos, que ganamos la presidencia de la República (...) Yo nunca voy a reconocer que esta elección fue limpia, fue libre, fue equitativa, porque sería traicionarme a mí mismo”. n


Leído en http://www.nexos.com.mx/?P=leerarticulo&Article=660633

Hermética autenticidad - Recomendación de Tepozteco.

Jesús Silva-Herzog Márquez 11 Jun. 12

http://www.elnorte.com/libre/online07/imggc/pix.gif
Mucho ha cambiado y sigue siendo el mismo. Ha encanecido, sus expresiones son más tranquilas, ha dejado de apretar la quijada y martillar con la mano. Habla con mayor lentitud: sus palabras se entretejen con silencios cada vez más largos. El tono chillante de sus gritos ha desaparecido, ahora se le escucha hablar con suavidad, puliendo las agujas de su activa animosidad. En alguna medida puede verse al Andrés Manuel López Obrador del 2012 como el gran crítico del Andrés Manuel López Obrador del 2006. No ha rehuido el debate, no ha satanizado a sus críticos. Es un político más maduro y más sereno que el que era hace seis años.
Durante seis años recorrió, como no lo ha hecho nadie, el territorio de México. Cada municipio del país, hasta el más pequeño, el más apartado, lo vio llegar en algún momento. No era una producción para las cámaras. No era la filmación para un noticiero o un documental para las salas de cine o para YouTube. Sus recorridos apenas aparecían en la prensa. Después de la agitación del gobierno, la campaña y la protesta, López Obrador pudo hacer política sin reflectores y sin prisas. Recorrió el país para establecer las bases de una organización política distinta a su partido, para palpar el país que no aparece en los anuncios turísticos ni es escenario de las telenovelas. El peregrinaje de un político para ser fiel a sí mismo.
En esa fidelidad está la grandeza de López Obrador. Ahí está también su cerco, su encierro. En una política donde el liderazgo parece obra de peinadores y maquillistas, el tabasqueño es un político, un dirigente auténtico. El lado oscuro de su autenticidad es su hermetismo. De su recorrido por el país no se desprenden aprendizajes sino ratificaciones. El país que encontró es idéntico al que ya conocía. A lo largo de los años, López Obrador no se ha enfrentado a ninguna sorpresa que lo haya motivado a cambiar de ideas o actualizarlas, no ha habido un solo descubrimiento que lo condujera a aceptar una lógica distinta a la de su discurso, a atender, quizá, alguna razón en sus adversarios, a registrar cierto valor que antes ignorara. El líder social carece del elemental impulso por conocer. Será que, para un moralista, la curiosidad es sospechosa.
Si no salió de México para conocer la experiencia de otras izquierdas, para ver de cerca experimentos exitosos como el brasileño o el chileno fue por su enfática convicción de que nada nos pueden enseñar. No tuvo ánimo para descifrar el futuro que se inventa en Asia, ni siquiera fue a Estados Unidos para tratar de entender al vecino. Como los tecnócratas a los que detesta, López Obrador cree que ya sabe todo lo que necesita saber.
¿Quién es más peligroso? ¿El ignorante que no lee o el arrogante seguro de que ya ha leído suficiente? La política de López Obrador es una política de certezas selladas al vacío: la política de la fe. Su fe en el Pueblo (ese sujeto histórico que nunca se equivoca, que es sabio y bueno) equivale a su desconfianza en las instituciones (esas trampas que impusieron los de arriba para seguir estando arriba). La intensidad de esas dos convicciones muestra la columna populista de López Obrador, su código de identidad genética que ninguna exaltación al amor puede negar. Las instituciones serán culpables mientras a él no le demuestren lo contrario.
Del componente populista de su discurso se ha dicho mucho. Vale seguir insistiendo en la incompatibilidad de sus prácticas con el pluralismo democrático. Pero valdría tal vez agregar un ingrediente que es anterior a esa megalomanía disfrazada de alabanza al Pueblo. Es una forma de conocer, un peculiar acercamiento a la realidad.
En su reciente aparición en el programa Tercer Grado, el candidato perredista ejerció nuevamente su derecho de negar el mundo con el que discrepa. En un momento, al menospreciar los datos del INEGI, afirmó: "La realidad es otra cosa". La epistemología del sectario funciona de esa manera. Sólo existe lo que ratifica su prejuicio. Aquello que lo refuta no es solamente falso: es perverso, producto de una siniestra maquinación del poder. La realidad no es lo que dictaminan las instituciones, no es lo que reportan las organizaciones independientes, las encuestas, los votos: la realidad es lo que el caudillo decreta como verdad.
Decía Burke que el político auténtico, el estadista debía temerse a sí mismo. Tenía razón: un hombre de poder debe admitir su capacidad para lastimarnos, debe estar al tanto de sus defectos para así vigilarse constantemente. Agregaría que al político conviene dudar de sus ideas, advertir su falibilidad, admitir las zonas de su ignorancia. Pero si López Obrador tuviera el don de la duda, no sería López Obrador.

http://www.reforma.com/blogs/silvaherzog/

Ricardo Alemán - !Andrés, ya no mienta!


