martes, 17 de enero de 2012

Los 18 activistas asesinados en 2011: Primera parte


Aunque para la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) son 14 los activistas civiles asesinados durante el gobierno del presidente Felipe Calderón, tal como informó el pasado 22 de diciembre de 2011, tan sólo el año pasado fueron denunciados al menos 18 homicidios de dirigentes e integrantes de movimientos sociales en todo el país.
Ellos y ellas son, estos son sus rostros, éstas sus luchas.
Susana Chávez

Susana Chávez.
“Ni una muerta más”, era su grito de lucha, tal como el de otras miles de mujeres y hombres que, desde 1993, vienen denunciando los feminicidios en Ciudad Juárez y en todo el país. Pero esta frase le pertenece a ella un poco más que al resto, pues fue acuñada en su mente, generadora incansable de poesía.
Tenía 36 años, los acababa de cumplir hace un par de meses, y desde los 20 solía estar presente en todas las marchas, mítines y encuentros culturales organizados en la ciudad fronteriza para exigir justicia para las mujeres asesinadas y desaparecidas, así como libertad para amar a quien sea, así sea del mismo sexo, tal como ella quiere amar.
El 12 de enero de 2o11, sin embargo, Susana se convirtió en la primera activista asesinada en el año. “La noche llegó en tu corazón –reza uno de sus poemas–, tus ojos se cerraron en la llegada del mundo.”
Tres jóvenes la estrangularon en un baño, luego de bailar y reír junto con ella. Le cortaron una mano y arrastraron su cuerpo fuera del domicilio al que poco antes había llegado, tras conocerla en una cervecería.
Horas después, los homicidas fueron capturados, mientras el cuerpo de la joven permanecía sobre la terracería, con la ropa arremolinada en su dorso y vientre.
Malú, Elías y Luisa

Malú, Elías y Luisa.
El 7 de febrero de 2011, los hermanos Malú y Elías Reyes Salazar, así como la esposa de éste, Luisa Ornelas, fueron secuestrados por un grupo de hombres armados en Ciudad Juárez. Dos semanas después, sus cadáveres fueron localizados en descampado.
Con ellos, suman ya seis integrantes de la familia Reyes Salazar asesinados desde 2008 (cuatro hermanos, una cónyuge y un sobrino), a raíz de la lucha que algunos de ellos emprendieron, desde la década de los 80, en defensa de colonos de Guadalupe y Valle de Juárez, luego como fundadores del PRD en la región, y por último como defensores de los derechos humanos ante el incremento de la actividad delictiva y la cada vez mayor presencia de fuerzas militares en Ciudad Juárez.
El primero fue Julio César, hijo de Josefina, (la más destacada de todos los activistas de la familia), y dos meses después, en enero de 2009, Josefina también fue asesinada. Un año después, en agosto de 2010, fue abatido Rubén, exregidor de Guadalupe.
Luego vino el secuestro de Malú, Elías y Luisa, lo que generó movilizaciones en el estado, así como la instalación de un plantón de los Reyes Salazar en la Ciudad de México, no sólo para exigir justicia, también protección para el resto de la familia.
Fue al cabo de 18 días que sus cadáveres aparecieron junto a una carretera, tras haber sido extraídos de una fosa clandestina y conducidos hasta un punto donde fueran visibles.
“Cuando se llevaron a mis hermanos –narra Olga Reyes Salazar, la única integrante de la familia que se mantiene en la defensa de los derechos humanos–, los militares no miraron nada… luego los matan y los entierran, y los militares no miraron nada… después vienen las protestas, los asesinos los desentierran, y los militares no miraron nada… y luego los dejan tirados en la carretera, para que la gente los mire, pero los militares tampoco miraron nada… ¿De dónde salió esa gente armada que se llevó a mis hermanos?”
Hasta la fecha no ha sido esclarecido ninguno de los seis asesinatos y más de 30 integrantes de la familia Reyes Salazar han abandonado México ante las amenazas anónimas que siguen recibiendo.
Asimismo, al menos tres domicilios de la familia han sido saqueados, rociados con gasolina e incendiados.
Javier Torres Cruz

Javier Torres.
En 2007, y luego de varios años de defensa de los recursos naturales en Guerrero, Javier hizo lo que ninguna autoridad estatal o federal se había atrevido: Señaló al cacique Rogaciano Alba como el autor intelectual del homicidio de Digna Ochoa, la defensora de derechos humanos que -según las autoridades capitalinas- en 2001 se suicidó, pegándose un balazo en la cabeza y otro en la pierna.
Junto con ella, Javier había luchado contra el despojo de tierras ejidales en la Sierra de Guerrero, donde, según sus propias denuncias, el ganadero Rogaciano Alba (tres veces regidor de Petatlán) obligaba a los campesinos a sembrar enervantes, con la protección de militares.
Un año después de vincular a Alba con la muerte de Digna, en diciembre de 2008, Javier fue secuestrado por desconocidos, que lo torturaron por varios días antes de ponerlo en libertad, y por el cual la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) solicitó al estado de Guerrero medidas de protección, que no fueron acatadas sino hasta agosto de 2009.
Los atentados, sin embargo, no cesaron, sólo se modificó la estrategia: Los narcotraficantes de la zona obligaron a Adela, esposa de Javier, a intentar matarlo, bajo la amenaza de asesinar a sus familiares.
Cuando un médico descubrió que los repentinos síntomas que presentaba Javier sólo podían deberse a envenenamiento, Adela confesó ante la comunidad el hecho y huyó, llevándose consigo a sus hijos.
Javier extrañaba a los niños, narró su hermano Alejandro, y fue con la oferta de permitirle verlos que lo tentaron para salir de su comunidad, La Morena, durante la tarde del 18 de abril de 2011.
Ese día, Javier fue acribillado.
Bárbara Lezama

