sábado, 10 de noviembre de 2012

Jaime Sánchez Susarrey - Cannabis

Estamos ante una tendencia irreversible y todo apunta a que en el futuro cercano habrá más estados que permitan el uso medicinal y otros que aprueben su consumo con fines recreativos.

La legalización del consumo recreativo de la marihuana en Colorado y Washington era previsible. Desde 2010, cuando fue rechazada una iniciativa semejante en California, la P19, era evidente que tarde o temprano se produciría la regularización.

La pregunta, por lo tanto, era dónde y cuándo ocurriría. La respuesta ya la conocemos: el 6 de noviembre de 2012 en Colorado y Washington.

La enmienda 64 fue aprobada en Colorado por 50.5 por ciento de la votación contra 47.2 por ciento. La diferencia fue de 73 mil votos sobre un total de 2.1 millones. Pero aunque la victoria no fue arrolladora, hay que subrayar que estamos ante una tendencia nacional.




Por una parte, la encuesta Gallup 2011 registró, por primera vez en la historia, que el 50 por ciento de los estadounidenses está a favor de la legalización. Por la otra, Massachusetts aprobó el martes pasado la legalización de la marihuana con fines medicinales. De ese modo, suman ya 17 estados los que tienen un régimen semejante.

Estamos, en consecuencia, ante una tendencia irreversible y todo apunta a que en el futuro cercano habrá más estados que permitan el uso medicinal y otros que aprueben su consumo con fines recreativos.

La pregunta, por lo tanto, es similar a la que se formuló hace dos años: ¿cuántos estados y a qué velocidad adoptarán uno u otro régimen en el futuro?

En lo inmediato, la legalización con fines recreativos abrirá un conflicto entre la legislación local y la federal, que continúa prohibiendo el consumo, la producción y el comercio de la marihuana.

El desenlace de ese conflicto sólo admite dos posibilidades: una, que el gobierno federal emprenda una ofensiva contra los consumidores y productores en Colorado y Washington, es decir, que aplique la ley a rajatabla.

La otra es que se haga de la vista gorda y tolere la legislación local, tal como ha venido haciendo con los estados donde el uso medicinal de la marihuana está permitido.

Entre esos dos extremos puede haber momentos de mayor rigidez o tolerancia, pero, al final del día, la posibilidad de que se regrese a la prohibición y se deroguen las legislaciones locales es muy remota, por no decir que está descartada.

Es por eso que la legalización en Colorado y Washington constituye un golpe radical, y a la larga mortal, contra el prohibicionismo no sólo en Estados Unidos, sino en el mundo. Porque hay que tener presente que la prohibición de la marihuana deriva de tres convenciones (1961, 1971, 1988) de la ONU suscritas por todos los países.

La prohibición de las Naciones Unidas tipifica a la marihuana en el nivel 1, como una droga más peligrosa que la morfina y la cocaína porque no tiene uso medicinal. Por eso su consumo, producción y comercio están penalizados internacionalmente.

Cabe precisar que la prohibición de la ONU contra la producción y distribución de la marihuana, y de todas las drogas, es rígida porque todos los países deben sancionarlas penalmente.

Sin embargo, las sanciones contra el consumo y los consumidores que impone el ordenamiento internacional es más flexible, porque admite que la sanción sea sólo administrativa y no necesariamente penal.

Por eso en Holanda el consumo recreativo de la marihuana está permitido, en los famosos coffee-shops, pero la producción y venta al mayoreo están penalizadas. Y otro tanto ocurre en Portugal, donde las sanciones contra los consumidores de cualquier droga son de orden administrativo (una multa, por ejemplo) y en general no se aplican.

Los referéndums aprobados en Colorado y Washington van más allá de Portugal y Holanda porque regularizan la producción y comercio de la marihuana y contravienen abiertamente el ordenamiento internacional.

De hecho, la enmienda 64 en Colorado impone fuertes impuestos a la producción (25 por ciento), al comercio (25 por ciento) y la venta final al consumidor individual (25 por ciento) de la marihuana. Y esa fuerte tasa impositiva fue uno de los argumentos para legalizarla por los efectos que tendrá en la recaudación del estado.

Desde una perspectiva histórica la prohibición de la marihuana es un nudo de contradicciones, disparates y prejuicios. De hecho, el racismo fue uno de los componentes principales de ese coctel.

Y para muestra dos botones: la declaración de un senador de Texas en los años treinta: "todos los mexicanos están locos, y esta cosa (la mariguana) es lo que los vuelve locos", que fue precedida por el comentario de un legislador de Montana -cuando se ilegalizó la marihuana- en 1927: "Cuando un peón de campo usa un poco de esa cosa... piensa que ha sido elegido presidente de México, y empieza a planear cómo ejecutar a todos sus enemigos políticos".

A lo que hay que sumar la clasificación de la marihuana como una droga más peligrosa que la morfina y la cocaína, tanto por la ONU como por la DEA, dado que no tiene uso medicinal. Pero semejante disparate lo anulan las decenas de miles de estadounidenses que la utilizan con fines curativos.

De hecho, los trabajos verdaderamente serios sobre la peligrosidad y toxicidad de las drogas sitúan a la marihuana muy por debajo de la morfina o la cocaína, pero también del alcohol y el tabaco.

La campaña en Colorado ponía, justamente, el énfasis en que la marihuana es menos adictiva y menos dañina que el alcohol.

El otro hecho fundamental es que la marihuana es la droga de mayor consumo en Estados Unidos y en el mundo y no hay ninguna evidencia que provoque un alto grado de adicción. Para no hablar de las inexistentes muertes por intoxicación.

Estamos, pues, al principio del fin de la prohibición. Cuando se escriba la historia de estos años, el 6 de noviembre de 2012 será registrado como un parteaguas.

Leído en  http://noticias.terra.com.mx/mexico/politica/jaime-sanchez-susarrey-cannabis,a8e916e31eaea310VgnVCM20000099cceb0aRCRD.html

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