domingo, 12 de agosto de 2012

Raymundo Riva Palacio - La pareja dispareja



Manlio Fabio Beltrones y Emilio Gamboa no son lo más cercano a Enrique Peña Nieto ni en quienes más confía. Pero ante los desafíos de una victoria cuestionada y minorías en el Congreso y el Senado, los dos políticos veteranos, uno mandarín puro y el otro facilitador, son lo mejor que tiene a la mano para sacar adelante sus reformas y darle sentido a su Presidencia.

Beltrones y Gamboa tienen vidas paralelas, aunque con diferente origen. Los dos amigos de Peña Nieto, no son sin embargo, parte del círculo íntimo del virtual Presidente electo, donde hay más contactos con el zedillismo que los persiguió.



Uno egresó de una universidad pública; el otro de una privada. Uno creció al abrigo de la tecnocracia; el otro adiestrado en el mejor estilo florentino. Uno es un facilitador; el otro es un mandarín. Los dos son el gozne entre la generación que inició su vida pública de la mano de Luis Echeverría; y la primera que con sangre renovada, quiere mostrar que el ADN de ese PRI que sumó desgaste y descrédito, está enterrado. Son una pareja dispareja que parece, en la coyuntura de Enrique Peña Nieto, la pareja perfecta.

¿Son Manlio Fabio Beltrones y Emilio Gamboa lo que necesita Peña Nieto para cumplir los compromisos ofrecidos en su campaña y evitar la desilusión? Con una votación en la elección presidencial que se quedó casi a la mitad de las expectativas y el fracaso del PRI que esperaba tener la mayoría en el Congreso y el Senado, la pregunta ya no es si son lo que necesita, sino si son lo mejor a la mano para arrancar su Presidencia.

Beltrones y Gamboa tienen vidas paralelas, aunque con diferente origen. Dos años mayor que él (61 años), Gamboa salió de la Universidad Iberoamericana como licenciado en Relaciones Industriales y para 1979 ya era secretario particular de Miguel de la Madrid, que estaba a cargo de la desaparecida Secretaría de Programación y Presupuesto. De la Madrid, figura ascendente en el gobierno de José López Portillo, fue cultivado por Fernando Gutiérrez Barrios, el arquetipo de policía político que llegaría a la Presidencia.

Gutiérrez Barrios enviaba mensajes a De la Madrid a través de Beltrones, un joven puma a quien le habían recomendado, y que había hecho su secretario particular, que transmitía a través de Gamboa. Cuando De la Madrid fue nominado candidato presidencial y se prepararon las listas para los diputados y senadores que lo acompañarían durante su sexenio (1982-1988), Gamboa propuso a Beltrones como legislador en lo que empezaba a ser la generación de políticos en iniciar su carrera sin Echeverría en el antecoro.

Beltrones resultó electo y De la Madrid, ya entrado en su gobierno, decidió por su secretario de Comunicaciones, Félix Valdés, como candidato al gobierno de Sonora. Beltrones fue su coordinador de campaña y, a la vez, presidente estatal del PRI. “Vete –lo animaba Gamboa-, tú serás el próximo gobernador”. Beltrones siempre respondía que ese cargo tendría que recaer en otra joven figura emergente de su generación, Luis Donaldo Colosio.

Gamboa fue clave en la sucesión presidencial que le dio la nominación a Carlos Salinas. Como poderoso secretario particular de De la Madrid en Los Pinos, el político de origen yucateco se la jugó con Salinas, cercano al Presidente y su par en términos generacionales. Gamboa era el 50% de la puerta del despacho presidencial y administró el acceso de otro fuerte aspirante, Manuel Bartlett, poderoso secretario de Gobernación, en beneficio de Salinas. El proyecto político e ideológico de De la Madrid era la reconversión de la economía mexicana, lo que dejó a Bartlett en el camino y abrió la puerta para Salinas.