Bárbara Lezama
El 4 de diciembre de 2011, Addy, Jacqueline, Henry y decenas de amigos más se congregaron en Facebook para desearle un feliz cumpleaños a Bárbara, aunque su edad fuera un secreto y aunque los buenos deseos debieran ir “de la Tierra al cielo”.
Bárbara murió el 30 de abril anterior, asesinada en su departamento de Tehuacán, Puebla. Primero intentaron asfixiarla con el cordel de una plancha y, al no lograrlo, golpearon su cabeza con un ladrillo, hasta que dejó de respirar.
Bárbara era transexual, sexoservidora e integrante del Frente Diverso Sexual de Tehuacán. Y “era altiva, sonriente, desafiante, transgresora”, recuerda Ayline, su amiga de la infancia.
“Ella era alta y simpática –dice Ayline–, y era bonita, muy bonita, tanto que resultaba imposible que pasara inadvertida cuando caminaba por la calle”.
Cuatro días después de su asesinato, Víctor Carrancá Bouget, procurador de Justicia de Puebla, aventuró que éste “no es un crimen de odio” y, técnicamente, tiene razón, ya que en esta entidad de la República Mexicana la discriminación  no está tipificada como delito ni como agravante en el Código de Defensa Social (código penal estatal).
Hasta la fecha, el homicida de Bárbara no ha sido identificado. Desde 2005, al menos 11 transexuales han sido asesinados en Puebla, la mayoría por estrangulamiento, traumatismo craneal o disparos en la cabeza.
Quetzalcóatl Leija Herrera

Quetzalcóatl Leija.
A los 18 años, Quetza se fue de casa, donde madre y padre censuraban su homosexualidad a tal grado que, en un momento de crisis, pensó incluso en ordenarse sacerdote.
Luego se fue de Guerrero a Europa en busca de la tranquilidad espiritual que el catolicismo no le brindaba, y exploró otros credos. Después volvió a México, resuelto a defender su derecho a ser libre.
Fue así como fundó el Centro de Estudios y Proyectos para el Desarrollo Humano Integral, desde el cual emprendió una activa lucha contra los crímenes de odio en el estado.
De 2007 a 2010 documentó más de un centenar de homicidios por homofobia y en 2008 promovió el establecimiento de las sociedades de convivencia en Guerrero, aunque, como destacó la prensa local, panistas y perredistas se unieron en un solo coro que bloqueó cualquier debate al respecto en el Congreso local.
Su meta era que el respeto a la diversidad se desarrollara en un estado en el que la violencia contra integrantes de la comunidad lésbico-gay-transexual-transgénero-intersexual viene en aumento.
David, amigo de Quetza, recuerda las “abominaciones” cometidas en el estado contra los homosexuales, tal como se las narró el dirigente gay: “A unos los apuñalan, les dan 10 ó 20 puñaladas en la cara, en los huevos… a otros los desfiguran, los lapidan… ha habido casos en que se encuentran objetos en el culo: botellas, dildos, chacos… hace unos años, un profesor murió luego de que su agresor lo violó con el palo de una escoba.”
Durante la madrugada del 4 de mayo de 2011, Quetzalcóatl fue asesinado a pedradas a unos metros del Palacio Municipal de Chilpancingo. De sus atacantes, hasta la fecha nada se sabe.
Isabel y Reyna Ayala

Isabel.
A los 16 años, Isabel veía pasar por su pueblo, Santa Rosa de Lima, al flaco maestro que dirigía la Brigada Campesina de Ajusticiamiento del Partido de los Pobres, Lucio Cabañas y, bajo el seudónimo de “Carmen”, la niña partió con la columna guerrillera.
A pesar que era 20 años mayor, Isabel y Lucio entablaron una relación amorosa y, al año siguiente, se embarazaron, por lo que “Carmen” fue conducida fuera de la zona de combates, en la Sierra de Guerrero. Era el 16 de marzo de 1974 y nunca más Isabel y Lucio volverían a verse.
Cinco meses después, Isabel, su hija recién nacida Micaela, y la madre de Lucio, Rafaela Barrientos, fueron detenidas y torturadas en el Campo Militar Número 1 y, cinco semanas más tarde, Lucio cayó al intentar romper el cerco militar tendido alrededor suyo.
Sólo tres años después, Isabel recobró la libertad, aunque permaneció bajo vigilancia el resto de su vida.
El 3 de julio de 2011, Isabel salió de un templo evangélico en Xalatianguis, Guerrero, acompañada de su hermana Reyna, cuando fueron baleadas por sujetos que, antes de huir, robaron sus teléfonos celulares, mismos que emplearon para amenazar de muerte a Micaela, ahora de 35 años.
“Mi mamá era emblemática –dijo ella en agosto pasado, tras permanecer oculta durante el mes posterior al asesinato–, mi mamá no era cualquier persona. Y si se atrevieron a hacerle esto a la esposa de Lucio Cabañas, ¿qué no podrán hacerle a cualquier otro luchador social… a cualquier otro que levante la voz?”
Hasta la fecha, los homicidios de Isabel y Reyna siguen impunes.

