jueves, 28 de noviembre de 2013

Eduardo Ruiz Healy - Un caso de estupidez y/o ignorancia sin límites

La estupidez y/o ignorancia de muchos funcionarios públicos no tiene límites. Por lo menos en lo que a las áreas de seguridad pública y nacional se refiere, no sólo en México sino en muchos otros países.

Lo anterior no es una acusación sin fundamentos, como los que suelen hacer sin la menor pena muchos burócratas de alto nivel de los tres poderes y tres niveles de gobierno.

Dos ejemplos que avalan mi afirmación son las decisiones que en su momento hicieron y siguen haciendo altos funcionarios para adquirir costosas tecnologías que no sirven para absolutamente nada.






Quienes supuestamente velaban o velan por nuestra seguridad y de la Nación decidieron que el polígrafo o detector de mentiras es una herramienta útil para identificar a personas deshonestas, y que el llamado detector molecular sirve para localizar drogas, armas, explosivos y otros artículos. Lo decidieron y gastaron una gran cantidad de recursos para comprarlos a pesar de la abundante literatura científica que demuestra que ambos, el polígrafo y el detector molecular, no sirven para nada. Primero, algunos datos sobre el polígrafo o detector de mentiras:

Existe un consenso entre la comunidad científica de que los exámenes del polígrafo no tienen una base científica. El hombre que inició el programa del polígrafo en la CIA, Grover Cleveland Backster Junior, estaba convencido que las plantas pueden leer los pensamientos humanos.

En Estados Unidos, en solo 14 semanas se obtiene el título en una de las escuelas de mayor reputación para estudiar poligrafía: el National Center for Credibility Assessment (NCCA), en Fort Jackson, Carolina del Sur. Esto es poco tiempo si se considera que se necesitan 28 semanas para obtener el título de peluquero/barbero en las escuelas especializadas en ese oficio.

En 1998, la Suprema Corte de Estados Unidos determino que “no existe consenso de que la evidencia de la poligrafía sea confiable” y que “un experto en poligrafía sólo puede darle una opinión más a un jurado, a diferencia de expertos que testifican sobre hechos reales como el análisis de huellas dactilares, balística o el DNA encontrado en la escena de un crimen”.

En 2003 la prestigiada National Academy of Sciencies (Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos) publicó las conclusiones de un comité de científicos expresamente formado para estudiar la eficacia del polígrafo. Una de estas conclusiones señala que la precisión de la prueba del polígrafo “para identificar a los infractores reales o potenciales de la ley y diferenciarlos de los inocentes es insuficiente para justificar su uso como un instrumento para detectar la seguridad de los empleados de las agencias federales”. Otra conclusión fue que la mayoría de la investigación poligráfica es “poco confiable, no científica y sesgada”.

En 2004 el National Research Council (Consejo Nacional de Investigación de Estados Unidos) no encontró, después de amplias investigaciones, evidencia de la efectividad del polígrafo, a pesar de que sus defensores afirman que tiene una exactitud de 90 por ciento.

Famosos espías como Ignatz Griebl, Karel Koecher, Jiri Pasovsky, Larry Wu-tai Chin, Aldrich Ames, Nicolás Sirgado, Ana Belén Montes y Leandro Aragoncillo aprobaron sin problemas el examen poligráfico a que fueron sometidos.

El asesino serial Gary Leon Ridgway, conocido como el Asesino de Green River, confesó en 1982 que mató a 71 mujeres aunque fue sentenciado a prisión perpetua sólo por 49 de estos homicidios. Al ser sometido a la prueba del polígrafo la aprobó fácilmente. Su culpabilidad quedó establecida gracias a la evidencia genética (DNA) que descubrieron los detectives.

Pese a todo lo que demuestra la inutilidad del polígrafo o detector de mentiras, los encargados de la seguridad pública y nacional en México, tal vez influidos por sus colegas estadunidenses, decidieron desde hace varios sexenios utilizar esta chatarra seudocientífica para diferencias a los buenos de los malos, sean estos policías, militares o lo que sean. Muchos pillos se han burlado del detector de mentiras al aprobar el examen y muchas carreras de personas honestas fueron truncadas debido a que lo reprobaron.

Lo peor del caso es que existen tecnologías más baratas y científicamente avaladas para detectar a personas deshonestas que, inexplicablemente, no son utilizadas.

Lo repito: la ignorancia y/o estupidez de algunos no tiene límites. Lo malo de esto es que la pagamos todos, ya sea con nuestros bienes o, peor, con nuestras vidas.

Del detector molecular, hablaré otro día.

Twitter: @RuizHealy
Mail: eduardoruizhealy@gmail.com
www.ruizhealy.tumblr.com

Leído en http://criteriohidalgo.com/notas.asp?id=206829

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Por favor, sean civilizados.