La salida de la Gran Bretaña de la Unión Europea inyectó oxígeno a personas y grupos que aunque antagónicos en muchas políticas, comparten la idea que su mundo funcionará mejor si las naciones se aíslan. Ese fue el grito por el llamado Brexit, reforzado por otros, como el virtual candidato republicano a la Casa Blanca, Donald Trump, que lo llamó la recuperación de la independencia de los británicos, y reforzó el lunes su llamado a la cremación del Tratado Norteamericano de Libre Comercio, en la víspera de la octava cumbre de los líderes de Canadá, Estados Unidos y México en Ottawa, que no tenía previsto en su agenda hablar sobre el desafío que les ha caído.
El voto británico, aunque millones se sientan hoy arrepentidos, galvanizó también el apoyo de la extrema derecha en Europa que lo respaldó estruendosamente. En un mundo globalizado, aunque se luche por fragmentarlo, todo está conectado. En México, desde una posición de izquierda, hay quien ve en el conservadurismo de otros, la fortaleza de sus argumentos. Andrés Manuel López Obrador, el jefe de Morena y puntero en las preferencias electorales para 2018, es su cara más poderosa. No hay que olvidar que en política, los extremos se suelen encontrar. En un artículo publicado el domingo pasado en The New York Times, el ex primer ministro británico, Tony Blair, explicó: