sábado, 6 de julio de 2013

Raymundo Riva Palacio - La batalla del 7 de julio

PRIMER TIEMPO: Fratricidio, con sartenes, mazos y con todo lo que se pueda. Pocas contiendas electorales son tan rudas hoy en día como las de Veracruz, donde se encuentran algunos de los luchadores de sumo más notables del país. No eran comicios de violencia tan extrema, hasta que los hermanos políticos contra cuyas maquinarias nadie podía, se pelearon a muerte. Imposible la reconciliación, por si alguien quisiera intentarlo, entre Fidel Herrera yMiguel Ángel Yunes, quienes han invertido enormes volúmenes de energía y perversidad política para evitar ser aniquilado por su adversario. Herrera había sido invitado para integrarse al Servicio Exterior al iniciar esta administración, pero en Veracruz, cuando Yunes se apuntó en el número uno de la lista de diputados plurinominales, requirieron de sus servicios. Por años Herrera, que llegó a la gubernatura con la que ha soñado Yunes, frenó al panista —cuando como priista fue secretario de gobierno en los 90 trató de desacreditar al líder de izquierda Cuauhtémoc Cárdenas llevando travestís a un mitin—, quien no pudo derrotarlo, como operador político de Javier Duarte, cuando ambos contendieron por la gubernatura en 2010. Yunes, que es de armas tomar, irascible y políticamente muy violento, se dedicó a hablar pésimo de ellos. 



En respuesta, ellos hablaron pésimo de Yunes. La segunda vez que se enfrentaron fue en las elecciones presidenciales del año pasado, donde Yunes, apoderado del PAN veracruzano y con el respaldo político y financiero del entonces presidenteFelipe Calderón —pero sobre todo de su esposa Margarita Zavala—, hizo sufrir a Duarte la noche de los comicios, que ganó con dificultades. Para este domingo, el pleito interminable tuvo el pretexto de las elecciones locales, donde los adversarios de Yunes aprovecharon su fuerza para doblegarlo. El PAN veracruzano se dividió y mandaron a Yunes del número uno en la lista plurinominal en el Congreso, en donde se encontraba, al ocho, con lo cual sus posibilidades de ser legislador, se han alejado. Pero esta parte de la historia no se ha escrito hasta que cierren las casillas. Lo único que permanecerá en el epílogo es lo que se escribió en el prólogo: enemigos antes, enemigos hoy, enemigos para siempre.

- SEGUNDO TIEMPO: El regreso de El ChuckyTodos coinciden —de quienes tienen acceso a los números de las encuestas y conocen su tejido político— que las elecciones en Oaxaca de este domingo servirán para que comience el regreso del PRI a través de sus conquistas locales. La razón por la que muestran tanta seguridad es el mediocre gobierno deGabino Cué, convertido quizás en la peor decepción del cuerpo político mexicano de la última década. Ante la debilidad de Cué, se metieron de lleno a la contienda electoral dos viejos enemigos en el PRI que, en esta coyuntura, como lo hicieron ingleses y franceses en su repartición del Medio Oriente, dejaron a un lado sus añejas rencillas y dividieron el queso oaxaqueño entre ellos. Después de que José Murat y Ulises Ruiz, ex gobernadores ambos y confrontados en el reciente pasado, decidieron por turnos quiénes serían candidatos y en qué municipios, encontraron a un enemigo común. No era Cué, por supuesto, pues ni preocupación les genera. El adversario se llama Jorge Franco, a quien llaman El Chucky desde que fue un controvertido secretario de Gobierno de Ruiz, quien cuando el secretario de Gobernación panista era Carlos Abascal, logró sacarlo del país antes que lo metiera la policía al reclusorio. Franco regresó del exilio con la esperanza de un nuevo comienzo, pero el hígado se le inflamó cuando tampoco quiso su viejo patrón reivindicarlo y hacerlo candidato a un puesto de elección popular. Era imposible, pues la mala fama acumulada como un chapucero en la operación política, lo hacía inviable. Dentro del PRI, Franco no tenía futuro, por lo que cambió de bando y se fue a trabajar con Cué. Sus adversarios lo tienen medido, pero Franco es como una ladilla incontrolable. La elección en la capital de Oaxaca, por la alcaldía, será la prueba de fuego de la diada Murat-Ruiz que competirá contra el candidato de Franco —y de Cué—, Javier Villicaña. Interesante observar si el alumno más avanzado de esa dupla que controló Oaxaca por más de los 12 años que combinadamente gobernaron, resulta mejor que los maestros.

- TERCER TIEMPO: Una larga caminata de subida en la montaña. Es ampliamente sabido que el candidato al gobierno de Baja California, Fernando Castro Trenti, le debe mucho de su ascenso político de la última década a Manlio Fabio Beltrones. Lo tuvo a su lado en la burbuja que tenía Beltrones cuando fue coordinador de los priistas en el Senado, y lo tenía a la mano ahora que hace lo mismo en la Cámara de Diputados. Castro Trenti siempre quiso ser gobernador de su estado y ahora se le presentó la oportunidad. No era el priista más popular en Baja California, pero era quien más aceptable era en Los Pinos y la Secretaría de Gobernación. La idea es recuperar Baja para el PRI después de casi un cuarto de siglo en manos del PAN. Pero las cosas no le han salido a Castro Trenti como lo esperaba, pues ni recibió los dineros que pensaba le llegarían del PRI para la ocasión, ni el líder nacional, César Camacho, ha estado tan cerca de él como muchos pensarían. El candidato se siente abandonado, y si pierde no habrá muchos que lloren por él. Quien preocupa es su protector Beltrones, de quien se percibe que una derrota de Castro Trenti será una derrota directa de él. Pero en la política mexicana, lo que se ve no necesariamente es lo real. En las últimas semanas, mientras Castro Trenti sufre en la campaña, Beltrones se ha convertido en uno de los interlocutores políticos más buscados por el presidente Enrique Peña Nieto, con lo que si el candidato pierde, el diputado ya tiene resuelta la mañana después de las elecciones. Se cortará el lastre, anticipan, y dejará que Castro Trenti le llore en el hombro. Lo recibirá quizás en el Congreso, pero lejos está de preparar un funeral. Beltrones ya tiene en la cartera el reinicio del periodo legislativo y el orden de leyes que van a aprobar. La política, después de todo, es como un circo, donde la función siguiente, debe continuar.
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Leído en http://www.razon.com.mx/spip.php?page=columnista&id_article=179653

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