jueves, 11 de septiembre de 2014

Martha Anaya - Desmadre con AMLO en el Senado

¡Se armó el desmadre en el Senado con la presencia de Andrés Manuel López Obrador!

Supuestamente, todo estaba muy bonito y preparado para que el líder de Morena hiciera la entrega de dos millones 700 mil firmas reunidas por Morena para la realización de la consulta popular sobre la reforma energética y diera un mensaje en uno de los salones del Senado.

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Y sí, efectivamente, se habilitaron dos salones para ello: en uno quedaron muy bien acomodadas las 17 cajas con las firmas y en el otro, los circulitos de papel en el piso señalando los lugares que deberían ocupar los integrantes de la Mesa Directiva, encabezados por su presidente, Miguel Barbosa.










Entre uno y otro salón se ubicó el templete para los fotógrafos y camarógrafos. Fue tal el número de periodistas que si uno se situaba en cualquiera de los dos salones era imposible ver lo que ocurría del otro lado, tras la barrera de periodistas.

Tal era el escenario dispuesto. Sólo valga agregar -y lo mencionamos porque esos detalles fueron importantes- que había dos puertas de ingreso al lugar (una hacia cada salón) y que la gente de seguridad ubicó cintas para evitar el paso entre uno y otro lado.

Llegó pues López Obrador al Senado. Bajó de su carro en la calle (no ingresó al estacionamiento). Ahí, entre otros, lo esperaban Claudia Sheinbaum, Martí Batres, Javier Jiménez Spriú, César Yáñez y los senadores Manuel Bartlett, Alejandro Encinas y Layda Sansores.

Entraron todos ellos rodeados y seguidos por reporteros, como suele suceder en estas ocasiones. A unos 10 metros del ingreso a los salones -cada uno con su respectiva puerta, reiteramos- una cinta de seguridad contuvo a algunos de quienes venían en la bola y dieron paso al tabasqueño y sus cercanos.

Y sin que nadie dijera ni agua va, la puerta que se abrió fue la del lado derecho, la que llevaba hacia las cajas con las firmas y no hacia donde se encontraban los integrantes de la Mesa Directiva.

Fotógrafos y camarógrafos dieron media vuelta. Accionar sus cámaras. Andrés Manuel quedó atrapado en el pequeño espacio, pidió permiso a la gente de seguridad para acercarse a las cajas (otra cinta impedía el paso) y ahí pasaron y comenzaron los discursos.

Del otro lado, ya imaginarán la expresión de Barbosa: ¡Furioso!, porque aquello lucía como un grosero desaire de López Obrador. A su lado, el jalisciense Arturo Zamora no decía ni pío, Mario Delgado esperó un poco y al ver que los discursos seguían del otro lado del salón se fue para allá; Alejandro Encinas aguantó hasta que Barbosa, todo ofendido, salió del salón (por la puerta correspondiente) al grito de “¡esto es una grosería al Senado!

Al otro lado, Andrés Manuel ni enterado de lo que ocurría. Soltaba su mensaje sobre las firmas y el petróleo.

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¿DESAIRE O FALTA DE CORTESÍA?.- Desde nuestro punto de vista todo este sainete se originó por una falta de cortesía del presidente del Senado, es decir, de Barbosa.

Cuantos presidentes del Senado hemos conocido acostumbran recibir a sus invitados a las puertas del recinto o del salón donde han sido invitados e incluso luego suelen acompañarlos hasta las puertas de su carro al salir. Barbosa no lo hizo. Esperó dentro del salón, no en la puerta.

Suponiendo que hubiera una confusión, Barbosa pudo haber pedido a alguno de los ayudantes de la Mesa informarle al ex candidato presidencial que lo aguardaban del otro lado. Tampoco lo hizo. Reaccionó en cambio como novio ofendido.

Hay otra posibilidad: que “los equipos de trabajo” de Martí y de Barbosa hubieran acordado que primero se diera el mensaje y luego se llevara a cabo la entrega oficial de las firmas.

Si así fue -mal hecho por ambas partes en todo caso-, no tenían por qué llevarse a cabo en espacios distintos.

Va sólo una pregunta para terminar: ¿Qué habría pasado si Barbosa hubiera tenido la cortesía de esperar a López Obrador a las puertas del salón (ya no digamos de invitarlo a su oficina antes del evento, como hizo al poco rato con el jefe de Gobierno Miguel Ángel Mancera)?

¿Se habría dado la confusión, si es que eso fue? ¿O AMLO lo habría mandado al diablo y ni siquiera los habría saludado, como ocurrió?

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GEMAS: Obsequio (vía twitter) de Marcelo Ebrard para Miguel Ángel Mancera: “Me hago responsable de cualquier imputación a mis decisiones, invito al jefe de Gobierno a diálogo público, jamás he sido corrupto”.



Leído en http://www.24-horas.mx/alhajero-desmadre-con-amlo-en-el-senado/




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