martes, 22 de julio de 2014

Denise Maerker - A 'Mamá Rosa' le ganó el tiempo... y la alcanzó Michoacán

Fue a finales de los años sesenta, así lo recuerdan varios testimonios, cuando Rosa Verduzco empezó a recibir no sólo a niños abandonados por sus madres o en situación de calle sino a jóvenes que estaban en correccionales y que habían cometido delitos. Esa decisión provocó reacciones adversas incluso entre los jóvenes que formaban en ese entonces "La familia". Así lo narra Joseph Blank, muy al estilo del Reader's Digest, en el largo articulo que le dedicó en 1975 a "Mamá Rosa".
-Vas a echar a perder el ambiente de la Familia. Esos muchachos nos causarán problemas.
-Dense cuenta de que son chicos salidos del mismo ambiente que ustedes -les contestó-, y comprendan que necesitan la misma oportunidad que han tenido ustedes.

Rosa recibía a los peores: muchachos culpables de asesinato, asalto a mano armada, ladrones reincidentes, toxicómanos, traficantes de estupefacientes. Y, en efecto, hubo dificultades. Los jóvenes delincuentes se quejaban de la escuela, del trabajo, de la alimentación. Atacaban al vigilante; robaban y maltrataban a los muchachos menores que ellos. Los mayores de la Familia decidieron que era preciso poner un alto a esa situación.
"Te trataremos como tratas tú a los demás", anunciaron, y en seguida propinaban una tremenda paliza al culpable en turno. El remedio fue eficaz.




Lo fue, dicen los que lo vivieron, mientras el número de chicos abandonados superó al de los jóvenes con problemas. Pero en los años noventa, llegaron cada vez más niños turnados por jueces o enviados por el DIF, y la proporción se invirtió. Venían dicen de una cárcel famosa llamada La Amarilla. El albergue fue cambiando. Las reglas se volvieron más estrictas y los problemas más graves. En los últimos años varios testimonios hablan de niños-halcones que trabajaron para los grupos criminales y a los que sus mamás ingresaban para protegerlos de las bandas de narcotraficantes rivales. Niños aprendices de sicarios, acostumbrados a las armas y con aspiración de ser grandes capos de la delincuencia. Cuentan que en estos días algunos trataron de escapar y lo hicieron portando armas blancas.
Michoacán cambió y los niños necesitados de protección cada vez tenían antecedentes más violentos. Y mientras eso pasaba, Mamá Rosa envejeció.

Así explican quienes lo vivieron desde adentro como es que la Gran Familia puede al mismo tiempo ser defendida con tanta convicción y compromiso por unos y provocar horror y escándalo en quienes descubrieron a partir del martes pasado la suciedad, el abandono y las condiciones en que estaban viviendo los niños.

Ni "Mamá Rosa", ni la "Gran Familia" se entienden sin la descomposición que ha vivido Michoacán (y el país). La ausencia del Estado: una mujer con buenas intenciones haciéndose cargo de niños delincuentes porque un Estado conchudo se los manda sin averiguar ni inspeccionar regularmente que tenga las condiciones y la estructura para hacerse cargo de ellos. Sin reglas: como la ley no existe y a nadie le importa esa mujer buscando proteger a los niños, o los registra como suyos, o hace que los padres "irresponsables y volubles" firmen contratos de impresentable legalidad para que renuncien definitivamente a ellos. Nadie lo ignora y nadie hace nada. Y el rescate: un buen día irrumpe la autoridad con tanquetas y Ejército, y no con trabajadores sociales y psicólogos, para poner fin a una situación que descubre con escándalo. Y la improvisación: niños que se suben llorando a autobuses que los llevan a quién sabe dónde, pero lejos de sus compañeros y del único lugar que les resulta familiar y conocido.

Ninguna explicación puede ni debe servir de justificación. Cada responsabilidad tiene que ser atribuida y asumida en lo individual. Pero el contexto importa si no queremos caer en juicios fáciles.

Fuente:http://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1018860.a-mama-rosa-le-gano-el-tiempo-y-la-alcanzo-michoacan.html

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