martes, 9 de octubre de 2012

Federico Reyes Heroles - ¿Caudillismo democrático?

Federico Reyes Heroles
Toda democracia parte del principio de que la soberanía radica en el pueblo

El tema es espinoso. Toda democracia parte del principio de que la soberanía radica en el pueblo. Es éste quien se expresa en las urnas y de ahí surge un mandato. Pero en la calidad de una elección intervienen muchos factores: el nivel de escolaridad e información, la condición del bolsillo, la fama de los candidatos y cada vez más, la imagen. La expresión pueblo es engañosa. A decir de Hegel, el pueblo es esa parte del Estado que no sabe qué quiere. Cuando alguien sabe lo que quiere adopta una ideología o un marco de principios, se afilia a una asociación o a un partido. Ese paso transforma a la masa amorfa en un actor político. El Estado requiere de esos actores para consolidarse.



Hay así elecciones que se centran en debates muy puntuales y con frecuencia complejos. Asuntos fiscales, derechos de las minorías, estrategias de desarrollo, etc. Entre más alto sea el nivel educativo y de información del elector más puntuales son las discusiones. Sin embargo, en toda elección hay cierto contenido emocional, de irracionalidad. El problema es cuando una elección se desarrolla prácticamente en términos emocionales. El principio no se altera: cada cabeza es un voto. Pero, ¿pueden los pueblos, los electores convertidos en masa, equivocarse? Aceptarlo es políticamente incorrecto.

El domingo pasado los venezolanos fueron a las urnas. Con una participación asombrosa -más del 80 por ciento- reeligieron una vez más a Hugo Chávez, el protodictador que con este nuevo aval podría alcanzar dos décadas en el poder. Venezuela es un caso doloroso de un país muy rico, casi un millón de kilómetros cuadrados, -la mitad de México- infinidad de recursos naturales de los cuales el más conocido es el petróleo, pero no es el único, tienen poca población -28.6 millones, una cuarta parte de México- que desde hace tiempo crece poco -1.6 por ciento- casi toda es ya urbana -93 por ciento-un analfabetismo bajo, alrededor del 5 por ciento. Venezuela tiene todo para dar el gran salto y, sin embargo, está al borde del abismo.

El petróleo ha sido siempre una droga nacional, asunto que los mexicanos conocemos muy bien. Pero los altos precios de los últimos años han permitido una administración muy irresponsable. Déficit enorme, despilfarro gubernamental, salida de capitales, el escenario perfecto para caer al abismo en cuanto los mercados petroleros cambien sus actuales niveles. Chávez, como todos sabemos tiene orígenes golpistas, no sólo por su intentona de sublevación, sino por el golpe institucional que dio al Judicial. Por si fuera poco la intimidación y control sobre los medios le dan una enorme capacidad de maniobra. A pesar de todos los horrores Chávez le sacó alrededor de 10 puntos porcentuales a Henrique Capriles, el atractivo y joven candidato que logró unir a las fuerzas opositoras y alcanzó casi 45 por ciento de la votación, un nivel muy significativo. Algo quedará.

Chávez ganó en una jornada electoral que no puede ser cuestionada. Capriles se comportó como todo un demócrata y, minutos después del anuncio oficial ya reconocía su derrota: yo soy el único responsable..., dijo por televisión a su país. No imputó las decenas de horas de televisión estatal utilizadas por Chávez, tampoco la turbia campaña antisemita o judeofóbica manejada por Chávez (ver el excelente artículo de Gerardo de la Concha, La Razón, 08.10.2012). Nada pudo contra el sátrapa, ni siquiera la brutal violencia que vive el país -69 homicidios dolosos por 100 mil habitantes, según el Observatorio Venezolano de la Violencia, OVV, más del triple que México- ni el alto desempleo 8 por ciento, nada fue suficiente. El discurso emocional de Chávez funcionó.

El Imperio, esa gran amenaza ominipresente capaz de inocular con cáncer a varios presidentes latinoamericanos de izquierda; ese Imperio rapaz e insaciable que quiere la riqueza que el Creador les dio; las frecuentes invocaciones a Dios como protector de la gran patria bolivariana que está en construcción; la revolución socialista como renovada promesa de un paraíso que está por llegar; la oscura derecha siempre conspirando contra los verdaderos intereses del pueblo que Él, Chávez, sí sabe entender. Chávez se entroniza por la vía legal frente a los ojos del mundo. Tal y como ocurrió en la Alemania nazi, su ascenso está cubierto por la ley.

Más allá del doloroso reajuste económico que tarde o temprano los venezolanos tendrán que afrontar, como España hoy, lo grave de esa victoria es el reflejo que el caminito puede tener en otros proyectos afines de América Latina como Nicaragua, Argentina, Ecuador y por supuesto Cuba. Se trata de una alternativa económica de nefastas consecuencias para la población y un discurso político retrógrada. Retrógrada por que el eje rector de toda democracia son los derechos individuales que en este caso son pisoteados en aras del gran proyecto revolucionario que el caudillo conduce. Gran paradoja: refrendar el caudillismo nunca será una buena noticia, así sea a través de las urnas.

Leído en: http://www.noroeste.com.mx/opinion.php?id_seccion=104

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