jueves, 3 de noviembre de 2011

Michoacán: la vida o la muerte de Moreira


El próximo domingo 13, en Michoacán, se juega mucho más que la renovación del gobierno estatal de caricatura; más que el cambio de edil en sus violentos 113 municipios y mucho más que el relevo de su debilitado Congreso.
En Michoacán también se ensaya buena parte de la estrategia para la elección presidencial de 2012, sobre todo la polarización político-electoral entre el PAN y el PRI, y su jugada maestra de mandar al tercer lugar al PRD, además de que se practica la impensable tesis de vencer al partido amarillo en su bastión histórico y fundacional. De conseguir ese objetivo,  la estratagema se podría replicar en el Distrito Federal.
Pero, sobre todo, en Michoacán se practica la hipótesis de que la familia Calderón Hinojosa es una marca política ganadora; que contra lo que muchos suponen y otros tantos desean, no todos los electores quieren la muerte política de los Calderón Hinojosa, a pesar de la costosa guerra contra el crimen organizado.
No es novedad que, en Michoacán, el PAN y el presidente Calderón se juegan una carta decisiva para julio de 2012; que la violencia y el crimen se conviertan en el centro de la contienda electoral y que, una vez conseguido ese objetivo y que los azules ganen el gobierno michoacano, los electores premien al gobierno de Calderón en la contienda presidencial.
Por todo lo anterior, para el PAN y su verdadero jefe, Felipe Calderón, la victoria electoral en Michoacán sería lo más parecido a la legitimación del sexenio y de su lucha fundamental: la guerra contra el crimen organizado y las bandas del narcotráfico. Sin embargo, la eventual victoria del PAN y de los Calderón Hinojosa en Michoacán también podría significar la caída del jefe nacional del PRI, Humberto Moreira. ¿A qué nos referimos?
Elemental, que si el PRI pierde Michoacán y al mismo tiempo el PAN se convierte en el gran ganador —lo que cobra carta de naturalización, ya que todos los partidos, incluido el PRD, dan por derrotado a Silvano Aureoles—, asistiríamos a la confirmación de que Humberto Moreira es un lastre para el PRI, no sólo por el escándalo de los cochupos financieros en su gestión como gobernador de Coahuila, sino también en el terreno político-electoral.
Y es que apenas hace dos meses era un hecho que Michoacán sería del PRI, con un candidato ganador como Fausto Vallejo, alcalde de Morelia en cuatro ocasiones. Sin embargo, algo hizo mal o muy mal el PRI de Humberto Moreira para que, en los últimos 30 días, su candidato, Fausto Vallejo, prácticamente se estancara entre las preferencias de los potenciales votantes. ¿Qué pasó? ¿Por qué de manera inexplicable dejó de fluir apoyo y dinero para la campaña de Vallejo?
Y mientras que el PRI no encuentra la “cuadratura del círculo”, la candidata del PAN, Luisa María Calderón, empezó a subir de manera considerable en la preferencia de los electores, al capturar los votos que —al mismo tiempo— empezó a perder el candidato del PRD, Silvano Aureoles, quien sigue a pique.
Todo eso sin contar con la formidable confusión que se ha generado en por lo menos 30 municipios, en donde los candidatos a puestos de elección popular —de los tres partidos— se han retirado, han dejado de hacer campaña o, de plano, aventaron la toalla. ¿La razón? Que las bandas criminales que se adueñaron de buena parte de Michoacán están haciendo su propia elección.
Es decir que, por la vía de la amenaza y el miedo, las bandas criminales han llegado al extremo de quitar candidatos y ordenan el sentido del voto. ¿A favor de qué partido y cuál candidato, en qué municipio, intervienen las bandas criminales? Esa es la gran confusión.
Por lo pronto, tanto el PRI como la dinastía de los Cárdenas —y en general el PRD— hacen todo lo posible por impedir que el candidato Silvano Aureoles pierda más votos. ¿Por qué? Porque los votos que pierde Silvano Aureoles no van al PRI, sino al PAN. Y de continuar esa tendencia en los próximos días, diez —la elección en Michoacán se llevará a cabo el domingo 13 de noviembre—, el golpe de imagen y percepción contra el PRI y el PRD sería demoledor. ¿Por qué?
Porque en la última elección estatal antes de la presidencial, el PAN se alzaría con un triunfo espectacular, para la imagen y la percepción social. Y, claro, una derrota electoral como ésa —además de la persecución judicial por las transas de su gobierno— significaría la muerte política de Humberto Moreira. Al tiempo.
EN EL CAMINO
Casi un mes después, el IFE saca el spot de El Tata a favor de AMLO. Árbitro ejemplar. ¿O no?

Leído en http://www.excelsior.com.mx/index.php?m=nota&id_nota=779583

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