Ricardo Alemán

Por alguna razón que deberá explicar el analista del comportamiento de la personalidad humana, parece volverse costumbre que el candidato de las llamadas izquierdas, Andrés Manuel López Obrador, mienta una y otra vez ante la indiferencia, costumbre o, incluso, ante la complicidad ciega de sus simpatizantes. 
Parece, incluso, que muchos de los que queman incienso a la imagen de predicador de la política —en que se ha convertido López Obrador—, les gusta que el mesías mienta y engañe a sus audiencias, en tanto que otros ya ven como natural la mentira lopezobradorista. Lo escuchan, esbozan una sonrisa y alzan los hombros, como reconociendo que están ante otra mentira del tabasqueño. 
El caso más reciente de la mentira flagrante ocurrió en la entrevista colectiva de Tercer Grado, en donde Andrés Manuel López Obrador arrancó con la cachaza de que punteaba en las encuestas, con dos o tres puntos arriba de Peña Nieto. Cuando preguntaron sobre la empresa que hizo la medición, la metodología y los detalles, se escondió en la retórica típica del mentiroso: “son mis datos”, “tengo información”, “tengo autoridad moral”. 
Y viene a cuento el tema porque en el segundo debate presidencial —acaso ante la audiencia más numerosa que lo haya visto en un solo evento—, López Obrador recurrió a sus mentiras típicas. Dijo que en la base de su propuesta de gobierno ocupa un lugar predominante la lucha contra la corrupción y el fin de los excesos faraónicos de la alta burocracia. 
Por eso dijo que una reducción de los salarios de la alta burocracia le daría a su gobierno una bolsa de 300 mil millones de pesos; cantidad con la que, literalmente, haría milagros. Sin embargo, la mentira fue de tal tamaño y el engaño tan temerario, que a medio debate presidencial, el propio Felipe Calderón respondió, vía Twitter, que esa propuesta era una mentira, no sólo escandalosa, sino ofensiva y peligrosa. 
Y es que los cálculos elementales señalan que un ahorro como el que proponía AMLO, no sería posible ni siquiera eliminando todos los empleos del gobierno federal. Más aún, el titular de Economía, José Antonio Meade —igual que muchos especialistas—, dijo que fantasías como las expuestas por AMLO llevaron a la quiebra a Grecia; “hicieron posible la tragedia griega”. Y frente a la exhibición de tamaña mentira, López Obrador sólo respondió: “Tengo bien estudiados mis datos”. 
Pero es larga la cadena de mentiras de AMLO durante su candidatura presidencial. Hace tres semanas, EL UNIVERSAL reveló un audio en el que se escucha a colaboradores cercanos de López Obrador cuando pedían a empresarios reunir seis millones de dólares “para ganar” la elección. Cuando estalló el escándalo, AMLO respaldó públicamente a sus colaboradores, negó los hechos evidentes y, en cambio, dijo que era un complot de los medios. 
Frente a la contundencia de la prueba, los seguidores del lopezobradorismo hurgaron para justificar lo injustificable. Claro, en el segundo debate, cuando López Obrador enumeró a sus colaboradores, ya no apareció el nombre de Adolfo Hellmund, a quien le había prometió la Secretaría de Energía y quien encabezó el “pase de charola”. 
A lo largo de seis años, AMLO ha caminado por todo el país en una campaña electoral de la que nadie sabe el origen de su financiamiento. Cálculos conservadores —a partir de los propios datos de AMLO—, señalan que habría gastado mil millones de pesos. Y cuando le preguntan sobre el origen del dinero que le permite vivir bien, hacer campaña y dedicar recursos a la política —todo ello sin trabajar—, sólo responde que la gente le da dinero. ¿Cuánto dinero, de dónde sale, quién lleva el control, dónde están los papeles que lo confirmen? Nadie lo sabe. 
Frente a esa contundente evidencia de malos manejos, López Obrador insiste que la gente le da dinero, a pesar de que nada lo confirma. En cambio, construyó toda una red política por todo el país, llamada Morena. Y presume que el dinero sale de la asociación Honestidad Valiente. Pero el PRI investigó los fondos, la legalidad y las pruebas sobre el manejo de dinero en Honestidad Valiente y… nada. Otra gran mentira. 
También en la campaña, Andrés Manuel López Obrador ha presumido que su gestión frente al GDF, fue el gobierno más honesto, más transparente, menos corrupto, más eficaz y más seguro. También en Tercer Grado, el periodista Carlos Loret de Mola le recetó las cifras oficiales que desmienten las cuentas alegres, pero la respuesta fue clásica. “Yo tengo otra información”. ¿Cuál, salida de dónde, comparada con qué? Nunca ofreció las cifras. 
Por eso vale la pregunta. ¿Nos merecemos un presidente mentiroso? ¿Quién será capaz de decirle: “¡Andrés, ya no mienta!”?