jueves, 15 de noviembre de 2012

Afonso Zarate - La restauración de la Segob


Enrique Peña Nieto tiene tres tareas inmediatas. La primera: convocar a los mejores para la integración de su equipo de gobierno. La segunda: proponer una nueva ingeniería gubernamental que evite las contrahechuras que se agudizaron en los últimos años y racionalice el aparato gubernamental que ha crecido desmesuradamente en tamaño y costo.
La tercera: preparar un discurso de toma de posesión en el que ofrezca su visión del país: sus graves vulnerabilidades, pero también sus fortalezas; que asuma compromisos, significativamente la recuperación de un crecimiento vigoroso que genere empleos, la reducción sensible de la violencia delincuencial y la atención eficaz al grave problema de la pobreza (menos asistencialismo y más desarrollo). Un documento convocante, que llame a todos los actores y a la sociedad a construir el país que queremos.




Se dice que la reingeniería gubernamental incluirá la desaparición de la Secretaría de la (dis) Función Pública, una instancia fracasada que lastró mucho del desempeño público, y la restauración de algunas de las atribuciones que caracterizaron a la mítica Secretaría de Gobernación.

Al mirar el México del siglo 20 resulta clara la presencia de varios momentos. De 1920 a 1946, la preeminencia de los militares: todos los que ocuparon la Presidencia de la República, salvo Emilio Portes Gil, fueron generales de división. A partir de 1946 y hasta 1982 prevalecieron los políticos, todos abogados con excepción de Adolfo Ruiz Cortines, y de 1982 al 2000, los tecnócratas.
En aquel momento el país recién salía de la lucha armada; de todo el gabinete prevalecía la Secretaría de Guerra y Marina. Ya en la década de los 40, el aparato gubernamental más complejo reclamaba otros saberes al funcionariado. Se impusieron los abogados y la Secretaría de Gobernación se convirtió en la plataforma hacia la Presidencia (salvo la STPS, en el caso de Adolfo López Mateos).
Ya para 1982 la globalización sentaba sus reales. La Dama de Hierro en la Gran Bretaña y Ronald Reagan en Estados Unidos impusieron la tesis del Estado mínimo. En México llegaron al poder los economistas con estudios de posgrado en algunas de las más prestigiadas universidades de Estados Unidos. Comenzó el proceso que condujo a desmantelar las instituciones sociales que, aun ineficaces y corruptas, habían contribuido a la gobernabilidad. Desde Miguel de la Madrid los candidatos surgieron de la Secretaría de Hacienda o de su desprendimiento temporal, Programación y Presupuesto.
La alternancia en el año 2000 rompió la lógica. Pero el desmantelamiento de la Secretaría de Gobernación no se dio con el PAN, sino que empezó a perder atribuciones dos décadas antes. La desaparición de la Dirección Federal de Seguridad (DFS) y de la Dirección de Investigaciones Políticas y Sociales (DIPS) durante la gestión de Miguel de la Madrid dio paso a la creación del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen), que tenía conexión directa con Los Pinos y sólo de manera subsidiaria con Gobernación.
No fue todo. Con la creación del IFE el titular de Gobernación dejó de presidir el organismo responsable de organizar las elecciones.
Fox sacó la subsecretaría de Seguridad Pública de Gobernación para convertirla en la poderosísima Secretaría de Seguridad Pública.
Otro factor fue la designación de aprendices de brujo: en los años del PAN ocuparon el cargo Santiago Creel, Francisco Ramírez Acuña, Juan Camilo Mouriño, Fernando Gómez Mont, Francisco Blake y Alejandro Poiré.
La decisión de restablecer algunas de las facultades que la convirtieron en pieza clave para la gobernabilidad no debe implicar, necesariamente, la reedición de los viejos usos del poder: el empleo de esos instrumentos para la intimidación e, incluso, la eliminación de los adversarios. Por el contrario, debe privar una concepción de la gobernabilidad en clave democrática, republicana y federalista.
De ahí que adquiera una gran relevancia el perfil de quien ocupará la cartera, que al parecer recupera su antigua gloria como virtual jefatura de gabinete y responsable de la seguridad interior. La pregunta obligada cae por su propio peso: ¿a quién le entregará Enrique Peña Nieto semejante poder y cómo construirá equilibrios? En unas semanas se despejará la incógnita y habrá elementos para valorar la lógica y la intención del nuevo presidente.
@alfonsozarate

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