martes, 30 de julio de 2013

Pablo Hiriart - La reforma energética, como el TLC

La postura y la propuesta del PRD en torno a la reforma energética están marcadas por el miedo a López Obrador.

Miedo a que Morena se quede con el liderazgo de los enojados por las deficiencias que sin duda tiene el sistema, y miedo a que el ex candidato presidencial se fortalezca como la figura emblemática de la oposición.

Su postura respecto a la reforma energética no toma en cuenta la necesidad de optimizar, en beneficio de los mexicanos, la riqueza que hay en el subsuelo.

La propuesta perredista se nutre del miedo a la manera en que esa reforma puede alterar el tablero político en la izquierda rumbo a las elecciones intermedias del 2015 y las presidenciales en 2018.




Tal vez tengan razón en que esos riesgos existen, pero se equivocan en el análisis.
Con la reforma energética va a pasar lo que ocurrió en 1993-94 con la discusión sobre el Tratado de Libre Comercio: los que se opusieron a él con argumentos de un falso nacionalismo, se fueron al tercer lugar de las preferencias ciudadanas en las elecciones presidenciales.

Se equivocó Cuauhtémoc Cárdenas y se equivocaron sus asesores que, años después, reconocieron su error.

Acción Nacional apoyó el TLC, y Diego Fernández de Cevallos, el paladín de los acuerdos para sacar adelante las reformas de aquel entonces, quedó en segundo lugar y un sexenio después el PAN entraba a Los Pinos.

Pero en el PRD le tienen demasiado miedo a López Obrador para encararlo como un exponente del conservadurismo decimonónico que quiere que nada cambie, a pesar de que el mundo gira todos los días.

En su habitual colaboración de los lunes en El Universal, Manuel Camacho Solís dice que la apertura de la industria del petróleo impulsada en Venezuela por el entonces presidente Rafael Caldera, trajo a ese país enormes cantidades de inversión, pero agudizó la disputa política que llevó a Chávez a la presidencia.

Lo que Camacho nos dice, en buen romance, que la apertura del sector energético es positiva, pero es un asunto muy delicado porque puede hacer presidente a López Obrador.

Ahí está la confesión de por qué el PRD presentó un chisguete de reforma petrolera (no energética), en lugar de tomar la voz cantante en la transformación de esa industria. Le tienen miedo a AMLO, eso es todo.

El PRD sabe que es necesario abrir la posibilidad de alianzas con el sector privado, nacional y extranjero, para sacarle más provecho a la riqueza en petróleo y gas, pero no lo dicen.

Creen que así van a contener a AMLO y evitar que les coma clientela electoral.
Se equivocan. La forma de contener a López Obrador no es haciéndole guiños y concesiones, sino exhibiéndolo como un político fuera de tiempo cuyas posturas son contrarias al interés nacional.

phl@razon.com.mx
Twitter:
 @PabloHiriart



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