La pregunta es simple, las consecuencias desmesuradas: ¿por qué razón
los sicarios de un cártel de tercer nivel se tomarían las enormes
molestias que supone cremar 43 cuerpos?
Durante años nos hemos acostumbrado a que los narcotraficantes dejen
los restos de sus víctimas a un lado del camino o, en algunos casos,
sepultados en fosas comunes en el monte. Incinerar casi medio centenar
de personas, envolver los restos en bolsas y trasladarlos a la cuenca de
un río supone tomarse molestias desacostumbradas y una estrategia más
digna de un programa de CSI que del rudimentario presidente municipal
corrupto de Iguala, a quien se atribuye la autoría intelectual de la
tragedia.
Desde principios de diciembre científicos de la UNAM [Universidad Nacional Autónoma de México] señalaron la imposibilidad física de que los cuerpos hubieran sido cremados en el basurero de Cocula, como han sostenido las autoridades. A lo largo de esta semana precisaron su reclamo: se habrían necesitado hornos crematorios como los que tienen algunas instalaciones públicas. Los académicos exigen que se investigue la actividad reciente de los crematorios del Ejército en la región. El señalamiento se respalda con los mensajes de un par de los estudiantes antes de que fueran despojados de sus teléfonos celulares.
Desde principios de diciembre científicos de la UNAM [Universidad Nacional Autónoma de México] señalaron la imposibilidad física de que los cuerpos hubieran sido cremados en el basurero de Cocula, como han sostenido las autoridades. A lo largo de esta semana precisaron su reclamo: se habrían necesitado hornos crematorios como los que tienen algunas instalaciones públicas. Los académicos exigen que se investigue la actividad reciente de los crematorios del Ejército en la región. El señalamiento se respalda con los mensajes de un par de los estudiantes antes de que fueran despojados de sus teléfonos celulares.




















