sábado, 9 de agosto de 2014

Raymundo Riva Palacio - Gobernadores en problemas



PRIMER TIEMPO
 
Ponchado en la primera entrada.  El gobernador de Sinaloa Mario López Valdés, Malova, presentó al Congreso local una iniciativa de ley, en cuyo artículo 51 se insertó este párrafo: “En ningún caso se podrá autorizar a los medios de comunicación a los lugares de los hechos (donde se cometió un delito), la toma de audio, video o fotografía a las personas involucradas en un evento delictivo, ni en el manejo de información relacionada con la seguridad pública o procuración de justicia”. Todo se habría consumado en el espíritu como fue planteada la iniciativa, de no haber sido por algunos lectores cuidadosos de la ley sonaron las alarmas. Lo que quería Malova, dijeron, era coartar la libertad de expresión y censurar a la prensa. Como el gobernador no puede con la realidad de la inseguridad en su estado, y a casi cuatro años de haber asumido el poder, no puede explicar cómo los principales jefes del narcotráfico viven en Culiacán y sus alrededores sin ser molestados, decidió, como virrey trasnochado, modificar la realidad.
 
 
 
 
 
 
 
Si el problema era que los medios y los periodistas le causaban problemas de gobernabilidad al proyectar una imagen de incapaz, decidió pedir la legalización de un mecanismo para controlarlos. A partir de la entrada en vigor de esa ley, nada de esos temas incómodos para él que sólo le causaban negativos, podrían ser difundidos. Sólo podrían publicar y transmitir lo que el gobierno les diera. Si no, caían en la ilegalidad. Qué atrevido. Para que el mensaje cambie, en lugar de corregir al emisor –o sea él-, mataba al mensajero. La alarma cundió. Rápidamente se le empezó a llamar la “Ley Mordaza” y provocó la atención de los medios mexicanos e internacionales. Las organizaciones que ven por la libertad de expresión y prensa en el mundo condenaron a Malova, cuya creatividad represora empezó a hacer agua. Esta semana reculó y dijo que se había cometido un error, por lo que pediría su derogación, que no impidió que la prensa sinaloense  se uniera marchara en protesta el jueves en Culiacán en su contra. Cínico, el gobernador bromeó que ninguno de sus colegas había logrado unir a la prensa. Pero caramba, se quejó beisboleramente, “es un punch después de varios home runs”. No gobernador, las cosas no son tan simples ni frívolas. La mentalidad autoritaria no se da por coyuntura. Es un gen que Malova, demostró tener. 
 
 
 
 
 
 
 
SEGUNDO TIEMPO
 
La avestruz en el hoyo siempre muestra la cola. Este sábado se cumple exactamente un mes que pobladores de San Bernardino, en el municipio poblano de Chalchihuapan, bloquearon la carretera de Puebla a Atlixco y durante seis horas, con la ayuda de grupos de jóvenes importados de Neza, se enfrentaron con la policía estatal. En la refriega, un cohetón impactó en la cabeza de un menor de 13 años que cuatro días después murió. El gobernador de Puebla, Rafael Moreno Valle, gran capitán de barco si las aguas están tranquilas, se metió en problemas políticos casi inmediatamente por dos razones: pensar que el tema lo resolvía en la ciudad de México apapachando a editores y columnistas de los medios locales, sin atender política y directamente el caso con la comunidad de San Bernardino, y criminalizando a la protesta y trasladando el problema al plano político contra una diputada del PRD. Lo que hizo Moreno Valle fue echar gasolina al fuego. Sus asesores le han recomendado callarse la boca y esconderse de los medios, lo que ha seguido casi fielmente. Si se oculta, debe pensar, la gente se olvidará de él. Para su desgracia, no es así. El problema político le sigue creciendo y este domingo una coalición de partidos de izquierda va a marchar en Puebla en su contra, con lo que se reavivará la atención sobre de él. Las barbaridades en contra de la prensa de su colega en Sinaloa, Mario López Valdés, no le ayudan a su contexto, pues lo coloca en la misma categoría de atrabiliario que al folclórico norteño. La diferencia entre los dos, pues hay muchas cosas distintas entre ambos más allá de lo superficial, entre el libertinaje existencial del sinaloense y lo recatado del poblano, es que López Valdés decidió enfrentar él su problema de censura a los medios y ser su interlocutor. Moreno Valle no. Al contrario, como la avestruz, está escondido. Cómo le hace falta en estos momentos su mentora Elba Esther Gordillo, la exlideresa magisterial actualmente en la cárcel, quien lo ayudó a encumbrarse en el poder y en casos críticos de operación política, le resolvía las cosas y le quitaba los obstáculos. Ahora que Moreno Valle está solo, no termina de saber qué hacer, un mes después de haberse iniciado esta pesadilla en la que sigue atrapado.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
TERCER TIEMPO
 
Sin manos, sin recursos, sin carácter. En Oaxaca, los dueños del estado siguen activos. Volvieron a tomar la plaza central en la capital, montaron sus campamentos, bloquearon calles, avenidas, carreteras y el aeropuerto, y como no era suficiente, incurrieron en su vieja práctica de vandalismo. En efecto, ya lo sabe usted, son los maestros de la Sección 22, de la corriente disidente del magisterio, llamada la Coordinadora, que tiene en ese estado, su sede y su muro contra la Reforma Educativa. Desde un principio han sido congruentes. Si el presidente Enrique Peña Nieto quiere esa reforma estupendo, pero no en Oaxaca. Ahí, en su territorio, la reforma no va. Tienen sometida a la población y a los sectores productivos, que ya registran pérdidas económicas por 60 millones de pesos en menos de tres semanas. Tienen arrodillado también al gobernador Gabino Cué, que como siempre, lo mejor que sabe hacer es no hacer nada. El gobernador dice que no va a utilizar la fuerza para someter a los maestros de la Sección 22, que sí la usan para someterlo a él, al aparato productivo y a la población. Pero la lucha en Oaxaca es unilateral. Mandan los líderes de la Sección 22 y háganle como puedan. El gobierno federal lleva arrastrando la exasperación con Cué desde el año pasado y varias veces han pensado promover un juicio político para destituirlo. Porqué no lo ha hecho no se sabe. Pero quizás es mejor tener un títere de todos para que ocupe el espacio, y no añadir a la conflictividad que se vive, el problema adicional del vacío que se daría durante un eventual proceso de destitución y los problemas derivados de un cambio de ejecutivo. Ya saben que con él no se va a ningún lugar. Ni es un dique para el gobierno federal, ni es interlocutor para los maestros disidentes. ¿Y los oaxaqueños? Esa es la gran pregunta, retórica sin embargo, porque los oaxaqueños no importan nada a nadie. O al menos eso es lo que parece con el gobierno federal. A los líderes de la Sección 22, por supuesto les importan un bledo. ¿Y al gobernador Cué? Bueno, habrá que refrasear la pregunta. ¿A quién le interesa el gobernador Cué? Hoy, realmente, lo que le pase a él, a nadie.
 
 
 
 
 
 
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