domingo, 20 de mayo de 2012

Raymundo Rivapalacios . Y sin embargo... respira.










Josefina Vázquez Mota ha recuperado la sonrisa, y en los últimos días se le ha visto más suelta y animada. Lo que parece un enigma, dado que prácticamente todas las encuestas públicas la ubican en el tercer lugar de la contienda presidencial y con una tendencia a la baja, no lo es. Es la primer semana de toda la campaña por la Presidencia en la que finalmente logró alinear el discurso, los spots y los eventos. O sea, por primera vez el mensaje que transmite es el mismo.

Vázquez Mota no había podido articular una campaña presidencial articulada y organizada. En buena parte por culpa de ella, quien se mostraba tan insegura que deshacía lo que su equipo construía. “Escucha a todo mundo”, dijo una persona que conocía las tribulaciones del equipo de la candidata, “y le hacía caso a la última persona con la que hablaba”.

El resultado fue desastroso. Fue el caso del fiasco en el Estadio Azul, donde hizo caso al responsable del evento, Rodolfo Dorador, secretario general adjunto del PAN, quien le decía que no empezara el evento hasta que pudiera entrar la gente que estaba afuera. Tuvo eventos mal programados –que la llevaron a un agotamiento temprano en la campaña-, problemas de agenda –una de las causas de inasistencia a algunos actos importantes o de retrasos-, abandono –que no se recupera- de los medios de comunicación, que llevó a que los mejores actos que realizó en las primeras semanas de campaña, quedaran en la clandestinidad, y a golpes desesperados de protagonismo, que le detoné enemistades en el gobierno federal. La anarquía reinaba y le cobró cuentas con pérdida de electores.

Su falta de liderazgo provocó conflictos internos en su equipo, que se reflejó en los primeros spots de campaña –carentes de personalidad y luminosidad- y en la confusión de lo que significada ser “diferente”, el slogan en el cual se finca su campaña. Vázquez Mota no había podido establecer cuál era esa diferencia. ¿Diferente del presidente Felipe Calderón? ¿Diferente de lo que proponían sus adversarios?

Con una tasa de aprobación presidencial en el país superior al 60%, ¿era realmente sensato no aprovechar el electorado dispuesto a la continuidad? Con políticas públicas similares al resto de los candidatos –propuestas retóricas como combatir la pobreza, llevar la paz a los mexicanos, desarrollo y crecimiento del país-, ¿pensaba como los demás que los ciudadanos del mundo votan por temas y no por personas?

A los problemas inherentes de su personalidad débil, en términos de candidata presidencial, se le sumaban otros factores objetivos como la falta de dinero. “Tenemos en la campaña menos dinero de lo que traía Ernesto Cordero cuando era la contienda interna”, dijo uno de sus colaboradores. Tampoco ella ayudó mucho. Cuando Cordero perdió la nominación, le ofreció el traspaso automático de los empresarios que lo apoyaban, pero no los cultivó y los perdió.

Del presidente Calderón, con quien mantiene una estrecha relación, tampoco recibieron el apoyo económico que algunos, aún con el subconsciente del viejo régimen, pensaban que le iba a inyectar en la campaña. Resintieron también que dentro del gobierno federal no se volcaran a su favor en el gabinete, sino que se mantuvieran al margen.

Tardó mucho en comprender que sus presupuestos previos a la campaña presidencial tenían que ser modificados radicalmente. Se tardó la mitad de la contienda pero al final, encontró en dónde era diferente y qué tenía que hacer para demostrarlo. Parece una obviedad, porque estuvo a la vista de todos todo el tiempo: es diferente de todos, porque es mujer. No vio Vázquez Mota el fenómeno de género que estaba causando esta elección, hasta muy recientemente, cuando le demostraron que un creciente número de mujeres estaba diciendo en las encuestas que votarían por ella por el simple hecho de ser mujer.

A partir de ello se comenzó a trabajar en lo que era su mayor fortaleza para el 1 de julio. Desde la semana pasada se observó el cambio. Lo primero, los eventos con mujeres donde su papel es aquél que llamó la atención a Carlos Medina Plascencia a finales de los 90 de Vázquez Mota, su talento natural de motivadora. La autora de Dios mío, hazme viuda por favor, volvió a moverse en esos escenarios y a generar entusiasmo en ese grupo de electores. Más eventos de este tipo vienen en camino, así como el regresar a los mítines y al contacto con la gente.

Spots, mensaje y discurso se alinearon en ese sentido. Por un lado hacia las mujeres, y por el otro, con la crítica sistemática al candidato de Nueva Alianza, Gabriel Quadri, a quien llama títere de la maestra Elba Esther Gordillo –fundadora de ese partido- para vincular a la líder del magisterio con el priista Enrique Peña Nieto, con quien tiene un acuerdo electoral informal. La estrategia dual tiene una razón simple: elevar preferencia de voto de género, y llenar de los negativos de Gordillo a Peña Nieto.

La lógica es que crezca el número de electores que dude sobre si vota o no por Peña Nieto, mientras Vázquez Mota consigue votantes que le permitan llegar a un punto donde lo alcance y lo cruce. Es la estrategia a la que ahora apuesta con todo. ¿Tendrá tiempo suficiente para remontar el tercer lugar en el que se encuentra y llegar al ideal de competir con Peña Nieto? ¿Habrá corregido el rumbo de su campaña a tiempo? Un mes y medio sugieren que no podrá lograr lo que ahora se plantea con la claridad que durante meses le faltó a la candidata. Perdió muchas semanas que ahora parecen ser la diferencia entre su sueño y la realidad.

@rivapa

Leído en: http://www.24-horas.mx/y-sin-embargo-respira/

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