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| René Delgado |
Los resultados de esa obsesión están a la vista: una Presidencia débil, rehén de los grandes intereses; una administración incapaz de constituirse en gobierno, y una sociedad frustrada en su desarrollo y lastimada por la violencia, tentada por el dolor, la desesperación y la ira.
Pedir a los políticos ensayar, nomás por no dejar, la suma y la multiplicación quizá parezca una provocación. Pero, ¡hombre!, después de tanto dividir y restar, quién quita y de pura chiripa les arroje mejor resultado ensayar esas otras dos operaciones.
Al menos, intentarían hacer algo distinto.
Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador pueden parecer en extremo diferentes, pero comparten un denominador común: actúan a partir de patrones estereotipados, repetidos hasta el cansancio.





















