miércoles, 5 de septiembre de 2012

Francisco Rodríguez - Campa Cifrián – García Luna

Francisco Rodríguez
Todo augura una transición de terciopelo… excepto en el área de Seguridad. Y es que de los 45 nombramientos que el presidente electo diera a conocer ayer llama la atención no sólo el que buena parte de ellos provengan del anterior gobierno mexiquense, atrae sobremanera el nombramiento de Roberto Campa Cifrián en el área que encabeza Genaro García Luna en esta fallida y ya agonizante administración de Felipe Calderón. 

Porque Campa y García no son amigos ni nada que se le parezca… a menos que hayan recompuesto una relación profesional de menos de un año marcado por los constantes encontronazos y que derivara en uno más de los muchos montajes del todavía titular de la SSP federal, al fabricarle a su entonces subalterno una renuncia falsa del todo. 





De ese montaje garcialunático seguro usted recuerda los detalles. 
Para empezar que en la medianoche del primer día de septiembre de 2007, la SSP federal emitió un boletín de prensa en el que se daba a conocer que Campa Cifrián había presentado a García Luna su renuncia al cargo de secretario ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, en el que incluso se externaban los parabienes y deseos de éxito al dimitente. 
Falso de toda falsedad, como se dice popularmente. 

“En reunión, el Secretario de Seguridad Pública federal, Genaro García Luna, en su calidad de presidente del Consejo Nacional de Seguridad Pública, agradeció a Roberto Campa su entrega y valiosa aportación al secretariado ejecutivo durante su gestión y le deseó el mayor de los éxitos en sus nuevos proyectos", se leía en aquel comunicado. 

Y no pocos cayeron en el garlito. Uno de los primeros que intentó convencer de que la renuncia de Campa se debía a un “ajuste” fue Juan Camilo Mouriño, a la sazón secretario de Gobernación y cabeza del gabinete de seguridad, al reconocer que si bien “existen diferencias en asuntos de seguridad en las instituciones involucradas en ese rubro “no hay pleitos”, en un afán de negar lo que era del dominio público ante el fracaso del gobierno calderonista en su declarada guerra al crimen organizado y al narcotráfico, que hoy por hoy y dígase lo que se diga, no solamente lo ha rebasado sino que lo mantiene acorralado. 

Pero hete aquí que Campa Cifrián no había renunciado. Ni se había reunido con García Luna. El mentado boletín era un libelo. 

Campa se enteró de “su renuncia” a través de los periódicos. 

Y fue por tal que tres días después, el 4 de septiembre, envió a Felipe Calderón una misiva en la que aclaraba paradas y en la que, ahora sí efectivamente, renunciaba al encargo del ocupante de Los Pinos. 

En el texto de aquella misiva, publicada en su momento por el diario Reforma, Campa enfatizaba que “el manejo de los hechos –la supuesta renuncia boletinada por García Luna-- y lo sucedido hasta el día de hoy solamente revelan lo que permanentemente ocurrió”. 

Y entrelíneas lo que se leía era: enfrentamientos, encontronazos, patadas debajo de la mesa, zancadillas y, claro, infamias. 

Todas ellas a cargo del todavía “favorito” de Los Pinos en contra de quien fuera candidato presidencial del Partido Nueva Alianza. 

Y para no variar, todas esas vilezas de García Luna le fueron perdonadas. Como más tarde también sería relevado de cualquier responsabilidad en la renuncia de Eduardo Medina-Mora a la titularidad de la PGR para aceptar un exilio dorado como representante diplomático de Calderón ante la Corte de Saint James. 

No sé si Campa también ya perdonó. Ni siquiera sé si ya olvidó. El hecho es que tales vilezas de García Luna están ahí como antecedente primordial de una relación que habrá de ser continua, durante los próximos tres meses, en aras de la transición en los ámbitos de la hoy muy cuestionada seguridad. 

Ahora bien, ¿qué llevó al señor Peña a nombrar a Campa como responsable de la mentada transición precisamente en ese ámbito? 
La respuesta es obvia y, conociéndola, García Luna puede darse ya por despedido, no obstante sus deseos y ambiciones de mantenerse en el candelero. 

¿Transición de tersa? ¿De terciopelo? Puede que sí… menos en el área de seguridad. 


Índice Flamígero: Frase célebre de Isaac Asimov: “La vida es agradable. La muerte es tranquila. Lo malo es la transición”. + + + En el anterior ciclo escolar, en Guerrero se perdieron 87 días de clases de los 200 que marca el calendario oficial. Son 87 días, también, los que le restan a este funesto sexenio. 


www.indicepolitico.com / pacorodriguez@journalist.com

Leído en: http://www.vanguardia.com.mx/campacifrian%E2%80%93garcialuna-1365386-columna.html

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