jueves, 2 de octubre de 2014

Eduardo Ruiz Healy - El valor de Osorio Chong

El Secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, sepultó el martes pasado la idea de que los altos funcionarios públicos están por encima de los gobernados. Al salir de su oficina a la calle para dialogar con los miles de estudiantes politécnicos que se manifestaban frente a su oficina contra las decisiones y actitudes prepotentes de la ya casi exdirectora del IPN, Yoloxóchitl Bustamante, demostró sin lugar a dudas que el gobierno de Enrique Peña Nieto ha roto con el autoritarismo que hasta el año 2000 distinguió, en mayor o menor medida, a los gobiernos priístas.

La acción del hidalguense representa un giro de 180 grados respecto a la de la mayoría de los políticos que desde siempre hemos tenido que aguantar los mexicanos, políticos que sin importar su ideología han sido fieles seguidores de la filosofía del virrey Carlos Francisco de Croix, que en 1767 publicó una proclama en la cual le dijo a los novohispanos que “nacieron para callar y obedecer y no para discurrir, ni opinar en los altos asuntos del gobierno”.








Y más relevancia tiene su conducta porqué actuó como lo hizo a solo unos días de que se cumplen 46 años de la masacre de civiles perpetrada por el Ejército Mexicano en la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco, Ciudad de México.


Recordemos que la matanza del 2 de octubre de 1968 fue la culminación de lo que empezó el 22 de julio de ese año como una bronca entre estudiantes de preparatoria que fueron injustificada y violentamente reprimidos por los granaderos de la policía del Distrito Federal. La brutalidad policíaca fue tal que los alumnos de varias escuelas del Poli y de la UNAM decidieron irse a la huelga.

Recordemos también que entre el 26 y 29 de julio soldados y granaderos ocuparon las escuelas en paro repartiendo toletazos a diestra y siniestra y que para protestar contra tales actos los estudiantes organizaron dos marchas el mismo día 29, las cuales fueron duramente reprimidas cuando cientos de los manifestantes pretendieron marchar hacia el Zócalo.

A partir de entonces el conflicto fue subiendo en intensidad y a los estudiantes se les unieron maestros, profesionistas, amas de casa, obreros, artistas, intelectuales, oficinistas y muchos más mexicanos comunes y corrientes.

Hasta que llegó el 2 de octubre, día en que el presidente Gustavo Díaz Ordaz ordenó acabar de una vez por todas con el movimiento ordenando a soldados y paramilitares que dispararan contra quienes se manifestaban en la Plaza de las Tres Culturas. Murieron entre 200 y 1,500 personas y durante esa noche y los días siguientes el Ejército y la policía arrestaron a los líderes del movimiento allanando domicilios y violando los derechos humanos, civiles y políticos de centenares de personas.

Así, la intolerancia y prepotencia de los funcionarios públicos de esa época convirtió a un simple movimiento estudiantil en un gran movimiento social. Lo que podría haberse resuelto rápida y fácilmente, dejando acuartelados a soldados y policías y atendiendo las exigencias reales o ficticias de los estudiantes, se convirtió en un problema de difícil solución debido al número de intereses políticos, nacionales y extranjeros, que infiltraron el movimiento.

El martes, Osorio Chong demostró valor al actuar como lo hizo, olvidándose por completo de su integridad física y exponiéndose a ser víctima de una agresión. Le dijo a los estudiantes que el gobierno está para resolver sus problemas y en ningún momento intentó imponer ninguna idea o decisión. Siempre aceptó las sugerencias o exigencias de los representantes estudiantiles y quedó de reunirse mañana con ellos en el mismo lugar.

Osorio Chong demostró así que es un hombre valiente, inteligente y de gran valor para el gobierno de Enrique Peña Nieto. Ojalá su conducta se convierta en norma y que los funcionarios de los tres poderes y los tres niveles de gobierno la imiten a pie juntillas. La prepotencia y autoritarismo de quienes nos gobiernan debe quedar erradicada de una vez por todas.




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