viernes, 11 de mayo de 2012

Hay memoria, candidato. Por Pablo Hiriart Le Bert. Recomendado por Andrés González.



Pablo Hiriart Le Bert

Pablo Hiriart Le Bert

Columna: Pablo Hiriart






Acusa de corrupto a quien se le ponga enfrente. Tal vez López Obrador piensa que no hay memoria. O que no existen las hemerotecas.
El funcionario que López Obrador puso al frente de la secretaría de Finanzas de la ciudad, Gustavo Ponce, no está preso por jugar en Las Vegas, sino por haber realizado traspasos millonarios, en dólares, hacia cuentas en Estados Unidos.
Si Ponce fue a la cárcel no es por acción del gobierno de AMLO. Todo lo contrario, López Obrador le brindó cobertura para escapar y quien lo detuvo fue la PGR.
La noche en que el secretario de Finanzas apareció en TV jugando millonadas en un salón VIP del hotel Bellagio en Las Vegas, López Obrador dijo a López Dóriga que, en su “derecho de réplica”, Ponce daría una explicación al día siguiente.
En esas horas valiosas el secretario de Finanzas de AMLO pudo ir a su oficina a sacar papeles comprometedores, dejar en blanco el disco duro de su computadora y darse a la fuga.
La Contraloría de López Obrador tomó los casos de Ponce y Bejarano y resolvió no aplicar sanción alguna.
¿Ese es el que dice que va a combatir a fondo la corrupción cuando sea Presidente? ¿Es el que dice que con los ahorros en corrupción va a financiar la expansión de Pemex?
Sí, es el mismo.
El mismo que tenía como secretario de Finanzas a alguien que tres veces al mes se iba a jugar dinero a Las Vegas.
El mismo que cuando entraba al estacionamiento del GDF podía ver el Porsche de su secretario de Finanzas.
El mismo que tenía, en la oficina de junto, a un secretario particular que recibía bolsas con miles de dólares y millones de pesos para fines que aún hoy se desconocen.
Fue López Obrador el que entregó a dos constructoras privadas 38 hectáreas de Santa Fe a cambio de la obra de los puentes de Los Poetas.
La obra costó a esas empresas 850 millones de pesos. Las 38 hectáreas que les dio AMLO las dividieron en 600 lotes de a dos millones de pesos cada uno, con lo que obtuvieron un ingreso mínimo de mil 200 millones de pesos. Después vendrían desarrollos urbanos y esos negociazos que dice que si llega a Presidente va a combatir.
Olvida (olvidamos) las cuotas de los 13 mil taxis pirata del grupo Panteras que pagaban al Frente Popular Francisco Villa, organización que es parte del “movimiento” de AMLO.
Más las cuotas que organizaciones lideradas por el grupo de René Bejarano cobraban a 100 mil ambulantes en nueve delegaciones controladas por ellas.
Tres mil pesos a la semana debía pagar cada narcomenudista de la Zona Rosa a la policía para operar, como lo probó el periodista Carlos Jiménez en uno de sus espléndidos reportajes.
¿Adónde iba a ese dinero? ¿Nada de eso sabía el Jefe de Gobierno? ¿Nunca se enteró de ello el que como Presidente va a “barrer la corrupción”? Y en gastos de promoción de su imagen personal… mañana lo veremos.
phl@razon.com.mx
Twitter: @phiriart



Leído en:


Aguilar Camín - La fuenteovejuna de López Obrador


Está muy bien instalada la red de insultantes que sirve a Andrés Manuel López Obrador. Apenas les molesta algo, empiezan a aparecer tuiteros anónimos, inventados, camuflados, repetidos y vueltos a inventar, para crear la impresión de que hay una oleada de opinión en contra del sacrilegio en turno.
Hay espontáneos genuinos, pero son parte de la misma marea, creada por otros. Rápidamente, la oleada se vuelve nota en medios periodísticos afines a la causa de esta extraña república lopezobradorista que dice amar, pero está llena de odiadores.
Una vez publicados los insultos, la cargada adquiere objetividad para los espontáneos. Y se vuelve pura utilidad para los maliciosos, quienes repiten lo publicado como un registro independiente, como si no fueran ellos sus fuentes.
Muchos habitantes de este submundo de la opinión pública radical son incondicionales de López Obrador, tuiteros de consigna que no pueden decir su nombre, a los que todo se les va en seudónimos idiotas y autorretratos cursis. Fuenteovejunos anónimos.
No me dirijo a ellos en este texto, sino a su referencia y guía, López Obrador, candidato absoluto de la república del odio tuitero, donde tantos están dispuestos a insultar y calumniar en su nombre.
Razones personales de antiguo cariño y amistades recíprocas me han hecho mantener hacia López Obrador una actitud especialmente cuidadosa, precisamente para no cruzar los límites del respeto personal y la contención civilizada que sus seguidores cruzan cada día, atacando, infamando, calumniando, derogando a todos a los que se imaginan, con un ojo estrábico y el otro ciego, enemigos de su causa.
He aprendido de los abogados que cuando un perro muerde a alguien, no hay que demandar al perro, sino al dueño del perro. Y como creo que López Obrador es el mayoral político de esta jauría, me dirijo a él en este texto, evitando rodeos y hablando de lo que pienso sin tapujos, como él diría.
Le digo, con todo respeto, como él diría también:
Diga usted, ciudadano López Obrador, a sus enjundiosos partidarios que dejen de ladrar, porque acaban logrando solo que otros ladren como ellos, y terminen ladrándole a usted. Añado lo que sabemos usted y yo del mismo sitio: no solo no hay enemigo pequeño, ciudadano, tampoco hay amigo pequeño, por distante o adversario que parezca.

Marín - La vulnerable "prueba del papelito"


Con acerado temple y argumentos incontrastables, Héctor Aguilar Camín desmanteló ayer, en el noticiario de MVS que conduce Carmen Aristegui, un supuesto “reportaje”, ilustrativo del periodismo carroñero, tramposamente cacareado como periodismo de investigación pero basado en lo que el escritor (periodista, novelista, historiador) demostró que es un simple “papelito” anónimo y sin elemento alguno de confiabilidad.
El asunto pudo haber quedado en los anaqueles de la insidia (atestados de vulnerables “expedientes periodísticos”), pero el domingo, en el debate de los presidenciables, Andrés Manuel López Obrador cometió el error de esgrimirlo como “prueba” de supuestas compras de espacios en televisión.
Tomó en serio un texto en que se implicó al programa Zona Abierta, que condujo Héctor Aguilar Camín en Televisa, en una operación de negocios dizque sucios.
Vale la pena leer en estas páginas la cátedra de periodismo que el ofensor, por cierto, tuvo que agradecerle al doctor.

Ciro - Tercer Grado, hora y media con Josefina.

El protagonista de “El Embaucador”, novela de Peter Carey, clasifica a los seres humanos en dos grupos: los que saben mentir y los que no. Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador son dos grandes embaucadores electorales. Josefina Vázquez Mota, no. Y eso en una campaña en México es funesto.

Con esa impresión me marché en la madrugada al concluir la entrevista colectiva con la candidata del PAN en Tercer Grado, preguntándome también hasta qué punto el azar, las circunstancias de marzo a la fecha, han sido endiabladas con esta mujer.

