miércoles, 4 de diciembre de 2013

Miguel Carbonell - ¿Los políticos merecen tanta atención?

Miguel Carbonell es investigador de tiempo completo en el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Su cuenta de Twitter tiene más de 134,000 seguidores. Su sitio web es www.miguelcarbonell.com.
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Están en todos lados. Los encuentra uno en las portadas de periódicos y revistas, en las estaciones de radio y en todo tipo de programas de televisión, sobre todo en las noticias. Son los políticos, esa extraña clase de personas que dicen que nos representan pero que viven permanentemente alejados de las preocupaciones ciudadanas.
Muchos de ellos (la mayoría) tienen un nivel académico y profesional muy limitado. Si no fueran políticos, difícilmente destacarían en ningún otro ámbito, dada la mediocridad que los caracteriza; quizá es por eso por lo que la mayoría intenta eternizarse en el poder.





Son proclives a la corrupción y de moralidad dudosa, por decirlo de forma suave. Sin embargo, nuestra sociedad les permite ocupar buena parte del espacio público. A veces, a las declaraciones de banqueta de cualquier político, basadas en puras ocurrencias y sinsentidos, les dan las ocho columnas de un periódico.
¿Cómo es posible que lo permitamos? ¿Por qué razón debemos conformarnos con escuchar y leer las sandeces de personajes que no aportan nada y que solamente destacan por vivir del presupuesto público durante años o décadas, mientras se inflan de manera descomunal sus cuentas bancarias y las de sus amigos?
En otros países, las noticias se les ofrecen a los ciudadanos de forma más balanceada. La prestigiosa revista francesa Le Nouvel Observateur dedicaba buena parte de uno de sus recientes números a informar a sus lectores sobre los mejores hospitales públicos de Francia. Sus médicos y personal de enfermería eran presentados por la revista como verdaderos héroes, y se narraban casos en los que se había podido salvar o prolongar la vida de muchos pacientes.
¿Alguna vez hemos visto un ejercicio de ese tipo de periodismo en México? ¿Cómo es que no se dice nada, ni bueno ni malo, sobre nuestros hospitales públicos en los principales medios de comunicación? ¿Cómo es que no se les dan las ocho columnas de un lunes a los mejores profesores del país, a sus científicos, a las personas que cuidan durante largas horas a los enfermos en los hospitales públicos?
En los canales de la televisión pública en España o Inglaterra hay espacios dedicados a sus museos, a sus artistas, a su riqueza culinaria (en el caso de España; en el de Inglaterra lo de la comida juega en segunda división, como es bien sabido).
En México, nos la pasamos escuchando los graznidos de unos parásitos que van a dormitar a nuestras cámaras legislativas o que demuestran su profunda ignorancia de cuestiones jurídicas básicas por el Canal Judicial, desde el autocalificado como “el Más Alto Tribunal de la República” (una denominación que daría risa, si no fuera porque en la mesa de sus integrantes se deciden los temas más relevantes de México en materia jurídica).
Hace poco me enteré que afuera del Instituto Nacional de Cancerología, en el Distrito Federal, se pone muchas tardes una señora que se llama Lupita; tiene más de 60 años, está jubilada y durante muchos años se encargaba de limpiar las oficinas centrales del IFE.
La señora Lupita regala a los familiares de los pacientes de cáncer tacos de arroz. En efecto, leyó usted bien: no los vende, sino que los regala, como una forma muy personal de contribuir a mitigar las penurias por las que atraviesan quienes tienen que acudir con sus personas queridas a ese centro hospitalario.
Nadie le ha dado a la señora Lupita una medalla, nadie le ha dedicado una nota, ningún político pero tampoco ningún reportero se le ha acercado para darle las gracias en nombre de cientos o quizá de miles de personas a las que ha ayudado a lo largo de los años.
Y, sin embargo, la señora Lupita expresa día a día la fortaleza de un país que no se rinde pese a todas las dificultades que ha tenido que enfrentar. Son personas como Lupita las que merecen ser famosas, reconocidas y bien recompensadas, no esos políticos totalmente huecos, que viven de aparentar lo que no son y que fingen que arreglan problemas que ellos mismos con frecuencia han contribuido a crear.
México será un país mejor cuando su clase política pase a ocupar un segundo plano, se vuelva en cierta medida irrelevante, y al frente de nuestro espacio público queden las personas que sí trabajan para ayudar a los demás, que sí están dispuestos a poner de su parte y no solamente a repartirse el presupuesto público, que comparten su conocimiento con los demás en escuelas remotas que no tienen baños, que son los primeros que corren a ayudar cuando sucede una desgracia, que innovan en nuestras empresas y universidades, que hacen crecer nuestra imaginación escribiendo buenas novelas y buena poesía.
Ellos deberían estar en todas las portadas, en todos los noticieros, en todas las estaciones de radio y en todos los canales de televisión. Deberían ser reconocidos en la calle, cuando entran a un restaurante o cuando van a tomar un avión; la gente debería tomarse fotos con nuestros grandes ingenieros, físicos y médicos, no con esos mediocres diputados que son estrellas efímeras dentro de una clase política cuyos resultados se ubican entre la mediocridad inerte y la corrupción absoluta.
Mientras sigamos dándole más importancia a un político que a un científico, como lo hemos hecho desde hace demasiados años, seguiremos estando sujetos a la vacuidad que –desde uno u otro partido, ninguno se salva- nos ha gobernado.
Creo que merecemos un mejor país, alimentado por más noticias sobre las muchas personas buenas que habitan en su suelo. Ojalá les parezca una buena idea y me puedan ayudar a difundirla masivamente a través de las redes sociales.


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