Una ficción lúgubre alejada mil kilómetros de las fórmulas del melodrama, ese género que subraya las emociones hasta el paroxismo, es Heli la película de Amat Escalante. El lenguaje contenido, frío, distante, (más los largos planos-secuencias), construye un universo cerrado, sin escapes, que ilustra una historia de muerte y destrucción.
Heli es un obrero joven que vive con su mujer y su hijo pequeño en la casa paterna. Su padre, también obrero -¿viudo?, ¿abandonado?- y su hermana (Estela) de 12 años completan el círculo familiar. Rutina, inercia, carencia de horizonte, tiñen la vida y relaciones de todos ellos.
Algo, sin embargo sabemos, acabó con ese estado de indolencia petrificada. El relato se inicia con una escalofriante secuencia que va de la presentación de dos jóvenes amarrados, amordazados y madreados, tirados sobre el piso de una camioneta pick up y la bota que descansa sobre el rostro de uno de ellos, hasta que a uno, en operación relámpago, lo cuelgan de un puente peatonal.