miércoles, 7 de agosto de 2013

Raymundo Riva Palacio - La muerte del vicealmirante

El frenesí noticioso nacional dejó en el pasado político remoto el asesinato del vicealmirante Carlos Miguel Salazar Ramonet, jefe de la Octava Zona Naval con sede en Puerto Vallarta y el militar de mayor rango en la historia de México acribillado por narcotraficantes. La historia de su crimen y el de su escolta acabó formalmente cuando la PGR anunció que tres sicarios de Los Caballeros Templarios confesaron el homicidio, y se dejaron atrás las inconsistencias y contradicciones de la investigación.

Sobre la información pública dada a conocer por el mismo gobierno, se puede afirmar que lo que dijo laPGR que había sucedido ese domingo en una carretera en Michoacán es una verdad a medias. Fuentes de la Marina corroboran los claroscuros, donde la mitad de la otra verdad cuestiona la efectividad operativa táctica de las Fuerzas Armadas sobre territorio michoacano, y confirma errores en los protocolos de seguridad. A partir de la información de diversas fuentes, se puede reconstruir la versión del crimen ocurrido el mediodía del 28 de julio:





1.- El vicealmirante regresaba de vacaciones con su esposa, acompañado por dos escoltas. Iban por la autopista de Morelia a Guadalajara pero un bloqueo impedía el paso de todos los vehículos. El vicealmirante viajaba, como todos los de su rango, en un vehículo no blindado, blanco y con placas de la Marina, pero no había informado a su base que iba de regreso.

2.- En lugar de regresar a Morelia, se desviaron por una carretera secundaria. La versión inicial de la Marina decía que fue una “emboscada”. La PGR desmintió esa versión y señaló que habían sido atacados en una carretera secundaria, a donde llegaron por imprudencia, pues esa carretera no llevaba a ningún lado.

3.- Al descubrir que la carretera no tenía salida, la camioneta del vicealmirante no sólo recorrió en una ocasión el trayecto a ninguna parte, sino realizó otros dos viajes cortos sobre carreteras secundarias, por haberse perdido o en busca de una salida. Las fuentes dicen que una camioneta donde iban Templarios los empezó a seguir, y que el chofer del vicealmirante habló a la base en Puerto Vallarta para informarles.

4.- Lo que se dio en esa carretera secundaria fue una persecución, de acuerdo con la reconstrucción, en la que participó una segunda camioneta de los Templarios. La versión oficial es que les bloquearon el camino y la segunda camioneta comenzó a dispararles. Entonces, el vicealmirante cubrió a su esposa con el cuerpo y le salvó la vida, mientras que el escolta repelió la agresión y cayó abatido; el chofer quedó herido. Las fotografías dadas a conocer por la PGR desmienten esa versión. El cuerpo del vicealmirante no está en la camioneta, sino a un costado de ella, y el escolta se encuentra aún más lejos del vehículo oficial, con un arma a una distancia que sólo si hubiera corrido -que no hay señales de ello- se explicaría el lugar donde se encontraba.

5.- De acuerdo con nueva información, algo muy diferente sucedió. En primer lugar, la llamada de que estaban en problemas fue 45 minutos antes de que fueran asesinados. Fuentes de la Marina señalan que el escolta y el vicealmirante hablaron con los sicarios fuera de la camioneta, aunque se desconoce el tono y los términos. Por eso no cayeron abatidos dentro del vehículo oficial. A su esposa le perdonaron la vida, mientras que del chofer pensaron que estaba muerto. Tampoco se sabe si los sicarios supieron en algún momento de quién se trataba o si, al enterarse, pidieron autorización para matarlo.

6.- La razón por la cual el Ejército detuvo ese mismo día a los asesinos confesos, fueron los 45 minutos entre la llamada de emergencia y el crimen. Ese tiempo permitió que llegara un helicóptero de la base naval antes que el ministerio público para llevarse los cuerpos. No está claro si fue antes o después de la reconstrucción del crimen, pero si no hubiera existido esa primera llamada, no se habría detenido a nadie ese día ni resuelto el caso, para efectos de opinión pública, rápidamente.

Ante los ojos de todos está la contradicción de la PGR entre lo que dice que sucedió, y las fotografías de la escena del crimen, pero no hay cuestionamiento. Ante los ojos de todos están los errores en los protocolos de seguridad de la Marina para la protección de sus altos mandos, pero tampoco se le cuestiona. La PGR se vistió de luces mientras la Marina se quedó con sus muertos, con sus fallas y con la obligación institucional de recortar sus pérdidas y callarse la boca. A otra cosa, pues, que el sexenio apenas comienza.


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