lunes, 16 de enero de 2012

Cartón de hoy por Andrés González: Noroña, el león cobarde.

Ciro - Saldrán a golpear a Josefina como si fuera una enemiga



La forma tan sencilla en que el PAN eligió a Isabel Miranda de Wallace como candidata al Gobierno del DF, así como la mínima notabilidad que parece estar teniendo la precampaña de los candidatos del partido a la Presidencia de la República, confirman lo que en este y otros espacios se dijo con rotundidad desde septiembre: no reconocer que Josefina Vázquez Mota es la pieza lógica para dar la batalla a Peña Nieto y el PRD podría convertirse en un error de graves consecuencias electorales.
Se fueron octubre, noviembre, diciembre y la primera mitad de enero, y Ernesto Cordero, Santiago Creel y la burocracia del PAN siguen haciendo como que no ven, no oyen, no creen. Increíble. Literalmente.
Una a una, las encuestas entre los mexicanos de corazón azul registran que la ventaja de Josefina se ha mantenido estable entre 25 y 50 puntos. Pero Cordero, Creel y la burocracia insisten que otra cosa es lo que militantes y adherentes expresarán en la votación interna.
No recuerdo un caso así de necedad, ceguera electoral. En vez de arropar a su puntera, el partido se aferró a un calendario que, por ejemplo, permitiría que en el debate de mañana Cordero y Creel la tundan como si fuera una plaga, o Peña Nieto, o López Obrador.
De cualquier manera, creo que Josefina obtendrá 50 por ciento de los votos el domingo 5 de febrero (o, en su defecto, superará por más de cinco puntos a los dos contendientes) y será proclamada candidata. Sólo que el PAN habrá malgastado 120 días en que pudo fortalecer a la que, a todas luces, iba a ser su carta para no irse de Los Pinos.
O al menos para no irse con la cola entre las patas.

Marín - Ni a Villalobos... ¡ni a Ciro!



Ciro Gómez Leyva planteó el lunes pasado la interrogante de si Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador habrían leído en Nexos el ensayo de Joaquín Villalobos acerca de los Nuevos mitos de la guerra contra el narco.
El martes, Héctor Aguilar Camín resumió el contenido:
Que la violencia es inevitable y tomará mucho tiempo controlarla, que no hay solución rápida posible ni un único “culpable”; que sólo disminuirá con el fortalecimiento y cambio profundo de las instituciones de seguridad y justicia, y que se requiere un cambio en las mentes ciudadanas respecto del valor de la ley y el orden en una sociedad democrática.
El de Villalobos es un alegato contra “diez soluciones equívocas, impracticables o simplemente falsas para combatir al crimen organizado”. A saber:
1. Que primero debió prepararse la fuerza (equivale a decir “no debimos actuar”). 2. Se debe priorizar la prevención (es precisamente lo que fallaba porque no existía ni existe aún). 3. Se debe usar más la inteligencia policial (que no se tenía y había que crearla). 4. Hay que negociar o acordar una tregua (no hay con quién). 5. Hay que utilizar las tácticas disuasivas que utiliza EU (que tiene las fuerzas policiacas y de seguridad que México no). 6. Se debe perseguir sólo a los cárteles violentos (los menos violentos y más estratégicos son los más desafiantes y acaban imponiéndose). 7. Es un error fragmentar los cárteles (éstos se fragmentan con sus despiadadas guerras internas). 8. Hay que legalizar las drogas (quizá se pueda dentro de diez años pero, ¿y entre tanto qué?). 9. Hay que priorizar el combate a otros delitos, no al narcotráfico (es otra forma de negociar y convivir con el crimen). 10. En todas partes hay policías corruptas y grupos armados (pero no en todas partes hay un Chapo ni las bandas tienen la intensidad homicida de México).
Ciro resaltó que Villalobos “desmenuza la pobreza analítica y el populismo pacifista”; éste “retrata la cultura nacional de la aversión al conflicto para arribar a los 10 argumentos de moda, que presuponen que el regreso del Ejército a los cuarteles mejoraría las cosas como por arte de magia”.
Por ello, instaba a los candidatos a “definir el papel de las fuerzas federales en la lucha contra el crimen organizado”.
Andrés Manuel, sin embargo, sigue soñando que con pagar menos a los funcionarios y con fantasiosos programas de empleo se puede abatir la narcoviolencia.
Y Peña Nieto habló ayer en Monterrey de “hacer del combate frontal a la criminalidad un compromiso que de manera pronta y eficaz dé resultados a los mexicanos”.
Sí, Chucha: tan fácil como que nueve mujeres embarazadas dieran a luz al mes de haber concebido (Von Braun dixit).
Contra quienes afirman que Felipe Calderón “inventó” el combate de las fuerzas federales dizque para “legitimarse”, desde hace más de tres años (lo reveló MILENIO el 28 de noviembre de 2008), el alto mando de la Secretaría de la Defensa Nacional advirtió que el narcotráfico y su desmedida capacidad de violencia “pone en riesgo la viabilidad del país…”.
No más, no menos.