Creo que se preparó para el programa y que en la hora y media no patinó ni dijo insensateces. Su discurso es más lógico que hace unas semanas y, a pesar de la medianoche y el cansancio que se le notaba desde el saludo, manejó bien las emociones y los cambios de temas, tonos, ritmos.

Sin embargo, parece que la elección ya está fatalmente determinada para ella. Un candidato del PAN me habló para hacer su síntesis de Tercer Grado: hay algo muy frustrante, no asume su papel ni se convence a sí misma que puede y debe ser; no trae carácter, discurso ni conexión.

No lo sé, pero pocas veces he sufrido tanto una entrevista como esta con Josefina. Me recordó una con Cuauhtémoc Cárdenas , candidato presidencial en mayo del 2000, donde le subrayé su paupérrimo 17 por ciento en las encuestas de entonces. Y para colmo, el miércoles me tocó abrir la ronda con una pregunta sobre… 
encuestas.

Quería abrazarla al acabar. Decirle que la admiro y la aprecio, que su triunfo en la interna del PAN fue titánico, que la vida no termina el 1 de julio.

Que al final de cada historia comienza otra que puede ser mucho mejor.


Leído en http://www.vanguardia.com.mx/tercergradohoraymediaconjosefina-1284605-columna.html

José Luis González - Una caja de plomo que no se podía abrir.

José Luis González
(1926-1997)
Una caja de plomo que no se podía abrir.
 A Emilio Díaz Valcárcel 

 Esto sucedió hace dos años, cuando llegaron los restos de Moncho Ramírez, que murió en Corea. Bueno, eso de “los restos de Moncho Ramírez” es un decir, porque la verdad es que nadie llegó a saber nunca lo que había dentro de aquella caja de plomo que no se podía abrir. De plomo, sí, señor, y que no se podía abrir; y eso fue lo que puso como loca a doña Milla, la mamá de Moncho, porque lo que ella quería era ver a su hijo antes de que lo enterraran y... se pasó vale que yo empiece a contar esto desde el principio.

Seis meses después que se llevaron a Moncho Ramírez a Corea, doña Milla recibió una carta del gobierno que decía que Moncho estaba en la lista de los desaparecidos en combate. La carta se la dio doña Milla a un vecino para que se la leyera porque venía de los Estados Unidos y estaba en inglés. Cuando doña Milla se enteró de lo que decía la carta, se encerró en sus dos piezas y se pasó tres días llorando. No les abrió la puerta ni a las vecinas que fueron a llevarle guarapillos. En el ranchón se habló muchísimo de la desaparición de Moncho Ramírez. Al principio algunos opinamos que Moncho seguramente se había perdido en algún monte y ya aparecería el día menos pensado. Otros dijeron que a lo mejor los coreanos o los chinos lo habían hecho prisionero y después de la guerra lo devolverían. Por las noches, después de comer, los hombres no reuníamos en el patio del ranchón y nos poníamos a discutir esas dos posibilidades, y así vinimos a llamarnos “los perdidos” y “los prisioneros”, según lo que pensábamos que le había suceido a Moncho Ramírez. Ahora que ya todo eso es un recuerdo, yo me pregunto cuántos de nosotros pensábamos, sin decirlo, que Moncho no estaba perdido en ningún monto ni era prisionero de los coreanos o los chinos, sino que estaba muerto.

Yo pensaba eso muchas veces, pero nunca lo decía, y ahora me parece que todos les pasaba igual, porque no está bien eso de ponerse a dar por muerto a nadie —y menos a un buen amigo como era Moncho Ramírez, que había nacido en el ranchón— antes de saberlo uno con seguridad. Y además, ¿cómo íbamos a discutir por las noches en el patio del ranchón si no había dos opiniones diferentes? Dos meses después de la primera carta, llegó otra. Esta segunda carta, que le leyó a doña Milla el mismo vecino porque estaba en ingés igual que la primera, decía que Moncho Ramírez había aparecido. O, mejor dicho, lo que quedaba de Moncho Ramírez. Nosotros nos enteramos de eso por los gritos que empezó a dar doña Milla tan pronto supo lo que decía la carta. Aquella tarde todo el ranchón se vació en las dos piezas de doña Milla. Yo no sé cómo cabíamos allí, pero allí estábamos toditos, y éramos unos cuantos como quien dice. A doña Milla tuvieron que acostarla las mujeres cuando todavía no era de noche porque de tanto gritar, mirando el retrato de Moncho en uniforme militar, entre una bandera americana y un águila con un mazo de flechas entre las garras, se había puesto como tonta. Los hombres nos fuimos saliendo al patio poco a poco, pero aquella noche no hubo discusión porque ya todos sabíamos que Monhco estaba muerto y era imposible ponerse a imaginar.

Tres meses después llegó la caja de plomo que no se podía abrir. La trajeron una tarde, sin avisar, en un camión del Ejército con rifles y guantes blancos. A los cuatros soldados los mandaba un teniente, que no traía rifle, pero sí una cuarenta y cinco en la cintura. Ese fue el primero en bajar del camión. Se plantó en medio de la calle, con los puños en las caderas y las piernas abiertas, y miró la fachada del ranchón como mira un hombre a otro cuando va a pedirle cuentas por alguna ofensa. Después volteó la cabeza y les dijo a los que estaban en el camión:
 —Sí, aquí es. Bájense.
 Los cuatro soldados se apearon, dos de ellos cargando la caja, que no era del tamaño de un ataúd, sino más pequeña y estaba cubierta con una bandera americana. El teniente tuvo que preguntar a un grupo de vecinos en la acera cuál era la pieza de la viuda de Ramírez (ustedes sabén cómo son estos ranchones de Puerta de Tierra: quince o veinte puertas, cada una de las cuales da a una vivienda, y la mayoría de las puertas sin número ni nada que indique quién vive allí). Los vecinos no sólo le informaron al teniente que la puerta de doña Milla era la cuarta a mano izquierda, entrando, sino que siguieron a los cinco militares dentro del ranchón sin despegar los ojos de la caja cubierta con la bandera americana. El teniente, sin disimular, la molestia que le causaba el acompañamiento, tocó a la puerta con la mano enguantada de blanco. Abrió doña Milla y el oficial le preguntó:
—¿La señora Emílía viuda de Ramírez?
Doña Milla no contestó en seguida. Miró sucesivamente al teniente, a los cuatro soldados, a los vecinos, a la caja.
—¿Ah? dijo como si no hubiera oído la pregunta del oficial.
 —Señora, ¿usted es doña Emilia viuda de Ramírez? Doña Milla volvió a mirar la caja cubierta con la bandera. Levantó una mano, señaló, preguntó a su vez con la voz delgadita:
—¿Qué es eso?
 El teniente repitió, con un dejo de impaciencia: —Señora, ¿usted es...
 —¿Qué es eso, ah? —volvió a preguntar doña Milla, en ese trémulo tono de voz con que una mujer se anticipa siempre a la confirmación de una desgracia—. Dígame, ¿qué es eso?
El teniente volteó la cabeza, miró a los vecinos. Leí en los ojos de todos la misma interrogación. Se volvió nuevamente hacia la mujer; carraspeó; dijo al fin:
—Señora... el Ejército de los Estados Unidos... Se interrumpió como quien olvida de repente algo que está acostumbrado a decir de memoria. —Señora... -recomenzó—. Su hijo, el cabo Ramírez... Después de esas palabras dijo otras que nadie llegó a escuchar porque ya doña Milla se había puesto a dar gritos, unos gritos tremendos que parecían desgarrarle la garganta. Lo que sucedió inmediatamente después resultó demasiado confuso para que yo, que estaba en el grupo de vecinos detrás de los militares, pueda recordarlo bien. Alguien empujó con fuerza y en unos instantes todos nos encontramos dentro de la pieza de doña Milla. Una mujer pidió agua de azahar a voces, mientras trataba de impedir que Doña Milla se clavara las uñas en el rostro.

