lunes, 4 de agosto de 2014

Lydia Cacho - Los niños malditos

O P I N I Ó N
L Y D I A   C A C H O
Plan B
Los niños malditos

La policía detuvo a 97 adolescentes con revólveres y metra­lletas, arrestó a 848 niños vendiendo drogas; "El niño era malo desde antes", dijo una madre al Ministerio Público. Miles de familias no saben qué hacer con sus ni­ños que aman las armas, con sus hijas unidas a bandas cri­minales, con los fans de "La Tuta". En Michoacán miles de adolescentes forman parte de las redes de distribución de drogas y armas; pero el co­misionado Castillo guarda silencio sobre un fenómeno que pronto saldrá a la luz: los niños malditos.

Fernando Savater dice que los buenos no son tan buenos como nos los quie­ren pintar, en ocasiones ha­cen daño a otros aunque sea con las mejores intenciones. Los verdaderos malos, dice el autor, son así porque quie­ren: podrían ser buenos pero prefieren fastidiar la prójimo, aniquilarlo.







Los malditos abundan mucho; son los que quisie­ran ser buenos pero acaban haciendo daño porque los demás no les ayudan, les re­chazan o no les entienden. El experto en ética dice en su libro Malos y malditos (Al­faguara) que los malditos son buenos con mala suerte. ¿Es eso cierto con los niños y jóvenes que reproducen la violencia que recibieron?

En el caso del hospicio La Gran Familia se repro­dujeron todos los males del País al convertirse en una micro ciudad autogoberna­da. Convivían niños, niñas y adolescentes con adiccio­nes; una vez que vivían allí "los curaban" con castigos crueles. Cohabitaban hijos e hijas de padres violentos; abandonados por pobreza, por no saber educarles, por no amarles (la reproduc­ción no elegida es un debate al que rehúye la población mexicana).

Habían niños abusados sexualmente que por falta de terapia violaron a otros, reproduciendo el intermi­nable ciclo de la violencia se­xual pedófila que se da en los hogares. Huérfanos, niñas rebeldes, supuestos sicarios, niños dedicados al narcome­nudeo cuyas madres no pu­dieron "controlar".

De ese infierno nadie quie­re hablar. A la sociedad mexi­cana le acomoda bien el es­cándalo reduccionista, y una parte de la prensa le nutre del alpiste de las noticias parcia­les. Investigaremos hasta el hartazgo a los agresores, a la líder que causó tanto mal, a las autoridades omisas. Pero en esas investigaciones quedará intocado el fondo del asunto: la verdadera radiografía mo­ral de esa infancia.

Un refugio con atención multidisciplinaria en el que pueden vivir como máximo 60 personas y por no más de tres años (según el modelo de la ONU), tiene un costo de operación de 12 millones de pesos anuales. Estos recur­sos se utilizan en el pago de sicoterapeutas, trabajadoras sociales, abogadas, enferme­ras, educadores, servicios médicos, nutrióloga, cho­fer, seguridad, asesoras de orientación vocacional, ex­pertos en reinserción social, alimentos y gasto operativo.

Quien crea que dar ser­vicios especializados a personas vulneradas por la violencia en sus diferentes vertientes (incluidas las adicciones) es un asunto de caridad barata, se equivoca. La única manera efectiva de llevar a cabo una transfor­mación integral, incluso de niñas, niños y jóvenes priva­dos de su libertad o en con­flicto con la ley, es a través de proyectos de comunidad terapéutica, con una pers­pectiva de desarrollo social no caritativa.

La Fundación Mexica­na de Reintegración Social (Reintegra A.C.) publicó en 2012 un estudio/modelo pa­ra crear comunidades tera­péuticas reeducativas para adolescentes privados de su libertad. Este modelo puede ser utilizado en otros con­textos como en casas hoga­res y hospicios en que llegan niños y jóvenes trastocados por la violencia.

Retratar a estos adoles­centes como dulces criaturi­tas inocentes no les ayuda en nada; su vida es ya compleja. Se debe intervenir recono­ciendo su humanidad y sus derechos, con procesos de intervención educativa de competencias sicosociales, para desarticular los patro­nes que la violencia y el mal­trato han dejado en ellos. No nos engañemos: sacarlos de un edificio no significa libe­rarles de horror.

@lydiacachosi


Leído en http://www.noroeste.com.mx/opinion.php?id_seccion=104


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