Alemán - Las mentiras de la señora Wallace



Isabel Miranda de Wallace fue —hasta antes de su imposición como candidata al GDF por el PAN— una de las más respetadas lideresas sociales en los últimos años.

Víctima del secuestro y asesinato de su hijo Hugo, la señora Miranda se dio a la tarea de buscar y llevar a prisión a casi todos los responsables del crimen, al tiempo que contribuyó a empujar reformas para contener y castigar con mayor severidad ese flagelo.

Lo curioso del caso es que, mientras crecía su liderazgo entre la sociedad civil, desde las alturas del poder se promovió la imagen de la señora Wallace —desde hace años— en todos los foros, de casi todos los temas, dentro y fuera del país, hasta que en días pasados se cerró el círculo. Y sí, por instrucciones presidenciales fue impuesta como candidata del PAN al Gobierno del DF.

¿Qué significa que una líder social, como la señora Wallace, sea arrebatada del espacio ciudadano y que un partido como el PAN intente llevarla al otro extremo, el de la militancia y el ejercicio del poder?

Significa, en primer lugar, que el PAN fracasó en la construcción de cuadros, en la capital del país, capaces de competir en propuestas, imagen, popularidad y arraigo entre los electores, con los políticos de la izquierda que gobierna. Por eso, ante ese fracaso, el PAN salió a comprar un liderazgo, al nutrido mercado de líderes sociales mexicanos. Se juntaron, en realidad, la demanda y la oferta. El fracaso del PAN y, claro, la ambición desmedida de la señora Wallace. Pero en el camino dejaron un cochinero. ¿Por qué?

Porque a pesar de las ingenuas declaraciones de la señora Wallace —dice que su candidatura marca la hora de los ciudadanos—, todos saben que es candidata por el palomeo de Los Pinos. Porque la imposición de la señora Wallace es una grosera expresión del dedazo al más puro estilo del PRI —aplicado en el PAN—, lo que confirma que doña Isabel ya es parte del mismo sistema político que cuestionó por años y,en cuyas fallas y deficiencias, secuestraron y mataron a su hijo.

Porque es de risa que, mientras la señora Wallace pregona que su candidatura es para impedir “el carro completo del PRI”, ella es ungida por una de las más groseras prácticas de la antidemocracia priista. Más curioso resulta que Santiago Creel y Josefina Vázquez Mota rechazan que Calderón imponga a Cordero, pero aplauden el dedazo de Wallace.