El teniente empezó a decir: “¡Calma! ¡Calma!”, pero nadie le hizo caso. Más y más vecinos fueron llegando, como llamados por el tumulto, hasta que resultó imposible dar un paso dentro de la pieza. Al fin varias mujeres lograron llevarse a doña Milla a la otra habitación. La hicieron tomar agua de azahar y la acostaron en la cama. En la primera pieza quedamos sólo los hombres. El teniente se dirigió entonces a nosotros con una sonrisa forzada:
—Bueno, muchachos... Ustedes eran amigos del cabo Ramírez, ¿verdad? Nadie contestó. El teniente añadió: —Bueno, muchachos... En lo que las mujeres se claman, ustedes pueden ayudarme, ¿no? Pónganme aquella mesita en el medio de la pieza. Vamos a colocar ahí la caja para hacerle la guardia. Uno de nosotros habló entonces por primera vez. Fue el viejo Sotero Valle, que había sido compañero de trabajo en los muelles del difunto Artemio Ramírez, esposo de doña Milla y papá de Moncho. Señaló la caja cubierta con la bandera americana y empezó a interrogar al teniente:
—Ahí... ahí...?
—Sí, señor —dijo el teniente—. Esa caja contiene los restos del cabo Ramírez. ¿Usted conocía al cabo Ramírez?
—Era mí ahijado —contestó Sotero Valle, muy quedo, como si temiera no llegar a concluir la frase.
—El cabo Ramírez murió en el cumplimiento de su deber —dijo el teniente, y ya nadie volvió a hablar.    

Eso fue como a las cinco de la tarde. Por la noche no cabía la gente en la pieza: habían llegado vecinos de todo el barrio, que llenaban el patio y llegaban hasta la acera. Adentro tomábamos el café que colaba de hora en hora una vecina. De otras piezas se habían traído varias sillas, pero los más de los presentes estábamos de pie: así ocupábamos menos espacio. Las mujeres seguían encerradas con doña Milla en la otra habitación. Una de ellas salía de vez en cuando a buscar cualquier cosa —agua, alcoholado, café y aprovechaba para informarnos:
—Ya está más calmada. Yo creo que de aquí a un rato podrá salir.

 Los cuatro soldados montaban guardia, el rifle prensado contra la pierna derecha, dos a cada lado de la mesita sobre la que descansaba la caja cubierta con la bandera. El teniente se había. apostado al pie de la mesita, de espaldas a ésta y a sus cuatro hombres, las piernas sevaradas y las manos a la espalda. Al principio, cuando se coló el primer café, alguien le ofreció una taza, pero él no la aceptó. Dijo que no se podía interrumpir la guardia. El viejo Sotero Valle tampoco quiso tomar café. Se había sentado desde el principio frente a la mesita y no le había dirigido la palabra a nadie durante todo ese tiempo. Y durante todo ese tiempo no había apartado la mirada de la caja. Era una mirada rara la del viejo Sotero: parecía que miraba sin ver. De repente (en los momentos en que servían café por cuarta vez) se levantó de la silla y se acercó al teniente.
—Oiga —le dijo, sin mirarlo, los ojos siempre fijos en la caja—. ¿Usted dice que mi ahijado Ramón Ramírez está ahí dentro?
—Sí, señor —contestó el oficial.
—Pero... ¿en esa caja tan chiquita?
—Bueno, mire... es que ahí sólo están los restos del Cabo Ramírez.
—¿Quiere decir que... lo único que encontaron...
—Solamente los restos, sí, señor. Seguramente ya había muerto hacía bastante tiempo. Así sucede en la guerra, ¿ve? El viejo no dijo nada más. Todavía de pie, siguió mirando la caja durante un rato; después volvió a su silla. Unos minutos más tarde se abrió la puerta de la otra habitación y doña Milla salió apoyada en los brazos de dos vecinas. Estaba pálida y despeinada, pero su semblante reflejaba una gran serenidad. Caminó lentamente, siempre apoyada en las otras dos mujeres, hasta llegar frente al teniente. Le dijo:
—Señor... tenga la bondad... diganos cómo se abre la caja.
El teniente la miró sorprendido.
—Señora, la caja no se puede abrir. Está sellada.
Doña Milla pareció no comprender. Agrandó los ojos y los fijó largamente en los del oficial, hasta que éste se sintió obligado a repetir:
—La caja está sellada, señora. No se puede abrir.
La mujer movió de un lado a otro, lentamente, la cabeza.
—Pero yo quiero ver a mi hijo. Yo quiero ver a mi hijo, ¿usted me entiende? Yo no puedo dejar que lo entierren sin verlo por última vez.

El teniente nos miró entonces a nosotros; era evidente que su mirada solicitaba comprensión, pero nadie dijo una palabra.
Doña Milla dio un paso hacia la caja, retiró con delicadeza una punta de la bandera, tocó levemente. —Señor —le dijo al oficial, sin mirarlo—, esta caja no es de madera. ¿De qué es esta caja, señor?
—Es de plomo, señora. Las hacen así para que resistan mejor el viaje por mar desde Corea.
—¿De plomo? —murmuró doña Milla sin apartar la mirada de la caja—. ¿Y no se puede abrir?
El teniente, mirándonos nuevamente a nosotros, repitió: —Las hacen así para que resistan mejor el vía... Pero no pudo terminar; no lo dejaron terminar los gritos de doña Milla, unos gritos terribles que a mí me hicieron sentir como si repentinamente me hubiese golpeado en la boca del estómago:
—¡Moncho! ¡Moncho, hijo mío, nadie va a enterrarte sin que yo te vea! ¡Nadie, mi hijito, nadie...!

Otra vez se me hace difícil contar con exactitud: los gritos de doña Milla produjeron una gran confusión. Las dos mujeres que la sostenían por los brazos trataron de alejarla de la caja, pero ella frustró el intento aflojando el cuerpo y dejándose ir hacia el suelo. Entonces intervinieron varios hombres. Yo no: yo todavía no me libraba de aquella sensación en la boca del estómago. El viejo Sotero Valle fue uno de los que acudieron junto a doña Emilia, y yo me senté en su silla. No me da vergüenza decirlo: o me sentaba o tenía que salir de la pieza. Yo no sé si a alguno de ustedes le ha pasado eso alguna vez. No no era miedo, porque ningún peligro me amenazaba en aquel momento. Pero yo sentía el estómago duro y apretado como un puño, y las piernas como si súbitamente se me hubiesen vuelto de trapo. Si a alguno de ustedes le ha pasado eso alguna vez, sabrá lo que quiero decir. Y si no... bueno, si no, ojalá que no le pase nunca. O por lo menos que le pase donde la gente no se dé cuenta. Yo me senté. Me senté, y, en medio de la tremenda confusión que me rodeaba, me puse a pensar en Moncho como nunca en mi vida había pensado en él. Doña Milla gritaba hasta enronquecer mientras la, iban arrastrando hacia la otra habitación, y yo pensaba en Moncho, en Moncho que nació en aquel mismo ranchón donde también nací yo, en Moncho que fue el único que no lloró cuando nos llevaron a la escuela por primera vez, en Moncho que nadaba más lejos que nadie cuando íbamos a la playa detrás dei Capitolio, en Moncho que había sido siempre cuarto bate cuando jubábamos pelota en la Isla Grande, antes de que hicieran allí la base aérea... Doña Milla seguía gritando que a su hijo no iba a enterrarlo nadie sin que ella lo viera por úlíma vez. Pero la caja era de plomo y no se podía abrir.

