lunes, 4 de agosto de 2014

Eduardo Ruiz Healy - El sistema educativo y la reforma energética

He dedicado muchas de mis columnas al tema del sistema educativo fallido de nuestro país. He insistido en este espacio y otros que mientras los niños y jóvenes no reciban una educación de alta calidad las diversas reformas que ha promovido el presidente Enrique Peña Nieto no llegarán a concretarse totalmente.

Y no soy el único que así piensa. Hace unos días Luis Urrieta, profesor asociado de Estudios Culturales de la Educación en la Universidad de Texas en Austin, publicó en el diario Houston Chronicle un artículo titulado “¿Están las escuelas mexicanas listas para satisfacer las necesidades de mano de obra calificada que tiene el sector industrial? Aún no”.

Entre lo más destacado del artículo, transcribo lo siguiente:
“La reforma energética de México está generando mucho entusiasmo alrededor del desarrollo económico, incluyendo un incremento en la necesidad de mano de obra altamente calificada en ingeniería petrolera, química, geología, física y geofísica.







“Se esperan 2.5 millones de nuevos empleos para 2025, de acuerdo al Manhattan Institute for Policy Research. ¿Pero está el sistema educativo de México listo para satisfacer las exigencias laborales de un mercado energético internacional competitivo? ¿Reducirán la inmigración a Estados Unidos estos nuevos empleos en el sector energético? La respuesta es no.


“Hay más de 3,000 instituciones de educación superior oficialmente registradas en México, de las cuales el 60% son privadas. Si bien México tiene universidades públicas y privadas de reconocido prestigio internacional, tales como la UNAM, el IPN y el TEC de Monterrey, existe una gran disparidad y diferenciación entre los subsistemas de educación superior.

“No hay ningún organismo único de control de calidad ni una sola entidad nacional de educación superior y la calidad de los diferentes subsistemas de educación superior puede variar drásticamente. Tampoco hay un sistema de acreditación global nacional o marco nacional de cualificaciones.

“Toda esta falta de acreditación y consistencia regulada y obligatoria hace que el sistema de educación superior mexicano sea complejo y complicado. La manera de enseñar inglés es inconsistente y no está evaluada y también representa un problema para el sistema educativo en México, ya que casi toda la industria energética globalizada maneja sus negocios en inglés.

“La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) señala que el 27.2% de quienes tienen entre 20 y 24 años de edad y el 29.5 de quienes tienen entre 25 y 29 están desempleados y no estudian ni están siendo capacitados. Esto significa que el segmento de la población que idealmente podría satisfacer la demanda de mano de obra altamente calificada está subeducada o subcapacitada.

El número de estudiantes de ingeniería e ingenieros graduados no es alto si se compara con Estados Unidos. Pero existe una desbalance entre capacitación y oportunidad. La mayoría de los ingenieros mexicanos terminan trabajando como técnicos en empresas extranjeras, no porque estén mal calificados para una mejor posición sino porque esas son las actuales necesidades de la industria.

¿Quiénes serán los principales beneficiarios de estas oportunidades emergentes, tanto en México como en Estados Unidos? Claro está que algunas de estas oportunidades llegarán a los estratos económicos más bajos, hasta a trabajadores de la construcción en áreas de crecimiento relacionado al desarrollo energético. Pero es improbable, por lo menos en el corto plazo, que el sistema educativo mexicano pueda satisfacer la demanda de mano de obra altamente calificada; tampoco es probable que la reforma energética detenga a los migrantes pobres y rurales –aquellos sin acceso a una educación de alta calidad- que intenten vivir el sueño americano”.


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Por favor, sean civilizados.