sábado, 9 de noviembre de 2013

Jaime Sánchez Susarrey - La hora del PAN

Para los panistas, de manera milagrosa, ha llegado, a menos de un año de haber entregado la Presidencia de la República, la oportunidad de la rectificación y la reivindicación
Los panistas hicieron bien en deslindarse de la "reforma fiscal". El incremento de los impuestos, en el contexto de una atonía económica (LEA dixit), y el endeudamiento para financiar gasto corriente, con el riesgo de regresar a los años setenta, bastaban, por sí solos, para rechazar la Ley de Ingresos.
Además, la reforma no simplifica ni amplía la base tributaria. Y queda en clara contraposición a lo que Peña Nieto ofreció en campaña y ratificó en su discurso de toma de posesión. ¿Por qué el gobierno de la República asumió el programa fiscal del PRD? Misterio, no hay respuesta.




Pero sea de ello lo que fuere, el PAN recibió, de manera inesperada, un verdadero regalo. Después del naufragio del 1o. de julio, que situó a los panistas en el tercer lugar, la travesía del desierto se anunciaba larga y asfixiante. Recuperar la credibilidad y la simpatía de amplios sectores de la población parecía una tarea que llevaría años y mucho esfuerzo.
Sin embargo, en cuestión de semanas, el PAN ha resurgido como el partido que encabeza el malestar de las clases medias, los empresarios, las zonas fronterizas e incluso las clases populares que deberán pagar más por un refresco o unos Doritos.
Y todo eso sin contar los efectos negativos que tendrá la "reforma hacendaria" en el crecimiento económico, amén de la posibilidad que el monto de lo recaudado, en lugar de aumentar, disminuya en 2014. Con el consecuente corolario: un bajo crecimiento en 2015 generaría mayor rechazo a "la reforma fiscal" y reforzaría el voto de condena contra el PRI y el PRD.
Es por eso, y porque la reforma energética tiene una importancia estratégica para lasexpectativas y la dinamización de la economía, que el PAN tiene ahora el sartén por el mango.
Después del fiasco fiscal y del mensaje contradictorio que se envió urbi et orbi, el gobierno de la República debe recobrar el rumbo y restaurar su imagen reformadora.
Pero para avanzar en ese sentido tiene que ir mucho más allá del proyecto de reforma energética que ya presentó, anclada en el Tata Cárdenas, y desplazarse hacia la iniciativa panista, que es más audaz, consistente y será, sin duda, más eficaz para detonar la inversión y el crecimiento.
De ahí que el peor error que podrían cometer los panistas sería recortar su iniciativa para obtener a cambio algunas modificaciones en materia político-electoral, como serían el Instituto Nacional Electoral, la reelección de diputados y senadores, y la figura de gobiernos de coalición.
Transitar por ese camino reeditaría, a la quinta potencia, los errores que cometieron durante el gobierno de Calderón. En 2007 aceptaron canjear valores y principios democráticos, que lastimaron al IFE y el derecho a la libertad de expresión, por una mal llamada reforma fiscal.
En 2008 repitieron el error de manera más burda. Aceptaron los candados (no a los contratos de riesgo y no a las modificaciones constitucionales) que el entonces senador Beltrones, al frente de los priistas, le impuso a la reforma de Pemex.
El final de la historia todos lo conocemos: el presidente Calderón festejó la reforma mocha como un gran paso adelante y felicitó a los legisladores por su patriotismo y altura de miras. Pero la reforma fue tan efectiva que... sirvió para nada.
A la luz de esa experiencia, los panistas dejaron, ya, pasar una oportunidad de oro: plantear un trueque energético-fiscal en lugar del electoral-energético. Porque podrían haber atado, perfectamente, la aprobación de la reforma energética a modificaciones de fondo en la reforma fiscal.
De haberlo hecho, se habrían consolidado como una oposición responsable, con un proyecto de largo plazo y habrían ganado mayor simpatía entre la población.
¿Por qué no lo hicieron? Sólo hay dos explicaciones plausibles. Por malicia, es decir, dejaron que el gobierno se despeñara, irritara a diferentes sectores y se viera obligado a pagar el costo de sus pifias. O por pichicatería, les pareció más importante obtener modificaciones político-electorales que impedir los desfiguros fiscales.
Pero, a pesar de haber dejado pasar esa oportunidad, es innegable que aún tienen el sartén por el mango. Porque si el gobierno avanza en la dirección correcta, el PAN podrá preciarse de haber presentado el esquema más moderno y efectivo de reforma. Así como de haber sido consistentes con el proyecto que el PRI les bloqueó en 2008.
El peor de los escenarios sería que el gobierno no se atreviera a dar los pasos necesarios y, para mitigar la ira de la izquierda unida, que ya anuncia marchas, bloqueos y cercos al Congreso, mantuviera su propuesta y apostara a integrar una reforma unificando las iniciativas del PRD, PAN y PRI.
Si así ocurriera, el presidente de la República y el PRI estarían cavando su propia tumba y el futuro sería ominoso. Porque al engendro fiscal que aprobaron priistas y perredistas se sumaría una "reforma" similar a la de 2008, cuyo único beneficio sería conjurar las protestas de la izquierda en la calle.
Ante semejante posibilidad, el PAN no tendría otra opción racional que deslindarse, levantarse de la mesa de las negociaciones y denunciar que el colapso de la economía y las finanzas públicas estarían a la vuelta de la esquina.
Repito. Para los panistas, de manera milagrosa, ha llegado, a menos de un año de haber entregado la Presidencia de la República, la oportunidad de la rectificación y la reivindicación. Rectificación de los yerros de 2007 y 2008. Reivindicación de su programa y vocación reformista.
Desperdiciar esa oportunidad en una mala negociación -por alcanzar migajas político-electorales- sería un error garrafal. A ver si el espíritu de Gómez Morin los ilumina.


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