miércoles, 18 de junio de 2014

Martín Moreno - Adiós, Fausto Vallejo

Si Vallejo ignoraba las actividades ilícitas de Jesús Reyna, fue incompetente. Y si las conocía, fue cómplice.

Fausto Vallejo estaría viviendo horas extra en el poder michoacano. De no ocurrir algo inesperado, pedirá licencia a la gubernatura por motivos de salud.

¿La razón? Su enfermedad.

¿La puntilla? La fotografía de su hijo Rodrigo reunido con La Tuta.

En realidad, Fausto Vallejo anunció su salida desde el sábado pasado, cuando en un comunicado oficial, el gobierno michoacano adelantó que “si los médicos determinan que (Vallejo) no puede continuar con su labor al frente del Ejecutivo del estado, hará pública dicha decisión”.

Fausto Vallejo está enfermo y, por supuesto, nadie lo culpa de ello. Ya en 2013 —de abril a octubre— se ausentó de la gubernatura ante la gravedad de su padecimiento.









A pesar de la reincorporación del gobernador, Michoacán continuó bajo la violencia, con un narco disperso, pero no sometido, autodefensas empoderadas, civiles asesinados y un vacío de autoridad innegable. Fausto naufragaba.


En la praxis política, Vallejo fue destituido en enero pasado, cuando desde el centro se nombró comisionado para Michoacán a Alfredo Castillo, de la confianza absoluta de Peña Nieto. Pronto se supo quién mandaría realmente en el estado.

Paralela a su desgobierno, la salud de Vallejo continuó empeorando. Fausto dejó de gobernar. Hoy debe dejar la gubernatura agobiado por tres factores fundamentales: su enfermedad, su desplazamiento ante la llegada del comisionado… y su hijo Rodrigo.

¿Por qué?

Por una razón tan indiscutible como de fondo: el gobernador de Michoacán no puede ejercer el poder mientras su hijo está sentado, en torno a una mesa, con Servando Gómez, La Tuta, líder del crimen organizado en la entidad. Así no puede, ni debe, gobernar.

El inicio formal de la caída de Fausto Vallejo se marcó a inicios de abril, cuando su brazo derecho, el número dos en Michoacán, su secretario de Gobierno, Jesús Reyna, fue detenido por sus vínculos con el narcotráfico michoacano. Allí prosiguió el desplome de Vallejo. Se le perdió la confianza.

Si Fausto ignoraba las actividades ilícitas de Reyna, fue incompetente.

Y si las conocía, fue cómplice.

Por todos lados perdía el gobernador Vallejo.

Pero el tiro de gracia llegó el sábado pasado.

En medios y redes comenzó a circular una fotografía de Rodrigo Vallejo Mora, hijo del gobernador, donde se le observa reunido con La Tuta, líder de Los Caballeros Templarios.
La foto aparece después de múltiples versiones periodísticas que ligaban a Rodrigo Vallejo con el narcotráfico michoacano. Rodrigo sería identificado como El Gerber entre Los Caballeros Templarios.

“Siempre dicen: si tienes un problema con los (policías) de caminos, estatales, municipales, le llamas a El Gerber y todo bien, cero problemas, no importa que traigas armas o que el carro sea robado, ellos trabajan para La Compañía, o sea, para Los Caballeros Templarios”, comentó un policía de Morelia que pidió el anonimato (diario 24 Horas. Ramón Sevilla. 17/I/2014).

Otro testimonio escrito por Sevilla señala que en julio de 2009, cuando detuvieron en Morelia a Arnoldo Rueda Medina, La Minsa, también capturaron al hijo de Fausto Vallejo, quien en ese tiempo era alcalde de Morelia. De acuerdo con la versión, la Policía Federal recibió órdenes para que lo liberaran y sólo dejaran detenido a La Minsa.

Ante el escándalo que se avecinaba por la fotografía de su hijo Rodrigo con La Tuta, el gobernador Vallejo comenzó a curarse —vaya paradoja— en salud.

El miércoles pasado, en entrevista con CB Televisión, reveló que uno de sus hijos “fue levantado” por miembros del crimen organizado cuando él se encontraba en Chicago para ser operado.

Vallejo no dio más detalles sobre el supuesto plagio ni precisó el nombre del hijo levantado. “No es necesario estar cantándolo”, señaló Fausto.

Tres días después apareció la foto de Rodrigo Vallejo con La Tuta.

La intención del gobernador fue evidente: anticiparse a la fotografía comprometedora y explicar —o, al menos, intentar explicar— las razones de por qué su hijo Rodrigo estaba junto con La Tuta.

Pero Fausto Vallejo ya ha perdido toda credibilidad.

¿Quién le cree a Fausto?

Hoy, le es imposible seguir al frente —mas no gobernando— de la gubernatura michoacana.

Fausto precipitó la ingobernabilidad en Michoacán.

Fausto ya perdió el control político y de seguridad del estado.

Fausto tiene a un hijo reunido con narcotraficantes.

Así no puede seguir gobernando.

“Lo que digan los médicos”, dice el gobernador Vallejo. De EU regresa mañana miércoles. Se tiene previsto que haga un anuncio.

Fausto Vallejo no tiene de otra.

Debe irse.


                Twitter: @_martinmoreno


Leído en http://www.excelsior.com.mx/opinion/martin-moreno/2014/06/17/965603


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