Alejandro Páez - La señora Wallace no ha traicionado a nadie, como dicen



Empiezo con una frase. No es de hace un año; ni siquiera de hace seis meses. Es del 26 de agosto de 2011, un día después de la tragedia del Casino Royale en Monterrey, Nuevo León.
Quien habla es Isabel Miranda de Wallace, entonces presidenta de la asociación “Alto al Secuestro”:
“Debemos cambiar la política y ver qué hacemos para en realidad proteger a la ciudadanía; si es necesario un toque de queda para tener mayor control. Yo no sé por qué nos da miedo poder hacerlo, si ya los narcotraficantes imponen toque de queda. Hay que buscar un Estado de excepción en los estados más violentos para poder tener control. Es lo más honesto”.
Quiero decir, en este artículo, que Isabel Miranda de Wallace no ha traicionado a nadie. Y para sostener mi argumentación, quiero compartirles una segunda frase de poco antes, de apenas el 10 de junio de 2011. La señora estaba de gira con el presidente Felipe Caderón:
“Siempre he admirado al Presidente de la República. Aunque a veces me critiquen y me digan que lo defiendo, pero creo en esta lucha que él ha emprendido. Creo en sus valores, señor Presidente. Creo que ha luchado contra viento y marea en tiempos difíciles, políticos. Y qué pena que algo tan noble como esto también se lleve a la política”.
Una tercera frase. Ahora es de Genaro García Luna, secretario de Seguridad Pública federal. No ha cumplido aún dos meses de haberse pronunciado; es del 9 de diciembre de 2011:
“México tiene algo muy valioso que es su sociedad… a un país lo transforma su comunidad, y que prueba de ello es lo realizado por Isabel Miranda de Wallace”
¿Por qué, entonces, hay quienes se asombran, pregunto ahora, de que ella sea candidata del PAN al gobierno del Distrito Federal? ¿Por qué hay quienes dicen que ella, Isabel Miranda de Wallace, “traicionó” causas sociales?
Veámoslo con calma.
Ella no era ni es activista por los derechos humanos. Su perfil y sus prioridades expresas dicen todo lo contrario: Ella ha luchado valientemente por la seguridad pública, aún cuando esto signifique ceder en los derechos humanos; aún cuando signifique suspender garantías individuales: su llamado a declarar un toque de queda en México así lo demuestra.
No creo que Isabel Miranda de Wallace haya traicionado a nadie al aceptar la candidatura del PAN a la jefatura de Gobierno del Distrito Federal. En los hechos, ella fue más allá que cualquier panista común y corriente. Era y es una ciudadana del ala más radical de este país: el ala que se identifica con –y en su caso representa al– presidente Felipe Calderón Hinojosa y sus políticas. Aplaudida por Genaro García Luna y por el mismo mandatario, ha apoyado y apoya la estrategia de Calderón, que ha arrojado, según la cifra oficial, unos 50 mil muertos. ¿Cuál traición? Yo sólo veo congruencia.
No creo que haya traicionado “las luchas sociales”. Yo no veo esas supuestas luchas sociales que ella supuestamente ha representado. Fue una mujer valiente que buscó justicia por su propia mano ante la ineficiencia de las autoridades. Y eso se le aplaude. Pero esas no son causas sociales. Isabel Miranda de Wallace se hizo famosa porque representa la lucha de una madre por la justicia. Pero al doblar la esquina, cuando su caso avanzó –gracias a su propio esfuerzo– y logró dar con los criminales, de inmediato se sentó a la mesa del poder. ¿Cuál traición, si lleva todo este sexenio encabezando, junto con Felipe Calderón, actos de gobierno vinculados a la estrategia de guerra? Sólo veo congruencia. Ella había tomado partido hace mucho tiempo.
Congruente con su trayectoria, la señora ha decidido unir formalmente su destino al de esta administración. Ni siquiera el destino de los panistas: el de este gobierno que encabeza Felipe Calderón.
Diría que como política se ha equivocado terriblemente porque andar cerca de Calderón no es garantía de nada desde hace mucho tiempo: Perdió el compadre del presidente en Coahuila, Guillermo Anaya; perdió su hermana Luisa María Calderón, la famosa “Cocoa”,  en Michoacán; perdieron sus dos amigos cercanísimos cuando fueron presidentes del PAN: Germán Martínez y César Nava están prácticamente desaparecidos. Ernesto Cordero, dicen las encuestas, va por el mismo rumbo.
Diría que como política ya perdió: Los calderonistas van de salida, y no porque yo quiera o ustedes quieran; es porque así es: como los foxistas, los zedillistas, los delamadridistas, los lopezportillistas, los echeverristas (con excepción de los salinistas, que esos van representados en Enrique Peña Nieto). Así es la política en México. ¿Por qué unir su destino a Felipe Calderón cuando le quedan unos meses de presidencia? Allí, puedo decir, ya perdió.
Diría, eso sí, que perdió su capital político como líder social. Aunque se veía venir, es ahora cuando podemos decir, con todas las letras, que ella abandonó a la sociedad civil por la política. Y como luchadora de su causa, había ganado simpatizantes de otras causas, y a la sociedad misma. Pero también debe decirse: desde hace mucho tiempo, la mayoría de los activistas o líderes de la sociedad civil serios se le habían distanciado.
Sin embargo, ¿saben qué?, valdría preguntarse si ella quería ser “sociedad civil”.
Hace mucho que no lo era. Y es muy respetable lo que ella decida. Relea las frases.
Ahora sí, discúlpenme, pero yo no veo traición en la señora Isabel Miranda de Wallace. ¿Cuál traición? Es lo que fue durante todo el sexenio: parte del sistema.
Más en http://www.sinembargo.mx/opinion/16-01-2012/4344

Salvador Camarena - Tarahumara, nuevo happening mediático



Hace ocho días, la reportera Marcela Turati informó en Proceso sobre la hambruna que azota en la Sierra Tarahumara. Periodista especializada en pobreza y violencia, Turati no sólo es de Chihuahua sino que ha realizado diversas investigaciones sobre lo que padece el pueblo rarámuri.

Desde hace una semana denunció el gravísimo problema de desnutrición —que ha cobrado la vida de niños y adultos—, el uso político de los programas gubernamentales de “ayuda” y registró que se habla de que “ha habido suicidios de padres de familia que salen de su casa a buscar alimentos y por la desesperación de no encontrarlos se tiran al vacío”, según le declaró Martín Solís, de El Barzón. El trabajo de Marcela es impecable. Pero tuvo que surgir un video donde se llega al extremo de mencionar “50 suicidios” de rarámuris, supuestamente por la desesperación ante la incapacidad para alimentar a sus hijos, para que este domingo ciudadanos se movilizaran en un intento por socorrer a ese pueblo. La buena noticia es que algo de ayuda llegará, la mala es que aún no sabemos cómo lidiar con lo que surge de las redes sociales.

