sábado, 29 de septiembre de 2012

Raymundo Riva Palacio - Política de filigrana

Raymundo Riva Palacio

PRIMER TIEMPO: Sí que se llevan rudo. Locuaz como siempre, poniéndose todo saco aunque no le quede y presto a reaccionar sobre los dichos y versiones de oídas, el senadorJavier Corral escribió recientemente una carta al presidente Felipe Calderón como respuesta a que le habían dicho que había dicho que era un cobarde porque no había asistido a una reunión de panistas con él en Los Pinos. Corral dejó cajas destempladas con la carta y se apresuró a señalar que él no la había filtrado a la prensa. Muchos, incluido quien esto escribe, le creyeron por los antecedentes protagonistas del senado. Pero entre senadores influyentes del PAN sí se les hacía sentido su deslinde. “Él quiere la presidencia de la Comisión de Comunicaciones y Transportes, y sabe que esta filtración lo perjudica”, dijo uno. Pues dicho y hecho. 





El coordinador de la fracción Ernesto Cordero, quien repartió las comisiones, se la cobró a Corral. Por supuestísimo que no le iba a dar la presidencia de ésa ni de ninguna otra, pero en el extremo de la represalia ni siquiera se encuentra dentro de la de Comunicaciones y Transportes, que es de lo que más sabe. Corral reclamó que se la dieran a Javier Lozano,aunque entró en una batalla inútil, pues el poblano tiene en su currículum haber sido subsecretario de Comunicaciones en el gobierno priista de Ernesto Zedillo. Varios aliados de Corral en los medios rápidamente elevaron la voz para denunciar el ostracismo a su amigo, pero no valió nada. Corral tiene muchas cuentas pendientes, no sólo con el PAN, sino con muchos otros medios y periodistas, con quienes se ha peleado el aguerrido y soberbio senador, a quienes les ha pedido favores y luego ataca. Por ejemplo, las televisoras, a quienes públicamente fustigaba y en privado les pidió pantalla y dinero cuando quería ser gobernador de Chihuahua. Perdió y TV Azteca lo dejó pasar, pero Televisa le cobró lo que le prestó. Corral gritó que querían reprimirlo por su posición contra ella, pero un juez determinó que no tenía razón y tenía que pagar. Corral saldó la deuda con su casa. Jugar doble no se vale. Cordero se lo recordó cuando este jueves lo mandó a la congeladora.

 SEGUNDO TIEMPO: La decisión salomónica sobre las chicas de oro. Para nadie es un secreto que desde hace un buen tiempo, dos de las jóvenes políticas del PAN que traen cuerda política para rato, viven una dinámica de tanta competencia que se han convertido en férreas enemigas. Se trata de la ex coordinadora de los diputados en la Asamblea de Representantes, Mariana Gómez del Campo, y de la ex diputada federal y ex delegada capitalina, Gabriela Cuevas. Las dos tuvieron que comer sapos recientemente cuando el PAN designó a Isabel Miranda de Wallace como su candidata al gobierno del Distrito Federal, donde las dos se sentían —y tenían— méritos para ser las nominadas, y fueron puestas a trabajar en la campaña presidencial de Josefina Vázquez Mota. El trabajo no fue del todo asimétrico. Gómez del Campo, que había apostado por Alonso Lujambio en la precampaña, en oposición directa no a Vázquez Mota sino a Ernesto Cordero, fue la encargada de la campaña presidencial en el Distrito Federal, que resultó en un proverbial fracaso, y la acusaban que en parte se debía a que no trabajó. Pero como tenía rango, y no solamente el apellido materno que comparte por sangre con la primera dama Margarita Zavala, le dieron un escaño en el Senado. Cuevas, que se la jugó con Cordero desde un principio y luego trabajó por Vázquez Mota, limpiándose lo que le quedaba de lealtad hacia Santiago Creel, también fue al Senado como el otro premio de consolación porque la pasaron por alto en el Distrito Federal. Pero como dicen, hay un Dios que todo lo ve, y se vio en la repartición de comisiones. A Cuevas le dieron la presidencia de la Comisión de Relaciones Exteriores —que había estado inventariada al PRI—, y a Gómez del Campo le dieron otra comisión, de Relaciones Exteriores, pero sólo para América Latina. Que se vayan a viajar las dos pero en diferentes aviones, que curen sus heridas y que sus intereses en la capital federal no interfiera en los asuntos parlamentarios… en detrimento del PAN.

 TERCER TIEMPO: ¡Fiuuuuuu! Marcelo se salvó. Ganador de los acomodos cupulares dentro del PAN, fue Mario Delgado, ex secretario de Finanzas y de Educación del gobierno del Distrito Federal. Delgado, el delfín que tenía el jefe de gobierno Marcelo Ebrard para el gobierno capitalino, se sometió cuando su amigo le dijo que se hiciera a un lado porque Miguel Ángel Mancera sería el ungido. Por disciplinado, Ebrard no lo abandonó. Lo propuso para la Comisión de Radio y Televisión en el Senado, pero se rieron de él priistas, panistas y perredistas. “Marcelo pide mucho, pero no tiene con qué”, dijo uno de los líderes perredistas en esa cámara, que negociaron con el PRI y el PAN la presidencia de esa comisión, que recayó, paradójicamente, en otra víctima del jefe de gobierno, Alejandra Barrales. Barrales, a quien señalaban como candidata natural a la Comisión del Distrito Federal por haber sido la líder de la Asamblea de Representantes, no le interesaba quedar al frente de ella, aunque sí estar como miembro. Cuando Delgado no pudo ser impuesto en Radio y Televisión, Ebrard lo propuso para el Distrito Federal, que iba a ser para el PAN. Pero como al final de cuentas, el PAN tenía varias figuras con arraigo y ego robusto en el Distrito Federal, no quiso detonar una división innecesaria, y se la dejó al PRD. En esta coyuntura se coló Delgado. En buena hora.Gabriela Cuevas, la panista que enfilaban para esa presidencia, ya le había puesto la mira a Delgado por el uso y presunto abuso de recursos con fines políticos y electorales en la capital, y aunque no quiere decir que con Delgado ya salvó Ebrard que lo desnuden financieramente, ya está instalado su ángel guardián para que le cuide las espaldas.

rrivapalacio@ejecentral.com.mx

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