Al otro día enterramos a Moncho Ramírez Un destacamento de soldados hizo una descarga cuando los restos de Moncho —o lo que hubiera dentro de aquelia caja— descendieron al húmedo y hondo agujero de su tumba. Doña Milla asistió a toda la ceremonia de rodillas sobre la tierra. De todo eso hace dos años. A mí no se me había ocurrido contarlo hasta ahora. Es posible que alguien se pregunte por qué lo cuento al fin. Yo diré que esta mañana vino el cartero al ranchón. No tuve que pedirle ayuda a nadie para leer lo que me trajo, porque yo sé mi poco de inglés. Era el aviso de reclutamiento militar.

Leído en: http://www.literatura.us/joseluis/plomo.html


EL BARQUERO INCULTO.



Se trataba de un joven erudito, arrogante y engreído. Para cruzar un caudaloso río de una a otra orilla tomó una barca. Silente y sumiso, el barquero comenzó a remar con diligencia. De repente, una bandada de aves surcó el cielo y el joven preguntó al barquero:

–Buen hombre, ¿has estudiado la vida de las aves?

–No, señor -repuso el barquero.

–Entonces, amigo, has perdido la cuarta parte de tu vida.

Pasados unos minutos, la barca se deslizó junto a unas exóticas plantas que flotaban en las aguas del río. El joven preguntó al barquero:

–Dime, barquero, ¿has estudiado botánica?

–No, señor, no sé nada de plantas.

–Pues debo decirte que has perdido la mitad de tu vida -comentó el petulante joven.

El barquero seguía remando pacientemente. El sol del mediodía se reflejaba luminosamente sobre las aguas del río. Entonces el joven preguntó:

–Sin duda, barquero, llevas muchos años deslizándote por las aguas. ?Sabes, por cierto, algo de la naturaleza del agua?

–No, señor, nada sé al respecto. No sé nada de estas aguas ni de otras.

–¡Oh, amigo! -exclamó el joven-. De verdad que has perdido las tres cuartas partes de tu vida. 

Súbitamente, la barca comenzó a hacer agua. No había forma de achicar tanta agua y la barca comenzó a hundirse.

El barquero preguntó al joven:

–Señor, ¿sabes nadar? –No -repuso el joven.

–Pues me temo, señor, que has perdido toda tu vida.

*El Maestro dice: No es a través del intelecto como se alcanza el Ser: el pensamiento no puede comprender al pensador y el conocimiento erudito no tiene nada que ver con la Sabiduría.

Tomado de “Cuentos Clásicos de la India” recopilados por Ramiro Calle.

Leído en: http://es.scribd.com/doc/64467643/101-cuentos-clasicos-de-la-India

Cartones de hoy





jueves, 10 de mayo de 2012

FELIZ 10 DE MAYO. Por Andrés González.


Imagen tomada de Facebook.    

Una fabrica de clase mundial... en Alemania.

Recomendación de Arpegio.

Vídeo en Ingles ( 6 mins ) que muestra algunos aspectos de una planta de manufactura de VW en Dresden, Alemania.

Muy interesante para aquellos interesados en procesos de manufactura, métodos de control, supply chain, etc.



Saludos.

Editorial diario Informador - Hijos e hijas desaparecidos


Miles de madres mexicanas recordarán hoy, con dolor, su día. Se trata de las madres que están buscando a sus hijos e hijas desaparecidos, y que demandan justicia. Desde Chihuahua, la Entidad más azotada por la violencia, partió este lunes el primer grupo de señoras. En caravana se dirigieron a la Ciudad de México. Hoy, por la mañana, se concentrarán los grupos de madres que también partieron de otros estados del país para, en un acto público que durará todo el día, nombrar en el Monumento a la Revolución a los desaparecidos, realizar diversas actividades de denuncia y proponer formas de búsqueda.
Al mismo tiempo que en la Ciudad de México protestan madres del país y reclaman a sus hijos e hijas, otro grupo de mamás, pero de Honduras, organizarán una manifestación frente a la municipalidad de El Progreso para luego concluir en el Parque de Las Mercedes; una más se hará frente a la Embajada de México en El Salvador. Otros actos públicos se realizarán este 10 de Mayo en Estados Unidos y Canadá, en solidaridad con las madres mexicanas y de Centroamérica a quienes les han arrebatado a sus hijos. Porque el secuestro y desaparición se ha incrementado en México sobre todo en el sexenio de la “guerra” del Gobierno federal contra los grupos de delincuentes.
Las víctimas, muertos y desaparecidos, han sido básicamente dos: mexicanos y migrantes que atraviesan el país. La cifra únicamente de desaparecidos se estima que rebasa los 20 mil, entre mexicanos, salvadoreños, guatemaltecos y hondureños. Es lamentable, pero a los partidos políticos mexicanos no les ha interesado esta grave problemática nacional. Ninguno de los cinco candidatos a la Presidencia de la República abordó este tema en el debate pasado. Lo han ignorado, simplemente. Los desaparecidos desaparecieron del discurso de los políticos de partido.
“Nosotras, madres de desaparecidos y desaparecidas en México y Centroamérica hemos decidido juntarnos este día de las madres en cada uno de nuestros países, para alzar nuestro clamor de justicia con la esperanza de que retumbe en todos los corazones e instituciones y rompa los yugos a los que tienen sometidos a nuestros hijos e hijas, quienes fueron arrancados de nuestras vidas”, señalan las organizaciones mexicanas y de Centroamérica que organizan esta movilización nacional e internacional.
“Han sido años para algunas, meses o días para otras, de caminar solas, de clamar en el desierto de los pasillos de autoridades indolentes e irresponsables, muchas de ellas responsables directas de su desaparición o coludidas con quienes se los llevaron, hemos caminado solas en medio de las miradas y comentarios estigmatizadores, nos han tratado como leprosas, nos han marginado y condenado a la pena más terrible que un ser humano puede vivir, no saber donde están nuestros hijos e hijas. Pero ya no estamos solas, nos hemos encontrado cientos de madres y unimos nuestro clamor y nuestro amor para recuperar a nuestros seres queridos y traerlos de regreso a casa”. Las demandas incluyen, entre otros puntos, la búsqueda inmediata de todas las personas desaparecidas y la creación de una fiscalía especial.