Las alertas no son bienvenidas a cualquier costo. Es bien sabido que pueden ser contraproducentes y hasta peligrosas. Más de una tragedia ha ocurrido cuando ha habido una falsa alarma de emergencia. Sigamos en Chihuahua. “Esto de los tuiteros ya me tiene hasta la madre”, dice una periodista de Ciudad Juárez con la que hablé ayer horas antes de que el gobierno de Chihuahua desmintiera que había una “oleada” de suicidios por hambre en la Tarahumara. A esa colega le tocó padecer uno de los más recientes happenings mediáticos creados por las redes sociales. El 27 de diciembre se esparció un rumor sobre un presunto ataque a población civil en la comunidad El Mimbre, en el Valle de Juárez. Este periodista se desplazó hasta el lugar sólo para comprobar que la “alerta”, que incluso fue recogida por medios periodísticos capitalinos, carecía de sustento. “Anduve como loca, buscando durante horas la supuesta masacre. No había nada. Lo peor es que en las redes sociales no te creen, y se atreven a decir que ocultamos esa ‘matanza’ para ayudar al gobierno”.

Ojalá en los medios de comunicación hubiera más directivos que enviaran a más periodistas al lugar de los hechos y menos editores cachando lo que sale en las redes sociales. La tragedia de los rarámuri es, sin duda ni matiz, tan grave como la imagen que a uno se le forma en la cabeza al pensar en alguien que se arroja al vacío por desesperación ante el hambre. Pero información incompleta o fuera de contexto puede provocar un arranque de ayuda por culpa que no necesariamente contribuye a encontrar soluciones serias como las que se proponen, por cierto, en el trabajo de Marcela de hace una semana y al cual pocos habían prestado atención.

Marcela Turati - La Tarahumara: hambruna al estilo Somalia



La sequía que azota el norte del país causa graves daños por desnutrición y enfermedad a los rarámuris que habitan la Sierra Tarahumara, donde se padece una crisis alimentaria sin precedente. Los gobiernos federal y estatal no han sido capaces de responder adecuadamente ante esta emergencia humanitaria que podría agravarse aún más este año. En 2011, adicionalmente, la falta de lluvias afectó a las cosechas de mariguana y amapola, sostén de muchos pueblos serranos.



BOCOYNA, CHIH.- Cuando la sacaron de las barrancas de Urique y la ingresaron de urgencia en la clínica para rarámuris, Margarita estaba despellejada debido a la desnutrición extrema.
Los médicos batallaron para encontrar dónde colocarle la aguja que pasaría el suero. No sobrevivió. Tenía
tres años.
“Hace mucho que no se nos moría un niño por desnutrición. Este año el número de los que ingresan es similar a otros. La diferencia es que llegan más graves y se quedan hospitalizados más días. Comenzaron
a llegar desde octubre, cosa que no ocurría porque esa es la época de las cosechas.
Pero este año no hubo. Tampoco teníamos adultos con desnutrición grave y ahora hemos tenido 19, sin sumar a los que vienen con tuberculosis asociada a la desnutrición”, explica el jesuita Guadalupe Gasca, director de la clínica Santa Teresita de Creel, donde murió Margarita.

En el recorrido por ese hospital, dedicado a salvar vidas de los indígenas, se observan fotos pegadas en las paredes que datan de su fundación, en los setenta. Muestran niños rarámuris con panzas infladas y las costillas marcadas en la piel. Detrás del vidrio es posible ver esas mismas imágenes en vivo: niños y niñas en
sus cuneros que fueron internados este invierno con los mismos síntomas que sus ancestros: estómagos inflados, huesos marcados en la piel, despellejamiento, palidez, diarreas asesinas, hinchazón general,
inapetencia, llanto de desesperación.

En la sala A, o de terapia, está Adelina, de seis años, que ingresó un día después de Navidad con la piel quebrada. Tres días antes llegó una niña prematura con malformaciones, desnutrida desde que estaba en el útero. Una semana antes entró Luis Carlos, casi sin peso, con diarrea y neumonía, a punto del paro cardiaco.
En la sala B, para niños que salieron de la emergencia, está María Lucía, ahora de un año. Ingresó en septiembre, cuando pesaba tres kilos, dos menos de lo normal.

Fernando llegó hinchado, con 10 engañosos kilos. Cuando se desinflaron los edemas que lo cubrían mostró su peso real: estaba casi en huesos y ahora ya le comienza a salir piel nueva.
Rogelio, de año y medio, ingresó con piernas y brazos encogidos, como si tuviera que protegerse de algo. Lloraba sin cesar y un médico creyó que tenía daño cerebral y poco tiempo de vida; sin embargo, ya se levanta de su cuna y sonríe.



