sábado, 7 de diciembre de 2013

Raymundo Riva Palacio - En busca del líder

PRIMER TIEMPO: El enorme vacío en las calles. La salud de Andrés Manuel López Obrador, que ha sido un secreto de Estado cuidado por sus cercanos, sólo había sido afectada en los dos últimos años por divertículos, que nunca han sido reconocidos como un padecimiento que lo afligiera. Tenía un cardiólogo de cabecera, pero no porque sufriera del corazón sino como un cuidado preventivo. Por eso, cuando la noche del lunes, como reportó la prensa, después de una cena en La Jornada —su principal monero, Rafael Barajas, “El Fisgón”, muy cercano a él, y junto con el jefe de la página editorial, Luis Hernández, lo acompañaron a un mitin el domingo—, tuvo dolor y náuseas, no esperó sino que fue al hospital Médica Sur, donde lo intervinieron de inmediato. Gracias a la prontitud, López Obrador evitó una complicación que lo pusiera en una situación donde no sabríamos hoy que habría sucedido. Intervención a tiempo permite una recuperación normal y un reinicio de actividades, en su caso, al menos en enero. En lo individual, para sus seguidores son muy buenas noticias —algo que salvo excepciones, comparten todos-, pero en lo político, es una nueva bomba atómica sobre Hiroshima, que hoy se deletrea Morena.





En pocos momentos ese partido incipiente y la izquierda social lo han necesitado más. En la conclusión del largo debate sobre la Reforma Energética, su voz, la más crítica, la que guía a todas las fuerzas anti sistema, las de la izquierda social que se manifiesta sonoramente en las calles, se calló por motivos de salud. La ausencia de López Obrador de la arena política nacional, mandó a la orfandad a un segmento de la población que tiene cuadros políticos, legisladores y periodistas a su servicio, que se quedaron sin la columna vertebral que los animaba y conducía. Fue una desaparición de la política tan oportuna para quienes desean la Reforma Energética, y tan inoportuna para sus oponentes, que no faltó quien señalara que el infarto agudo que sufrió López Obrador, era mentira. Lamentablemente no lo fue, en términos personales, y lamentablemente tampoco para quienes no pueden caminar sin que él marque el camino. El político les abrió un hueco en el liderazgo y un vacío que nadie puede llenar.

- SEGUNDO TIEMPO: Lo que natura no da, Salamanca no presta. El nocaut que le dio la afección cardiaca de Andrés Manuel López Obrador a la izquierda, provocó una estrategia de emergencia: levantar a todo ese segmento de la sociedad de la mano de su segundo hijo, Andrés Manuel López Beltrán, quien presidió la conferencia de prensa donde se informó del resultado de la intervención en el corazón a su padre, en medio del cardiólogo del político, Patricio Ortiz, y de su eterno comunicador, César Yáñez. El joven Andrés Manuel, que nació en 1986, cuando de la partición del PRI detonó una generación de izquierda con hambre de poder, se presentó ante una prensa urgida por saber del líder, con aplomo y seriedad. No sólo habló de la operación, sino también recogió la bandera de su padre que escasas 72 horas antes había anunciado, levantar un cerco en el Senado en contra de la Reforma Energética. Difícil creer que a esa hora de la conferencia, el joven Andrés Manuel hubiera hablado con su padre, posiblemente sedado y en terapia intensiva, por lo que quizás, el llamado a continuar con la estrategia haya sido una iniciativa de los asesores políticos del ex candidato presidencial para evitar que al apagarse el motor de la izquierda social, se frenara su cruzada. Buena apuesta. ¿Por qué no utilizar como vocero al hijo mayor José Ramón, quien había pasado ya por el servicio público? Después de todo trabajó en el gobierno de Marcelo Ebrard y no tiene los lastres de su hermano menor, a quien en la campaña presidencial de 2006 atraparon los paparazzis con tenis Louis Vuitton de 800 dólares, y una página en Facebook con decenas de fotografías en yates, con mujeres y con mensajes en busca de una aventura. Nada raro para su edad, pero un lastre en términos de imagen pública para su padre. Entonces, ¿por qué él? Debe haber sido la recomendación de un consultor: para que no se apague la llama, se necesita mantener el fuego. La única continuidad posible era a través del mismo nombre, que pudiera confundir a los seguidores de López Obrador y que acudieran al llamado al cerco. La gente, se les olvidó, no es tonta. Mismo nombre no es misma persona. Corazón Aquino nunca fue Benigno, ni Violeta Chamorro, Pedro Joaquín. En Filipinas y Nicaragua optaron esos pueblos por el apellido, sin importar que su ADN político fuera diferente. Andrés Manuel hijo, no prendió. Los líderes, no hay que olvidar, nacen, no se hacen.

- TERCER TIEMPO: Lección tardía… y dolorosa. El cerco en el Senado iba a comenzar el miércoles. El convocante, Andrés Manuel López Obrador, esperaba a miles de seguidores para ejercer la presión de la calle contra los legisladores que quieren aprobar la Reforma Energética. Pero al cruzársele un infarto agudo, no pudo llegar a la cita. Con la inercia y el corazón, fueron alrededor de dos mil personas. Al día siguiente, cayó la cifra en casi un 90%. Para el viernes, los simpatizantes de Morena en el Senado, ni a anécdota llegaron. El presidente de Morena, Martí Batres, reconoció que sólo habían podido movilizar a seguidores de la ciudad de México y sus alrededores. Urgió a la marcha, pero no pasó nada. Batres acompañó en los primeros días a Andrés Manuel López Beltrán, para ayudarlo a incendiar el metabolismo de la protesta, pero se hundieron. Acudió Clara Brugada, la delegada impuesta por López Obrador en la izquierdista Delegación Iztapalapa, pero fue una broma de convocatoria. Estuvo el diputado de Movimiento Ciudadano, Ricardo Monreal, el de mayor voz y atractivo, pero para la marca de López Obrador, se quedó en las ligas menores. El vacío de liderazgo en la izquierda social fue asombroso para quienes no quieren admitir que el tabasqueño es un caudillo, pero no en el sentido peyorativo de la palabra, sino en el más puro de líder que arrastra multitudes. Una izquierda social sin líder, aunque sea por unos días, reflejó una debilidad y vulnerabilidad que, desgraciadamente para ellos, no se puede resolver: los zapatos de López Obrador son demasiado grandes para que alguien más los pueda calzar.

rrivapalacio@ejecentral.com.mx
Twitter:
@rivapa

Leído en http://www.razon.com.mx/spip.php?page=columnista&id_article=198638

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