CACAROOOO!!!! FELIZ 10 DE MAYO

Todo lo que tú quieras
2010
País: España
Director: Achero Mañas

Todo lo que tú quieras



Sinopsis
Leo, Alicia y su hija Dafne, de cuatro años, llevan una vida tranquila en Madrid. Alicia es la que se encarga del cuidado y la educación de la niña. Pero, durante las Navidades, Alicia muere, inesperadamente, tras un ataque de epilepsia. Leo, un hombre conservador, cuida de la pequeña lo mejor que puede, pero la niña reclama continuamente la presencia de su madre. El padre, que sólo desea el bienestar de la niña, llegará a renunciar a sus prejuicios y a su propia identidad con tal de hacerla feliz.





Meyer - El discurso

Esta columna no aborda el debate entre los candidatos presidenciales, pero sí uno de sus elementos: el discurso político, el mal uso que se puede hacer del mismo.

La política es acción pero también es discurso, es decir, la forma en que los actores políticos presentan a sus diferentes públicos una argumentación que pretende explicar y justificar las acciones que han tomado o se proponen tomar con relación al poder político, es decir, a la autoridad para asignar directa o indirectamente los elementos materiales o simbólicos que se tienen por valiosos en una sociedad.

El buen discurso político no necesariamente tiene que ser lógico o veraz -con frecuencia es lo contrario-, pero debe ser eficaz, es decir, impactar a la audiencia en el sentido deseado. El discurso es un elemento central para mantener la legitimidad política y generar el apoyo desde las bases, incluso cuando el líder no puede ofrecer otra cosa que "sangre, trabajo, lágrimas y sudor", como lo hizo Winston Churchill en su primera declaración como primer ministro de una nación en guerra, en mayo de 1940. En fin, que no es posible la buena política sin la compañía de un buen discurso y viceversa.

Si bien el discurso sobre temas públicos no tiene que apegarse siempre ni por entero a la verdad para ser eficaz, sí debe evitar ser notoriamente desmentido por la realidad, pues entonces el resultado puede ser contraproducente. Felipe Calderón no se ha distinguido por su buen discurso. Para empezar está el "haiga sido como haiga sido" con que justificó la dudosa naturaleza de su triunfo en 2006, pero hoy, al final de su sexenio, la brecha entre discurso y realidad es más notoria por lo frecuente. A guisa de ejemplo, veamos tres casos recientes: uno relacionado con el complejo problema de la migración a Estados Unidos, otro con la denuncia en torno a los sobornos pagados a autoridades mexicanas por la empresa norteamericana de supermercados Wal-Mart para ampliar su cadena de tiendas en el país, y un tercero, muy repetido, relacionado con la política del gobierno federal en su lucha contra el crimen organizado.




MARCHA Y RETORNO DE MIGRANTES


El 23 de abril, el Pew Hispanic Center (PHC), una organización privada con sede en Washington, informó que los datos mostraban que la ola más grande de migrantes provenientes de un solo país -México- en la historia de Estados Unidos había llegado a un punto muerto. En los últimos cuatro decenios, 12 millones de mexicanos cruzaron la frontera hacia el país del norte al punto que el censo del 2009 registró a 31 millones 674 mil habitantes de Estados Unidos que se autoasignaron un origen mexicano.

El PHC encontró que hace cinco años -justo al inicio del gobierno de Calderón, cuando cesó el boom de la construcción en Estados Unidos- ese flujo migratorio proveniente de México empezó a disminuir y que incluso desde hace dos podría haberse invertido, es decir, que hoy serían más los mexicanos que dejan el país del norte que los que ingresan a él. El PHC aceptó que la oleada migratoria podría volver en el futuro pero que, por ahora, ha cesado y que eso se explica por factores puramente norteamericanos: en primer lugar, el debilitamiento de la fuerza de atracción de mano de obra pues la economía norteamericana lleva ya varios años en recesión; en segundo, que el clima antiinmigrante en Estados Unidos ha empeorado, como muestran las leyes locales que criminalizan a los inmigrantes ilegales -el ejemplo más conocido, pero no el único, es Arizona. La vigilancia en la frontera y las deportaciones han aumentado y esto ha obligado a los nuevos indocumentados a tomar rutas muy peligrosas -según cifras de la Secretaría de Relaciones Exteriores, las personas que en los 10 últimos años han muerto al intentar cruzar la frontera norte por las zonas desérticas suman ya más de 10 mil (La Jornada, 16 de abril). Por todo lo anterior, y según el PHC, es lógico que la corriente de mexicanos que marchan hacia Estados Unidos esté disminuyendo y que esté aumentado la de los que vuelven, repatriados o por su voluntad.

Calderón buscó hacer del fenómeno migratorio una virtud de su gobierno y el 24 de abril, durante una visita a Estados Unidos y en una "conferencia magistral", sugirió que la reducción neta a casi cero de migrantes mexicanos al país vecino del norte se debía a "la creación de oportunidades de trabajo en México, oportunidades de educación para los jóvenes, [y] servicios de salud para la nación entera". No transcurrió más que un día para que René Zenteno, ex subsecretario de Gobernación de Calderón y encargado de la política migratoria, desmintiera a su ex jefe suponiéndolo mal asesorado y aseguró, como lo volvería a señalar el PHC, que la baja en la migración de mexicanos hacia Estados Unidos se debía a las malas condiciones económicas y políticas del país vecino, y sugirió que el gobierno mexicano, en vez de felicitarse por algo en que realmente no ha intervenido, debería vigilar la política de deportación de las autoridades norteamericanas (cuya meta es expulsar a 400 mil indocumentados al año) y la suerte de los menores de edad que están siendo separados de sus padres y que se encuentran en un limbo jurídico (La Jornada, 25 de abril). La puntilla es el estudio de Orlandina de Oliveira y Minor Mora de El Colegio de México, y que subraya lo negativo del panorama laboral mexicano actual para los jóvenes de entre 14 y 19 años (La Jornada, 5 de enero).



WAL-MART


No fue ninguna agencia mexicana sino The New York Times (22 de abril) quien reveló, en una muy detallada investigación, que la cadena de supermercados Wal-Mart se había desarrollado espectacularmente en México recurriendo, entre otros medios, a los sobornos. Wal-Mart llegó a México en 1991 como socio de Cifra, pero en 1997 absorbió por completo al socio y creció de manera espectacular: hoy el 20% de las tiendas Wal-Mart están en México y emplean a una fuerza laboral de 209 mil personas. Como parte del proceso, Wal-Mart invirtió 24 millones de dólares para sobornar a funcionarios mexicanos y obtener de inmediato los permisos para abrir cuantas sucursales quiso y donde quiso.

Toda la investigación sobre sobornos la hizo la propia empresa, pues en Estados Unidos está prohibido a las empresas norteamericanas corromper a funcionarios extranjeros. El gobierno mexicano tardó en reaccionar -al inicio la PGR ni siquiera se propuso averiguar lo denunciado- pero hasta el momento no ha pasado de la etapa declarativa. Finalmente, Calderón, el 25 de abril, en Ripley House de Houston, Texas, se dijo indignado porque "lo que no se vale es hacer negocio a base de mordidas". Sin embargo, la indignación no suena real, y menos si, como señala Reporte Índigo, un vicepresidente de Wal-Mart es Álvaro Arrigunaga Gómez del Campo, primo de la esposa de
Calderón (25 de abril). Relaciones familiares aparte, nadie que conozca la calificación que le dio Transparencia Internacional (TI) a México en 2011 en materia de corrupción puede llamarse a sorpresa. TI calificó a México con un 3 sobre 10 y donde 0 es la percepción de corrupción total y 10 de mínima. Con sólo abrir la prensa queda claro que la "mordida" es hoy una forma cotidiana de hacer negocios con el gobierno: el semanario Enfoque muestra cómo siete empresas de una misma propietaria -Claudia Rincón- han simulado competir entre sí para obtener contratos por mil 300 millones de pesos y venderle al gobierno desde computadoras hasta pañales, y los contratos se le dieron a pesar de conocerse lo peculiar de su forma de operar (Reforma, 6 de mayo). Así pues, la indignación de Calderón simplemente no puede ser genuina.