“Esta es Malena. Antes no se podía ni sentar por debilidad. Ahora camina, se ríe. Parece sencillo pero es un logro que quieran comer o que sonrían, pues eso indica que poco a poco han ido agarrando fuerzas.
Porque cuando llegan no piden nada, están acostumbrados a no comer; les tienes que dar poco a poco para no descompensarlos, porque su organismo ya se adaptó, y conforme se van recuperando comienzan a pedir y pedir”, dice la doctora Alejandra González al recorrer el pabellón, mientras acaricia a la niña que se ve sana aunque en noviembre presentaba desnutrición mixta: delgada de la cintura hacia arriba, gorda de la cadera a los pies, diarrea y neumonía.

Cuando estos infantes vuelven a pasar alimentos y recuerdan el sabor de la comida se alborotan desde los cuneros del puro escuchar el ruido que hacen las ruedas del carrito en el que les llevan la leche. Unos se
ponen de pie, los más pequeños arquean la espalda, todos hacen fiesta a su manera.

Los que ya caminan son transferidos al área de nutrición, donde se les ve comer con ansia. Los primeros días roban comida a los otros compañeros hasta que se dan cuenta que alcanza para todos. Sólo a Jacinto –un travieso de siete años– parece que no se le quita el hambre y durante la comida esconde tortillas.

“Cuando vamos a dar de alta a un niño le comenzamos a bajar la cantidad de pollo y de leche, le quitamos la carne, le damos frijol, pastita, tortilla y papa, para que se vaya readecuando a lo que comía antes. Los das de alta cuando juegan, sonríen, tienen la piel y el pelo bonitos y sabemos que pueden resistir el ambiente
que los espera, porque aquí aprendieron a pedir su comida y ya podrán defenderse.
Aunque hay niños que nos dicen que no quieren irse a casa, sienten que no van a tener qué comer”, explica la religiosa que dirige la clínica, Juana Aguilar. Ella está consciente de que 2012 será difícil: la desnutrición se asoma incluso en las comunidades con programas alimentarios de la Fundación Llaguno, donde lleva
el control de talla y peso infantil. Y, como dice, este fenómeno se está agudizando porque la comida comienza a acabarse.
No únicamente en el hospital del Creel se advierten los efectos del hambre. En noviembre pasado, en el Hospital Infantil de Chihuahua murió por desnutrición un niño de tres años llamado Diego. Además, seis
actas de defunción de adultos del municipio de Carichic, expedidas en 2011, refieren la desnutrición como causa de muerte.
Internado en un cuarto con otros adultos se encuentra Candelario, un anciano que calcula tener 80 años, pero las enfermeras saben que apenas tiene 60. Cuando se le pregunta cómo dejó su parcela dice:
“Nada levantó ahora, ta’ seco”.

Fragmento del reportaje de la Revista Proceso 1836

Aguilar - Los muertos de Calderón


Para abreviar, la prensa habla de “los 50 mil muertos de la guerra de Calderón”. La facilidad periodística de la formulación tiende a igualar el hecho con otras siniestras numeralias: los miles de muertos de las guerras de Videla, Pinochet o Milosevic.
Igualar esas muertes es una barbaridad, pero es lo que tiende a suceder, voluntaria o involuntariamente, con la fórmula “los muertos de la guerra de Calderón”.
Se acaba atribuyendo al gobierno una responsabilidad implícita, pero directa, en esas muertes. Como si el gobierno hubiera matado a miles en su guerra, igual que hicieron Videla, Pinochet o Milosevic.
El hecho es que la abrumadora mayoría de las muertes violentas registradas en estos años no son fruto de la acción represiva del gobierno, sino de la espiral homicida de las bandas criminales.
La cifra completa de homicidios vinculados al crimen organizado corresponde precisamente a ejecuciones hechas por esas bandas, no por el gobierno. Según la PGR, entre enero y septiembre de 2011 esos homicidios fueron 12 mil 903.
Sumados a los registrados de 2007 a 2010, dan la cifra que los medios redondean en “los 50 mil muertos de la guerra de Calderón”. (La cifra oficial es 47,515).
La fórmula debería ser, en rigor, “los 47,515 homicidios realizados por las bandas criminales durante el sexenio de Calderón”.
Es exacta, pero demasiado larga, tiene punch, y parece gobiernista, es decir, blanda, condescendiente y oficiosa, cosas que ninguna prensa, y ninguna mirada crítica digna de ese nombre, puede permitirse, aunque renuncie al matiz y, con él, al rigor.
La verdad periodística es una selección escandalosa de la verdad real: una antología de los rasgos extremos o sobresalientes de los hechos. No miente: selecciona con estridencia. Le sube el volumen a la realidad.
Es lo que hace la fórmula “los cincuenta mil muertos de la guerra de Calderón”. Simplifica y condensa, pero también acusa, pues termina atribuyendo la responsabilidad de los muertos al gobierno, no a los homicidas.
Se trata de una fórmula inexacta e injusta, acaba vendiendo la idea de que durante estos años vivimos en México algo parecido a la dictadura argentina o a la dictadura chilena o a limpieza étnica de Milosevic.
Es una barbaridad.

