viernes, 30 de agosto de 2013

Giovanni Papini - Repulimiento difícil

Giovanni Papini
1881 - 1956

Repulimiento difícil

Lamina 10 de Splendor Solis
Representa el morir para ser
Chicago, 17 septiembre

La repugnancia de las piaras humanas que se amontonan en las ciudades me sofoca, ciertas noches, hasta el punto de hacerme pensar si no habría un modo práctico y rápido de barrerlas radicalmente de la Tierra. Ciertas caras bestiales ante la comida, algunos cuerpos que parecen sacos de podredumbre, con una máscara de oprobio, me hacen desear la matanza total de nuestra especie como una misión de limpieza urgente, como un deber...

Tengo ya un plan preciso para el asesinato universal, y no me parece absurdo. Es sencillísimo, porque comprende únicamente dos medios: explosivos y gases venenosos.

Para las ciudades bastaría con cien minas bien colocadas, aprovechando los acueductos y las cloacas. Para los campos, he pensado en millares de fábricas de gas distribuidas estratégicamente para que no quedase un solo palmo de tierra limpio el día de la ejecución.





En el minuto fijado por mí, todas las minas de chedita y de lidita deberían estallar v todas las fábricas deberían abrir sus esclusas y chimeneas, todos los gasómetros y depósitos. Las ciudades, en pocos segundos, se convertirían en un montón de ruinas en medio de montañas de humo, y el aire de los campos quedaría en poco tiempo envenenado, irrespirable, homicida. Al cabo de dos horas, según mis cálculos, no existiría, en ninguna región del mundo, ningún hombre con vida. La limpieza sería integral y definitiva.

Hay, sin embargo, algunas dificultades. La primera de todas, el gasto. Un particular, aunque extraordinariamente rico, no podría disponer de los enormes capitales que serían necesarios, sobre todo para la construcción y aprovisionamiento de las innumerables fábricas de gas. Constituir una sociedad anónima sería, supongo, difícil, pues muy pocos entre los ricos experimentan mi asco hacia sus semejantes. Recurrir al Estado no es oportuno: se encontraría fácilmente un país dispuesto a financiar la ideada matanza, pero a condición de que fuesen exceptuados todos sus ciudadanos, y el verdadero objetivo no sería conseguido.

Pero el mayor obstáculo es, sin duda, la necesidad de recurrir a muchos, a demasiados cómplices: operarios, ingenieros, químicos... Sería casi imposible mantener el secreto durante el período bastante largo de la preparación. Y apenas divulgada la cosa, habría un solo muerto: el que lo había pensado y querido.

Después, es preciso pensar en el vil terror de los hombres y en su chocante y ridículo amor a la vida; los ejecutores, conociendo antes que nadie la bienhechora maquinaria, encontrarían el modo de sustraerse a la muerte, y quedarían sobre la Tierra algunos miles de esas odiosas criaturas.

Debo, con infinito sentimiento, renunciar a esta bienhechora idea, y quién sabe cuándo la Tierra podrá ser liberada de sus repugnantes parásitos. Siento el remordimiento de mi impotencia, de mi pobreza. Y me veo reducido a imaginar, como en un sueño, la estupenda y espantosa escena. Demasiado poca cosa para mi perenne repulsión.

Tomado de Gog





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