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Giovanni Papini
1881 - 1956 |
Las ideas de Benrubi
Ginebra, 30 julio
He hecho publicar en algunos periódicos este anuncio:
»Deseo secretario poliglota, filósofo, célibe, paciente, nómada. Presentarse hasta el 20 de julio, "Hotel Mon Repos", a las diez de la noche.»
Como desde hace algún tiempo sufro de insomnio, el examen de los candidatos me ayudará a pasar la noche.
Han venido sesenta y tres. Entre esos sesenta y tres, cuarenta y siete eran hebreos. He elegido un hebreo: el que me ha parecido más inteligente de todos.
El doctor Benrubi tiene todas las cualidades que pedía y algunas más en las que no había pensado. Es un joven bajo, con las espaldas un poco curvadas, las mejillas hundidas, los ojos profundos, los cabellos ya un poco blanquecinos, la piel de color de barro de pantano. Nació en Polonia, hizo los primeros estudios en Riga, se doctoró en Filosofía en Jena, en Filología moderna en París, ha enseñado en Barcelona y en Zurich. Tiene el aspecto pobrísimo y la expresión de un perro que teme ser apaleado, pero que sabe, sin embargo, que es necesario.