sábado, 28 de junio de 2014

Jaime Sánchez Susarrey - El día P

Mañana es el día P. El Piojo y la selección nacional pasarán la prueba de fuego. Holanda es uno de los favoritos para llevarse la Copa. La goliza que le propinó a España fue espectacular. Si bien, en el partido contra Australia dejó mucho que desear.

El Piojo, por su parte, llega al cuarto partido con muy buenos resultados. Sobre todo, si se recuerda que asumió el mando de un equipo -en fase terminal- que logró clasificar no de milagro, sino gracias a Estados Unidos, es decir, a san Aron Johannsson.

El Mundial, por lo demás, ha estado lleno de hechos inesperados. Hemos visto, literalmente, la rebelión de los pequeños y el colapso de los grandes. Costa Rica, Chile, Colombia y Uruguay han sido la sorpresa.









Pero en esa lista también se puede incluir a Ghana, que empató 2-2 con Alemania, y a Irán, que hizo sudar la gota gorda a Argentina.

La despedida de España, Inglaterra, Italia y Portugal es el otro lado de la medalla. Cuatro potencias europeas que no lograron pasar a octavos de final. El mayor beneficiario es, sin duda, Brasil que, en lugar de enfrentar a España, se medirá con Chile.

¿Cómo explicar este asombroso escenario? El clima, sin duda, ha jugado un papel muy importante. El calor y la humedad han sido un fardo para el futbol rápido y de profundidad que practican los europeos.

Pero esa variable es una explicación a medias porque supone una pregunta previa. ¿Por qué Costa Rica dio el campanazo, pero no Ecuador? ¿Por qué Ghana y no Costa de Marfil?

Más aún, el caso de Irán es particularmente interesante. Es un país que durante 10 años (1978-1988) no tuvo liga de futbol. Sin embargo, se le parapetó a Argentina, que sólo pudo meter un gol en el minuto 92, después que el árbitro le perdonó un penal, y que los iraníes estuvieron a punto de anotar en varias ocasiones.

Así que la pregunta sigue allí. Por qué esos países, y no otros, son los que han dado la sorpresa.

Szymanski, profesor en la Universidad de Michigan, y Kuper, columnista estrella del Financial Times, publicaron un libro, Soccernomics, en el que señalan tres variables claves para que un país sea exitoso en futbol: su ingreso per capita, el tamaño de su población y la experiencia de su selección nacional.

Pero ese determinismo econó- mico, que parece inspirado en el marxismo (fuerzas productivas y superestructura), no resiste una mínima confrontación con la realidad. Costa Rica: 51 mil Kms2, población: 4 millones 889 mil habitantes. Uruguay: 176 mil Kms2, población: 3 millones. Chile: 756 mil Kms2, población: 16 millones.

Y, en el extremo opuesto, México: 1 millón 964 mil Kms2, población 112 millones. Dicho de otro modo, si la explicación de Soccernomics fuera válida, México sería una potencia futbolística... pero no lo es.

La pregunta es, entonces, si México no es pero se está convirtiendo en una potencia y si el partido con Holanda será el primer paso en esa dirección. La respuesta plausible, de entrada, es que no.

No, porque las dos únicas ocasiones en que la escuadra tricolor ha pasado a cuartos de final fueron en los mundiales de 1970 y 1986, celebrados en México.

No, porque México ha sufrido una serie de altibajos: desde la suspensión por los cachirules, en 1988, hasta los tropiezos en el proceso de clasificación, bajo el mando de De la Torre, que casi nos dejaron fuera del Mundial.

A contrapelo, sin embargo, vale recordar que en 2012 México ganó la medalla de oro, en las olimpiadas celebradas en Londres, venciendo a Brasil 2-1. Y que, antes, la sub17 se coronó, en 2005, en Perú, y en 2011, aquí.

A favor de la selección meshica hay tres factores innegables: 1) la existencia de una nueva generación de futbolistas que se enfrenta sin complejos a sus adversarios; 2) la globalización, entendida como el número de jugadores que están en Europa y tienen otra mentalidad y experiencia; 3) finalmente, el fenómeno de El Piojo, que logró cohesionar a los seleccionados e insuflarle un nuevo espíritu al equipo.

¿Es suficiente para ganarle a Holanda? Imposible de asegurar, porque, además, el futbol es incierto y misterioso. Un partido se define por los goles, pero también cuentan el tiempo y oportunidad en que se anotan -para no mencionar los horrores arbitrales.

De hecho, las apuestas que se cruzan dan una ventaja a Holanda, pero no es arrolladora. De modo tal, que todo está por escribirse. La selección y El Piojo pueden hacer historia. Sería la primera vez que México pasara a cuartos de final desde 1986, es decir, hace 28 años.

Así que (con todo y pena): ¡Puuuu... arriba el Pioooojooo!


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