lunes, 2 de junio de 2014

Luis González de Alba - Nostalgia del 82

No es preocupante, es aterrador: cada vez se levantan más voces en la izquierda con nostalgia por los años en que la economía de México, bajo el PRI, creció a tasas de 6 por ciento y más. Época de oro que terminó en 1982 con el derrumbe del “nacionalismo revolucionario”, eufemismo para “gobierno autoritario”. La nueva izquierda es demasiado joven, pero quienes ya hicieran política estudiantil en los años 60 y 70 saben que nuestros grupúsculos veían un solo enemigo: el PRI y su estructura corporativa que lo hacía imbatible.

Corporativa porque sus cimientos eran corporaciones. El PRI los llamaba y los llama sectores: obrero, campesino y popular. Obrero con sus sindicatos verticales controlados por matones, campesino con sus equivalentes y matones propios, y popular con idénticos métodos de control que aseguraban al gobierno manifestaciones solo de apoyo, elecciones blindadas con acarreo de “votantes” previamente abastecidos de papeletas cruzadas a favor del PRI.









Al presidente Díaz Ordaz ya lo extrañan porque nada más revisan números, y solo números, y así vemos que México creció durante su sexenio. Sí. Pero debemos revisar los puntales que sostenían ese crecimiento: México cerrado al comercio exterior para defender a nuestros productores, su pésima calidad en el mercado interno y ridículo en el comercio exterior; ejército de hormigas en cada distrito electoral para que los representantes de casilla fueran del PRI, urnas previamente llenadas (no, no eran transparentes, que lo fueran costó vidas y sangre) de votos cruzados a favor del PRI; eso daba más votos que votantes en la lista de electores; dirigiendo toda la orquesta electoral no había IFE, no existía, para eso estaba el secretario de Gobernación, Manuel Bartlett en 1988, cuando el PRI mayoritario le ganó al PRI restaurador del pasado, del que venían Cuauhtémoc Cárdenas, Muñoz Ledo y similares. Hoy Bartlett está en la oposición de izquierda

El presidente Echeverría hizo todo lo que la izquierda hoy pide: elevó salarios (hasta 10 veces más), repartió “latifundios” de riego en Sonora, elevó el gasto público a cuenta de deuda, llenó las arcas de las universidades, y, milagro, sin más impuestos (“Después de mí, el Diluvio”, o luego a’i pagan). Dejó la Presidencia a su cuate, el primer López, que contrató más deuda. Acabó estatizando todos los bancos. No nacionalizó nada, pues eran propiedad de mexicanos, estatizó, los entregó al gobierno. En la izquierda aclamamos eso porque iba contra los burgueses banqueros, también aplaudimos su imposible control de cambios. Hoy los bancos son de extranjeros. Luego lloró al pedir perdón a los pobres porque, resulta, que no se habían acabado ni eran ricos con el petróleo, como hoy lo son los noruegos.

Resultado: el peso se convirtió en milésimas. No es exageración retórica: la unidad mínima, la moneda de menor valor en 1988, era la de mil pesos. Todo costaba millones. Pudo sostener un ritmo de gasto faraónico porque descubrió yacimientos de petróleo (que ya se agotaron). Esa orgía maravillosa terminó en el año axial: 1982. Llegó De la Madrid y pagó los platos rotos. Un gris economista que sabe lo que cualquier cabeza de familia: no puedo cargar a mi tarjeta más de lo que gano o me embargan.

Con el fin de “restaurar el régimen de la Revolución” (o sea el control estatal, el cierre de fronteras, el sindicalismo “revolucionario”, los campesinos “zapatistas”), Cárdenas pidió la candidatura a la Presidencia (por el PRI). De la Madrid, padre de la Reforma, le negó la candidatura a su Loyola y nombró a Salinas de Gortari. Olvidamos que éste concluyó su sexenio con el porcentaje de aprobación popular más alto en medio siglo. Y lo hizo con reformas económicas que continuó Zedillo tres años. Luego la “izquierda” en el Congreso las detuvo. En 12 años de PAN, el PRI metió zancadilla a la economía. Ahora plantean lo que torpedearon a Fox y a Calderón. Esa reacción conservadora produjo estos años de crecimiento casi nulo.

Novela: Olga: Una bellísima jovencita hace todo por destruir su vida, y casi lo consigue. Cuentos: El vino de los bravos (y unos tequilas), Planeta.

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Leído en http://www.milenio.com/firmas/luis_gonzalez_de_alba_lacalle/Nostalgia_18_310348967.HTML

 


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