martes, 20 de noviembre de 2012

Federico Reyes Heroles - Una y una

Para la familia De la Fuente

Buenas noticias. La iniciativa preferente rindió resultados. Durante décadas vivimos con una concentración exacerbada de poder en el Ejecutivo federal. Sin embargo, el arribo del gobierno dividido no llegó acompañado de una revisión de las facultades de ese poder. El péndulo pareció irse al otro extremo. Iniciativas paralizadas, presupuestos siempre a punto de abortar, veto limitado y otras fórmulas disfuncionales por momentos arrinconaron al Presidente. Para que toda democracia opere se requiere que los poderes estén equilibrados, pero que no se paralicen unos a otros. La falta de acuerdos en el Legislativo ha provocado situaciones vergonzosas: el vacío de un sitial en la Suprema Corte o la ausencia de tres consejeros electorales del IFE en pleno proceso. Una institución dañando a otra.

La iniciativa preferente recuperó la posibilidad de que el Ejecutivo imprima cierta dinámica legislativa a lo que desde su perspectiva es prioritario. La gestión de Calderón cierra con dos logros muy relevantes: la Ley de Contabilidad Gubernamental y la reforma laboral. Por supuesto que desde una posición de principios la democracia y transparencia sindicales son deseables. Pero recordemos que menos del 5 por ciento de los mexicanos pertenece a una organización sindical. La nueva ley atraerá inversión, dará impulso a las pymes, logrará mejores condiciones laborales para mujeres y menores y fomentará el empleo formal. Pero la mejor noticia es que, a pesar del absurdo sainete de algunos senadores panistas, esas dos iniciativas no hubieran cruzado el Legislativo si PRI y PAN no negocian, si no hubieran hecho política. Para eso están allí, no para intentar aniquilarse unos a otros.



Con la alternancia en 2000 muchos panistas cayeron en la tentación de pensar que el verdadero triunfo de la democracia mexicana implicaba la desaparición del PRI. Ningún dato apuntalaba que ese sentimiento estuviera en la mente de millones de electores que siguieron favoreciendo al tricolor. Fox y Calderón fueron erráticos y equívocos en el discurso que utilizaron. Un día se decían presidentes de todos lo mexicanos para al siguiente salir a denostar a los miembros de ese partido. Por su parte, el PRI cruzó por un proceso de lento aprendizaje como opositor leal. No falló en los momentos clave como fue la toma de posesión de Calderón, pero hubiera podido colaborar más en algunos asuntos centrales. Eso pareciera haber cambiado.

Es claro que ciertas reformas sólo pueden lograrse con el voto conjunto de PRI y PAN. El PRD no iría ni a la energética ni a la fiscal en los términos en los que se planteó por priistas y panistas en sus respectivas opciones de gobierno. Peña está haciendo política. La hace al reunirse con los gobernadores panistas y perredistas. La hace operando directamente para sacar los asuntos así haya sacrificios. Hace falta pragmatismo. Salgamos por fin del garlito de pensar que para que haya alternancia le tiene que ir mal al Presidente en turno. Si priistas y panistas sacan la reforma energética, la fiscal que incluye el financiamiento de seguro universal y un nuevo sistema de pensiones que incorpore a los informales, México dará un gran salto a mejores condiciones de bienestar. Eso es el verdadero bien común que tanto se pregona.

Pero el éxito de Peña no garantiza que el PRI gane en el 18 y se perpetúe en el poder. Zedillo salió con un 72 por ciento de aprobación, la economía creciendo cerca del 7 por ciento, la inflación controlada, etc. y el PRI perdió. Fox dejó una economía solvente y el PAN estuvo punto de perder. Es la alternancia la que se instaló en la cabeza de la gran mayoría de los mexicanos que no pertenecen a un partido y están dispuestos a probar otras opciones. En la decisión electoral cada día pesa más el candidato y las campañas. No hay territorios. El PRD gobernó Michoacán 18 años, la tierra de la estirpe Cárdenas y ahora salió. El PAN desplazó al PRI en Morelos y doce años después llega el PRD. En Oaxaca, Sinaloa, Puebla y ahora Tabasco hay alternancia de primera generación como en muchas otras entidades. Todavía falta casi una decena.

La negociación y el ejercicio del oficio político son una buena noticia. Ojalá sea el anuncio de una nueva época. Pero también hay una triste, la evidente división de la izquierda. La transformación de Morena en partido restará una porción de votos al PRD. El costo es alto para ese partido y para México. Se ha repetido mil veces, en un país con tanta injusticia y desigualdad una izquierda moderna es imprescindible. ¿Y el 1 de diciembre, qué podemos esperar? Por las declaraciones de varios dirigentes del PRD, de nuevo habrá espectáculo que, visto por millones de mexicanos, traerá descrédito a los actores. Peña será Presidente, como lo fue Calderón, será inútil. Pero hay más, la imagen de México ante el mundo será lacerada. Esa es la mala noticia, que todavía hay grupos que no se asumen como una oposición leal. Una y una.

Leído en http://www.noroeste.com.mx/opinion.php?id_seccion=104

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