sábado, 10 de mayo de 2014

Beatriz Pagés - La paradoja de Alfonso Cuarón

El director de cine Alfonso Cuarón hizo, en días pasados, diez preguntas al presidente de la república Enrique Peña Nieto sobre la reforma energética.
 
Todas y cada una de las preguntas del cineasta son —como él mismo lo dice en su desplegado— un reflejo de las dudas que tenemos muchos mexicanos. Son preguntas inteligentes y medulares.
 
Me centro en algunas de ellas. En la pregunta 5, Cuarón dice: “Las trasnacionales petroleras tienen tanto poder como muchos gobiernos. ¿Qué medidas se tomarán para evitar que el proceso democrático de nuestro país quede atrapado por financiamientos ilícitos y presiones de los grandes intereses?”.
 
La preocupación del cineasta es absolutamente legítima; sin embargo, ésa en particular llama poderosamente la atención. ¿Por qué? Porque se desprende de su pregunta una crítica velada —o tal vez ni tan velada— a la participación de la iniciativa privada en la industria petrolera mexicana.
 
 
 
 
 
 
 
 
Las películas de Cuarón, especialmente la última, Gravity o Gravedad, son una clara expresión de la globalización. El hecho de que haya recibido siete estatuillas en la pasada entrega del Oscar no sólo se debe a su talento, que es innegable, sino al hecho de que se trató de una coproducción de Estados Unidos y Gran Bretaña.
Cuarón ha dicho dos cosas: primero, y lo cito textualmente: “La película Gravity no puede ser considerada una película mexicana. Es una película escrita, dirigida, producida y editada por un mexicano”, pero eso no significa que la cinta sea mexicana.
 
¿A qué se refiere ? A que la pieza cinematográfica tuvo que recibir una inversión millonaria de Estados Unidos y Gran Bretaña para hacer posible los espectaculares efectos visuales que hay en ellay para que la cinta fuera estrenada en 3 mil 575 cines estadounidenses y recaudara, según algunas fuentes, 250 millones de dólares sólo en Estados Unidos.
 
Aun y cuando su preocupación por la reforma energética es explicable, sus desplegados dirigidos al presidente de la república parecen estar inspirados o propiciados por una izquierda dogmática que, desde el principio, ha tratado de abortar la iniciativa presidencial.
 
La campaña que lanzará el PRD desde el Senado para apoyar la propuesta de Cuarón así lo demuestra.
 
El cineasta tiene todo el derecho de identificarse con la posición política ideológica que más le convenga, pero la otra paradoja es que el debate libre —que él mismo exige— no puede darse a partir de una estrategia de propaganda que, de antemano, busca imponer una sola verdad y satanizar el resto. Especialmente lo que se refiere a abrir las puertas a la inversión privada extranjera.
 
Los grupos que apoyan al cineasta incurren en una evidente contradicción. Se trata de una izquierda que ataca, exactamente, lo que hoy hace posible el cine de Cuarón. Es decir, la globalización, la participación de la iniciativa privada extranjera. ¿Acaso la Warner Bros. no es una trasnacional?
 
El liderazgo de un mexicano que ha rebasado fronteras es útil y necesario en la discusión de los asuntos nacionales, pero podría estar orientado de otra manera. Se antoja que la pregunta 9 podría haber sido eje de su exposición pública, alrededor de la cual se circunscribiera todo lo demás.
 
En ella dice: “¿Cómo asegurar que las utilidades lleguen al propietario original de esos recursos, que es el pueblo mexicano?”.
 
Esa preocupación también está en la secretaria de la Comisión Económica para América Latina, Alicia Bárcenas, quien al referirse a las reformas estructurales dijo que lo importante es que tanto la reforma fiscal como la energética sirvan para combatir la desigualdad.
 
Cuarón rodará su próxima película en China. Incluso, según los críticos de cine, el cineasta le guiñó un ojo al gobierno de ese país al incluir en el argumento de Gravity a Tiangong, el nombre de una estación espacial propiedad de esa nación.
 
¿Y por qué China? Porque se trata de una potencia en ascenso que, seguramente, estará dispuesta a hacer una millonaria inversión en la próxima cinta de Cuarón con fines publicitarios.
 
Pero, ¡cuidado! Cuarón tendrá que tomar en cuenta que en China no existen los mismos márgenes de libertad política y de expresión que hay en México.
 
Se trata de un cineasta producto del siglo XXI, como producto del siglo XXI es la reforma energética. Un siglo que obliga a abrir las fronteras. No sólo para hacer películas, sino para llevar progreso y justicia a los pueblos.


Leído en http://www.siempre.com.mx/2014/05/la-paradoja-de-alfonso-cuaron/

 


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