lunes, 4 de agosto de 2014

Jesús Silva-Herzog Márquez - Foco fundido

La popularidad del alcalde de la ciudad de México es una de las más bajas que se hayan registrado en la breve historia de la democracia capitalina. La encuesta más reciente del diario Reforma lo registra claramente: una mayoría firme repudia su gestión. No es que esté librando batallas riesgosas y enfrente enemigos de peso. No hay tampoco una campaña de poderosos en su contra que pudiera mencionarse para explicar la caída de su popularidad. El jefe de gobierno es impopular porque, en una gestión tan complicada como la del Distrito Federal, ha sido incapaz de imprimir un sello de identidad a su mando. Sus dos antecesores, cada uno a su modo, pudo definir, en estilo y decisión, un mensaje claro para la ciudad y para la izquierda. Se trataba de dos versiones de un ambicioso proyecto reformista. Era clara la diferencia entre la política capitalina y la política federal. Frente a Fox y Calderón, los alcaldes del Distrito Federal destacaban por contraste. La ciudad de México se convirtió así, naturalmente, en faro de la izquierda nacional: un foco que alumbraba un proyecto amplio y atractivo. Un hierro magnético que ayudaba a clarificar las disyuntivas de la nación.
 
 
 
 
 
 
 

Nadie puede decir hoy que la gestión de Miguel Ángel Mancera sea modelo para la izquierda del país. No contrasta con el gobierno de Peña Nieto porque la gestión capitalina es incolora. No pinta el gobierno capitalino. Carece de personalidad, de un discurso medianamente coherente, de un sentido mínimo de dirección. Gobernando la ciudad que atrae la atención del país, no tiene nada que decirle a México. Ese imán de interés pudo proyectar a los alcaldes del Distrito Federal al resto del país porque algo tenían que decir sobre las prioridades de la política pública, sobre el sentido de la comunicación política, sobre la reforma de lo público. En el escenario político más cordial de los últimos lustros, el alcalde la ciudad de México no ha acertado a decirle nada a los capitalinos y mucho menos a quienes viven lejos de la Ciudad de México.  No existe en su gobierno la pasión justiciera de López Obrador ni la convicción de modernidad incluyente de Marcelo Ebrard. El gobierno de Mancera: una burocracia sin misión. No hemos visto, siquiera, lo que se esperaba de este policía con suerte: una ciudad segura. El antiguo procurador no ha logrado, como alcalde, preservar la relativa tranquilidad de la ciudad de México.

Quizá lo que habría que preguntarse es la razón por la que ubicamos a Miguel Ángel Mancera ahí: en el espacio de la izquierda. No entiendo por qué se acepta que Mancera sea considerado como  un representante de la izquierda mexicana. Nada en su formación, en su trayectoria, en su discurso ubicaría en esa cuadrante a un hombre que, hasta la fecha, se resiste a militar en un partido político. Ninguna de sus decisiones como cabeza de la administración capitalina podría ser archivada en el inventario de la izquierda. Se le ubica ahí por comodidad, por aceptar un atajo común: el político absorbe el programa del partido que lo postula electoralmente. Identidad ideológica por ósmosis. En realidad, un partido que en la ciudad es hegemónico inventó que el penalista podría pasar como político. Con la convicción con la que los priistas repiten las frases hechas del más viejo discurso oficial, Mancera repite los lugares comunes del progresismo. Es eso lo que me parece significativo y preocupante: el despiste radical de una administración que fue guía para la izquierda mexicana. La visible vacuidad no le estorbó al candidato Mancera en campaña pero lo arruina como gobernante y, sobre todo, lo anula como esperable faro de la izquierda nacional. Desde luego, no me interesa la ortodoxia ideológico, ni la pureza de una militancia. Lo que único que advierto es el efecto nacional de una vacante.

La política de ciudad ha sido en muchas regiones de nuestro continente, una pista de renovación para la izquierda. Ha sido en ciudades medianas y grandes donde se ha podido traducir la persuasión igualitaria en medidas concretas y visibles que han cambiado la experiencia de vida de millones de personas. En América Latina, la alcaldía se convirtió en la cuna una izquierda distinta: eficaz, imaginativa, sensible, exitosa. Entre las desgracias de una izquierda dividida, debe destacarse ese foco fundido en la Ciudad de México.


http://www.reforma.com/blogs/silvaherzog/
Twitter: @jshm00




Leído en http://www.am.com.mx/opinion/leon/foco-fundido-10893.HTML



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