lunes, 23 de septiembre de 2013

Raymundo Riva Palacio - Nobleza obliga

O P I N I Ó N
R A Y M U N D O   R I V A   P A L A C I O
Estrictamente personal
Nobleza obliga 

Hace no mucho, el coronel Enrique Briceño Martínez, entrenado por los Rangers –la unidad de infantería de élite del Ejército de Estados Unidos- para operar el Black Hawk, uno de los helicópteros de combate, asalto y evacuación más versátiles y poderosos que existen, declaró al sitio estadomayor.mx que lo mejor que le había pasado en la vida era servir a su país y tratar de proteger a sus ciudadanos. Comandante de la escuadrilla UH-60 de la Policía Federal, el jueves recibió una de esas encomiendas. Junto con su tripulación de cuatro personas, trasladarían víveres a la comunidad de La Pintada, en Atoyac de Álvarez, donde decenas de personas murieron sepultadas y ahogadas en lodo por la violencia del ciclón "Manuel".




Briceño Martínez, un piloto dotado que varias veces lo pidió prestado el Pentágono para que los ayudara en la guerra en Irak –nunca accedió el gobierno mexicano-, encontró severas perturbaciones en la zona de La Pintada que estrellaron con tal fuerza el Black Hawk, que destrozó todo el equipo que podía permitir su rápida ubicación. La búsqueda a través de la posición georeferenciada de sus celulares –mediante esta técnica se encontró en 20 minutos el helicóptero siniestrado del ex Secretario de Gobernación, José Francisco Blake, en 2011-, no fructificó. "Los celulares deben estar destrozados", dijo un comandante de la Policía Federal el viernes, anticipando la tragedia.

El sábado se confirmó la muerte del coronel y toda la tripulación, que habían sobrevivido ataques de narcotraficantes en operaciones contra la delincuencia organizada. La muerte de los policías federales provocó enorme tristeza en las áreas de seguridad y los mexicanos en general. No es un tema comparable con la pérdida de más de 100 vidas por "Manuel" e "Ingrid", pero se resintió por ser bajas en las operaciones de rescate.

Miles de policías federales, soldados y marinos fueron desplegados la semana pasada en todo el País para ser quienes por aire y tierra alcanzaran las comunidades más remotas y empezaran las tareas de búsqueda de víctimas, construcción de albergues, provisión de víveres y medicinas.

Son cosas que no se ven, pese a pasar regularmente frente a nuestros ojos, como resultado de la pérdida del asombro. Quienes transitaron por las carreteras del País en estos días pudieron observar convoyes de camiones militares con soldados en sus cajas, sin techo que los protegiera, bajo las lluvias, con plantas generadoras de energía eléctrica, y maquinaria para trabajar en la parte más dramática de este desastre natural: abrir los senderos y las brechas, quitar el lodo, los escombros y empezar el rescate de quién sabe cuántas personas más, de cuya conclusión se hará el balance de la tragedia. Las fotografías en las zonas del más difícil acceso, tomadas por periodistas –como Jorge Villalpando de 24 HORAS y ejecentral.com- que caminaron más de ocho horas en la sierra para llegar a ellas, los muestra siempre en tareas que nadie más hace.

El último mes todos los cuerpos de seguridad federales han sido puestos a prueba. En el Distrito Federal, la policía capitalina se plantó en las calles durante semanas para recibir golpes de grupos extremistas que aprovecharon el contexto del conflicto magisterial en las calles para buscar la provocación y los muertos. Se ciñeron a la orden de no responder la agresión, a costa, como sucedió, de policías a punto del linchamiento por turbas, que sistemáticamente los enviaban a hospitales con golpes de distinta gravedad.

Los insultos para todos ellos fueron frecuentes. Los tildaron de "gorilas" y de "represores". Equipararon a las autoridades mexicanas con las dictaduras sudamericanas en los tiempos donde predominaba la Doctrina de Seguridad Nacional, pese a que no hubo miles de muertos y desaparecidos durante estas semanas de tensión y exasperación. Un mes de soportar la refriega, sin heridos más allá de golpes sin consecuencias para los manifestantes más violentos y los extremistas provocadores, resuelto sin actos que, parafraseando al Jefe de Gobierno del Distrito Federal, Miguel Ángel Mancera, en su Primer Informe de Gobierno, después hubiera arrepentimiento de la autoridad.

A la luz de los resultados que se han visto y el trabajo que continúan realizando las fuerzas federales, habría que agradecer lo que hacen la parte más vilipendiada del Estado Mexicano por el País sin esperar nada a cambio. El coronel Briceño Martínez lo decía en aquella entrevista en estadomayor.mx, cuando hablaba de su proclividad por el helicóptero. "Nunca hay un despegue igual a otro, ni un aterrizaje igual a otro", le dijo a la reportera Cynthia Arvide. "Voy a lugares donde nadie ha llegado. Lo más lindo que me ha pasado es haber servido a mi país, a mi patria... saber que puedo dar algo de mi corazón para tratar de proteger a la ciudadanía". Como tantos otros aún anónimos en las fuerzas de seguridad mexicanas, así es. A todos ellos, muchas gracias.

rrivapalacio@ejecentral.com
twitter: @rivapa

Leído en http://www.noroeste.com.mx/opinion.php?id_seccion=104

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Por favor, sean civilizados.