jueves, 13 de febrero de 2014

Sergio Sarmiento - Futbolista Gay

“Si nada nos salva de la muerte, que al menos el amor nos salve de la vida”.
Pablo Neruda


Nueva York.- No hay una cultura más machista en Estados Unidos que la del futbol americano. Nos hemos acostumbrado a ver y leer historias de jugadores que golpean a sus novias o abusan de las mujeres que se acercan a ellos atraídas por su fama, dinero y músculos. El que un jugador colegial de primer nivel, Michael Sam de la Universidad de Missouri, haya declarado públicamente su homosexualidad a unas semanas del Draft para escoger nuevos profesionales de la NFL es un golpe al corazón de ese machismo.

Nadie sabe qué porcentaje de la población de un País es homosexual. La represión y la discriminación hacen que muchos oculten su inclinación. En Estados Unidos, un País en el que cuando menos los homosexuales no son linchados, el 1% de los hombres que reportan sus preferencias sexuales en Facebook afirman ser homosexuales en Mississippi y el 3% en California. El hecho de que California sea un estado más tolerante tiene al parecer mucho que ver con esta manifestación pública. Pero aún en California muchos homosexuales prefieren ocultar su inclinación.






Seth Stephens-Davidowitz calculaba en un artículo en el New York Times el 7 de diciembre de 2013, “How Many American Men Are Gay?”, que un 5% de los hombres estadounidenses son homosexuales. Entre otros argumentos señalaba que el 5% de las búsquedas de pornografía en internet es de escenas de hombres homosexuales en toda la Unión Americana.


Si el 5% de la población masculina de Estados Unidos es gay, esto significaría que de los 1,696 jugadores en activo de la NFL (32 equipos que en temporada regular pueden tener 53 jugadores en activo) un 5%, unos 85, serían homosexuales. En los cientos de equipos colegiales la cifra sería, por supuesto, mucho mayor.


El que en toda la historia del futbol americano ningún jugador haya declarado abiertamente su homosexualidad es un testimonio de lo cerrado del futbol americano. La cultura del juego es muy especial. Los quarterbacks ponen las manos entre las piernas de los centros para iniciar muchas jugadas, todos los jugadores utilizan pantalones ajustados que resaltan sus nalgas y genitales, y en las celebraciones es muy común que los jugadores se peguen nalgadas unos a otros. Pero casi nadie ha querido ver los aspectos homosexuales de estos rituales.


Michael Sam, un ala defensiva reconocido como All-American o el mejor en su posición en todo el futbol universitario estadounidense, ha hecho sin duda una gran apuesta al dar a conocer públicamente su homosexualidad. Para empezar se ha alejado de su familia y en particular de su padre, que mantiene una cultura de rechazo a la homosexualidad. Quizá haya limitado también sus esperanzas de ser escogido en el próximo Draft de la NFL, porque muchos jugadores han expresado que no les gustaría jugar y compartir baños y habitación de hotel con un compañero homosexual. En cambio Sam ha logrado el apoyo público del presidente Barack Obama y de su esposa Michelle… en un País en el que la fama -buena o mala- vale más que cualquier otro factor para lograr el éxito económico.


La aceptación de un jugador homosexual sería un paso gigantesco en el proceso, lento pero inevitable, de aceptación de los homosexuales en la sociedad estadounidense. Es un caso como el de Jackie Robinson de los Brooklyn Dodgers, que en 1947 se convirtió en el primer jugador negro de las ligas mayores de beisbol. Michael Sam está abriendo terreno. Pronto llegará un momento en que los jugadores tendrán que ser juzgados sólo por su calidad y ya no por el color de su piel o por sus preferencias sexuales.


Cirque y Mayan
El Grupo Vidanta de Daniel Chávez, creador de los Mayan Palace, hace una apuesta atrevida e importante para traer el Cirque du Soleil a la Riviera Maya. Chávez entiende que una cosa es vender cuartos de playa y sol, que son cada vez más un commodity, y otra muy distinta ofrecer un concepto amplio de descanso y de entretenimiento de clase mundial.


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