sábado, 9 de agosto de 2014

Jaime Sánchez Susarrey - Reforma madre

1. Peña Nieto logró lo impensable. Antes, Salinas de Gortari excluyó de su agenda la reforma energética. Ernesto Zedillo la planteó, sin éxito, en la segunda mitad de su sexenio. Vicente Fox no pudo avanzar en ella. Y Felipe Calderón hubo de vitorear una victoria pírrica.

2. La explicación de tantos fracasos es contradictoria. Salinas sacó adelante el TLC, pero le pareció demasiado riesgoso tocar el petróleo. Zedillo intentó una reforma energética de menor calado, pero enfrentó la oposición del PAN. Fox no tuvo la astucia para replantear el tema. A Calderón se la regatearon los priistas (no a la reforma constitucional, ni a los contratos de riesgo).

3. Así que lo dicho. A la luz de la experiencia, que dejaron 12 años de alternancia, sólo un presidente priista, con ánimo innovador, podría disciplinar y mover al PRI en esa dirección.








4. Estamos, sin duda, ante la madre de todas las reformas emprendidas por EPN. La suscripción del TLC fue un cambio radical. Estados Unidos dejó de ser el enemigo histórico para convertirse en el principal socio comercial. Hoy, ocurre algo parecido. Lo importante no es preservar el monopolio, sino cómo incrementar la producción, renta petrolera y competitividad en materia energética.

5. No sobra recordar, sin embargo, que la propuesta original del gobierno federal fue pichicata. A grado tal, que se invocó a Lázaro Cárdenas para justificar la herejía de terminar con el monopolio absoluto de Pemex; que, por cierto, no figuraba en el programa original de Cárdenas, sino fue inscrito en la ley por Jesús Reyes Heroles, en los años sesenta, con la prohibición de los contratos de riesgo.

6. Así que hay que abonar un doble reconocimiento. Al PAN, convertido en fiel de la balanza, por haber impulsado el proyecto mucho más allá de la intención original. Y a Peña Nieto por aceptar las condiciones del único partido con el que podía sacarla adelante; incluida, por supuesto, la reforma electoral.

7. En todo proceso de reforma radical ocurren hechos inéditos. En el sexenio de Salinas de Gortari no se esperaba una alianza con el PAN y, mucho menos, que la resistencia del priismo conservador fuese sometida, sin mayor problema, por la Presidencia de la República.

8. Lo que hemos visto en estos meses fue, en cierto sentido, la repetición de la película. El acuerdo con Acción Nacional y la disciplina de los priistas eran previsibles. Pero hubo un hecho inesperado. La civilidad del PRD: nos oponemos, pero dentro de la ley; impulsaremos un referéndum, como lo marca la Constitución.

9. A lo que hay que agregar lo inexplicable, que raya en misterioso. López Obrador se separó del PRD, lo denunció por haber negociado con Peña Nieto, pero asumió una actitud estoica, digna de la madre Teresa de Calcuta. Ni marchas, ni bloqueos, ni cercos, ni tomas del aeropuerto. Sólo firmas para impulsar el referéndum.

10. Cómo explicar lo inexplicable. No se sabe. Se pueden avanzar hipótesis, pero las hipótesis sólo son hipótesis. Y, además, lastiman la delicada epidermis del "rayito de esperanza" y sus huestes provocando furiosas reacciones. Pero la pregunta sigue allí y corresponderá a los historiadores, en el futuro, hurgar en los archivos y encontrar la respuesta.

11. La reforma energética es un paso adelante indiscutible. El viejo modelo se había agotado. Las cifras no mienten. La caída de la producción de petróleo ha sido brutal. Y, por esa senda, terminaríamos importándolo. Para no hablar de la ínfima producción de gas o del monopolio absurdo en la generación de electricidad.

12. Se ha objetado que la reforma no resolverá el problema de la corrupción, lo que es completamente cierto. Por desgracia, el Estado mexicano funciona con ese aceite. Basta ver lo que ocurre en todos los niveles de la administración pública, los partidos y los poderes.

13. El hecho es que el viejo modelo funcionaba de igual modo. Allí están el Pemexgate o la fortuna de Romero Deschamps, que son apenas destellos de lo que ocurría. Esperar que la reforma energética cure ese padecimiento es lo mismo que tomar una aspirina con la esperanza de prevenir el cáncer.

14. La cuestión está en que la idea de que Pemex es de los mexicanos era y es un mito. Un mito que se volvió inoperante y costoso. Un mito que enriqueció mucho a unos cuantos -líderes sindicales y políticos de todas clases.

15. Así que la reforma energética no solucionará ese mal endémico del Estado mexicano, que es la corrupción, pero deberá abrir las puertas para incrementar la producción, renta petrolera y productividad. ¿Es poco? No, obviamente no y, además, es indispensable.


@sanchezsusarrey


        

Leído en http://www.elnorte.com/aplicacioneslibre/editoriales/editorial.aspx?id=33277&md5=f7f02929895e2f02f71a38ae5cb01508&ta=0dfdbac11765226904c16cb9ad1b2efe


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Por favor, sean civilizados.