sábado, 19 de abril de 2014

Beatriz Pagés - Cuauhtémoc Gutiérrez, cadáver político


 
Ni el Partido Revolucionario Institucional del Distrito Federal y menos la ciudad de México, capital del país, merecen tener en el escenario político o social a un personaje como Cuauhtémoc Gutiérrez.

Y no se trata, para ser clara desde el principio, de desacreditar su biografía por razón de su origen socioeconómico, raza o aspecto, como él argumenta, sino por tratarse de quien ha hecho de la política una práctica delincuencial.
 
A su largo currículum de golpeador y extorsionador, hoy se agrega el de proxeneta y el utilizar un partido político para practicar impunemente una variante del crimen organizado, como es la prostitución.
 
La decisión del PRI nacional de investigarlo y llevarlo a juicio, si así procede, es una noticia que desde hace mucho tiempo ansiaban tener los habitantes de la capital del país.
Más que como dirigente, Gutiérrez operaba como el secuestrador de un órgano político al que ni siquiera podían tener acceso los militantes auténticos.
 
 
 
 
 
 
La separación de su cargo abre, por lo tanto, un enorme campo electoral para el PRI, pero sobre todo, un inmenso escenario de modernización política, social y humana tanto para ese partido como para la capital misma.
La ciudad de México no sólo tiene el segundo padrón electoral más abultado, después del Estado de México, sino que en ella habita el patrimonio intelectual, financiero, cultural y de poder más importante del país. Se trata, desde donde se vea, de un sitio estratégico. Por ello, era incomprensible que se dejara en manos de impresentables, desleales y simuladores el destino de la primera fuerza política de la nación.
La capital del país ha visto su declive desde que la gobierna el PRD. Andrés Manuel López Obrador y Marcelo Ebrard no le dieron trato de gran capital sino de gran botín; de chequera y caja registradora que lo mismo sirvió para financiar el populismo lopezobradorista en todo el país que para enriquecer los bolsillos de los jefes de gobierno, delegados y líderes tribales.
Por ello, recuperar la dignidad del PRI-DF debe significar paralelamente la construcción de una hoja de ruta que conduzca a rescatar la capital del país del subdesarrollo integral en el que se encuentra.
El proyecto de nación moderna y democrática que empuja Enrique Peña Nieto no podrá consolidarse si el Distrito Federal sigue en poder de la demagogia ramplona propia de una izquierda trasnochada y cavernícola cuyos alcances de gobierno son similares —en el mejor de los casos— a los de una ranchería o pueblo y —en los peores— a los de un congal.
Mientras países como Alemania, Francia, Italia, Argentina, Chile o Estados Unidos pueden presumir de que sus capitales son iconos culturales, México coloca letrinas donde debería brillar el esplendor de su patrimonio histórico.
Para decirlo de otra manera, la aspiración del presidente de la república de poner las bases de una nación moderna en todos los aspectos es incompatible con que la mayor caja de resonancia política, como es el Distrito Federal, siga en poder de quienes la sumergen, todos los días, en las aguas de la degradación.
Miguel Ángel Mancera es una excepción que, precisamente por serlo, sufre los amagos del canibalismo perrediano y de las huestes morenas.
Liberar y reconstruir la ciudad de México —que no es cualquier ciudad, sino la capital del país— es un reto electoral, pero también es un asunto de dignidad nacional.
De ahí la importancia de defenestrar a Gutiérrez. Su salida no sólo constituye una señal de renovación partidista y de evolución política, sino un paso, apenas el primero, para que la ciudad de México recupere su esplendor y adquiera categoría de gran metrópoli.


Leído en http://www.siempre.com.mx/2014/04/cuauhtemoc-gutierrez-cadaver-politico/

 


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