domingo, 19 de agosto de 2012

Juan Villoro - El poeta avanza

Juan Villoro 

El 12 de agosto, Javier Sicilia inició en San Diego su larga marcha a Washington. Lo acompañan activistas y organizaciones civiles que luchan por la paz. Por tercera ocasión, refrenda el valor moral de la peregrinación. En marchas anteriores recogió testimonios del dolor. Esas voces, hasta entonces dispersas, ahora van a Washington.

Desde el asesinato de su hijo, en marzo de 2011, Sicilia no se ha dado tregua en su lucha contra la violencia. Más allá de los desacuerdos que se puedan tener con algunas de sus posturas y estrategias, no hay duda de que ha sabido articular el sufrimiento colectivo y ha contribuido a encauzar la protesta hacia la senda más difícil, la de la esperanza.

En la cultura purépecha, los custodios de la tradición reciben el nombre de "abuelos del camino". En ese mundo, la costumbre se extiende paso a paso, con duradera paciencia.

Los mexicanos que van a Washington prolongan una larga historia de encuentros y desencuentros entre el país más poderoso de la Tierra y su accidentado vecino.




Al iniciar su gira, Sicilia leyó palabras de Bob Dylan: "¿Qué viste, hijo mío de ojos azules?/ ¿Oh, qué viste, mi querido muchacho?/ Vi a un recién nacido rodeado de lobos salvajes/... Vi una rama negra de la que no dejaba de gotear sangre/... Vi armas afiladas en manos de niños pequeños/... Una fuerte lluvia va a caer".

La conciencia crítica Dylan sirve de cómplice a Sicilia, que también recitó: "He alcanzado el fondo/ de un mundo lleno de mentiras/ No estoy buscando nada en los ojos de nadie/ A veces mi carga es más pesada de lo que puedo soportar/ Aún no ha oscurecido, pero no tardará".

La caravana busca aprovechar la última luz antes de las tinieblas. Dos son sus metas esenciales: frenar la venta de armas y el consumo de drogas en Estados Unidos.

Eduardo Galeano resumió en una frase la dolorosa interdependencia del tráfico de drogas: "Ellos ponen las narices y nosotros ponemos a los muertos". Por su parte, el novelista Don Winslow, autor de El poder del perro y uno de los mayores conocedores del tema, escribe en su blog que desde 1970 la DEA ha fomentado la creación de cárteles. La institución necesitaba a un enemigo poderoso que le permitiera ampliar su presupuesto y fuera visto como depositario de la maldad.

Una inmensa burocracia se ha beneficiado en Estados Unidos del conflicto. Solucionarlo sería su fin. Los capos mexicanos son presentados con nombre y apodo pero no se sabe de ningún capo norteamericano: "Las instituciones antidrogas y los narcotraficantes tienen una relación simbiótica [...] Estados Unidos tiene el 5% de la población mundial, pero consumimos el 25% de las drogas ilegales. Pese a esto, con una hipocresía de una temeridad pasmosa, condenamos a los países 'productores' y exigimos que se implementen acciones contra su problema de drogas". La actual estrategia sólo ha servido para aumentar el precio de las drogas, beneficiando a los intermediarios, sin disminuir el consumo.

"En 1970, el primer presupuesto para la 'guerra contra las drogas' de Richard Nixon fue de cien millones de dólares. Este año [2012] la 'guerra contra las drogas' recibirá un presupuesto 31 veces mayor", comenta Winslow. Hay una clara interdependencia entre el tráfico y el siempre infructuoso combate. Estamos ante "la peor de las malas soluciones". La única salida al círculo vicioso sería la legalización progresiva y regulada de las drogas.

La marcha a Washington no puede ser más oportuna. La opinión pública norteamericana aún no ha entendido la gravedad del problema ni la responsabilidad directa que tiene en él.

En una época dominada por la celeridad o la parálisis, donde todo es instantáneo o se encuentra detenido, quienes caminan perciben el mundo de otro modo.

Javier Sicilia es un analista político y un hombre de fe. Su caminata es una manifestación y una peregrinación. Pero sobre todo es una travesía por el mundo llano que se conoce a pie. Su gesto va más allá de las ideologías y las convicciones religiosas; es la forma más próxima y humilde de entrar en contacto con los desconocidos, de hablar con ellos y escucharlos: un pausado aprendizaje. Platón lo supo antes que nosotros: la caminata es una conversación en movimiento.

En su novela Mis dos mundos, Sergio Chejfec se ocupa de un protagonista carente de otra ilusión que la de caminar: "He seguido andando por inseguridad y por vacío de la voluntad, como si la caminata fuera la última experiencia que puedo ofrendar al paisaje de ruinas por donde me muevo, sin fuerzas para remontarlo a destruirlo". El solo hecho de recorrer el espacio es un signo de respeto, una forma de conservarlo.

Sicilia se ha servido de ese acto elemental y lo ha dotado de poderoso sentido. Durante un mes recorrerá casi diez mil kilómetros, deteniéndose en veinte ciudades para compartir su mensaje de paz.

"Y si camino voy como los ciegos/ aprendiéndole todo por sus pasos", escribió Jaime Sabines.

Mientras se lee esta línea, otro poeta avanza, aprende por medio de sus pasos, ofrece resistencia, construye una esperanza.

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