Finalmente está la política central del gobierno actual: la lucha armada contra el crimen organizado. Multitud de veces Calderón ha asegurado que su Estrategia Nacional de Seguridad es la única aceptable -véase su último informe de gobierno del 2 de septiembre, 2011, donde este tema es el primero que aborda. Pero, tras más de cinco años de aplicarla, la carnicería apenas si disminuye en intensidad -las víctimas de la lucha entre y contra el crimen organizado fueron 12 mil 366 en 2011 y al 4 de mayo de este ya iban 3 mil 777 ("Ejecutómetro", Reforma)- y se mantiene en brutalidad, como lo demuestran los nueve colgados de un puente y 14 descuartizados en un solo día -4 de mayo- en Nuevo Laredo.




EN SUMA


En México, el discurso del poder simplemente perdió el sentido de la realidad y con ello la legitimidad. Si en esto hay una lección, es que un discurso político que se aparta mucho de la realidad pierde eficacia y se vuelve fuente de ilegitimidad.

¿Y las que no quieren tener hijos?








Ciro - Los números marcan que Peña Nieto ganó el primer debate

“Peña sale a cuidar su ventaja de 20 puntos”, tituló Milenio la edición del domingo. El candidato del PRI amanecía el día del debate con una ventaja de 20 puntos sobre Josefina Vázquez Mota y de 23 sobre Andrés Manuel López Obrador. Medidas ya las intenciones de voto el lunes, martes y miércoles, GEA/ISA marca que la delantera de Enrique Peña Nieto se amplió a 21 puntos. Los números marcan, pues, que ganó el primer debate:

           Domingo   Miércoles

Peña        47%        46%
Josefina   27%       24%
AMLO    24%        25%
Quadri 1.4%           5.2%

Ganó perdiendo un punto. López Obrador, en cambio, perdió ganando uno. Por no hablar de Josefina. Se les fue una buena oportunidad de reducir la desventaja. No me detengo en las cifras “fantásticas” de Gabriel Quadri, porque la gran historia está allá arriba.

Peña Nieto ganó, además, porque con estos porcentajes se quita de encima la sombra del DEBATE, así, con mayúsculas. Y porque entre predebate, debate y posdebate se fueron al menos otros 10 días de la campaña y el tiempo juega a favor del puntero. Creo que todo lo demás es subjetividad y propaganda.

Los marinos asesinados

Como empleado de un medio que firmó el acuerdo contra la violencia, asumo la crítica del Observatorio de los Procesos de Comunicación Pública de la Violencia por las imágenes de los marinos asesinados que transmitimos el martes.

Como director de Milenio Televisión, asumo, al cien, la responsabilidad de lo transmitido.
Como periodista, defiendo lo que hicimos y revisaré, con interés, la crítica. En una guerra inédita, estamos aprendiendo.


Leído en http://www.vanguardia.com.mx/losnumerosmarcanquepenanietoganoelprimerdebate-1284029-columna.html

Ramnr Recomienda


Visita esta página donde podrás darle play  http://www.bradshawfoundation.com/journey/

Puig - Última llamada para AMLO y Josefina



Diez de mayo. Ha pasado el primer debate, casi mes y medio de campaña, faltan días para que estemos a la mitad del camino.

GEA/ISA —y seguramente todas las demás casas encuestadoras— muestra que en este momento estamos en el mejor escenario para Enrique Peña Nieto. El peor para cualquiera de sus adversarios: Vázquez Mota y López Obrador empatados y el cuarto en discordia agarrando votos.

Aunque ayer se volvió más claro, llevamos muchos días en donde la nota tiene que ver con esa especie de empate técnico entre el segundo y el tercer lugar. En las campañas deben saber que la única manera de competir contra Peña Nieto hoy es planteando la elección como una parejera. De hecho, en el debate, tanto López Obrador como Vázquez Mota quisieron establecer esa disputa, pero en el camino quedaron empatados.

Quedan siete semanas de campaña. En seis semanas no se han movido los números.

Josefina sigue —a juzgar por recientes declaraciones a El País— en batallas internas. El golpe de timón no parece haber sido completo —y aunque sin duda sirvió para detener la racha de infortunios, no ha dado resultados en positivo. No hay misiles secretos, ni oferta espectacular ni propuesta que modifique la narrativa de una elección poco competida. Sus buenos momentos en el debate no parecen haber sido aprovechados. La campaña de la panista parece estar tijeretada, interrumpida constantemente.

Es evidente que López Obrador dio un giro a su estrategia en las últimas semanas: el abandono del discurso amoroso —en busca de indecisos— y el regreso a dialogar permanentemente con los suyos. Ha aumentado algunos puntos, pero es difícil saber de dónde viene la decisión cuando se está tan lejos del puntero. Creo que dejó ir viva a Josefina en el debate ignorándola, como si no fuera la panista su primer obstáculo antes de pretender alcanzar a Peña. Aún no es claro segundo lugar y tal vez no llegue a serlo.

El priista ha tenido que hacer menos esfuerzo que el esperado. Ha flotado sin arriesgar nada. La estrategia planeada por meses —tal vez años— no ha tenido que ser alterada. En su burbuja, protegido, nadie lo amenaza. Nadie ha atacado sus vulnerabilidades, de los rasguños ha escapado.

Hoy tengo la impresión de que cuando se cuente la historia de esta elección tendrá menos que ver con la eficiencia de la campaña de Peña, como con la ineficacia y desorden de las campañas de sus adversarios.

JVM y AMLO han desperdiciado seis semanas. Quedan siete. Última llamada para lo que cada vez más parecería un milagro.

Leído en http://www.milenio.com/cdb/doc/impreso/9147099

Alemán - ¿Y si cambian a Josefina?



Una vez transcurrido el primer debate, y casi recorrido 50% del tiempo efectivo de campaña —hoy se cumplen 40 de 90 días—, las cosas no mejoran para la candidata del partido en el gobierno.

Más aún, según algunas encuestas serias —como GEA-ISA—, las mediciones de la intención del voto de la candidata del partido azul reportan que por lo menos en una ocasión, en la última semana, el candidato de las izquierdas, el señor Andrés Manuel López Obrador, habría desplazado del segundo lugar a la candidata presidencial del PAN.

Es decir, que la señora Josefina Vázquez Mota no sólo no ha logrado remontar los 20 puntos porcentuales que —en promedio— la separan del puntero, Enrique Peña Nieto, sino que muestra una tendencia a la baja que —en días recientes— la habría colocado en el tercer lugar de la competencia.

Pero si existían dudas de la crisis que vive el PAN, de la tragedia que tiene “con el Jesús en la boca”, al huésped de la casa presidencial de Los Pinos, y de la debacle que ya se siente entre el equipo de la candidatura de Vázquez Mota, el gobierno federal empezó a hacer su parte.

