México ha venido ejecutando un conjunto de reformas estructurales entre las que se encuentra pendiente, justo es confesarlo, la tributaria. Sin embargo, con respecto a la modernización espiritual de México, el clero católico, la institución más retardataria de nuestra sociedad, se niega a actualizarse de acuerdo a la evolución natural de toda comunidad. Se impone en México una revolución espiritual orientada, entre otros objetivos, a la generación de riqueza para ayudar a elevar a nuestros compatriotas a la altura de la dignidad del hombre.
México se desarrolló sin poder respirar los vientos renovadores de la Reforma religiosa europea del siglo XVI y en segundo lugar, los de la Ilustración, dos pérdidas en nuestra formación filosófica, política y moral de particular importancia. El clero católico mexicano permanece sepultado en el oscurantismo y continúa proponiendo desde los púlpitos principios indigeribles como los siguientes para insistir en el desplome de la dinámica nacional: “Bienaventurados los pobres de espíritu porque de ellos será el reino de los cielos…”. Una ofensa a la inteligencia nacional, un lucro doloso apoyado en nuestra ignorancia y en nuestros miedos atávicos. “Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra; bienaventurados sean los que tienen hambre y sed de justicia porque ellos serán saciados; bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados...”. ¡Ja…! ¿Quién les dará la tierra, los saciará, los consolará o los habrá consolado…? ¿Quién…? ¿Cuándo? Patrañas y sólo patrañas de los ensotanados históricamente defensores a ultranza de la ignorancia.






















