jueves, 20 de septiembre de 2012

Ricardo Alemán - Marcelo, Mancera y AMLO; perros y gatos

Ricardo Alemán
Si existía alguna duda, hoy se disipó. Sí, la ambición presidencial no tiene límites. Y tampoco horario, ni fecha en el calendario. ¿Por qué?

Porque faltan cinco años, nueve meses y 11 días para la elección de julio de 2018 –a partir del 20 de septiembre de 2012– y se desató la pelea –literalmente de perros y gatos– por la candidatura presidencial de las izquierdas.

En efecto, como todos saben, el más ambicioso de todos fue el señor Andrés Manuel López Obrador, quien no esperó siquiera a que tomara posesión el nuevo presidente para anunciar la creación de su propio partido, luego de “mandar al diablo” a las llamadas izquierdas, a las que utilizó por más de 10 años para tratar de llegar a Los Pinos.

Pero lo cierto es que no es novedad que ese ambicioso sin límites –motejado como AMLO– haya decidido que buscaría su tercera candidatura presidencial, la noche misma del 1 de julio, cuando debió tragar sapos y serpientes por la derrota.




No, lo verdaderamente novedoso es que el hijo político de AMLO, el saliente jefe de Gobierno del DF, Marcelo Ebrard, haya mordido el anzuelo –y se haya tragado completa la carnada– que lanzó López Obrador respecto a la candidatura presidencial de las izquierdas para 2018. Y es que en su lógica de “sacrificado” –ya que debió recular de la candidatura de 2012–, Marcelo convirtió sus últimos cuatro meses de gobierno en el arranque de su campaña presidencial.

Más aún, en las toneladas de tinta y kilómetros de papel que negoció para la promoción –no del fin de su gestión, sino para el arranque de su campaña–, Marcelo no sólo dijo estar listo para iniciar el periplo que lo llevará a Los Pinos, sino que metió al mismo costal al electo jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera –al que colocó como potencial presidenciable– y hasta se aventó la puntada de mostrarse como vidente.

Aseguró que una vez conocido el resultado electoral de 2015, se sabrá si el candidato presidencial de las izquierdas será él, Marcelo, o su jefe, Andrés.

Pero muy poco le duró el gusto a Marcelo. Y es que sabedor de los intríngulis del poder, López Obrador no esperó para 2013, menos para 2014 y tampoco para 2015. No, de inmediato mandó decir a “Marcelín” que en 2018 no hay lugar para dos. Sí, en conferencia de prensa, el “Sancho” del hidalgo que pelea con molinos de viento –el señor Ricardo Monreal– dijo que él y su “Morena” no cabalgarán con Marcelo, sino con Andrés rumbo a los molinos del lejano 2018.

¿Y qué debemos entender con la tempranera escaramuza que nos regalan padre e hijo, en la lucha por la herencia de las llamadas izquierdas?

Poca cosa, que es pública una guerra que ocultaron durante todo el sexenio los señores Andrés y Marcelo; que salió a la luz una disputa que nunca quiso ver la miopía de Marcelo. ¿Y cuál es esa guerra y esa disputa? Aquí lo dijimos durante todo el sexenio de Marcelo; que Andrés no lo dejaría pasar como candidato presidencial en la contienda de 2012. Y hoy sabemos que Andrés no lo dejará pasar en 2018.

Pero lo más curioso es que entre “los tres tiradores” de las izquierdas para 2018 –AMLO, Marcelo y Mancera–, sólo Marcelo Ebrard no tiene plataforma para vivir, sobrevivir y catapultarse como aspirante presidencial con posibilidades reales.

Sí, AMLO se pasará seis años –como pateando un bote– en la construcción de su Morena. Como todos saben, Miguel Ángel Mancera estará metido en la vistosa faena de gobernar el DF. En los dos casos, AMLO y Mancera tendrán fichas para jugar, tendrán gasolina para rodar y, claro, muchas banderas para llamar la atención.

Pero casualmente Marcelo no tendrá ni fichas, ni gasolina ni banderas. Bueno, peleará por el control del PRD, un partido que –casualmente– sin López Obrador ya es propiedad absoluta de “Los Chuchos”. ¿Qué va a hacer Marcelo para estar vivo, vigente, presente en la conciencia colectiva?

Sin duda que podrá hacer muchas cosas. Podrá hacer circo, maroma y teatro. Pero no podrá hacer más de las que hizo como jefe de Gobierno. Y si no consiguió la candidatura presidencial a partir del privilegiado reflector de la Jefatura de Gobierno, menos lo conseguirá sin una plataforma. Y menos ahora, cundo su padrastro político, AMLO, le “cantó derecho” y mandó decir que no, que no lo dejará pasar.

Pero no todo es pleito. Vivillo, calculador, oteando la dirección de los vientos con el índice al cielo, Miguel Ángel Mancera es el único sensato. A la pregunta sobre el pleito entre Marcelo y AMLO, dijo lacónico. ¡Déjenme trabajar! ¡Atrás de la raya que estoy trabajando! Claro, construye una candidatura, mientras los otros pelean. Al tiempo.

Leído en: http://www.zocalo.com.mx/seccion/opinion-articulo/marcelo-mancera-y-amlo-perros-y-gatos

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