Gane o pierda Gustavo Madero el próximo domingo, su gestión al frente del PAN quedará marcada —más para mal que para bien— por una serie de errores y omisiones que han convertido al panismo en una rémora del gobierno peñista. De oposición necesaria a aliado incondicional. De contrapeso democrático a comparsa dócil.
Algunas encuestas le dan el triunfo a Madero. Otras a Ernesto Cordero. Se antoja cerrada la elección panista del domingo 18. Empero, pase lo que pase, ya hay elementos suficientes para evaluar el paso de Madero como cabeza blanquiazul.





















