miércoles, 8 de agosto de 2012

Carlos Loret de Mola - Inesperada división en el equipo de AMLO


Carlos Loret de Mola
Pocas personas le han sido tan fieles a Andrés Manuel López Obrador como Claudia Sheinbaum: fue su secretaria de Medio Ambiente responsable de los segundos pisos que fue la obra más relevante de su sexenio, fue su vocera en la primera campaña presidencial de 2006, se convirtió en su más activa denunciante durante ese conflicto postelectoral, aceptó un cargo en el gabinete del “gobierno legítimo”, fue el cerebro técnico detrás de su lucha contra la reforma energética de Calderón, se empleó a fondo en la segunda contienda rumbo a Los Pinos, la propuso como parte de su eventual equipo de ganar 2012 y está hoy en la primera línea de combate del segundo conflicto poselectoral presidencial.

Ha peleado batallas indecibles, defendido al líder político en el que cree. Son notables sus credenciales académicas, nacionales e internacionales. Hace poco tiempo, según cuentan fuentes en la izquierda, la doctora Sheinbaum llegó hasta López Obrador con un reproche. El reproche tuvo nombre y apellido: Alfredo Jalife-Rahme, periodista, analista y académico de la UNAM, nombrado asesor en temas internacionales del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena).




Claudia Sheinbaum Pardo no profesa activamente ninguna religión, pero tiene origen judío. Alfredo Jalife-Rahme está acusado públicamente por intelectuales de todo el espectro ideológico de verter en Twitter y en sus colaboraciones en medios de comunicación comentarios abiertamente racistas y violentos contra los judíos, que invitan al odio antisemita.

La doctora Sheinbaum no fue la única voz que se quejó del lenguaje del doctor Jalife: es bien sabido que un poderoso grupo de empresarios de origen judío han logrado grandes negocios inmobiliarios durante las gestiones de López Obrador y Marcelo Ebrard en el Distrito Federal; son simpatizantes y financiadores del movimiento que encabeza el tabasqueño y ellos también elevaron su protesta a través de Evelyn Daniel, integrante activa de la comunidad judía con gran cercanía y acceso al candidato izquierdista.

López Obrador, señalan las mismas fuentes, optó por tomar distancia de Alfredo Jalife y mandar dos mensajes a la comunidad judía: a través de Twitter escribió que los enemigos de sus amigos no son sus enemigos (entiéndase como que los judíos enemigos de su amigo Alfredo Jalife no son sus enemigos) y de manera privada abundó que él nunca se iba a pelear con la comunidad judía de México.

Las quejas contra el doctor Jalife no sólo tienen que ver con el tema de los comentarios racistas —le abrieron un expediente en el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación, donde tiene un asiento Tribuna Israelita, el despacho mediático de la organización judía mexicana— sino también con cuestiones poselectorales: otro de los más leales a López Obrador, el legislador petista e integrante directivo de Morena, Mario Di Constanzo, entró en abierta pugna con él por diferencias en torno a la denuncia contra el coordinador de campaña de Enrique Peña Nieto, Luis Videgaray.



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