Es decir que, desde distintos frentes, instituciones del Estado mexicano iniciaron una burda campaña de contraste entre los gobiernos del PRI —anteriores al año 2000— y los del PAN, que arrancaron con Vicente Fox en ese mismo año. ¿Y en qué consiste la campaña lanzada, al parecer, desde la casa presidencial?

Poca cosa, se trata de una ofensiva que dice abiertamente que los ladrones gobiernos del PRI endeudaron al país, hasta niveles demenciales, lo que lleva al gobierno actual a seguir pagando los platos rotos. Y tiene toda la razón el funcionario público del gobierno de Calderón que hizo tales acusaciones. En efecto, los gobiernos del PRI eran unos ladrones de siete suelas. Es más, debido a excesos como los cometidos en el salinato, los ciudadanos le cobraron al PRI en el año 2000, votando por Vicente Fox.

Pero lo simpático del asunto es que en la elección presidencial de 2012 no están o no debieran estar a juicio los gobiernos presidenciales del PRI, sino los del PAN. Resulta, sin embargo, que ese gobierno, que debe ser enjuiciado por los ciudadanos es el mismo que ahora intenta juzgar en la plaza pública a los pillos del PRI. ¿Y quién va a juzgar a los pillos del PAN; a los malos gobiernos azules? Esa es la trampa.

Por lo pronto, la campaña electoral abierta la emprendió el secretario de Economía, Bruno Ferrari. Y todos saben que los encargados de despacho —en el peculiar presidencialismo mexicano— no se mandan solos. Los secretarios son empleados del Presidente. Por eso la pregunta. ¿Quién le ordenó al titular de Economía lanzar ese buscapiés en pleno proceso electoral?

Pero el asunto podría ser pecata minuta, de no ser porque abundan los indicios de que se trata de toda una estratagema lanzada desde el gobierno para influir en el proceso electoral federal. ¿Quieren más pruebas? En realidad abundan, claro, además de la joya que nos regaló el titular de Economía.

Para muchos pasó “de noche” que, repentinamente, en pleno proceso electoral —y dicen los que saben que de manera muuuuy apresurada—, se estrenaron dos películas que dejan ver al priismo en calidad de villanos de la historia. En el primer caso se estrenó una cinta sobre la guerra cristera, con una visión harto maniquea y con evidentes tintes de propaganda política. La segunda es sobre el crimen contra Colosio, y de nueva cuenta se presenta al PRI como una mafia criminal capaz de matar a uno de los suyos. En los dos casos el mensaje es claro. ¡Cuidado con el PRI!

Dicen los conocedores de la cosa político-electoral que llegó el tiempo de que el gobierno federal haga valer todo su peso contra el PRI, contra el candidato presidencial puntero y/o a favor de su candidata, la debilitada Josefina Vázquez Mota. Dicen que no deberá sorprender a nadie que se intensifique la participación del gobierno federal en la contienda presidencial, sobre todo ante los resultados negativos que pudieran haber mandado ya al tercer lugar a la candidata azul.

Sin embargo, entre los políticos del PAN —entre las llamadas familias custodias— las cosas son totalmente distintas. Ya apareció el pánico y se escucha la especie de que se acabó el tiempo, que llegó el plazo fatal —mediados de mayo— para esperar que la candidata Vázquez Mota remontara su desventaja con el puntero. Si no logró ese objetivo es tiempo de pensar, en serio, en un “Plan B”. ¿Y cuál es el “Plan B”?

No pocos hablan de explorar el cambio de candidata. Al tiempo

Leído en http://www.excelsior.com.mx/index.php?m=nota&seccion=opinion&cat=11&id_nota=833026

Francisco Hinojosa - La peor señora del mundo.



En el norte de Turambul, había una vez una señora que era la peor señora del mundo. Era gorda como un hipopótamo, fumaba puro y tenía dos colmillos puntiagudos y brillantes. Además, usaba botas de pico y tenía unas uñas grandes y filosas con las que le gustaba rasguñar a la gente. A sus cinco hijos les pegaba cuando sacaban malas calificaciones en la escuela, y también cuando sacaban dieces. Los castigaba cuando se portaban bien y cuando se portaban mal. Les echaba jugo de limón en los ojos lo mismo si hacían travesuras que si le ayudaban a barrer la casa o a lavar los platos de la comida. Además de todo, en el desayuno les servía comida para perros. El que no se la comiera debía saltar la cuerda ciento veinte veces, hacer cincuenta sentadillas y dormir en el gallinero. Los niños del vecindario se echaban a correr cuando veían que ella se acercaba. Lo mismo sucedía con los señores y las señoras y los viejitos y las viejitas y los policias y los dueños de las tiendas. Hasta los gatos y las gaviotas y las cucarachas sabían que su vida peligraba cerca de la malvada mujer. A las hormigas ni les pasaba por la cabeza hacer su hormiguero cerca de su casa porque sabían que la señora les echaría encima agua caliente.

Hasta que un día sus hijos y todos los habitantes del pueblo se cansaron de ella y prefirieron huir de allí porque temían por sus vidas. Desde entonces, las plazas estaban vacías, ya no ladraban los perros en las calles ni volaban los pajaritos en el cielo ni buscaban flores las abejas. Sólo se oía el silbido del viento y el repiquetear de las gotas de lluvia contra los tejados de las casas. Fue así como la mala mujer se quedó sola, solitita, sin nadie a quien molestar o rasguñar. El único ser que aún vivía allí era una paloma mensajera que se había quedado atrapada en la jaula de una casa vecina. La espantosa mujer se divertía dándole de comer todos los días migas de pan mojadas en salsa de chile y agua revuelta con vinagre. Unas veces le arrancaba una pluma y otras le torcía los dedos de las patas. Cuando la pobre paloma estaba a punto de morir, la señora, desesperada por no tener alguien a quien pegarle, reconoció que sólo ella podría ayudarla para atraer nuevamente a los habitantes del pueblo. Entonces decidió darle las migas de pan sin salsa de chile, el agua pura y, después de unos días, se atrevió a hacerle unas caricias. Cuando estaba convencida de que la paloma ya era su amiga y de que llevaría un mensaje a sus hijos y a los habitantes del pueblo, escribió un recadito, se lo puso en el pico y la echó a volar. A los cuantos días, los antiguos habitantes del pueblo volvieron, ya que la peor de todas las señoras del mundo les pidió disculpas en el recadito:

Quiero que me perdonen. He recapacitado y creo que yo era una mala persona.

Ya volveré a ser como era antes. Para que me lo crean, me voy a dejar pisar y rasguñar por todos los que quieran hacerlo.

Al poco tiempo la gente volvió al pueblo, regresó a sus casas y con gran alegría rasguñó y pisó a la horrorosa mujer. Y desde entonces, volvió a ser la peor, la más peor, la peorsísima de todas las mujeres del mundo. Les pegaba cachetadas a sus hijos, mordía las orejas de los carpinteros, apagaba su puro en los ombligos de los taxistas, daba cocos en las cabezas de los niños, puntapiés a las viejitas, piquetes de ojos a los generales del ejército y reglazos en las manos de los policías. Luego le echaba carne podrida a los perros, rasguñaba con sus largas uñas las trompas de los elefantes, le torcía el cuello a las jirafas y se comía vivas a las indefensas tarántulas. Hasta los leones se portaban como gatitos cuando la veían, porque ella les jalaba tanto la melena que los dejaba pelones y con lágrimas en los ojos. Y qué decir de las flores: en unas cuantas horas no hubo una sola que conservara sus pétalos. Pero sucedió también que un buen día, mientras la señora dormía su siesta, todos los habitantes del pueblo se reunieron en la plaza central. El jefe de los bomberos dijo:

-Esto ya no puede seguir así.