Arpegio - Fotos para reflexionar





domingo, 15 de enero de 2012

Jorge Volpi - La jaula de la lealtad



En la abúlica disputa que mantienen los precandidatos del PAN a la Presidencia -apenas removida por las toscas gracejadas de Ernesto Cordero-, sólo existe una cuestión clara y urgente, aunque ninguno de los contendientes se atreva a esbozarla: al día de hoy, resulta inimaginable que un partido que dejará como legado más de 50 mil muertes (60 mil, según la cuenta del semanario Zeta) derivadas de su política de combate al narcotráfico pueda repetir su triunfo sin un drástico cambio de timón.

Esta certeza, menospreciada por unos y silenciada por otros, se filtra en el discurso panista como un mancha grotesca, una monstruosa elipsis que contamina todos sus argumentos y propuestas, convirtiendo la precampaña en una farsa donde lo único que importa no sólo no puede decirse, sino ni siquiera pensarse. Este dilema, por ahora irresoluble, es la consecuencia extrema de una forma de entender el poder -un "estilo personal de gobernar", escribía Cosío Villegas en otro tiempo- asociado a la presencia cada vez más incómoda (aunque, otra vez, ningún panista quiera expresarlo) de Felipe Calderón.

Si el gobierno de Vicente Fox se caracterizó por el carácter variopinto y con frecuencia inmanejable de sus atrabiliarios integrantes -Jorge Castañeda, Adolfo Aguilar Zinser o el propio Santiago Creel-, desde el principio quedó claro que Calderón privilegiaría la lealtad por encima de cualquier otra virtud. Acosado por los gritos de fraude entonados por la izquierda y luego puesto contra las cuerdas por su propia decisión de declarar una "guerra contra el narco" (que ya no llama así), el segundo Presidente panista ha hecho lo imposible por vacunarse contra una posible traición de sus subordinados.

Si se revisan con cautela, todos los movimientos en su gabinete han estado sellados por esta maníaca obsesión por la lealtad. Como un Otelo de la política, esta inseguridad extrema ha terminado por paralizar las mejores acciones de su gobierno y por encadenar a sus colaboradores en un temor reverencial hacia su figura. En su entorno, la autocrítica se ha vuelto cada vez más escasa y la posibilidad de dar marcha atrás, una vez constatados sus fiascos, poco menos que imposible.

Los panistas se hallan, así, frente a una disyuntiva catastrófica: muchos de ellos perciben que la única forma de ganar las elecciones es reconociendo los yerros en la obcecada estrategia de su Presidente, pero saben que ese mismo Presidente todavía es un enemigo formidable para cualquiera que tenga el valor de cuestionarlo, ya no digamos de traicionarlo.

La elevación y la pervivencia de Ernesto Cordero como precandidato no obedece a otra razón. Si el círculo presidencial lo ha amparado y protegido, y continúa inyectándole recursos pese a las mínimas posibilidades que tendría frente a Peña Nieto y López Obrador, es porque sólo él garantiza una lealtad a toda prueba a Calderón. No sólo porque sea su amigo cercano, sino porque todo el capital político de Cordero descansa en el Presidente. En este sentido, más que un precandidato, Cordero se comporta como un rehén de la Presidencia.

Si bien se trata de una figura fascinante -los mejores personajes de novela son quienes abundan en contradicciones-, Santiago Creel no representa en la contienda sino una suerte de reivindicación de quien hace seis años ocupaba la posición que hoy detenta Cordero: la de heredero in pectore del Presidente en turno. De precandidato oficialista a precandidato independiente, Creel sabe que tiene poco que perder y por ello es quien aporta más ideas frescas y más talante crítico a la disputa panista.

Llegamos así a la figura más inquietante de la precampaña: Josefina Vázquez Mota. Cualquier panista lúcido sabe que, debido a las redes tejidas durante sus 12 años en el primer círculo de poder, su astucia política y su condición femenina -inevitable decirlo-, es la única que podría hacerle mella a Peña y a López Obrador. Sólo que, para el círculo calderonista, tiene un inconveniente insalvable: también es la única que podría, legítimamente, distanciarse de su antiguo jefe. Por ahora, ella ha preferido mostrarse prudente -acaso en exceso-, pero nada impide que, una vez convertida en candidata, termine por renovar la ominosa tradición que hasta hace poco cumplían los candidatos del PRI: asesinar (a veces no sólo simbólicamente) a su predecesor.

De hecho, aunque ni ella ni nadie en el PAN tenga el valor de susurrarlo, ésta es la única manera como Vázquez Mota podría arrebatarle la ventaja de más de 20 puntos a su rival del PRI. En el momento en que no sólo exhiba su enemistad con Elba Esther Gordillo y todo lo que representa la líder sindical -la única panista que puede jactarse de enfrentarla-, sino que se decida a reconocer el fracaso total de la estrategia de Calderón frente al narco, estará mucho más cerca de convertirse en la primera presidenta de México.



Leído en http://www.reforma.com/editoriales/nacional/642/1282055/default.shtm