sábado, 18 de enero de 2014

Lydia Cacho - ¡Cuidado! violación correctiva

O P I N I Ó N
L Y D I A    C A C H O
¡Cuidado! violación correctiva

La violación correc­tiva es considerada por la ONU como un crimen de odio y los primeros casos documenta­dos demostraron un patrón concluyente: los violadores son hombres que, apoyados por sus familiares y personas lesbofóbicas, reprueban el lesbianismo y consideran que las mujeres deben corregir su comportamiento "desviado". La violación se convierte en­tonces en un rito de someti­miento desde el poder mas­culino, pero también es una forma de castigo o reprimenda social hacia la mujer que ha declarado abiertamente su lesbianismo.

En Johannesburgo la estre­lla de futbol Eudy Simerlane fue levantada por un grupo de hombres jóvenes, posterior­mente violada tumultuaria­mente, razón por la que perdió la vida. Cada año miles de mu­jeres que viven congruente­mente su vida amorosa con otras mujeres, son violadas por hombres que se imponen el reto de transformarlas. Los agresores quieren conquis­tarlas contra su voluntad y creen poder convertirlas en heterosexuales a partir de te­ner sexo, aunque sea forzado, con un hombre; hay un reto machista detrás del crimen.




Una y otra vez leo la evi­dencia de la violación de Ya­kiri Rubí, quien insólitamente sigue en prisión por haberse defendido de un ataque sexual y una probable muerte a pu­ñaladas el 9 de diciembre de 2013. Fue arrestada por haber pedido ayuda a la policía, fue ella quien llamó a la autori­dad desde una heladería luego de huir del hotel en que fue agredida.

Lo que subyace detrás de este caso nos habla de aquello que durante años los medios mexicanos han acallado: los crímenes de odio contra mu­jeres lesbianas. El caso de Ya­kiri Rubí se ha convertido en un símbolo, porque ella es una joven brillante de 20 años, que en su barrio, Tepito, ha tra­bajado como activista y pro­motora cultural desde ado­lescente. Ella es parte de esa nueva generación de mujeres jóvenes que saben defender los Derechos Humanos con una perspectiva incluyente y profesional. Es en ese con­texto que Yakiri vivía en con­gruencia su vida amorosa con su pareja mujer, a quien iba a visitar cuando fue raptada y violada en el hotel Alcázar de la Ciudad de México.

Miguel Ángel Ramírez Anaya salió corriendo, san­grando, del hotel Alcázar. Justo frente al hotel hay una clínica a la que pudo entrar para salvar la vida, pero en cambio se fue hasta su hogar, donde perdió la vida desan­grado ¿de qué huía? Según testigos corrió luego de haber intentado violar y matar a su víctima. Después de él salió también Yakiri Rubí, con la ropa desgarrada, llorando y llena de su propia sangre a raíz de las puñaladas inflin­gidas por el propietario del cuchillo. En la heladería le prestaron el teléfono, llegó la policía y denunció que fue violada y atacada con un ar­ma blanca por Miguel Ángel, quien, dijo ella, al verla lle­na de sangre y verse herido él también salió huyendo a esconderse. Yakiri Rubí dijo entonces que el hermano de su atacante era su cómplice; que ambos la habían llevado amenazada con un cuchillo hasta el hotel.

Curiosamente el Procura­dor Rodolfo Ríos Garza salió con gran premura a anunciar a los medios que Yakiri no había sido violada, entonces sin periciales de por medio el abogado público decidió revelar datos inconclusos de una Averiguación Pre­via. ¿por qué el encono y la prisa del Procurador?. Al día siguiente el Subprocurador Garrido, ya en bajo perfil, admitió que Yakiri sí había sido violada, que el Procura­dor Ríos se había precipitado. Que no hay evidencia alguna de que ella hubiera entrado por su voluntad al hotel don­de ocurrió la agresión sexual y que las cartas que el Pro­curador dijo a los medios de­mostraban que Yakiri y Mi­guel se conocían, no habían sido revisadas aún y se des­conocía a su autor. Ahora lo sabemos, el remitente de las cartas ha declarado formal­mente: no era el agresor ¿por qué se atrevió el Procurador a desacreditar una violación y una defensa propia sin evi­dencia ni periciales?

Todos los estudios sobre violencia sexual demuestran que una buena parte de las violaciones son premedita­das y que en el ámbito de la criminología esa premedita­ción tiene todas las caracte­rísticas de un comportamien­to de depredador. Esto signi­fica que el violador perfila a su víctima de la misma ma­nera en que un felino divisa a su presa y espera el momento adecuado para atraparla. El 31 por ciento de las mujeres violadas reportaron haber sido acosadas previamente por el violador y en muchos casos lo conocían de vista. El 80 por ciento de las mu­jeres víctimas de violación habían visto al menos una vez a su agresor. En los casos de violación correctiva, las mujeres reportaron que sus agresores se habían acerca­do en su lugar de estudio o trabajo y habían preguntado si eran lesbianas.

Los estudios determinan que el típico violador preme­dita el ataque, usa múltiples estrategias para agredir a su víctima entre ellas está un acercamiento casual para protegerse y decir que la víc­tima era su conocida. Esto se da debido a que las socieda­des culpabilizan a las muje­res de incitar a los hombres a la violencia sexual, de tal forma que la estrategia tiene un componente que fortalece la falsa noción social que los exculpa.

Un estudio del FBI deter­mina que la gran mayoría de los violadores eligen a su víc­tima con mucho tiempo de an­telación, esperan por la opor­tunidad y atacan. La mayoría llevan armas blancas o ins­trumentos punzo cortantes con los que puedan amena­zarla si opone resistencia. La mayoría de los violadores de mujeres adultas encuentras protección de sus familiares, incluso hermanos y padres les justifican, ya que en el imagi­nario social la violación es un simple acto sexual con vio­lencia. Es decir, se minimiza la violencia ejercida, se ignora que el crimen oculta un acto de poder, de imposición, de penetración de la voluntad y búsqueda del sometimiento emocional y físico de la víc­tima.

¿Fue esta una violación correctiva? No se puede des­cartar. Tampoco debemos descartar que la Cámara de Diputados del Distrito Fede­ral exija al Procurador Ríos una explicación pública sobre su participación flagrante en la violación al Debido Proceso de Yakiri Rubí, así como los múltiples y persistentes fallos sistemáticos en los procedi­mientos de investigación que esa procuraduría hace con todos los casos de violencia sexual contra mujeres. Yaki­ri Rubí es ya un símbolo de las nuevas generaciones de ciudadanas comprometidas con su comunidad que son castigadas primero por un violador y después por el pro­pio sistema.

Leído en http://www.noroeste.com.mx/opinion.php?id_seccion=104

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