-Es cierto- lo respaldó el boticario.

-¿Y por qué no- preguntó un niño- la convencemos de que ya nos deje de molestar?

-Ja, ja, ja- pegaron todos una sonora carcajada, que apagaron de inmediato por temor a despertarla.

-No- intervino el más viejo del pueblo-. Lo que debemos de hacer es engañarla.

-¿Engañarla? - se sorprendió el dueño de la fábrica de hielo-. ¿Cómo vamos a engañarla?

-Muy fácil - aseguró el viejito-. Cuando ella nos pegue vamos a darle las gracias. Si nos muerde las orejas, le pedimos que lo haga otra vez. Si nos rasguña, le decimos que es lo más delicioso que hemos sentido en la vida. ¿Qué les parece?

-¡Oh, oh!- exclamaron todos con los ojos abiertos.

-No es mala idea- añadió el dueño de la mayor flotilla de camellos del pueblo.

Y así quedaron de acuerdo.

La señora se despertó de su siesta hecha una furia. Tenía unas ganas enormes de pellizcar a un niño. Al primero que encontró, que era su hijo mayor, lo prendió del cachete y no lo soltó hasta después de media hora. El hijo, aguantando el dolor le dijo:

-Gracias, mamita, ¿podrías darme otro pellizco? Ándale, por favor, aunque sea uno solo…

La señora, extrañada al principio, le dijo que no, que él no merecía un premio así. Luego se fue contra la vecina. En cuanto la vio le dio una tremenda patada en la espinilla con la punta de su bota. Aunque le dolió en el alma, la vecina se mordió los labios, aguantó las lágrimas y le dijo a la agresora: 

-Muchas gracias, muchas gracias. ¿Le puedo pedir un favor? Deme también una patada en las pompas. Se siente muy rico. Nunca me había pegado alguien tan bien como usted. Pega tan fuerte…

-¡No, no y no! ¿Quién se cree que es para pedirme un favor?

Como vio que estaban sucediendo cosas muy raras, la mala mujer fue a buscar al zapatero y le jaló los pelos tanto que se quedó con ellos en la mano.

-Muchas gracias, doña- le dijo-, le agradecería que me quitara los demás pelos. Tengo unas ganas de quedarme pelón que ni se lo imagina. Y lo hace usted con tanta delicadeza…Créame que ni el mejor peluquero del mundo lo haría tan bien.

Y así fue la peor señora del mundo con todos y cada uno de los habitantes del pueblo, hasta que llegó la noche y le dio sueño. Mientras ella dormía, la gente volvió a reunirse.

-Creo- dijo el más viejo- que nuestro plan está funcionando. Ahora tenemos que seguir engañándola. Cuando a ella se le ocurra hacer alguna cosa buena, si es que se le ocurre, vamos a quejarnos como si nos doliera y fuera la peor cosa que alguien pudiera hacer.

La sonrisa se apoderó de todas las bocas, que a coro respondieron:

-¡De acuerdo!

A la mañana siguiente, la peor señora del mundo se levantó de pésimo humor. Fue a la cocina a prepararles a sus hijos su comida para perros. Hizo un fuerte coraje cuando descubrió que la caja estaba vacía.

-¡Puaj!- se quejó-. Tendré que darles de desayunar cereal con leche y miel.

Los niños, en cuanto vieron sus platos servidos, empezaron a quejarse.

-Mamá, ¿qué es esto tan espantoso?

-¡Es cereal con miel, niño tonto!

-Yo no quiero.

-Ni yo- dijo el más chico con una lágrima en los ojos.

-Prefiero comida para perros.

-Yo también- gritaron los otros al mismo tiempo.

La mamá los obligó a todos a comer lo que les había servido. Y ellos, por supuesto, pusieron tal cara de asco que parecía que se estaban comiendo un guisado de alacranes. Después de dejar a sus hijos en la escuela se topó en el camino con el herrero, que le dijo:

-Disculpe, señora, ¿podría hacerme el favor de darme un karatazo en la espalda?

-¡No! ¿Quién se cree usted que es para pedirme un favor, eh? Estaba la señora tan enojada y tan confundida con todo lo que pasaba a su alrededor que, sin darse cuenta, le dio una moneda al limosnero del pueblo. Éste se enfureció y le reclamó:

-¿Qué le sucede, señora? Llévese su horrible dinero a otra parte. No me insulte con su caridad. 

Contenta de saber que eso no le gustaba al limosnero, sacó de su bolsa todos los billetes y todas las monedas que tenía y se los arrojó al sombrero. Y así sucedió con todos y cada uno de los habitantes del pueblo.

Desde entonces todos vivieron felices, pues la peor señora del mundo seguía haciendo las cosas malas más buenas del mundo, mientras el pueblo se divertía a sus anchas con sus engaños.

Leído en: http://es.scribd.com/doc/2326308/La-Peor-Senora-Del-Mundo-Franciso-Hinojosa

LAS PESCADORAS.



Se trataba de un grupo de pescadoras. Después de concluida la faena, se pusieron en marcha hacia sus respectivas casas. El trayecto era largo y, cuando la noche comenzaba a caer, se desencadenó una violenta tormenta.

Llovía tan torrencialmente que era necesario guarecerse. Divisaron a lo lejos una casa y comenzaron a correr hacia ella. Llamaron a la puerta y les abrió una hospitalaria mujer que era la dueña de la casa y se dedicaba al cultivo y venta de flores. Al ver totalmente empapadas a las pescadoras, les ofreció una habitación para que tranquilamente pasaran allí la noche.

Era una amplia estancia donde había una gran cantidad de cestas con hermosas y muy variadas flores, dispuestas para ser vendidas al siguiente día.

Las pescadoras estaban agotadas y se pusieron a dormir. Sin embargo, no lograban conciliar el sueño y empezaron a quejarse del aroma de las flores:

“!Qué peste! No hay quien soporte este olor. Así no hay quien pueda dormir”.

Entonces una de ellas tuvo una idea y se la sugirió a sus compañeras:

–No hay quien aguante esta peste, amigas, y, si no ponemos remedio, no vamos a poder pegar un ojo. Coged las canastas de pescado y utilizadlas como almohada y así conseguiremos evitar este desagradable olor.

Las mujeres siguieron la sugerencia de su compañera. Cogieron las cestas malolientes de pescado y apoyaron las cabezas sobre ellas. Apenas había pasado un minuto y ya todas ellas dormían profundamente.

*El Maestro dice: Por ignorancia y ausencia de entendimiento correcto, el ser humano se pierde en las apariencias y no percibe lo Real.

Tomado de “Cuentos Clásicos de la India” recopilados por Ramiro Calle.

Leído en: http://es.scribd.com/doc/64467643/101-cuentos-clasicos-de-la-India

Cartones de hoy