Cuando llegó el nuevo Presidente invitó a Gutiérrez Barrios, un político sofisticado, amigo de Fidel Castro, que era gobernador de Veracruz a hacerse cargo de Gobernación. Gutiérrez Barrios llevó a Beltrones como subsecretario. Gamboa ocupó diversos cargos en el gobierno salinista y terminó como secretario de Comunicaciones y parte del grupo que manejó el ex Presidente como tapado para arropar la candidatura de su delfín Colosio.

Muy amigo de Beltrones y Gamboa, Colosio formó parte de un grupo llamado de Los Diez, que durante el sexenio de Salinas se reunía cada semana. Entre ellos estaban el dueño de Gruma y principal accionista de Banorte, Roberto González Barrera, el propietario de El Universal, Juan Francisco Ealy Ortiz, y el hermano del Presidente, Raúl Salinas.

Colosio ya se perfilaba como candidato, un proyecto que se frustró en 1994 con su asesinato, episodio que distanció a Gamboa y Beltrones de Salinas por razones nunca debidamente aclaradas, y cuya relación nunca se volvió a recomponer en los términos de confianza.

Gamboa y Beltrones continuaron su vida política donde ganaron respeto como negociadores. Los 90 no fueron fáciles para ellos, asociados con grupos políticos distantes del entonces presidente Ernesto Zedillo, y políticamente acosados por el poderoso secretario particular del entonces Presidente, Liébano Sáenz, hoy en el segundo círculo de confianza de Peña Nieto.

Beltrones enfrentó acusaciones de vínculos con el narcotráfico denunciados en The New York Times, al que le ganó una querella que obligó al diario a rectificar sus afirmaciones y que provocó el ocaso de los dos principales reporteros que realizaron la fallida investigación. Gamboa, que conocía a Francisco Labastida del grupo hacendario de donde emergió De la Madrid y creció Salinas, lo acompañó en su frustrado intento por la Presidencia en 2000. Fue precisamente en ese año, en una cena con González Barrera, cuando de manera espontánea se comenzaron a llamar juguetonamente “hermanitos”, que en prensa suele confundirse con el mote de “compadritos”, algo que, por cierto, no son.

Tras la derrota de 2000, Gamboa vicecoordinador de la fracción del PRI en el Senado, y Beltrones llegó al Congreso como una de las figuras del PRI que peleó –por su colaboración con el entonces presidente Vicente Fox- y ayudó a destituir como coordinadora, la maestra Elba Esther Gordillo. Seis años después, los “hermanitos” tomaron bandos opuestos en la contienda por la candidatura presidencial en 2006, cuando Gamboa la jugó con Jackson y Beltrones con el líder del PRI, Roberto Madrazo.

Esa contienda fue un desastre y Madrazo se hundió en el tercer lugar. Beltrones y Gamboa emergieron como coordinadores en el Senado y el Congreso, donde convirtieron a sus grupos minoritarios en la maquinaria política que decidía y deshacía en las cámaras, que los acreditó como sazonados negociadores. Sus oficios permitieron que Felipe Calderón tomara posesión como Presidente y mantuvieron una relación fluida, pero ríspida, con el actual Presidente.

Los dos amigos de Peña Nieto –Gamboa, de trato más social, más cercano-, no son sin embargo, parte del círculo íntimo del virtual Presidente electo, donde hay más contactos con el zedillismo que los persiguió. Pero el fracaso del partido en ganar la mayoría en las cámaras, los volvió necesarios para el proyecto de Peña Nieto. No será una etapa fácil, no por el mexiquense, sino porque su equipo, entre quienes no se encuentran sus simpatizantes más fervientes, donde encontrarán resistencias naturales ante envidias y golpeteos. Pero Peña Nieto no tenía a quién recurrir entre los suyos que tuvieran los dotes que esta pareja dispareja, cuyo complementos la hace perfecta, le ofrecía.

@rivapa |  raymundo.rivapalacio@24-horas.mx





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